" Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad. ¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? Tanto he soñado contigo, que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho, abrazan tu sombra, y tal vez ya no sepan adaptarse al contorno de tu cuerpo. Tanto he soñado contigo, que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi pobre cuerpo ofrecido a todas las apariencias de la vida y del amor, y tú, eres la única que cuenta ahora para mí. Más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios, que los primeros labios y la primera frente que encuentre. Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra. Tanto he soñado contigo, tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma, y por lo tanto, ya no me queda sino ser fantasma entre los fantasmas y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida. "
Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, y que nos sentemos en un café a hablar largamente de las cosas pequeñas de la vida, a recordar de cuanto tú fuiste soldado, o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando. Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente y nos estábamos callados. Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre en la misma esquina hasta el día siguiente, con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la vida, pero que sólo se da en la juventud, cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan entre el bolsillo, y se tienen creencias y confianzas así en el mundo como en uno mismo. Y quiero además aún hablarte, pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta noche con cerveza y música, y después yo seguir viviendo como si nada... o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, mientras la Muerte me espera en el guardarropa para ponerme mi abrigo negro a la salida, yo buscando la puerta de emergencia, la escalera de incendios que conduce al infierno, todas las salidas custodiadas por desconocidos. Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad. Mientras la tarde transcurre evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos a decir las últimas palabras cada noche o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir comprendí que te amaba, y en fin, tantas otras cosas que suceden...
Yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla. Mi infancia y su perfume a pájaro acariciado. Alejandra Pizarnik
Mejor no diga nada... Mejor no diga nada. Sería inútil. Ya ha pasado. Fue una chispa, un instante. Aconteció. Yo acontecí en ese instante. Puede que usted también lo hiciera. Suele ocurrir con los poemas: terminan condensándose las formas en nuestros ojos como el vaho sobre un cristal helado; las formas, con su herida. Pues quien construye el texto elige el tono, el escenario, dispone perspectivas, inventa personajes, propone sus encuentros, les dicta los impulsos, pero la herida no, la herida nos precede, no inventamos la herida, venimos a ella y la reconocemos. Chantal Maillard
A veces los seres humanos nos empeñamos en hablar en diferentes idiomas aunque usemos casi el mismo. Parece que no queremos entendernos. Usamos la palabra para escondernos tras el ataque, el grito o la tristeza. Otras veces sobra con un gesto, una mirada, un silencio, una palabra, acaso dos. El silencio nos habla con más fuerza que las palabras —la mayoría de las ocasiones no quieren decir nada— pero nadie le escucha. Es entonces, sólo entonces, al oír sus alaridos y murmullos cuando recobramos la memoria de los signos perdidos.
Te reconozco. Vengo desde el confín de la espera a buscarte. Intuía que en el mundo alguien esperaba mi voz calladamente. Tus labios echan a volar palabras que solté en el viento. Yo hablaba porque eras tú quien guardaba los versos para un buen día de reencuentro. Conozco lo que dices, sé muy bien tu próximo poema. Ay! cuando pude decirte al oido estos besos tu cuerpo vibró como mi alma. Gabriel Impaglione
Amo lo que hay en ti. Nobleza coronando tu ternura brillante. La pobreza que se abre como una calle oceánica. Tu inteligencia alzando niños como flores. Amo tu valentía de poema. La risa de tu amor en el pan del abrazo. Amo lo que hay en ti.
La vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra.
Figuración de ti "Te amo. Pero ya no sé
lo que es eso, un amor"
Heiner Müller
La eternidad dura unos tres años, de los diecisiete a los veinte
aproximadamente.
Tiene el espesor agrio de una lámina de vino tinto.
Tiene la consistencia de tus muslos de estío bajo la falda tenue y
larguísima que nunca te levantaré.
La eternidad. Un lugar sin sabiduría y anterior nostalgia de ella.
Hay luz filtrada por ramas de un verde restallante en el Parque
del Buen Retiro, luz adolescente que se quiebra inverosímilmente
sobre tu blusa.
Casi me da pudor decir que sólo te acaricio los pechos una vez.
Frescas ensoñaciones interminables en el jardín de la torpeza.
Las puertas sí que son algo irreversible: duros núcleos expectantes
aristas insomnes, una condensación exagerada de tragedia.
Pero la memoria ha desaprendido el llanto de manera radical.
Me besas tú por primera vez, en un teatro donde no hay otra cosa
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.
Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)
Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.
Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.
Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.
Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbamte (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.
La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.
No; no es ligera. En absoluto. Sólo intentaba utilizar el poema con un fin terapeútico. A veces cuando las cosas se dicen en alto, o se escriben o se leen, a veces, sólo a veces, son más verdades.
No ha sido el caso.
Y como estoy en el hueco que ha dejado la gran ola, sin saber dónde mirar ni hacia dónde dirigirme, pues me permitirás que me quede con "tu" poema.
Abrazos, pepeto.
Para lo bueno y lo malo. Para lo peor, también está la poesía.
Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor.
Sin temblor de más me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan su hambre miran y miran y apagan mi jornada.
Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada.
Ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada.
Quizá sea duro el rompiente de la ola, pero también están los que padecemos ese retorno incesante de recuerdos (que creíamos olvidados) que el mar nos trae de vuelta una y otra y otra vez.
Como dice el refrán, 'A mal tiempo, buena cara'
Dejo otro del montevideano..
A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea
sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en ovalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo
sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente
y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía
llorar
solo llorar
entonces su sonrisa
si todavía existe
se vuelve un arco iris
Quizá dudo con más frecuencia que antes Quizá entiendo de otro modo los conceptos de piedad y compasión que cuando me exaltaba Nietzsche con dieciséis años quizá te necesito Jorge Richmam
"En algún lugar al que nunca he viajado, felizmente más allá de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio: en tu gesto más frágil hay cosas que me rodean o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Tu mirada más fugaz me abrirá facilmente aunque me haya cerrado como un puño, pétalo por pétalo me abres como la Primavera abre (tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo cuidadosa por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura me somete con el color de sus campos, retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
(no sé qué es lo que en ti cierra y abre, sólo algo en mi entiende que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero. Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe, el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas, la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones, y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer. Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron. De mi estadía quedan las magias y los ritos, Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor, La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos, Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron. Lo demás aún se cumple en el olvido, Aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí igual que en un espejo de sonrientes praderas, y a la que tú verás extrañamente ajena: mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo, en un último instante fulmíneo como un rayo, no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada entre los remolinos de tu corazón. No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza. No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo. Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia: "Ellos han muerto ya. Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno. Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".
Extraño como la sonrisa de un bisturí. Íntimo como un ojo sin párpado abierto en nuestra mano. Deslumbrante como el rumor del paso de un unicornio. Fiel como la súbita seda negra del miedo. Terrible como el brillo de la espada de fuego de un arcángel. Sumiso como las olas que rompen contra la playa de un pecho. Devastador como la claridad de una mirada en un espejo roto. Inevitable como la herida hecha de lluvia en un corazón de piedra, el amor llega un día a nuestra vida y nosotros no estamos.
Me desboco En las arterias de tu música, En sus ojos de neón. Abrazo claros de luna. Hago equilibrios En las aristas de la madrugada, Destruyo los límites, Altero el orden de los días y las noches.
Para curarme De la ceguera de tu boca, Vierto licores envenenados Que adhieran tus paredes A las mías. Enhebro en tu lengua El hilo de mis deseos. Me anudo en tus labios. Danzo en tus vértices
Me han hablado del poeta
que se arroja ácido a la cara durante los recitales
y escribe en el cielo preprogramado de California
con humo de aeroplanos y me impresiona la calidad de esta ética laboral
tan a la altura
de nuestros tiempos de paleocapitalismo posmoderno: todo por la patria
por el patrón
por el poder
por la poesía... pero me temo
que ni siquiera con tanto sacrificio
consigue durar más de diez segundos en los telediarios. Prefiero
otra estrategia lateral, contraria:
escribir en la arena
y hablar en voz muy baja
para que tú me oigas. Borrar las huellas.
Comentarios
A la misteriosa
" Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.
Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.
Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.
Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.
Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida. "
Robert Desnos
Que el año nuevo nos traiga mucha poesía
y algo en tu sangre late y no reposa
y en su tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida armonía.
Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa se desangra el día.
Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía.
Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.
Gabriel García Márquez
Feliz día
Partir
en cuerpo y alma
partir.
Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.
He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
Alejandra Pizarnik
Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle,
y que nos sentemos en un café a hablar largamente
de las cosas pequeñas de la vida,
a recordar de cuanto tú fuiste soldado,
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos
la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando.
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente
y nos estábamos callados.
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre en la misma esquina
hasta el día siguiente,
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la vida,
pero que sólo se da en la juventud,
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan entre el bolsillo,
y se tienen creencias y confianzas
así en el mundo como en uno mismo.
Y quiero además aún hablarte,
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta noche con cerveza y música,
y después yo seguir viviendo como si nada...
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas,
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para ponerme mi abrigo negro
a la salida,
yo buscando la puerta de emergencia,
la escalera de incendios que conduce al infierno,
todas las salidas custodiadas por desconocidos.
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad.
Mientras la tarde transcurre
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos
a decir las últimas palabras cada noche
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir comprendí que te amaba,
y en fin, tantas otras cosas que suceden...
Jaime Jaramillo Escobar
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.
Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.
Alejandra Pizarnik
Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.
Chantal Maillard
Vengo con Pizarnik bajo el brazo
La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te...
La noche sufre.
bajo el zumo azul
de tus suspiros
me desangro.
Anduvieron mis manos
con sus diez sentidos
y mi boca clavando
sus banderas de besos.
Amo tu espalda de brisa.
En ese territorio
levantaré la casa
definitiva.
Gabiel Impaglione
recogí en la vida:
Yo necesito un sol que
me disuelva.
A. Storni
A veces los seres humanos
nos empeñamos en hablar en diferentes idiomas
aunque usemos casi el mismo.
Parece que no queremos entendernos.
Usamos la palabra para escondernos
tras el ataque, el grito o la tristeza.
Otras veces sobra con un gesto,
una mirada, un silencio,
una palabra, acaso dos.
El silencio nos habla
con más fuerza que las palabras
—la mayoría de las ocasiones no quieren decir nada—
pero nadie le escucha.
Es entonces, sólo entonces,
al oír sus alaridos y murmullos
cuando recobramos la memoria
de los signos perdidos.
Óscar Garrido García
Vengo desde el confín
de la espera
a buscarte.
Intuía que en el mundo
alguien esperaba mi voz
calladamente.
Tus labios
echan a volar palabras
que solté en el viento.
Yo hablaba
porque eras tú
quien guardaba los versos
para un buen día
de reencuentro.
Conozco lo que dices,
sé muy bien
tu próximo poema.
Ay! cuando pude decirte
al oido estos besos
tu cuerpo vibró
como mi alma.
Gabriel Impaglione
Nobleza coronando
tu ternura brillante.
La pobreza que se abre
como una calle oceánica.
Tu inteligencia alzando
niños como flores.
Amo
tu valentía de poema.
La risa de tu amor
en el pan del abrazo.
Amo lo que hay en ti.
Gabriel Impaglione
nos mienten a diario
y que cada anochecer
guardamos los minutos
que nos sobran.
También sé
que en la quietud de las tardes
los pájaros volarán
sin calcular las distancias,
desorientados
por los colores exactos
y los silencios.
Lupe García Araya
21. Nuestros ojos intercambian su luz
Su luz y el silencio
Hasta no reconocerse
Hasta sobrevivir a la ausencia.
...".
Paul Éluard
La vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra.
Gabriel Celaya
"Te amo. Pero ya no sé
lo que es eso, un amor"
Heiner Müller
La eternidad dura unos tres años, de los diecisiete a los veinte
aproximadamente.
Tiene el espesor agrio de una lámina de vino tinto.
Tiene la consistencia de tus muslos de estío bajo la falda tenue y
larguísima que nunca te levantaré.
La eternidad. Un lugar sin sabiduría y anterior nostalgia de ella.
Hay luz filtrada por ramas de un verde restallante en el Parque
del Buen Retiro, luz adolescente que se quiebra inverosímilmente
sobre tu blusa.
Casi me da pudor decir que sólo te acaricio los pechos una vez.
Frescas ensoñaciones interminables en el jardín de la torpeza.
Las puertas sí que son algo irreversible: duros núcleos expectantes
aristas insomnes, una condensación exagerada de tragedia.
Pero la memoria ha desaprendido el llanto de manera radical.
Me besas tú por primera vez, en un teatro donde no hay otra cosa
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.
Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)
Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.
Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.
Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.
Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbamte (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.
La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.
La eternidad no acaba de tomarme en serio.
Hace bien en no hacerlo.
No ha sido el caso.
Y como estoy en el hueco que ha dejado la gran ola, sin saber dónde mirar ni hacia dónde dirigirme, pues me permitirás que me quede con "tu" poema.
Abrazos, pepeto.
Para lo bueno y lo malo. Para lo peor, también está la poesía.
(Enorme Riechman)
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
(Benedetti, cómplice )
Como dice el refrán, 'A mal tiempo, buena cara'
Dejo otro del montevideano..
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea
sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en ovalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo
sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente
y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía
llorar
solo llorar
entonces su sonrisa
si todavía existe
se vuelve un arco iris
No te extrañe si cada mañana
despiertas con los pies cansados:
habrás estado toda la noche
caminando descalza por mis sueños.
Otomo no Yakamochi
Un resto que ha dejado la gran ola en mis manos
Quizá dudo
con más frecuencia que antes
Quizá entiendo de otro modo
los conceptos de piedad y compasión
que cuando me exaltaba Nietzsche con dieciséis años
quizá te necesito
Jorge Richmam
soy Mahoma, soy Lao-tsé,
soy Jesucristo y Yahvéh
soy la Serpiente Emplumada
Soy la pupila asombrada
que descubre como apunta,
soy todo lo que se junta
para vivir y soñar
Soy el destino del mar
soy un niño que pregunta
soy el destino del mar
soy un niño que pregunta ..."
...................
El Escaramujo
Silvio Rodríguez
http://www.goear.com/listen/633857d/el-escaramujo-silvio-rodriguez
de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Tu mirada más fugaz me abrirá facilmente
aunque me haya cerrado como un puño,
pétalo por pétalo me abres como la Primavera abre
(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
(no sé qué es lo que en ti cierra
y abre, sólo algo en mi entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
E. E. Cummings
Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
Aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí
igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como un rayo,
no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada
entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:
"Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".
Extraño como la sonrisa de un bisturí.
Íntimo como un ojo sin párpado abierto en nuestra mano.
Deslumbrante como el rumor del paso de un unicornio.
Fiel como la súbita seda negra del miedo.
Terrible como el brillo de la espada de fuego de un arcángel.
Sumiso como las olas que rompen contra la playa de un pecho.
Devastador como la claridad de una mirada en un espejo roto.
Inevitable como la herida hecha de lluvia en un corazón de piedra,
el amor llega un día a nuestra vida y nosotros no estamos.
Abelardo Linares
Me desboco
En las arterias de tu música,
En sus ojos de neón.
Abrazo claros de luna.
Hago equilibrios
En las aristas de la madrugada,
Destruyo los límites,
Altero el orden de los días y las noches.
Para curarme
De la ceguera de tu boca,
Vierto licores envenenados
Que adhieran tus paredes
A las mías.
Enhebro en tu lengua
El hilo de mis deseos.
Me anudo en tus labios.
Danzo en tus vértices
Agotando las horas.
Goya Gutiérrez
Me han hablado del poeta
que se arroja ácido a la cara durante los recitales
y escribe en el cielo preprogramado de California
con humo de aeroplanos
y me impresiona la calidad de esta ética laboral
tan a la altura
de nuestros tiempos de paleocapitalismo posmoderno:
todo por la patria
por el patrón
por el poder
por la poesía...
pero me temo
que ni siquiera con tanto sacrificio
consigue durar más de diez segundos en los telediarios.
Prefiero
otra estrategia lateral, contraria:
escribir en la arena
y hablar en voz muy baja
para que tú me oigas.
Borrar las huellas.
Jorge Riechmann
("Borrar las huellas". Es bonito.
Tanto afán nuestro de perdurar y perdurar,....)
No voy hasta ti,
de tí regreso
esperándote.
Salgo de tu piel
para abrazarte.
Voy
y vengo
a tu alrededor
y te celebro
y me ensancho
Gabiel Impaglione
Feliz semana