Fue casual. Aunque estabas de espalda te reconocí. Cada mechón de tu cabello, tu figura y tu postura fueron familiares para mí. Tropecé con unas sillas y continué como si no te hubiera visto para no delatarme. Y es que tú no sabes todavía lo que siento por ti. A veces reconozco en tu mirada o en tus gestos que el sentimiento es mutuo, pero no, no logro hacer que tú te delates. Pasé cerca de ti y me llamaste. Reconocí tu voz. Aquella que siempre me recuerda que tú existes y que con eso me basta para vivir. Aquella que al convertirse en risa dibuja en tu rostro la memoria más hermosa que tengo de ti. Conversamos. Reímos. Me tocaste y te deje hacerlo. Intente no aburrirte y reconocí tu aprecio en tu mirada. Me despedí pensando en cuando te volvería a ver. Y es que no dejo de pensar en ti, mi chiquita.
Comentarios
Y, si no, guárdalo para la próxima. Vale la pena.