En otra vida yo miraba desde la ventana de un bar
cómo la tormenta aplastaba las flores azules contra los cordones
contra las paredes
y por ese momento único de la juventud que dura muy poco
supe que nunca olvidaría esa escena en que nada aparecía
de lo que amaba me interesaba o temía
ni novios ni odios ni otros poetas ni revistas de opinión ni
secretarios de barrio ni amigos imbuidos de una colonizada cultura pavesiana
sólo las flores azules y la lluvia
recuerdo el nombre del pueblo la hora y esa lluvia
que nunca en las décadas que siguieron confundí con alguna otra
Fuimos diluidos a ciencia exacta
en un tiempo impreciso en una taza de café frío en las dunas.
Fuimos escribiendo historias sin rumbo
un beso disolvió la cruel espera con un epitafio de primavera.
Fuimos de azúcar y podíamos existir
olvidando quienes somos, habitando el lado opuesto de la luna,
dibujando nuestros nombres al derecho y al revés.
Fuimos silencio atravesando la estación del tren
por viejos durmientes,
que susurraron un recuerdo prefijado:
“verte venir hacia mí”, con una palabra que convierte el agua en lluvia …
Fuimos todas las tardes juntas que se parten en dos;
una para ti y otra para la nueva despedida,
(para volver a verte, para no olvidarte;
mientras la distancia nos separe,
y estas letras nos unan…
sin pensar en extrañarte;
me extingo lentamente en tus sueños y en mi memoria.
Somos y no “fuimos” diluidos
en este tiempo inexacto
en esta ciencia imprecisa…)
Él quiere saber si ella
teme tormentas y por qué
en los momentos más felices
emprendía constantemente la huída.
Ella reflexiona, un rayo
ilumina el paisaje extraño delante de la ventana.
Las tormentas no las teme,
contesta ella, solamente la felicidad.
Luego llueve,
en su susurro acelerado
se quita el afeite de los ojos
y se ocupa en hacer
las maletas, mientras él,
echado en la cama, estudia el itinerario
para el día siguiente.
Y lo que atañía a la muerte,
quiere saber él, si ella
teme la muerte.
La muerte no, contesta ella,
solamente la felicidad.
¡Lana Turner se desplomó!
Yo iba trotando y de pronto
empezó a llover y a nevar
y dijiste que caía granizo
pero el granizo golpea fuerte
la cabeza así que en realidad nevaba
y llovía y estaba tan apurado
por encontrarme con vos pero el tráfico
hacía exactamente lo mismo que el cielo
y de pronto veo un titular
¡LANA TURNER SE DESPLOMÓ!
no hay nieve en Hollywood
no llueve en California
estuve en un montón de fiestas
y me porté de un modo bochornoso
sin embargo nunca me desplomé
oh Lana Turner te adoramos levantate
Dicha así, con la levedad de quien la utiliza con frecuencia
podría parecer inocua; sin embargo, ella sola,
salida de unos candentes labios carnosos,
puede provocar las más inesperadas reacciones
—va despertando curiosidades internas
que la siempre débil piel no podrá contener.
Dicha así, con la seducción propia de su sonoridad,
con la característica suavidad de una boca
y de un sensual cuerpo dionisiacamente apolíneo,
cerca de un oído ávido de escucharla mil veces
y una más, no es una palabra como cualquier otra:
su sonido es parte de su belleza exuberante.
Generalmente busca una oscuridad aún más profunda
que la ya proporcionada por la noche y su espesura.
Nada es una distracción ante las pulsiones íntimas
que atraen a cualquiera de los concurrentes al burdel.
Las nítidas sombras se escurren sobre las paredes oscuras.
Mientras se pronuncia,
deslizas lenta pero lujuriosamente tu mano
hasta su entrepierna:
algo tiembla debajo de su bragueta.
Afuera el aire se enfría y la lluvia vuelve a azotar.
" El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo-fundido
de sus bocas secas y de polvo cubiertas
nos llegan, ahora, desde la carretera
sus atormentados cuerpos, chicas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo,
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia. "
Es media noche y me llama
me envuelve ternura,
pienso en agitados cuerpos
estrellándose contra olas
incendiadas.
Llueve, la lluvia, la lluvia y
su fuerza despiertan sentidos,
la furia de mi boca apagada,
mi carne ardiendo bajo
tus hombros de nácar.
Cae, viene, está en mí
y tú no miras el océano
detrás de mis ojos.
Esta noche llueve y no sabes
que requiero hacer el amor
y no miras mis ojos
y no miras la braza de mis poros.
Llueve, salgo a caminar
a esparcir gemidos, a secarme lenta,
llueve y camino, camino
hasta sentir como las gotas de lluvia
calman esta sed y
penetran mi cuerpo.
Llueve.
La lluvia mancha las calles.
El asfalto mojado es lustroso.
Los peatones se cubren.
El sombrero cubre la cabeza.
El paraguas resguarda de la lluvia.
Los zapatos entran en las galochas.
Las galochas son de goma.
La pelota es de goma.
La pelota rebota en el suelo.
La lluvia rebota en el suelo.
Llueve a cántaros.
Los cántaros son de barro.
La lluvia forma charcos.
En los charcos se forma barro.
La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
Los autos salpican.
El agua rebota en el techo.
Los techos se llueven.
Las goteras caen en tarros.
Las aguas corren por los tejados.
Los canalones recogen las aguas.
Los techos chorrean.
La lluvia golpea las ventanas.
Las gotas resbalan por los vidrios.
La lluvia moja.
La lluvia humedece las paredes.
La tierra se empapa.
Llueve en la ciudad.
Llueve en el poema.
El anciano escribe.
Las gotas de lluvia no son centavos.
Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.
Alma mía, he aquí la lluvia torrencial de oasis en el desierto,
de paisaje de piedra que no filtra el agua:
he aquí la lluvia torrencial, diluvio que nos inunda,
sueño cuando estamos sedientos, sueño en el que beberemos,
olvidado sueño, sueño de paz perfecta,
sueño de una canción hace tiempo encerrada en el piano;
he aquí la lluvia torrencial, alma mía, de nubes de palabras y verano,
zumbido de ventanas, carrozas que emprenden su andadura,
caída sin dolor, sin pérdida de belleza,
solamente una calma, una dulce calma, rubio paisaje,
nube que pasará cuando caiga la hoja del bosquecillo,
y hasta entonces tiempo y hasta entonces tiempos,
cuyo cabello se tornará gris incluso en la eternidad;
he aquí la lluvia torrencial, alma mía, he aquí la lluvia que soñabas,
antes de que llegue la calma, antes aún de despertar.
¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.
"Nadie, ni siquiera la lluvia tiene las manos tan pequeñas"
Nadie, nisiquieralalluvia
En algún lugar al que nunca he viajado, felizmente más allá de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio: En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con una ligera mirada me liberas. Aunque me haya cerrado como un puño, siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser, como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura me somete con el color de sus campos, retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir, solo algo en mí entiende que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas) Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.
Llueve y estoy sin luz Contra el cielo gris veo una rama seca lo que queda de la gmelina muerta en un accidente La imagen es triste y yo de lágrima pronta.
Llueve y estoy sin luz ¿Quién le puso nombre a la lluvia? ¿Quién le puso nombre a la luz? Estar sin luz significa tantas cosas.
Llueve y estoy sin luz qué ironía El sol me encandila Mientras los truenos tapan el canto de las aves en refugio
Llueve y estoy sin luz Oigo el trino de los pájaros ¿Qué sintió el pájaro que emitió el primer silbido? ¿Qué lo hizo trinar? ¿Un susto? ¿Un dolor? ¿Una alegría? ¿Qué sintió al verse capaz de trinar?
Llueve y estoy sin luz ¿Qué sintió el hombre que dijo la primera palabra? ¿Qué lo hizo hablar? ¿Un amor? ¿Una tristeza? ¿Un dolor? ¿Una alegría? ¿Un orgasmo? ¿Qué sintió el hombre al verse capaz de hablar?
Comentarios
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Morir es darle vacío al tiempo.
La muerte rompe la sucesión temporal
interrumpiendo la cadena de segundos
el desfile de minutos
el escaparate de los días.
¿Qué espacio ocupa
la sensación de frescor
cuando la lluvia nos moja la cara?
Cuando morimos
le damos vacío al tiempo
para que el olvido de las sensaciones
ocupe un lugar en la memoria del pasado.
Pello Otxoteko Vaquero, (Irún, 1970-)
.
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Esta agua medrosa y triste,
como un niño que padece,
antes de tocar la tierra
desfallece.
Quieto el árbol, quieto el viento,
¡y en el silencio estupendo,
este fino llanto amargo
cayendo!
El cielo es como un inmenso
corazón que se abre, amargo.
No llueve: es un sangrar lento
y largo.
Dentro del hogar, los hombres
no sienten esta amargura,
este envío de agua triste
de la altura.
Este largo y fatigante
descender de aguas vencidas,
hacia la Tierra yacente
y transida.
Llueve... y como un chacal trágico
la noche acecha en la sierra.
¿Qué va a surgir, en la sombra,
de la Tierra?
¿Dormiréis, mientras afuera
cae, sufriendo, esta agua inerte,
esta agua letal, hermana
de la Muerte?
Gabriela Mistral
cómo la tormenta aplastaba las flores azules contra los cordones
contra las paredes
y por ese momento único de la juventud que dura muy poco
supe que nunca olvidaría esa escena en que nada aparecía
de lo que amaba me interesaba o temía
ni novios ni odios ni otros poetas ni revistas de opinión ni
secretarios de barrio ni amigos imbuidos de una colonizada cultura pavesiana
sólo las flores azules y la lluvia
recuerdo el nombre del pueblo la hora y esa lluvia
que nunca en las décadas que siguieron confundí con alguna otra
Juana Bizgozzi (Argentina, 1937)
Este cielo traza la copa de una palmera
que termina fundida en la calzada.
Llamea este cielo azul metálico.
Irrumpe el ruido de un falso chaparrón:
bolsas de plástico rozando el pavimento.
Esas rejas son la sombra del balcón
en la fachada blanca de la esquina.
Llamea la fachada, espejo solar.
La cabeza del hombre que se cruza:
caja vacía para la mudanza.
Todo este blanco despidiendo calor…
Mirar este cielo es darse un chapuzón
en los orígenes.
José García Obrero (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1973-).
.
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Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado.
¡La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!
Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.
La vida será solo
una voz querida.
Juan L. Ortíz (Argentina, 1896-1978)
Fuimos diluidos a ciencia exacta
en un tiempo impreciso en una taza de café frío en las dunas.
Fuimos escribiendo historias sin rumbo
un beso disolvió la cruel espera con un epitafio de primavera.
Fuimos de azúcar y podíamos existir
olvidando quienes somos, habitando el lado opuesto de la luna,
dibujando nuestros nombres al derecho y al revés.
Fuimos silencio atravesando la estación del tren
por viejos durmientes,
que susurraron un recuerdo prefijado:
“verte venir hacia mí”, con una palabra que convierte el agua en lluvia …
Fuimos todas las tardes juntas que se parten en dos;
una para ti y otra para la nueva despedida,
(para volver a verte, para no olvidarte;
mientras la distancia nos separe,
y estas letras nos unan…
sin pensar en extrañarte;
me extingo lentamente en tus sueños y en mi memoria.
Somos y no “fuimos” diluidos
en este tiempo inexacto
en esta ciencia imprecisa…)
Iñakapalla Chávez es poeta peruana, (1986-)
.
.
.
Él quiere saber si ella
teme tormentas y por qué
en los momentos más felices
emprendía constantemente la huída.
Ella reflexiona, un rayo
ilumina el paisaje extraño delante de la ventana.
Las tormentas no las teme,
contesta ella, solamente la felicidad.
Luego llueve,
en su susurro acelerado
se quita el afeite de los ojos
y se ocupa en hacer
las maletas, mientras él,
echado en la cama, estudia el itinerario
para el día siguiente.
Y lo que atañía a la muerte,
quiere saber él, si ella
teme la muerte.
La muerte no, contesta ella,
solamente la felicidad.
Elisabeth Meylan (Basilea, Suiza, 1937)
¡Lana Turner se desplomó!
Yo iba trotando y de pronto
empezó a llover y a nevar
y dijiste que caía granizo
pero el granizo golpea fuerte
la cabeza así que en realidad nevaba
y llovía y estaba tan apurado
por encontrarme con vos pero el tráfico
hacía exactamente lo mismo que el cielo
y de pronto veo un titular
¡LANA TURNER SE DESPLOMÓ!
no hay nieve en Hollywood
no llueve en California
estuve en un montón de fiestas
y me porté de un modo bochornoso
sin embargo nunca me desplomé
oh Lana Turner te adoramos levantate
Frank O´Hara (EEUU, 1926-1966)
Dicha así, con la levedad de quien la utiliza con frecuencia
podría parecer inocua; sin embargo, ella sola,
salida de unos candentes labios carnosos,
puede provocar las más inesperadas reacciones
—va despertando curiosidades internas
que la siempre débil piel no podrá contener.
Dicha así, con la seducción propia de su sonoridad,
con la característica suavidad de una boca
y de un sensual cuerpo dionisiacamente apolíneo,
cerca de un oído ávido de escucharla mil veces
y una más, no es una palabra como cualquier otra:
su sonido es parte de su belleza exuberante.
Generalmente busca una oscuridad aún más profunda
que la ya proporcionada por la noche y su espesura.
Nada es una distracción ante las pulsiones íntimas
que atraen a cualquiera de los concurrentes al burdel.
Las nítidas sombras se escurren sobre las paredes oscuras.
Mientras se pronuncia,
deslizas lenta pero lujuriosamente tu mano
hasta su entrepierna:
algo tiembla debajo de su bragueta.
Afuera el aire se enfría y la lluvia vuelve a azotar.
Sergio Téllez-Pon (Ciudad de México, 1981-)
.
.
.
" El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo-fundido
de sus bocas secas y de polvo cubiertas
nos llegan, ahora, desde la carretera
sus atormentados cuerpos, chicas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo,
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia. "
Nadia Anjuman (Afganistán, 1980-2005)
Los días han pasado
pero yo escucho caer la misma lluvia
que nos acompañó a Puerto Ordaz
El pulso de nuestros cuerpos
Una calle cercana
La promesa
de los que nunca dejarán de estar juntos
Ahora un viejo blues
me hace ir de nuevo a una sala habitada
Los días seguirán y seguirán pasando
pero no esa lluvia
que nos acompañó a Puerto Ordaz.
Francisco Vejar (Chile)
me envuelve ternura,
pienso en agitados cuerpos
estrellándose contra olas
incendiadas.
Llueve, la lluvia, la lluvia y
su fuerza despiertan sentidos,
la furia de mi boca apagada,
mi carne ardiendo bajo
tus hombros de nácar.
Cae, viene, está en mí
y tú no miras el océano
detrás de mis ojos.
Esta noche llueve y no sabes
que requiero hacer el amor
y no miras mis ojos
y no miras la braza de mis poros.
Llueve, salgo a caminar
a esparcir gemidos, a secarme lenta,
llueve y camino, camino
hasta sentir como las gotas de lluvia
calman esta sed y
penetran mi cuerpo.
Silvia Rodriguez
Llueve.
La lluvia mancha las calles.
El asfalto mojado es lustroso.
Los peatones se cubren.
El sombrero cubre la cabeza.
El paraguas resguarda de la lluvia.
Los zapatos entran en las galochas.
Las galochas son de goma.
La pelota es de goma.
La pelota rebota en el suelo.
La lluvia rebota en el suelo.
Llueve a cántaros.
Los cántaros son de barro.
La lluvia forma charcos.
En los charcos se forma barro.
La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
Los autos salpican.
El agua rebota en el techo.
Los techos se llueven.
Las goteras caen en tarros.
Las aguas corren por los tejados.
Los canalones recogen las aguas.
Los techos chorrean.
La lluvia golpea las ventanas.
Las gotas resbalan por los vidrios.
La lluvia moja.
La lluvia humedece las paredes.
La tierra se empapa.
Llueve en la ciudad.
Llueve en el poema.
El anciano escribe.
Las gotas de lluvia no son centavos.
Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.
Gonzalo Millán
Alma mía, he aquí la lluvia torrencial de oasis en el desierto,
de paisaje de piedra que no filtra el agua:
he aquí la lluvia torrencial, diluvio que nos inunda,
sueño cuando estamos sedientos, sueño en el que beberemos,
olvidado sueño, sueño de paz perfecta,
sueño de una canción hace tiempo encerrada en el piano;
he aquí la lluvia torrencial, alma mía, de nubes de palabras y verano,
zumbido de ventanas, carrozas que emprenden su andadura,
caída sin dolor, sin pérdida de belleza,
solamente una calma, una dulce calma, rubio paisaje,
nube que pasará cuando caiga la hoja del bosquecillo,
y hasta entonces tiempo y hasta entonces tiempos,
cuyo cabello se tornará gris incluso en la eternidad;
he aquí la lluvia torrencial, alma mía, he aquí la lluvia que soñabas,
antes de que llegue la calma, antes aún de despertar.
Jirí Orten
¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.
Ida Vitale
Nadie, ni siquiera la lluvia
En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con una ligera mirada me liberas.
Aunque me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,
como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir,
solo algo en mí entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.
E. E. Cummings
Llueve y estoy sin luz
Contra el cielo gris veo una rama seca
lo que queda de la gmelina
muerta en un accidente
La imagen es triste
y yo
de lágrima pronta.
Llueve y estoy sin luz
¿Quién le puso nombre a la lluvia?
¿Quién le puso nombre a la luz?
Estar sin luz significa tantas cosas.
Llueve y estoy sin luz
qué ironía
El sol me encandila
Mientras los truenos tapan el canto de las aves en refugio
Llueve y estoy sin luz
Oigo el trino de los pájaros
¿Qué sintió el pájaro que emitió el primer silbido?
¿Qué lo hizo trinar?
¿Un susto? ¿Un dolor? ¿Una alegría?
¿Qué sintió al verse capaz de trinar?
Llueve y estoy sin luz
¿Qué sintió el hombre que dijo la primera palabra?
¿Qué lo hizo hablar?
¿Un amor? ¿Una tristeza? ¿Un dolor? ¿Una alegría? ¿Un orgasmo?
¿Qué sintió el hombre
al verse capaz de hablar?
Golcar Rojas
No sucumbir a la lluvia
Kenzi Miyazawa