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Lluvia

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Comentarios

  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2015
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    Morir es darle vacío al tiempo.

    La muerte rompe la sucesión temporal
    interrumpiendo la cadena de segundos
    el desfile de minutos
    el escaparate de los días.

    ¿Qué espacio ocupa
    la sensación de frescor
    cuando la lluvia nos moja la cara?

    Cuando morimos
    le damos vacío al tiempo
    para que el olvido de las sensaciones
    ocupe un lugar en la memoria del pasado.


    Pello Otxoteko Vaquero, (Irún, 1970-)

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  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2015
    La lluvia lenta

    Esta agua medrosa y triste,
    como un niño que padece,
    antes de tocar la tierra
    desfallece.

    Quieto el árbol, quieto el viento,
    ¡y en el silencio estupendo,
    este fino llanto amargo
    cayendo!

    El cielo es como un inmenso
    corazón que se abre, amargo.
    No llueve: es un sangrar lento
    y largo.

    Dentro del hogar, los hombres
    no sienten esta amargura,
    este envío de agua triste
    de la altura.

    Este largo y fatigante
    descender de aguas vencidas,
    hacia la Tierra yacente
    y transida.

    Llueve... y como un chacal trágico
    la noche acecha en la sierra.
    ¿Qué va a surgir, en la sombra,
    de la Tierra?

    ¿Dormiréis, mientras afuera
    cae, sufriendo, esta agua inerte,
    esta agua letal, hermana
    de la Muerte?

    Gabriela Mistral
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    En otra vida yo miraba desde la ventana de un bar
    cómo la tormenta aplastaba las flores azules contra los cordones
    contra las paredes
    y por ese momento único de la juventud que dura muy poco
    supe que nunca olvidaría esa escena en que nada aparecía
    de lo que amaba me interesaba o temía
    ni novios ni odios ni otros poetas ni revistas de opinión ni
    secretarios de barrio ni amigos imbuidos de una colonizada cultura pavesiana
    sólo las flores azules y la lluvia
    recuerdo el nombre del pueblo la hora y esa lluvia
    que nunca en las décadas que siguieron confundí con alguna otra


    Juana Bizgozzi (Argentina, 1937)
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2015
    Plaza de Abades un día de julio




    Este cielo traza la copa de una palmera
    que termina fundida en la calzada.


    Llamea este cielo azul metálico.


    Irrumpe el ruido de un falso chaparrón:
    bolsas de plástico rozando el pavimento.


    Esas rejas son la sombra del balcón
    en la fachada blanca de la esquina.
    Llamea la fachada, espejo solar.


    La cabeza del hombre que se cruza:
    caja vacía para la mudanza.


    Todo este blanco despidiendo calor…


    Mirar este cielo es darse un chapuzón
    en los orígenes.



    José García Obrero (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1973-).

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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    Lluvia

    Todo el día mi alma hoy estará suspensa
    de la voz del agua,
    como en un sueño
    mojado.

    ¡La voz del agua
    dulcemente cierra el mundo!

    Todo el día seré un niño
    que se está durmiendo.

    La vida será solo
    una voz querida.


    Juan L. Ortíz (Argentina, 1896-1978)





  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2015
    Tiempo inexacto, ciencia imprecisa…

    Fuimos diluidos a ciencia exacta
    en un tiempo impreciso en una taza de café frío en las dunas.

    Fuimos escribiendo historias sin rumbo
    un beso disolvió la cruel espera con un epitafio de primavera.

    Fuimos de azúcar y podíamos existir
    olvidando quienes somos, habitando el lado opuesto de la luna,
    dibujando nuestros nombres al derecho y al revés.

    Fuimos silencio atravesando la estación del tren
    por viejos durmientes,
    que susurraron un recuerdo prefijado:
    “verte venir hacia mí”, con una palabra que convierte el agua en lluvia …

    Fuimos todas las tardes juntas que se parten en dos;
    una para ti y otra para la nueva despedida,
    (para volver a verte, para no olvidarte;
    mientras la distancia nos separe,
    y estas letras nos unan…
    sin pensar en extrañarte;
    me extingo lentamente en tus sueños y en mi memoria.
    Somos y no “fuimos” diluidos
    en este tiempo inexacto
    en esta ciencia imprecisa…)


    Iñakapalla Chávez es poeta peruana, (1986-)
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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    Conversación nocturna

    Él quiere saber si ella
    teme tormentas y por qué
    en los momentos más felices
    emprendía constantemente la huída.
    Ella reflexiona, un rayo
    ilumina el paisaje extraño delante de la ventana.
    Las tormentas no las teme,
    contesta ella, solamente la felicidad.
    Luego llueve,
    en su susurro acelerado
    se quita el afeite de los ojos
    y se ocupa en hacer
    las maletas, mientras él,
    echado en la cama, estudia el itinerario
    para el día siguiente.
    Y lo que atañía a la muerte,
    quiere saber él, si ella
    teme la muerte.
    La muerte no, contesta ella,
    solamente la felicidad.


    Elisabeth Meylan (Basilea, Suiza, 1937)





  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    ¡Lana Turner se desplomó!

    ¡Lana Turner se desplomó!
    Yo iba trotando y de pronto
    empezó a llover y a nevar
    y dijiste que caía granizo
    pero el granizo golpea fuerte
    la cabeza así que en realidad nevaba
    y llovía y estaba tan apurado
    por encontrarme con vos pero el tráfico
    hacía exactamente lo mismo que el cielo
    y de pronto veo un titular
    ¡LANA TURNER SE DESPLOMÓ!
    no hay nieve en Hollywood
    no llueve en California
    estuve en un montón de fiestas
    y me porté de un modo bochornoso
    sin embargo nunca me desplomé
    oh Lana Turner te adoramos levantate


    Frank O´Hara (EEUU, 1926-1966)




  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2015
    POEMA DONDE SE UTILIZA MUCHO LA PALABRA VERGA
    A Juan Carlos Bautista

    Dicha así, con la levedad de quien la utiliza con frecuencia
    podría parecer inocua; sin embargo, ella sola,
    salida de unos candentes labios carnosos,
    puede provocar las más inesperadas reacciones
    —va despertando curiosidades internas
    que la siempre débil piel no podrá contener.

    Dicha así, con la seducción propia de su sonoridad,
    con la característica suavidad de una boca
    y de un sensual cuerpo dionisiacamente apolíneo,
    cerca de un oído ávido de escucharla mil veces
    y una más, no es una palabra como cualquier otra:
    su sonido es parte de su belleza exuberante.

    Generalmente busca una oscuridad aún más profunda
    que la ya proporcionada por la noche y su espesura.
    Nada es una distracción ante las pulsiones íntimas
    que atraen a cualquiera de los concurrentes al burdel.
    Las nítidas sombras se escurren sobre las paredes oscuras.

    Mientras se pronuncia,
    deslizas lenta pero lujuriosamente tu mano
    hasta su entrepierna:
    algo tiembla debajo de su bragueta.

    Afuera el aire se enfría y la lluvia vuelve a azotar.



    Sergio Téllez-Pon
    (Ciudad de México, 1981-)

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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    Un Llanto Sordo

    " El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
    nos llega desde la carretera
    almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
    su ardiente respiración y el espejismo-fundido
    de sus bocas secas y de polvo cubiertas
    nos llegan, ahora, desde la carretera
    sus atormentados cuerpos, chicas criadas en el dolor
    la alegría alejada de sus rostros
    corazones viejos y alineados de grietas
    no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
    ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
    ¡Oh Dios!
    ¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo,
    alcanzan las nubes?
    El sonido de las verdes huellas está en la lluvia. "


    Nadia Anjuman (Afganistán, 1980-2005)




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2015
    Yo escucho caer la misma lluvia

    Los días han pasado
    pero yo escucho caer la misma lluvia
    que nos acompañó a Puerto Ordaz

    El pulso de nuestros cuerpos
    Una calle cercana
    La promesa
    de los que nunca dejarán de estar juntos

    Ahora un viejo blues
    me hace ir de nuevo a una sala habitada
    sólo por tu presencia

    Los días seguirán y seguirán pasando
    pero no esa lluvia
    que nos acompañó a Puerto Ordaz.

    Francisco Vejar (Chile)




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2015
    Es media noche y me llama
    me envuelve ternura,
    pienso en agitados cuerpos
    estrellándose contra olas
    incendiadas.

    Llueve, la lluvia, la lluvia y
    su fuerza despiertan sentidos,
    la furia de mi boca apagada,
    mi carne ardiendo bajo
    tus hombros de nácar.

    Cae, viene, está en mí
    y tú no miras el océano
    detrás de mis ojos.

    Esta noche llueve y no sabes
    que requiero hacer el amor
    y no miras mis ojos
    y no miras la braza de mis poros.

    Llueve, salgo a caminar
    a esparcir gemidos, a secarme lenta,
    llueve y camino, camino
    hasta sentir como las gotas de lluvia
    calman esta sed y
    penetran mi cuerpo.

    Silvia Rodriguez




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015


    Llueve.
    La lluvia mancha las calles.
    El asfalto mojado es lustroso.
    Los peatones se cubren.
    El sombrero cubre la cabeza.
    El paraguas resguarda de la lluvia.
    Los zapatos entran en las galochas.
    Las galochas son de goma.
    La pelota es de goma.
    La pelota rebota en el suelo.
    La lluvia rebota en el suelo.
    Llueve a cántaros.
    Los cántaros son de barro.
    La lluvia forma charcos.
    En los charcos se forma barro.
    La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
    Los autos salpican.
    El agua rebota en el techo.
    Los techos se llueven.
    Las goteras caen en tarros.
    Las aguas corren por los tejados.
    Los canalones recogen las aguas.
    Los techos chorrean.
    La lluvia golpea las ventanas.
    Las gotas resbalan por los vidrios.
    La lluvia moja.
    La lluvia humedece las paredes.
    La tierra se empapa.
    Llueve en la ciudad.
    Llueve en el poema.
    El anciano escribe.
    Las gotas de lluvia no son centavos.
    Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.

    Gonzalo Millán





  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2015
    He aquí la lluvia torrencial

    Alma mía, he aquí la lluvia torrencial de oasis en el desierto,
    de paisaje de piedra que no filtra el agua:
    he aquí la lluvia torrencial, diluvio que nos inunda,
    sueño cuando estamos sedientos, sueño en el que beberemos,
    olvidado sueño, sueño de paz perfecta,
    sueño de una canción hace tiempo encerrada en el piano;
    he aquí la lluvia torrencial, alma mía, de nubes de palabras y verano,
    zumbido de ventanas, carrozas que emprenden su andadura,
    caída sin dolor, sin pérdida de belleza,
    solamente una calma, una dulce calma, rubio paisaje,
    nube que pasará cuando caiga la hoja del bosquecillo,
    y hasta entonces tiempo y hasta entonces tiempos,
    cuyo cabello se tornará gris incluso en la eternidad;
    he aquí la lluvia torrencial, alma mía, he aquí la lluvia que soñabas,
    antes de que llegue la calma, antes aún de despertar.

    Jirí Orten
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2015
    Gotas

    ¿Se hieren y se funden?
    Acaban de dejar de ser la lluvia.
    Traviesas en recreo,
    gatitos de un reino transparente,
    corren libres por vidrios y barandas,
    umbrales de su limbo,
    se siguen, se persiguen,
    quizá van, de soledad a bodas,
    a fundirse y amarse.
    Trasueñan otra muerte.

    Ida Vitale
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    "Nadie, ni siquiera la lluvia tiene las manos tan pequeñas" 

    Nadie, ni siquiera la lluvia

    En algún lugar al que nunca he viajado,
    felizmente más allá de toda experiencia,
    tus ojos tienen su silencio:
    En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
    o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

    Con una ligera mirada me liberas.
    Aunque me haya cerrado como un puño,
    siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,
    como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

    O si deseas cerrarme, yo y
    mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente,
    como cuando el corazón de esta flor imagina
    la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.

    Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
    la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
    me somete con el color de sus campos,
    retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

    (Ignoro tu destreza para cerrar y abrir,
    solo algo en mí entiende
    que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
    Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.

    E. E. Cummings
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Elucubraciones mientras llueve y estoy sin luz

    Llueve y estoy sin luz
    Contra el cielo gris veo una rama seca
    lo que queda de la gmelina
    muerta en un accidente
    La imagen es triste
    y yo
    de lágrima pronta.

    Llueve y estoy sin luz
    ¿Quién le puso nombre a la lluvia?
    ¿Quién le puso nombre a la luz?
    Estar sin luz significa tantas cosas.

    Llueve y estoy sin luz
    qué ironía
    El sol me encandila
    Mientras los truenos tapan el canto de las aves en refugio

    Llueve y estoy sin luz
    Oigo el trino de los pájaros
    ¿Qué sintió el pájaro que emitió el primer silbido?
    ¿Qué lo hizo trinar?
    ¿Un susto? ¿Un dolor? ¿Una alegría?
    ¿Qué sintió al verse capaz de trinar?

    Llueve y estoy sin luz
    ¿Qué sintió el hombre que dijo la primera palabra?
    ¿Qué lo hizo hablar?
    ¿Un amor? ¿Una tristeza? ¿Un dolor? ¿Una alegría? ¿Un orgasmo?
    ¿Qué sintió el hombre
    al verse capaz de hablar?

    Golcar Rojas

  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    No sucumbir a la lluvia

    No sucumbir a la lluvia
    No sucumbir al viento
    No sucumbir a la nieve ni al calor del estío
    Tener un cuerpo firme y sano
    sin avaricia ni codicia
    Sonreír siempre tranquilo
    Nunca tener ira
    comer cuatro tazas de arroz al día
    y un poco de pasta de soya y legumbres.
    No contar conmigo mismo
    en ninguna ocasión
    observar atentamente y comprender
    Además, no olvidar
    A la sombra de una arboleda de pinos en el campo
    vivir en una choza de cañas
    Si al este hay un niño enfermo
    ir a cuidarlo
    Si al oeste hay una madre fatigada
    ayudarle cargando las gavillas de arroz.

    Kenzi Miyazawa

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