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Microrrelatos.

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO 

    El prenda de mi abuelo 

    Mi abuelo materno nació y vivió en Santander. Era un tipo con una fuerza tan grande como su brutalidad. Se ganaba la vida de peón. Pero pasaba de trabajar. Era adicto al vino, las mujeres y a las peleas de tascas. Y los demás le temían. A los 30 se enamoró de una moza de 20 años. Pero su amor era agresivo. Ella le odiaba y sus padres no habrían autorizado su boda. Él la acosaba con la procacidad de un sátiro. Dos hermanos de ella, más jóvenes que mi abuelo, una noche le dieron una paliza hasta dejarle malherido. Se escondió y, cuando al alba salían sus agresores para acudir a sus trabajos, entró en la casa y mató a la moza a porrazos. Luego huyó al monte y de él a Francia. Anduvo romero y vagabundo dos lustros. Trabajaba en todo lo que le iba surgiendo para sobrevivir. A los 40, quebrantado por el rudo trabajo y, sobre todo por su vida de borrachera y crápula, tuvo la suerte de colocarse de portero en un hotel. Usaba entonces barba larga, para tapar una herida que le cruzaba la cara, y bigote. Al poco se casó con una camarera del hotel, guapa y más joven que él, pero solía perder la dignidad ante su marido





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    Atormentado 

    No he sido un hombre feliz. Es que ni siquiera he llegado a saber concretamente en qué consiste la felicidad. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de conocer a gente de diversos pelajes y he podido ver que el bienestar moral puede aglutinarse en torno a las cosas más inverosímiles y contradictorias. Infinitos son los cebos que el hombre se pone para cazar esa utopía que llaman felicidad. A mí, me parecen artilugios con los que nos pescamos a nosotros mismos de un modo ingenuo, incansable, agotador, como el ratón queriendo atrapar al gato. Al menos yo, siempre me he sentido con la sensación de estar luchando contra fuerzas invencibles






  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    La Vida

     

    Era una persona pesimista y, en cierto modo,

    desesperada, que de la vida nada ya esperaba.

    Decía que la vida era sólo un período desde el

    nacimiento hasta el fallecimiento. Bien. De acuerdo,

    pero te golpean desde todos lados, lo que te obliga

    a pensar, anonadado: ¿por qué y para qué venimos a

    la vida?¿Para descubrir un día que todo lo que se ha

    construido se derrumba cuando llega la ida?





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

     Me marché de mi pueblo

    Y aún no he vuelto, pero quisiera volver. Lo recuerdo con cariño, Me llena de ternura pensar en eso. Volvería a ver mi mar, mi lluvia y mi viento, y oiría el rumor incansable de las olas. El mar, y la lluvia, y el viento, los evoco con reverencia de dioses lares. Siento pena de mí y me cuesta soportar un deseo de llorarme. Me gusta rememorar el pretérito al lento correr de mi pluma, alzo la cabeza y me quedo ensimismado, desparramándome en él. El mar de olas bravías. Los truenos hacían vibrar las paredes de mi dormitorio y el resplandor de los rayos lo iluminaba. Alzaba las manos y las bañaba en la luz espectral de las descargas eléctricas. Pegaba la nariz al helado cristal de la ventana. El viento silbaba en las calles. Arreciaba la lluvia. La tendalera de la ropa golpeaba contra los barrotes. A veces se oía, espeluznante, sorda, la sirena de algún barco que había quedado aprisionado en el traidor bajío de la barra, y ya en toda la noche no dejaban de oírse sus quejidos, como un animal herido de muerte. Al alba se podía ver el siniestrado inclinado de banda y las olas ensañándose con él, golpeándole los flancos, barriéndole de proa a popa. Aparecía el remolcador vomitando una densa columna negra, debido al derrote de su motor. Luchaba en vano contra la arena. Al menos 24 horas de agonía, hasta que las olas destrozaban el casco y esparcían su esqueleto sobre la playa. Todo este lejano dolor: las palizas injustificadas de mi padre, la corta ración de bazofia… Todo. No tiene valor ni consigue borrar la visión apacible de mi pueblo. Como si ahora, en que está próxima mi muerte, la vida, con una generosidad que me niego a pensar que es tardía y cruel, se echase sobre mis pies y así apaciguar la marea de mi espíritu. Todo es mar hoy para mí. Un resplandor rosáceo entra por la ventana de mi cuarto del hospital y se posa tan delicadamente sobre la colcha que no me atrevo a tocarlo por temor a que se me quede entre los dedos como el polvillo de las alas de la mariposa. Limpios me llegan los recuerdos, y mi soledad es apenas un murmullo acariciador de pequeñas olas. Me desconciertan estas nuevas sensaciones porque nunca he sido una persona blandengue. Pero no quiero engañarme, me encuentro solo, desamparado,  triste y no siento ningún rubor por confesar mi debilidad





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO 

    ¿Y quién era él? 

    Pues él era “la fe”, un notario que le complacía destacar en todo ámbito y ambiente, incluso ruin; estar en la primera fila, presidir los actos públicos, capitanear los cortejos para recibir a alguna celebridad, y dejar caer, su parla, muy elocuente en verdad, con cualesquiera de éstos motivos. Su familia era millonaria, pero de baja extracción. Había asistido a buenos colegios, y sabía usar las prerrogativas de ser el único heredero de una inmensa fortuna. Era rico y no necesitaba trabajar, pero quería sumar al brillo de su dinero el lustre de un alto cargo que empavonase su ego hasta borrar su imagen de sangre plebeya. Se avergonzaba de sus orígenes y hasta trabas vería en ellos para ser el día de mañana el presidente del gobierno. Lo que le negaba era que fuese de la talla suficiente para enamorar a mi ex. Ahora, quizá, transcurra feliz la vida de ella a su lado. Pero yo podía haberle dado más en un segundo que él en toda la vida. Porque en el supuesto de que, en su vanidad de de ser un ser superior, haya permitido a su “ya estrenada” esposa guardar bajo llave lo que le ocurrió conmigo, no es sino una repugnante generosidad de un hombre comprensivo, con una afectación falsamente cristiana y con la desdeñosa ejemplaridad de una vida recta, pero con "ciertas" concesiones; o sea: un cabrón consentido. ¡Dios, se puede mutilar El Giradillo, en un acto de locura! ¡O incendiar La Catedral, en una ansia por figurar! ¡O arrojar La Torre del Oro al Guadalquivir, por esnob! ¡¡Pero no se pueden convertir en una casa de vecinos!!




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO
     
    Rivalidad amorosa
    entre ínclitos médicos 

    Habían publicado fotos en revistas del corazón que lo relacionaban con una mujer más joven que su esposa, pero esas fotos habían sido hechas en fiestas de beneficencia, así que, quizá, solo se trataba de una especulación escabrosa. Pero, sin importar la posible realidad de esa publicación, esas insinuaciones eran como un fósforo que encendía el fuego de mis emociones, por lo que, como psicólogo que también soy, decidí atribuir la angustia diagnosticada por mi colega rival a un desamor con su esposa




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO
     
    Marido celoso

    Berta era una hembra joven, guapa y con unas hechuras mareantes. Siempre estaba rodeada de un enjambre de admiradores y algunos hablaban con ella. Una noche llegué temprano a mi casa. Mientras distraídamente miraba por el balcón, Berta entraba en ese momento en su mansión y vi que un sujeto fornido, de media edad, la seguía a corta distancia. Tuve la estremecedora sensación que la acechaba. Pero no, era un guardaespaldas contratado por su ricachón marido. Ella era de fiar, pero su esposo no se fiaba de ella ni de nadie





  • cehi dijo:


    Por cierto, hablando de buenas personas, a la señorita Ana (Phedrera en el foro), habrá que tirarle de las orejas cuando aparezca por aquí. Y me explico: nos animó a todos a que fuésemos prolíficos en la inserción de microrrelatos en este hilo (creado por ella misma), y se esfumó como por arte de birlibirloque. ¡Esta salerosa gaditana...!  :)


    ¿Quién es esa? Menuda pájara! Por suerte yo, Inma, tengo dos buenas orejas para que me tiréis de ellas. Con razón, sin duda, pero os leo de vez en cuando amigos. No me olvido :) 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Phedrera dijo:
    cehi dijo:


    Por cierto, hablando de buenas personas, a la señorita Ana (Phedrera en el foro), habrá que tirarle de las orejas cuando aparezca por aquí. Y me explico: nos animó a todos a que fuésemos prolíficos en la inserción de microrrelatos en este hilo (creado por ella misma), y se esfumó como por arte de birlibirloque. ¡Esta salerosa gaditana...!  :)


    ¿Quién es esa? Menuda pájara! Por suerte yo, Inma, tengo dos buenas orejas para que me tiréis de ellas. Con razón, sin duda, pero os leo de vez en cuando amigos. No me olvido :) 

    Oh, me equivoqué de señorita. Efectivamente, la señorita Inma es la que se merece ese tirón de orejas. A la confundida señorita Ana, por el momento se va a librar  :)

    Un saludo afectuoso, gaditana.


  • ¡Que sean dos saludos!
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

     
    MICRORRELATO

    La aparición 

    “¿Eres... eres la muerte?”. Aquella calavera no abrió sus mandíbulas, pero sus palabras se escucharon con total claridad. “No, soy la imagen, esa idea que tu cultura plantó en vuestras mentes sobre el fenómeno que conocéis como muerte; tus antepasados crearon esta tétrica manera simbólica para representar mi aparición; para ellos era lo terrible en grado superlativo. Es bueno para ti que puedas verme así: una reconstrucción personal que elaboras de esa imagen, ya que, si vieses la realidad de lo que soy, de mi esencia que ahora te rodea, perderías la razón, irremisiblemente”.




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO
     
    Adiós desgarrador 

    Los zurcidos que sostenían su corazón terminaban por soltarse tras la última traición. Había soportado infidelidades, triquiñuelas, mentiras, carantoñas falsas, hipócritas te quiero, porque aún seguía enamorada de él. Olvidarlo era el mayor de sus anhelos, lo que más deseaba era dejar de recordar sus brazos rodeando su cuerpo, borrar todas las huellas de sus caricias y besos, no volver a catar sus labios, soterrar en los más hondo de su mente su olor, navegar en un mar nuevo, tirar por la borda todos los sabores, antes ingeridos, ahora atragantados. ¡Cuántas dañinas verdades escupían sus labios cuando hablaban de amor en ese desgarrador final! ¡Cuántas ganas tenía de escapar a toda vela del mástil, antaño fuerte, hogaño débil, pero que aún sostenía sus corazones! En su recogimiento de sufrimiento y dolor, solo quería como pírrico consuelo el pensar que también él iba a sufrir por el amor perdido





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO
     
    Ser infiel cuesta caro

    El mismo día que los abogados les entregaron la sentencia de divorcios, los ex maridos, millonarios y muy amigos de toda la vida, llamaron por separado a sus ex esposas y las citaron en una céntrica cafetería, sin que ellas imaginasen que iban a aparecer juntos. Una vez reunidos los cuatro, con el consiguiente pasmo de ellas, uno de los hombres dijo a las mujeres: “tengo a bien informarles, señoritas, que obra en nuestro poder dos documentos oficiales que afectan positivamente a nosotros y negativamente a vosotras; uno de ellos es un acta notarial de una irrevocable separación de bienes, y el otro, una sentencia judicial de una exclusión de herencia. Y sin más, las dejaron atónitas y mudas y, sonriéndose, salieron ambos, índice mano derecha en vertical, de aquella cafetería





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    cehi dijo:


    MICRORRELATO
     
    Ser infiel cuesta caro

    El mismo día que los abogados les entregaron la sentencia de divorcios, los ex maridos, millonarios y muy amigos de toda la vida, llamaron por separado a sus ex esposas y las citaron en una céntrica cafetería, sin que ellas imaginasen que iban a aparecer juntos. Una vez reunidos los cuatro, con el consiguiente pasmo de ellas, uno de los hombres dijo a las mujeres: “tengo a bien informarles, señoritas, que obra en nuestro poder dos documentos oficiales que afectan positivamente a nosotros y negativamente a vosotras; uno de ellos es un acta notarial de una irrevocable separación de bienes, y el otro, una sentencia judicial de una exclusión de herencia. Y sin más, las dejaron atónitas y mudas y, sonriéndose, salieron ambos, pulgar mano derecha en vertical, de aquella cafetería






    Por un tonto error, escribí "índice", siendo en realidad pulgar

    Mis disculpas


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    Se me fue 

    Nací cuando lo vi por primera vez. 20 primaveras contaban aquellos luceros de los que pude disfrutar de su mirada, y toda una vida por delante en la que hubiera podido pasar a su lado.  Él era feliz, sonriente, amable, respetuoso, educado, altruista, y, sobre todo, agradecido a la vida. La miel alimentaba el color de sus ojos, y el Sol desaparecía entre las nubes mientras éstos parpadeaban. Su pelo era del color del castaño, chirriante de fuerza; y su sonrisa... ¡oh, su sonrisa era el motor de mi vida, el móvil de mis sueños, el símil de lo perfecto! Era grande, sincero, chispeante, una de esas personas que con solo su presencia le pone color a la vida. Le conocí en uno de esos trenes que no se pueden dejar escapar. Y el tiempo se detenía en el momento en que le vi marchar. Se teñía el cielo de gris, sin dejar rayo de Sol a la vista; las nubes se alineaban en forma de corazón, cerraba los ojos creyendo que si lo veía sería una fantasía. Pero cuando los volvía a abrir, se había ido, y lo único que quedaba en el aire era un abominable vacío, que desde su muerte protagoniza mis días. Gritaba su nombre para romper el silencio, pero la respuesta era mi propio eco. Rodeada de gente estaba siempre y siempre me sentía sola, como si él se hubiese llevado consigo hasta ese último resquicio de vida que me quedaba, y sólo tenía fuerza para llorar




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO
     
    ¿Era la mujer de mi vida?

    Primavera del 2001. La cita era en la ciudad de Sevilla. A los médicos que logramos sobrevivir al interrogatorio inquisitorial y al programa de capacitación nos compensaron con un viaje a África; a arriesgar nuestras vidas con la esperanza de salvar otras. Era mi primer viaje profesional. Nuestro vuelo llegó poco antes de amanecer. Ocho mil metros abajo, Sevilla empezaba a despertar, cual mujer sensual que se sacude de la languidez de las primeras luces de la mañana. Ya pasada la revisión de mi equipaje en la terminal, subí los escalones de dos en dos y tomé el metro hasta el corazón de la ciudad, que palpitaba con el ruido concreto del intenso tránsito matutino. Miré mi reloj y a la vez el mapa de la ciudad. Un taxi me llevó al Centro Médico Internacional, una reliquia arquitectónica anquilosada, sito en la Plaza de España de la capital andaluza. Y allí fue que la vi por primera vez. Me quedé pasmado. Era una mujer distinta a cuantas había conocido antes








  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO 

    El escritor 

    Nacido, amamantado y criado en la ciudad de Sevilla, era un autor medianamente culto, pero prolífico. Escribió infinidad de libros este octogenario amable, condescendiente y altruista. No obstante su endeble bagaje cultural para ser una figura en el difícil oficio de la Literatura, en sus escritos contaba el mundo como lo veía, con su singular punto de vista, pero el lector sagaz que hurgaba en ellos, podía encontrar lo que quería saber, o corroborar lo que ya sabía y pensaba. Un dicho suyo levantó ampollas entre las féminas de su época: “Mientras las mujeres se ven realizadas y son poseedoras de una verdadera estabilidad, pueden alcanzar el éxito; pero, aun el alto precio que a veces pagan, se encuentran solas cuando, por fin, lo consiguen. Solas como rara vez llega a estar un hombre en sus mismas circunstancias”.





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    MICRORRELATO 

    ¿Era la mujer de mi vida? (II) 

    El jefe de la expedición me fue presentando a todos los colegas médicos, hasta que llegó el turno de Alexia, la chica que tanto me había impresionado. Contuve la respiración unos segundos. Era un poema sin palabras. Bellísima, exquisita, maravillosa, ¡increíble! Vestía vaqueros muy ajustados y blusa verde. No iba maquillada. Su pelo azabache, recogido en una especie de cola de caballo. “No juzgues a Alexia por su apariencia física, es una médico tan acertada en sus diagnósticos que por eso la seleccioné, a pesar de que su abuelo era un “matasanos” y de que su padre causa cáncer en los pulmones”, dijo el jefe, al darse cuenta de mi rendida admiración. “Hola”, me las avié para decir, aunque aún me faltaba el aire. “Puedo entender el pecado del abuelo, ¿pero qué convierte a tu padre en carcinógeno?”. “Simple, sonrió burlona, se apellida Barreiros”. “¿Te refieres al dueño de la compañía de autos?”. “¡Bingo! El es el mayor contaminante de autopistas, carreteras, caminos y calles, por no pararme a citar los múltiples desperdicios químicos que vierte”. Miraron largamente a mis ojos sus luceros grises y de nuevo sonrió, y después se dio la vuelta y comenzó a caminar con un contoneo, que igual sería natural en ella, pero que yo lo veía insinuante





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    ¿Era la mujer de mi vida? (III)

    A medida que pasaban los días, más ansia en mí por besarla, y por algo más. Iba a ser ese sábado de asueto el de una cena inolvidable. La sonrisa de Alexia me calaba hasta lo más recóndito de mi ser. Sus dedos, ornados con anillos de bisutería fina y uñas rojas, movían la cucharilla, haciéndola rechinar contra las citaras de la taza, a la vez que mis labios se veían atrapados entre mis dentinas, y mis miradas encadenadas entre sonetos de amor. Mis ojos, de cuando en cuando se posaban en su busto, causándole a su guapo rostro un ingenuo rubor que quitaría la cordura a todo hombre. Una de las cosas por las que me enamoré de Alexia era por su actitud, que incitaba en mí la misma reacción, pero triplicada. Terminada ya la cena, solté la bomba: “te quiero desde que te vi la primera vez en el Centro Médico, te quiero por buena colega, y te quiero más por lo que deseo que seas esta noche en mi cuarto del hotel; ahora, ante nuestro inminente encuentro, que a buen seguro me dejará marcado para los resto, veo mis ojos del color del castaño incrustados en los tuyos grises”.




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    ¿Era la mujer de mi vida? (IV)

    Desde aquella suculenta noche nuestra amistad tomó un nuevo rumbo. Pero me sentía confuso. No me atrevía a pedirle una relación formal por miedo a no sé qué. Pasábamos las tardes de nuestros días libres sentados en un café bohemio, de amplias vidrieras, removiendo el café, aguado, que nos servían. Pero qué decir, aun la poca calidad del café, el tomármelo en compañía de aquellos ojazos grises, hacía posible que su sabor supiese a gloria bendita a cada sorbo. Algunas noches dormíamos juntos, y era entonces cuando mis manos exploraban su anatomía, en busca de nuevas sensaciones, de saber cómo era cada milímetro de su piel. Sus suspiros acelerados animaban a juguetear con sus intimidades más íntimas. Me suplicaba que parase, que no siguiese, pero mi cerebro me daba órdenes de no obedecer. Sus gemidos aumentaban de intensidad, dando la bienvenida a una diabólica faceta de disfrute por parte de ambos




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    MICRORRELATO

    El placer de amar

    Tal vez el Amor no sea para todo el mundo en general un sentimiento puro, delicado. Para mí sí. Me resulta difícil llegar a la convicción de que los libros mientan venturas amorosas, de que las confidencias entre los amigos sean fraudulentas, y es por esto que debo admitir que sí, que existe el placer de amar que jamás he conocido. He llevado mi amor atormentadamente, como un cáustico cilicio de fuego y amargura. Amo ahora y he amado con todo lo que hay en mí de sórdido y elevado, a ras de tierra y altamente, pero también odio ahora y he odiado de la misma forma; un círculo de amor y odio como una soga de fuego pendiendo del cuello





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    MICRORRELATO

    ¿Era la mujer de mi vida (y V)

    Y con todos los colegas nos fuimos a África, concretamente a Etiopía, y más en concreto a la capital, Addis Ababa. La hambruna y las enfermedades en toda Etiopía, arrasaban a la población. A los pocos días de estancia, Alexia empezó a sentir un malestar general, que, no por falta de asistencia médica obviamente, empeoraba por momento. Había contraído una extraña enfermedad, degenerativa y galopante. Falleció a los tres meses, y mi amor se fue para siempre con su amor por mí. Hasta su último aliento estuve a su lado. Fue repatriada a España y yo rogué a su poderoso padre que no fuera incinerada, que fuera enterrada, pero en la necrópolis de mi ciudad. Accedió. Después de este palo, pedí al jefe de expedición que me dejase regresar, hasta poder restablecerme un poco. Iba a diario a visitar la tumba de Alexia, y siempre con las misma palabras en mis labios: “Ojazos, que sepas que eras la mujer de mi vida”.







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    MICRORRELATO

    Mescolanza en la adolescencia

    El manejo de su adolescencia era un caos, un confusionismo. No atinaba a ordenar las concepciones y posteriores decisiones. Todo lo convertía en capricho rutinario. Quizás inconscientemente o quizás torpemente, tropezaba con inconvenientes e incluso con inconvenientes convenientes de su interés personal, que se suponían asumidos. Aunque esta chica adolescente se mostraba ante la gente que la rodeaba con una rara mezcla de ingenuidad y osadía, ignorando, en cada caso, cuál de estas dos disparidades se llevaba la palma, un día decidió poner en marcha el motor de su obstinación, la cual la usó como una especie de trampolín, que la iba a lanzar a su lugar predestinado y, tal vez, el perseguido por ella misma desde que empezó a tener uso de razón.





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    MICRORRELATO

    Dieta táctica

    La evidente pérdida de peso que por día estaba padeciendo desde que se había enamorado, sorprendía a toda la gente de su entorno. Pero no estaba encanijándose para llamar la atención del hombre por el que suspiraba y se bebía los vientos, sino para reducir su estómago, porque pensaba que contra más pequeña fuera su barriga, menos mariposas revolotearían dentro de ella.






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    MICRORRELATO

    Galerna en el Cantábrico

    El viento soplaba con furia. Me tambaleaba mientras caminaba, las ráfagas me llevaban en volandas en la calle, que en una inclinación rápida descendía hasta la fábrica de atún. Sobre el alborotado mar se agolpaban negros nubarrones, como caballos salvajes. Saltaban olas encabritadas, y un alud de espuma barría el malecón. Gaviotas emitían sonidos metálicos. Se estaba mascando. con dientes de ogro, la tragedia, tragedia que llegó. En el trayecto vi a dos ancianos que, espantados, observaban el mar; clavados en los pies, inmóviles como  estatuas. Ya habían sido testigos de otras catástrofes de igual calibre. “¡La galerna”, decían, y el terror me ponía los pelos de punta. Entré a la fábrica. Nadie dio golpe esa tarde. Todos los que allí trabajábamos teníamos algún deudo en el mar. Desde la cristalera de la fábrica se veía el malecón, que hacía las veces de puerto y en el que, en un estero maloliente, se depositaba el pescado. Nos apiñábamos todos los obreros detrás de la cristalera. Pude ver un expectante grupo de pescadores, abriéndome paso con la vista entre las piernas de un compañero, que, por añadidura, no paraba de moverse. Allá, a lo lejos, en la línea del horizonte, el mar, provocador y rebelde, aparecía cubierto de crestas coronadas de espuma.





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    MICRORRELATO

    Patera solo de mujeres

    Algunas nadaban con dificultad para llegar a la orilla. El resto, y la más joven al mando, en una escena patética pero plena de valor, se arrancaba la falda, con manos atrofiadas por la ansiedad, y las anudaban en un cordón que flameaba en el aire, esparciendo ese característico olor femenino. El agua las cubría, pero ellas, desmelenadas, braceantes y llorosas, se agarraban unas a otras para no ser presas del fuerte oleaje. Pero el cordón se empapó y no había manera de manejarlo. La última de las mujeres, quizá por cansancio, lo dejó escapar, y la jefa, voz en grito, dijo que los hombres no abandonan sus resabios ni en los momentos más graves. Otra de las mujeres quería recuperar las faldas, pero de nuevo intervino la jefa y la insultó con palabras terribles. Finalmente, desapareció mar adentro el cordón, pero todas las mujeres salvaron su vida.













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    MICRORRELATO

    Momia a la fuga

    Cuando el arqueólogo jefe entró a la cámara funeraria en la que descansaba la momia, se alegró porque, por fin, había conseguido desmantelar todas las trampas mortales que la pirámide ocultaba. Pero ni remotamente sospechaba que quien más se alegraba de su consecución era la propia momia, pues las trampas de la pirámide no las habían puesto para prevenir que los asaltadores de tumbas entraran a llevarse sus tesoros, sino para impedir que la momia se fugara, así que ahora podría escapar fácilmente para comenzar a destruir a toda prisa la humanidad entera.





  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    Subalterno turulato

    Revisando las celdas del infierno, Satán quedó pasmado al ver a su más leal subalterno parado ante un espejo probándose unas alas ensangrentadas. “¡¿Qué estás haciendo?!”. “Na... nada, mi señor”. “¡No mientas, te vi!”. “Bueno… arranqué las alas a una paloma blanca para ver cómo me sentaban”. Satán rugía, pero al ver aterrado a su subalterno, se calmó un poco. “¿Por qué?”. “Porque en mi último viaje a la Tierra pude ver que el alma del joven, con el que había hecho un trato, me la robó una chica que se enamoró de él, y ella rompió nuestro pacto satánico, y además me dijo algo que me dejó turulato”. “¿Qué fue lo que te dijo?”. “Que si no hubiera sido por mí, nunca hubiese descubierto el amor, y que a pesar de que yo era un demonio, era un demonio bueno, y más aún, según ella soy un ángel”. “Pues ha llegado la hora”.” ¡No, mi señor, no me aniquile!”. “No, no voy a aniquilarte, pero ha llegado la hora de decirte la verdad”.







  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    Finde con su abuelo

    Cuando fue a recoger a su hijo de 15 años a la estación del ferrocarril, estaba preparada para las quejas y en especial el portazo que el chico daría a la puerta del coche después de entrar en él, por enviarlo un finde con su abuelo a su casa de campo, donde no había internet. Pero no, se subió al coche, muy calmado y callado. “¿No me vas a decir cómo lo pasaste?”. “Bien”. “Entonces te diste cuenta de que Internet no es el fin del mundo”. “No empieces ya, mamá”. “¿Puedo preguntarte qué te hizo cambiar de opinión?”. “Porque mi abuelo sufría cuando yo me quejaba de que no tenía Internet. Con tres años más que yo tenía que dejar sola a mi abuela embarazada para irse a trabajar de peón. Me contó las calamidades que pasaron. A diferencia de ahora, su vida sí que era difícil”. Al dejarla impresionada las palabras de su hijo, la madre se quedó mirándolo con expresión de orgullo. “¿Qué miras?”. “Nada: ya veo que el finde con tu abuelo no te sentó tan mal. Te enviaré todo el verano con él”. “¡Ay no, mamá, que no tiene internet!








  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MICRORRELATO

    Pesadilla de rombo rojo

    La puerta de su despacho se abrió y vio a su secretaria recostada sexy sobre el marco “¡¿Te has vuelto loca?!”. “No puedo más, jefe”. “¿Qué haces ahí y así?”. “Nada, pero sé que la razón por la que me contrató fue por mi busto y mis piernas”. “¿Qué dices?”. “No ose a negarlo, lo vi en sus ojos la tarde de la entrevista”. “Sí, cierto, destacabas del resto de las candidatas, pero yo estoy casado”, y alzó su mano a la cara de ella mostrándole el oro en su anular. “Eso no me importa, yo no soy celosa”. Y se abalanzó sobre él. “¡Amor, ¿estás bien?!” Se oyó una voz femenina en la habitación. Despertó él de pronto; frente perlada y expresión de fastidio en su rostro. “Pienso que sí”, dijo luego de un largo silencio en el que recorrió aquellas cuatro paredes con la mirada. “¿Una pesadilla quizá?”, le preguntó ella abrazándolo, y él asintió. “Pero no te preocupes, solo fue eso, tranquilo, amor, que yo estoy contigo. ¿Qué has soñado?”. “No sé”, “¿Hay algo que pueda hacer para hacerte sentir bien?”. “Sí”, respondió él, tras sacudirse la cabeza para echar la pesadilla de su mente y señalando hacia abajo con su índice.”¡¿En serio?!”, dijo ella pegando un brinco de emoción. “Pero estoy demasiado sudoroso y a ti, no sé por qué, te causan risas mis sudores”. “Cierto, pero en este momento me encantaría reír húmedamente”. Y sin más, se lanzó sobre él y lo inundó con tantos besos que le causaron tal deleite que le hizo olvidar durante un buen rato su pesadilla de rombo rojo.




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