Esta es una narración muy corta que escribí de una sentada, pues una canción que sonaba me la susurró.
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Salía del último vagón y subía las escaleras hacia la superficie cuando la vi de espaldas. Tenía el pelo rubio y muy largo: casi le llegaba al trasero. Concluyeron las escaleras mecánicas (las tomé porque ella lo hizo, siempre preferí las otras, las que uno escala) y estábamos fuera del metro. Ella cruzó a la derecha. Sin pensarlo, la seguí. Ella mantenía su velocidad y yo la mía. Me hubiera gustado adelantarme y ceñirla por los brazos, mirarla profundamente a los ojos como si se tratase de una película y decirle en el volumen justo, de modo que la gente a nuestro alrededor no oyera pero ella sí: “Eres bella, eres justa”. Porque era evidente que ella no lo sabía. O al menos eso me pareció en el momento. Y caminas tan ligera, como si fueras cualquiera, como si fueras él o yo.
Te compadezco.
Ya nos veo, en una playa o en uno de esos cafés íntimos y poco concurridos, tu dices una sola frase como poca cosa, pero está envuelta en tal profundidad y erudición... Casi no me creo que haya salido de tus tentadores labios, de tu sonrisa pueril. Y tus ojos, ¿cómo serán tus ojos? ¿Tienes pecas en tus mejillas? ¿Quizás algún lunar a un lado de tu nariz?
Vi como sacaba un juego de llaves de su cartera, como paraba frente al portón negro de un edificio residencial. No lo hagas, por favor. ¿No ves lo que dejas atrás? ¿No ves que nos estás matando? Y yo ni he tenido tiempo de planear lo que debo decir para arrebatarte.
Abriste la puerta, cruzaste el umbral. ¡Puf! Se desvaneció.
Fue un placer.
Comentarios
Está bien ese imaginarla de frente sin haberle visto la cara aún, solo su melena rubia...inventarle pecas en la cara, un lunar junto a la nariz...un brevísimo placer imaginario.
Ahi veo a tres...
Saludos
Ni se te ocurra, Trasgo. Imagínate, yo que salgo a la calle todos los días. No se puede evitar a los otros. Y, ya sabes, "el infierno son..."
Pero, en fin, "es triste el que ignora o espera". Por eso intento saber y no esperar, me alegro cuando se escurre una oportunidad en la misma medida que cuando terminamos en la otra orilla, ella y yo. ¿Quién es ella ahora, quiénes somos nosotros? Lejana, lejanos.
Mira Anderosu... Oscar Hahn...
"Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por las estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre"