Muy buenas mis nuevos compañeros. Os comunico una de mis pequeñas reflexiones que tuve la oportunidad de permitirme cuando comencé a conocer lo que es en sí misma la raíz de la filosofía.
La felicidad está establecida a lo largo de la historia como máxima. Platón la designó como parte de la idea del Bien, camino por el cual todo ser humano cognoscible ha de ascender para saber diferenciar el mundo inteligible del mundo sensible donde habitan las tentaciones. Este es el autor que elegí en su momento por su gran coincidencia con mi forma de ver la felicidad, aunque he de admitir que otros filósofos como Pitágoras, Aristóteles o Marx también me esclarecieron las ideas.
Así pues como he dicho, Platón lo llevó al campo de la Idea de Bien. Analizando este concepto, la máxima de obrar objetivamente y con sabiduría tanto en lo personal como en lo general - es decir, ser el Rey Filósofo - es sin duda un término a mi parecer correcto pero inestable. Con ello aclaro que, en la base de un gran conocimiento, ello puede implicar que exista un creciente temor o preocupación por temas diversos que estén siento abordados de forma errónea. La tensión y la mente de la persona en cuestión se vería bombardeada de ideas y de metodologías de soluciones pero, a pesar de ello, siempre seguirá en un estado de vanguardia ante cualquier situacion, lo que le creará inseguridad e incomprensión.
No por ello queda descartada la idea de esta máxima intelectual como método de hallar la felicidad, pero sí se puede modificar algo. La felicidad, como bien entendida es en el campo de la psicología, es un sentimiento de realización. Es un sentimiento espontáneo, fugaz y sólo surge cuando alcanzamos metas y es aquí donde llega a coincidir Platón y mi ideal.
A expensas de mis reflexiones he llegado a la conclusión de que la felicidad es un impulso biológico sublime que está estrechamente anillado a la fugacidad de la autorealización de nuestras propias metas. No es una máxima en sí misma, sino un camino de metas hasta alcanzar la plenitud de la satisfacción que llega en la vejez cuando ya sólo podemos observar que el mundo no nos ha cambiado y que, a partir de nosotros, ha nacido vida. Vida que prospera, crece, se alimenta del aire intelectual que se respira en nuestro seno familiar, en la curiosidad del ciclo de la vida, en la belleza de la muerte y de la memoria de nuestros seres que anhelamos. Pero a su vez, la felicidad cuando aparece deja un gran vacío. Vacío que hace decaer el estado de ánimo si no se tiene una meta que seguir y, a su vez, es motivo por el cual se cae en una vorágine de rutina y autodestrucción.
Aquí es donde mi gran amigo Sigmund Freud me vino a la mente cuando lo conocí. Su famoso modelo de la mente humana usado en sus sesiones psicológicas acerca del "Superyo", "Yo" y el "ello" entra directamente en la felicidad y su concepto.
Así como dije, la felicidad ,como impulso biológico fugaz y autodestructivo, puede ser manipulada por nuestro propio subconsciente. Freud decía que, en la vida, el ser humano tiene tendencias primitivas e instintivas que saciar. Dichos impulsos instintivos son el "ello", pero como seres cognoscibles que somos aprendemos normas. Normas asimiladas e impuestas por el "Superyo", nuestro gran guardia civil. Y que decir del inseparable mediador de conflictos llamado "Yo", al pobre no le queda más remedio que aceptar la realidad y arreglar las disputas entre ambos extremos. Pues bien, el "ello" es la fuente dionisíaca de lo natural, lo vivo, lo puro de nuestro ser instintivo, y como imprescindible que es para el ser humano siempre tenderemos hacia la felicidad mediante su atención. Sin embargo, la sociedad está marcada con habitantes alienados por sus normativas tanto culturales, ideológicas, tradicionales, como sociales, lo que implica que una previa socialización nos ha encaminado hacia un "saber ser" en nuestra sociedad que ha aprendido el "Superyo". La felicidad del "ello" se ve atacada por la intromisión del "Superyo", pues no todos los impulsos son socialmente bien vistos o son incorrectos en la situación que lo apremia. Para ello, para evitar la vorágine de autodestrucción que causaría la pérdida de la meta del "ello", nuestro amigo "Yo" se encarga de hacernos caer en la cuenta de que quizá no sea el momento apropiado para hacer posible nuestro deseo, pero sí podría ser llevado a cabo en un tiempo. Esto implica que, inevitablemente, usemos el famoso mecanismo de defensa "Sublimación", desplazando nuestra energía positiva de ese deseo a nuestra responsabilidad del "Superyo", haciendo que nos cause una pequeña sensación de felicidad en la satisfacción de saber que pronto podremos llevar a cabo nuestro deseo si realizamos una previa meta.
Así pues, concluyo que, a mi parecer, la felicidad se puede dividir en dos conceptos: Felicidad Instintiva y Superfelicidad. La Felicidad Instintiva consta de satisfacer la necesidad instintiva de una meta que marca el "ello" dentro de lo que sanamente social y correctamente sea admisible. La Superfelicidad consta de la realizacion de las metas que nos imponemos tras toparnos con un obstáculo externo a nuestro pensamiento y que este anule nuestro "ello", lo que implicará que tras hacerlo podremos llevar a cabo nuestro deseo instintivo.
Bueno, creo que en este tiempo he ido argumentando mi idea de forma progresiva a modo de ensayo - error para ver que partes flaquean y cuales son las fuertes. Espero que podáis entenderme y no me haya liado mucho en las explicaciones. Me gustaría saber que opináis de la felicidad y que concepto tenéis de ella, así podría conocer un poquito mas y quizá, con suerte, remodelar mi esquema de esta bella idea.
Un placer expresaros mis pensamientos.
Un saludo, Buck.
P.D: disculpad si hay alguna errata ortográfica. Ahora mismo vengo cansado de estudiar y no he estado muy atento a lo que es respetar a mi queridísima ortografía.
Comentarios
Cuidado si tu marco epistemológico es freudiano, ya que en el mismo la palabra "subconciente" no tiene lugar, ya que Freud habla de un "inconciente", donde no hay conciencia; en algunas tópicas hace referencia al pre-conciente pero eso es otra cosa.
Te doy mi opinión: respecto al vacío que sucede a la realización de la felicidad concuerdo con vos, y creo que tiene que ver con el deseo, que, como tal, es siempre metonímico, es decir, se desplaza, y nunca alcanzamos la satisfacción que buscamos, ya que el primer objeto de satisfacción, el genuino (la madre o quien cumpla ese rol) no está disponible por el veto al incesto; por lo tanto, la satisfacción, siempre parcial, se busca de un objeto a otro, tapando así la angustia original por la pérdida del primer objeto.
Me gustó el ensayo y la relación con las corrientes filosóficas citadas. Seguí que está bueno. Saludos.
Me gusta tu idea acerca del deseo y su desplazamiento en el foco de la satisfacción. Es un buen punto a analizar. No había caído aun en el hecho de que el deseo, tal y como describes, puede ser, por así decir, "seccionado" por el vacío de no poderlo realizar y en la reconstrucción del mismo en la variedad de objetos posibles de llevar a cabo conseguiría una cuasi satisfacción. Seguro que hoy cuando este andando de camino a la facultad o dando un paseo me vendrá el gusanillo de pensar en ello a fondo
Me alegro de que te haya gustado. Soy consciente de que aún a mi temprana edad no dispongo de grandes conocimientos de lo que implica la filosofía en su totalidad, por lo que mis reflexiones son a nivel micro dentro de un pequeño contexto que he aprendido. Poco a poco con comentarios como el tuyo, el de futuros compañeros, artículos y textos quizá fundamente más mi postura.
Un placer escribir contigo, Buck.
declara que la felicidad es mujer, luego no corras detrás de ella
y llegará sin buscarla.
Es peligroso asociar cumplimiento de metas con felicidad, ¿Y si
tu meta es conquistar el mundo?, probablemente serás feliz
alguna vez en el camino, pero a la larga...
Así solo te expones a los cazadores, a los lobos, volverán tus
metas en logros de estatus y consumo, trivializarán tus
anhelos, y tu felicidad será la satisfacción de una necesidad
superflúa. Y si crees que tus metas siempre serán elevadas,
recuerda que no es fácil remar contra la corriente.
Por último, prefiero dedicar el tiempo a vivir y espantar a la
felicidad, que a perder el tiempo definiéndola.
Saludos