Algunas mañanas, si me siento fuerte, salgo al balcón para ver el cielo, el mar, una franja imantada, y los tejados irregulares de la ciudad. Por encima de mi cabeza pasan las gaviotas voraces que chillan, pero yo les contesto, a voz de cuello:
“¿Existe la isonomía en este barrio?”
“¿Existe en la vieja Euopa?”
Ellas se ríen de mí y se van a otra parte, voraces. Entonces me dedico a labores emocionantes: hago bocadillos, preparo mucho café y plancho el uniforme para mi hija.
Cuando vuelvo a estar solo, aparece
Herodoto por el pasillo, cejudo y barbudo. Me mira con fiereza, me zarandea y me pregunta:
“¿Qué es isonomía? Significa «igualdad ante la ley» de todos los ciudadanos”.
Como callo, pensativo, él se esfuma, pero antes me susurra:
“
el gobierno del pueblo, tiene el nombre más hermoso de todos, isonomía o demokratíe”.
Y es que los griegos no se tomaban el respeto a la ley a la ligera. El concepto de la ley no era oneroso ni asqueroso, era positivo, motivo de orgullo.
El gran poeta
Simonídes, dejó un epitafio de los 300 espartanos capitaneados por Leónidas, que murieron en las Termópilas.
“Viajero, cuenta en Lacedmonia
que aquí yacemos, obedeciendo sus órdenes”
A mediodía tomo café en el comedor, con
Tucídides.
Me cuenta que las polis están cada vez más empobrecidas y que los persas, tras fracasar por la vía militar, se acabaron imponiendo, pues durante las Guerras del Peloponeso todas las ciudades griegas se endeudaron con ellos, convirtiéndolos en árbrito. Deuda Pública. ¿Le suena a alguien? ¿China?
Se ríe de mi cara de pasmarote.
Luego, como si nada, me pregunta si existe «igualdad ante la ley» en mi país.
“Va por niveles”, le contesto. “No es lo mismo el pobre que el rico, el poderoso o el anónimo”.
Entonces, dice, no existe la isonomía. “
Es lo mínimo”, afirma, “
sin ella no hay democracia”.
Mi camisa queda manchada de café.
Tras despedirnos, prometo no invitar a nadie durante unos días. Estoy nervioso y doy vueltas sin saber qué hacer.
Llaman por teléfono. Es
Séneca, doy una excusa mala para no acudir a la cita. No me apetece tomar cervezas. Pongo la tele y quedo contento. Hoy dan el Dickta-Barça.
Ya es de noche. Salgo al balcón, relajado, anestesiado y vaciado de todo tras tanto fútbol.
Pero ahora es la ciudad la que gime, silenciosa. Suenan palabras en la brisa de la noche, ecos que se pierden y vuelven.
“¡Viajero! ¡Isomonía! Cuenta en Lacedemonia que….”
Comentarios
Bueno, me sabe mal. La intención era ser divertido y seguir el hilo de la historia para hablar del presente.
No son libros. Soy yo que invito a café a estos personajes de la historia, incluso uno me llama para ir a tomar un cervecita. Ejem, ejem. Una pequeña licencia.
Los griegos, los inventores del invento, consideraban que para que existiera democracia ("isonomía") debía haber igualdad ante la ley.
Y en España, en Europa, en los USA, esto no existe.
Y recordé el tema de la deuda pública. Los persas, tras ser derrotados dos veces por los griegos, ganaron vía deuda pública con los estados griegos (apunte para China, compradora de deuda americana y europea). Porque en la "guerra civil" griega, la del Peloponeso, los estados griegos (polis) se endeudaron con Persia para poder soportar sus gastos corrientes.
Aunque al final llegaron los romanos, arrasando con todo, pero esta es otra peli.
Espero y deseo haberme explicado un poco. Y gracias por el comentario.