Esta es una pequeña nota necrológica sobre J.D. Salinger.
Su muerte ocurre por causas naturales el Miércoles 27 de enero, se anuncia el Jueves 28 y este Viernes 29, todo el mundo literario se asombra y lo lamenta.
J.D. Salinger es un caso extraño. Debe ser junto a Patrick Suskind, uno de los pocos escritores en mantener durante tanto tiempo un porfiado apego a la misantropía. Autores ambos de una rompedora primera novela, la mitificación de Salinger, admite una nueva etapa; quizás la más fatal, aquella asociada a la extinción física.
A Salinger se le puede acusar de muchas cosas gratuitas: de sequía creativa, de miedo escénico a la vida… a la publicación… pero, en esencia, el viejo nonagenario, se mantuvo firme en sus dominios particulares de New Hampshire en la más absoluta y silenciosa soledad. Nadie entraba, él no salía; una forma razonada de la reclusión o un impuesto ostracismo griego. En vida no concedió muchas entrevistas, si lo hizo, por los ´70, dijo que seguía escribiendo, para propio placer. La circunstancia de la publicación le era indiferente. (Esa declaración es extraña; escúpansela en la cara a los escritores actuales que se desvelan por la atención de las editoriales y la publicación; no hagan caso a Mallarmé que dijo que la vida se justifica en un libro; Salinger postula sin hacerlo, que escribe para si mismo. Eso es noble) Su ya legendaria obra “The Catcher In The Rye” le granjeó un instantáneo estatus extraño (nuevamente la palabra) y de figura de culto. Esta es una historia para una parte fundacional de nuestra vida adolescente, con giros y locuciones extrañas para una juventud americana de los cincuenta, que se resienten en la mayoría de las traducciones que conozco. El libro inspira desde películas, música, hasta asesinatos de cantantes famosos. Su encanto es secreto, su motivación universal.
Del resto de su obra, no es casualidad que posea esa aura de perfección formal que vemos en el guardián; sus nueve cuentos, tienen esa inolvidable pieza llamada “Un día perfecto para el pez plátano”, mi favorito. Después vienen los dos hermanos Glass que muestran un pequeño intento de formar cosmogonía personal de sus personajes y nexos argumentales y algún relato publicado en The New Yorker. Creo que esa es toda su obra escrita publicada, la terminó en 1965. Muy breve y muy estricta.
Después, la fama, la indiscreción del mundo, los seguidores incansables, en suma, la intromisión. Cuenta la leyenda (siempre sucede, simplemente, desconfiad de la leyenda, creed en el mito), que Salinger Pulía incansablemente su escritura durante el día, vestido de overol y que por la noche, guardaba su obra bajo muchas llaves. Si esto consulta verdad, seremos espectadores del devenir incansable de los albaceas editoriales y su negocio inherente: ¿Resucitará el viejo gruñón? ¿Estará a la altura de nuestras expectativas? ¿Puede superar Salinger a Salinger? Nuestra imaginación se complace en estas invenciones patéticas. Acaso será porque no nos gustan los grandes escritores que se ocultan, los que callan; será porque estamos acostumbrados al merchandising actual de la porquería y la incontinencia verbal. Será porque Salinger estuvo siempre “tan lejos y tan cerca de nosotros” y nunca nos dejó que le “jodiéramos” con nuestro egoísmo lector. Realmente no lo sé, pero me gustaría.
Su última maña noticiosa fue el año pasado, para defender judicialmente su entrañable novela “The Catcher In The Rye” del atolondrado intento de continuación de un escritorzuelo sueco. El viejo gruñón se salió con la suya, defendió lo suyo, como siempre lo hizo, lo hizo a su manera.
Tranquilo viejo, descanse en paz, ya llegó la muerte.
J.D. SALINGER
1919-2010
Comentarios
Veremos si tenía alguna obra escondida bajo la cama. Aunque no le importaba publicar, a mí no me importaría leer algo más.
Descanse en paz.
Estas, más otras descripciones de su propia vida, alientan el interés por sus cuidados secretos. Se sabe, sin embargo, que por 1966, se encontraba ya trabajando en "dos guiones, realmente libros, que desde hace años llevo conmigo y trabajo"
Es, como comentas, el típico autor del que sólo se recuerda una obra. Efectivamente, yo, como casi todos, sólo he leído "El guardián entre el centeno". Tendré que buscar algunos de sus cuentos.
A ver si es verdad que termina apareciendo algo nuevo, no tengo ninguna duda de que así será.
Me ha gustado mucho la necrológica.