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La Gurra de los Lobos. Prólogo.

VallininVallinin Pedro Abad s.XII
editado junio 2010 en Fantástica
Bueno, antes de nada saludar. Soy nuevo en el foro y espero poder compartir mi afición por la lectura y la escritura con vosotros. Aquí os muestro la novela que estoy escribiendo actualmente. El nombre provisional es "La Guerra de los Lobos", pero lo veo demasiado "tópico", así que lo acabaré cambiando por otro. En fin, aquí va el primer capitulo, espero que os guste y, si no, procurad ser lo más criticos posible ;).

Comentarios

  • VallininVallinin Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Herthall sentía la punzante sensación del frío bajo su pecho. Frente a él, en la oscuridad, reinaba la visión de una saeta ardiendo. La nieve sobre la que estaba tumbado le transmitía un dolor que le calaba hasta los huesos. Sobre él, una suave lluvia de copos bailarines descendía desde las copas de los árboles, y más allá, el velo nocturno lo cubría todo. A la oscuridad se le sumó un silencio espectral, un silencio que los doce hombres que le acompañaban no se atrevieron a quebrantar. El ligero aleteo de un ave nocturna no fue suficiente para romper la sobrecogedora calma que inundaba el bosque como una marea fantasmal.
    El joven tragó saliva y apartó de su rostro un mechón de cabello rubio, luego, comenzó a deslizarse suavemente sobre la manta de nieve que la diosa Guyä les había brindado aquella noche. Alumbrados sólo por la titilante luz que emanaba de la punta de sus flechas, los hombres del rey reptaron entre los árboles con las cabezas hundidas en sus densas capuchas de piel. Un nuevo aleteo de lechuza los alertó, pero su disciplina les impedía dar indicios de ello. Herthall hizo una señal a sus hombres con el puño, instantáneamente, estos pararon de reptar y se quedaron tan inmóviles como los mismos árboles del bosque. El joven encapuchado irguió levemente la saeta flamígera para gozar de una visión más nítida del entorno. Habían alcanzado un claro en el bosque, aunque la oscuridad que allí reinaba era la misma que les había acompañado desde que el sol cayó tras el horizonte.
    Herthall volteó la cabeza lo suficiente para ver la figura robusta que descansaba tumbada sobre la nieve a escasos metros. Dos ojos hundidos brillaban bajo la capucha a la luz de la flecha ardiente, y una tupida barba pelirroja se derramaba sobre la nieve, cubriéndose de motas blancas.

    “Estamos cerca”— pensó Herthall haciendo un gesto a su compañero— “Atento, Ashgor”

    El joven emprendió de nuevo la marcha y el batallón de hombres encapuchados le siguió reptando sobre la sábana invernal. Herthall echó un vistazo a su alrededor: un bosque tranquilo y apacible, no parecía haber razón alguna para deslizarse como alimañas enfermizas.

    “Este bosque no es lo que parece”— pensó — “ Yo sé que es una trampa mortal”

    En efecto. El joven Herthall era consciente de las estrategias de su enemigo; conocía su modo de luchar, sus valores, sus miedos… Era consciente de que el bosque que les rodeaba era un complejo entramado de trampas ocultas y mortíferas que los fulminarían a menos que fueran con la mayor cautela posible, observando cada milímetro, cada pálpito de la vieja foresta. Cualquier paso sin premeditar podría significar una muerte rápida y segura para cualquier incauto.
    Pero aquellas trece figuras parecían ser uno con el bosque. Sorteaban las trampas y se deslizaban entre los árboles como insectos livianos y silenciosos. Las llamas que resplandecían en las puntas de sus flechas parecían, a simple vista, luces espectrales o revoltosos espíritus del bosque.

    “Acabaremos limpiamente con cualquier bárbaro que se digne a asomar la cabeza de su madriguera”— Herthall se permitió el lujo de esbozar una tímida sonrisa— “Ni si quiera les dará tiempo a gritar”

    El objetivo era muy simple, y los hombres de Herthall llevaban la lección bien aprendida: la posición del batallón no era ni mucho menos aleatoria. Cada hombre controlaba una franja de visión, de modo que cualquier enemigo que sorteara su campo de alcance sería fulminado rápidamente. Tenían órdenes específicas de disparar a la cabeza y matar de un solo disparo: un contratiempo podría poner en peligro toda la operación. Sin embargo, los rostros que se ocultaban tras las telas no mostraban un ápice de desconfianza: sabían que aquella noche saldría todo como se había previsto.

    “Somos los mejores tiradores del reino.”— pensó Herthall— “Hemos pasado por situaciones peores que esta mil y una veces.”

    Mientras avanzaba, a Herthall le vino el recuerdo de su padre otorgándole la comandancia de aquella misión. Había ocurrido mes y medio antes de aquella noche decisiva, pero recordaba toda la conversación que mantuvo con el rey de Ërthain. Se recordaba a si mismo, apoyado junto a una de las bastas columnas de piedra que rodeaban la circular sala del consejo, bajo el palacio. Recordaba a su padre dando tumbos frente a él, bajo la atenta mirada de un grupo de ancianos envueltos en túnicas pardas.

    —Señor, — habló uno de los consejeros, el menos anciano— Sabemos que la situación ha empeorado respecto al otoño pasado; pero bloquear comercialmente a las regiones de la llanura no mejorará las circunstancias. Sugiero que…

    Frente a él, el hombre alto, moreno, de ojos grises brillantes se detuvo en seco y dirigió una mirada perdida a la bóveda pétrea de la sala, como si buscara la inspiración de los ancestros para resolver aquella disputa. Herthall sabía que su padre, el rey, guardaba un celoso respeto a los Ancestros, un respeto que no solían procesar por aquel entonces los habitantes de Ërthain, que preferían ofrecer sus almas a los nuevos dioses de los reinos del sur. El rey Thareis, por su parte, creía en los Ancestros, creía en su legado y, en secreto, llegaba a procesar su doctrina, cosa que habían hecho todos los reyes que le precedieron. Aún así, el hombre comprendió que rezarle a un montón de ruinas invadidas por la maleza no le ayudaría en aquella crisis, por lo que decidió regresar con su mente a la sala del consejo y hacer resonar su poderosa voz.

    — ¿Qué sugiere, maestro Giavvï?— proclamó el rey— ¿Sugiere que siga mandando a la muerte a decenas de comerciantes? ¡Esos bárbaros han decidido asesinar a todo el que ponga un pié en su oscuro pantano!

    Otro de los consejeros tomó la palabra:

    — Un oscuro pantano que, casualmente, conecta comercialmente el reino de Ërthain con los lejanos reinos del sur. Si detenemos la actividad comercial por aquella zona podríamos enfrentarnos a un nuevo año de hambruna…

    — Eso es una estupidez, — intervino Herthall— Sufriremos la misma escasez tanto con bloqueo, como sin él… Los bárbaros de las llanuras asesinan sin piedad a los nobles comerciantes que viajan por allí, saqueando las mercancías y obstruyendo el tránsito comercial tanto como lo haría el bloqueo. A mi modo de ver, la situación no cambiaría mucho. A demás, aún gozamos de la hegemonía marítima, lo que nos puede mantener a flote.

    El rey asintió con la cabeza a la afirmación de su hijo y tomó de nuevo la palabra.

    — Dadas las circunstancias, me temo que una única cosa está clara: debemos actuar.— Thareis se dirigió al asiento de piedra desde donde solía presidir aquel consejo y acarició uno de sus reposabrazos— Los bárbaros de las llanuras asedian día a día nuestro reino. Amenazan con invadir las regiones del sur, y lo que es peor: podrían contar con la ayuda de los Bárbaros de las estepas orientales.

    El maestro Giavvï exhaló un grito ahogado.

    — Mi señor,— dijo el anciano— los bárbaros de oriente llevan siglos sin cruzar la llanura. Desde que su antepasado, el rey Tharthaun los expulsó de Ërthain, ese pueblo jamás se ha vuelto a aventurar más allá de sus límites.

    Herthall tomó la palabra tras hacer un leve gesto con la mano.

    — El rey está en lo cierto,— dijo, despegando la espalda de la columna de piedra— Acabo de llegar desde Bukiä-Tharg, y allí los bardos avisan de ingentes hordas de bárbaros, tanto de las llanuras como de las estepas, unidos bajo un único estandarte.

    El rey Thareis se dejó caer sobre el asiento de piedra, desde donde presidía aquella cámara. Después de masajearse la arrugada frente, proclamó su voluntad:

    — Debemos expulsarlos de las llanuras. Representan una amenaza para mi gente.

    Giavvï palideció al instante. Al mirar a sus espaldas, encontró el mismo semblante de perplejidad en los ancianos miembros del consejo.

    — Se… señor— tartamudeó el maestro— Eso… eso implicaría la guerra.

    El rey enarcó las cejas en gesto de resignación.

    — Sería un ingenuo si creyera que esos bárbaros accederían a firmar ciegamente la paz con nuestro pueblo. Por los ancestros, que deseo que fuera así… Pero ya han sido demasiados inviernos teñidos de escarlata… Demasiados niños asesinados en sus cunas. Nuestro pueblo ya pasó por un Gran Dolor, espero no ser yo quien tenga que conducirlo a otro.

    El silencio cayó como un peso muerto en la cámara del consejo, solo el chisporroteo de la llama de los candiles se hacía audible. Por fin, con voz temblorosa, otro de los ancianos habló:
  • VallininVallinin Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    — ¿Qué hay de los Boreths de Dacia y Bukiä? Cómo regentes del reino deberán asistir a un consejo para proporcionar tropas…

    — ¡No! ¡Diablos, no!— interrumpió el monarca incorporándose bruscamente de su asiento de roca— No llamaremos a todos los ejércitos de Ërthain para purgar la llanura de enemigos. A pesar de lo que se crea, no somos como lo bárbaros… No actuamos como salvajes: somos específicos. Vamos al foco de la enfermedad, y lo extirpamos sutilmente.

    A Giavvï le temblaba el labio inferior. Herthall, hijo del rey, disfrutaba al ver la fantasmagórica cara que se le quedaba al maestro cuando era contrariado. Se rió mentalmente: sabía que al sabio maestro del consejo de ancianos no le había gustado las maneras del rey Thareis, incluso mucho antes de que éste último ostentase ese título, cuando era infante.

    —Eso es precisamente lo que haremos.— la voz del rey reverberó en la bóveda de la cámara— Esos bárbaros no son nada sin sus señores de la guerra: son como crías destetadas. Sin ellos, huirán desmoralizados a sus cenagales al este de las llanuras, y dejarán tranquilas las rutas comerciales.

    — Salido de vuestra boca parece muy sencillo,— dijo Giavvï— Pero… ¿Cómo pretendéis atravesar las gigantescas empalizadas que cubren sus fortalezas, si no es con un ejército de dos mil hombres?

    El rey esbozó una sonrisa y dirigió la mirada a su hijo, unos metros más allá. Este le devolvió otra risita retorcida. Sin embargo, el rostro del maestro Giavvï no hizo más que oscurecerse.

    — Ya he hablado de esto contigo, — los ancianos se percataron de que estas palabras no iban dirigidas a ninguno de ellos, por lo que clavaron sus miradas en el joven Herthall— hijo mío.

    “ La Compañía se encargará de esto”— pensó.

    — Enviaré a la Compañía,— prosiguió el rey, ante la atónita mirada de los sabios— ellos extirparán el tumor que asola aquellas tierras.

    Giavvï explotó.

    — ¡¿Una partida de montaraces?!— los ojos del maestro parecían a punto de desencajarse— ¡¿De verdad cree que a penas una decena de hombres encapuchados bastará para aplacar una horda de cientos de bárbaros?!

    — Vigila más tu tono cuando te diriges a tu rey, anciano— Herthall se interpuso en el espacio abierto entre el rey y el maestro—. Sólo piensas en oponerte a los designios de mi padre… ¿Por qué no eres de más utilidad? Mueve a tus hombres y comunica la voluntad del rey a los Boreths, hazlo sin demora. Quizá eso te despeje un poco la cabeza.

    — ¡Basta!— exclamó el rey — No entraremos en disputas vacías: Giavvï, encárgate de informar a los Boreths del reino, envía emisarios lo mas rápido posible. Y, en cuanto a ti, hijo mío…

    Herthall ya había conversado con su padre a cerca del papel que desempeñaría en aquella contienda. Como líder de La Compañía, el hijo del rey debía cabalgar junto a sus hombres hasta las llanuras y dirigir la operación personalmente. Herthall sonrió, hacía tiempo que no desenfundaba su espada ante un enemigo digno. Por fin se le daba la oportunidad.

    — Reúne a tus doce guerreros; llévalos a las llanuras y acaba con esos señores de los bárbaros

    Las órdenes de su padre no podían ser más simples: asesinato. Acabar con unos cuantos jefes de guerra, lo que aplacaría la moral de los bárbaros, obligándolos a retirarse con el rabo entre las piernas. Sin embargo, habían pasado dos inviernos desde aquella noche en la cámara del consejo, y una simple contienda se convirtió en una auténtica pesadilla. Las llanuras eran un lugar inhóspito, frío, plagado de depredadores y enemigos. Llevaban dos años asesinando señores bárbaros y, a pesar de ello, estos parecían fortalecerse ataque tras ataque. El frío, el hambre y la desconfianza comenzaban a anidar en los corazones de los miembros de la compañía. Habían conseguido detener el avance de los bárbaros en el reino, pero sabían que aquella situación no cambiaria a menos que se diera un golpe maestro en la espina dorsal del enemigo. Aquella noche, en un oscuro bosque en las lindes de las montañas del límite este de la llanura, La Compañía podía dar fin a dos años de frío y sufrimiento con una simple saeta ardiendo. Les había llevado mucho tiempo hallar el refugio de los bárbaros en las montañas orientales, sin embargo, allí estaban. A escasa distancia, según le habían sonsacado a un pobre prisionero, se erguía el bastión del último señor de la guerra que quedaba en aquellas tierras. Una saeta en su garganta sería suficiente para desmoralizar a todos sus hombres.

    Allí seguía, tendido boca abajo sobre la nieve, con la capucha cubriéndole la cabeza y una flecha flamígera a escasos centímetros de su rostro. Después de sortear las ingentes trampas del bosque, La Compañía casi podía vislumbrar luces de antorchas entre los troncos más lejanos. Herthall aceleró el paso, y las luces se hacían cada vez más nítidas. A su alrededor, comenzaron a formarse siluetas de tiendas de campaña y empalizadas. Habían llegado al último bastión del enemigo.







  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Ando algo corto de tiempo pero luego voy a guardar la pagina, la leo en mi casita y mañana te doy mi opinion, por cierto, tambien ando buscando quien critique mi proyecto de novela ¿me ayudas con eso?
  • VallininVallinin Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Por su puesto que si, en cuanto pueda te digo que me ha parecido.

    Pd: Gracias por ofrecerte XD
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Ya lo lei, aqui va mi opinion

    La historiua en si no esta mal, pero tapoco esta tan bien, me explico, en la fantasia epica hay dos formas basicas de hacer un relato, uno es poner algun super malote que amenaza con conquistrarlo todo y arrasar al mundo (El señor de los anillos, Añoranzas y pesares, Eragon) y la otra es poner el mismo ejercito que amenaza con arrasarlo todo aunque sin el malote, en esta ocasion optaste por la segunda, pero siento que esta algo estancado, es cierto que es el prologo asi que no se puede decir mucho al respecto, pero aunque el mundo que creaste esta bien estructurado con sus mitos y culturas esta demasiado centrado en la guerra, parece que no hay nada mas que pueda captar la atencion del lector: luchas internas, eventos no provocados como cataclismos, plagas, problemas existenciales o la voluntad dividida de un pueblo
    Espero que la continuacion sea mas rica que la parte que ya llevas y que en efecto, solo sea el prologo, tienes un buen ritmo de escritura que no cansa, lo cual es muy importante, y los escenarios estan bien descritos, en mi opinion puedes continuar esta historia solo con decidirte a hacerlo
    Eso es todo, Saludos
  • VallininVallinin Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Esto... ¿Es el prólogo? Ja, ja... Evidentemente no voy a ponerte la historia de Ërthain de cabo a rabo en las primeras líneas de la novela... Aunque no es el fuerte de esta obra, ya que CUANDO LEAS MÁS descubrirás que el núcleo de la misma reside en otro factor (no es una novela bélica sin más). No entendí muy bien esa parte del supermalote... No sé lo que querías decir... Supongo que poner a una especie de Sauron al frente de los bárbaros ¿No? No, los bárbaros son un mal menor... Una fase transitoria a un enemigo de mayores dimensiones.

    En fin, gracias por tu crítica. Aunque prefiero que valores más mi forma de escribir, la verdad el hecho de que te guste o no la historia me importa bastante poco tirando a nada.;)
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Sip, a eso mismo me referia con lo del malote, o a la ausencia de este, como dices deberia leer mas de esta historia (y en eso ayudaria que postearas mas de la misma) y aunque en general la fantasia epica se moldea alrededor de enormes conflictos las variaciones de ello son un cambio agradble, por eso te lo mencione

    Te dije lo que podia decir con lo que llevas al momento, y por cierto, dije que valoro tu forma de escribir, o de lo contrario pensaria que tienes problemas para seguir con la historia, lo cual por lo visto no sucede
    Cuando hayas puesto mas me avisas
  • VallininVallinin Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Pues entre el instituto y el estudio el tiempo para escribir se me reduce a los fines de semana por lo que si es verdad que puede que tarde en escribir mucho más. Aunque de todas formas no tengo ninguna prisa, las cosas salen mejor cuanto menos prisa te des ;)
  • manubookmanubook Anónimo s.XI
    editado junio 2010
    Vallinin..soy nuevo pero he comenzado a leer literatura desde los 7 años y debo decirte que la misma esta basada en la reescritura como ya supongo alguna vez habras oido, es como un carpintero que hace y deshace hasta que la silla es lo suficientemente fuerte para que alguien se siente y este còmodo y seguro pero en este caso tb nos debe transmitir sensaciones maravillosas, sorprendiendonos segundo a segundo y eso se consigue con el tejido de palabras, y hay gèneros comunues y generos fantàsticos, delicados u atrevidos...deberias pulir de cabo a rabo todo el texto buscando esa delicadeza ese atrevimiento y esa fantasìa...no caigas en palabras comunes ni frases echas por tu afàn de vislumbrar el camino o terminar el relato..ese puede ser el primer esbozo...pero jamas el definitivo. Un saludazo¡¡ y gracias por intentar atravezar la realidad...continua mejorando.
  • FernyWorldFernyWorld Anónimo s.XI
    editado junio 2010
    Hola, debo comentarte que el título de la obra ya ha sido utilizado en el libro de Henri Loevenbruck "La guerra de los lobos" de la serie (La Moira). En cuanto al relato tiene un buen estilo, vigila las frases largas... un truco, léelo en voz alta, y fíjate si te falta el aire, eso te dará una pista cuando debes hacer pausas o dividir una frase. Sobre el comentario de que la fantasía épica es o deber ser de una forma u otra, ni caso... jejeje... lo que necesita este género es innovación y frescura, que ya lleva muchos años anquilosado. Nuevos autores como George R.R. Martin han demostrado que el cliché buenos y malos ya no tiene cabida en el género. Un saludo.
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