Mi cuerpo endeble, suave, frágil y diminuto fue invocado tras un pequeño soplo de los labios de aquel que tenía el poder para invocar, no una burbuja, sino miles.
Un individuo de cuerpo y alma diminutos clavó sus pupilas en mi ser, siendo este y solamente este, una lámina muy fina compuesta por agua y jabón.
El agua: mi madre
El jabón: mi padre.
Yo: una burbuja.
Las partículas del aire fueron abriéndome paso poco a poco, invitándome a adentrarme en la oscuridad; y yo, como una tonta, entré.
Avanzaba perdida, sumida en la brisa, en los colores, en la vida.
Sumida en mi vida.
Desde mi nacimiento hasta ahora, he aprendido lo que es la vida.
Personas que regalan sonrisas, personas que las esconden, individuos feos, pero también preciosos, algunos te miran, otros te ignoran, algunos están llorando.
Cada vez estoy mas arriba de mi creador, y él al mismo tiempo me regala una sonrisa.
Se la devuelvo girando mi cuerpo, y elevándome cada vez más.
Ahora si que estoy agarrada a la vida.
Yo me elevo y puedo oír, diferentes sonidos de la noche.
Puedo oír música a lo lejos, puedo oír la respiración agitada de unos niños jugando al fútbol, puedo oír pasos...
Millones de pasos se mezclan y se envuelven mirándose unos con otros, hablando entre ellos, coloreando el lugar en donde estoy, lleno de sabor.
Me erguí aún mas para poder escuchar un sonido breve y punzante que adornaba mi mundo.
Pum, pum, pum, pum, pum...
¿Tenía ese ruido algo que ver con el tiempo?
No. No era posible.
Tal vez era algo más importante.
Lentamente fui descendiendo hacia abajo con la intención de descubrir el enigma que llamaba a mi puerta y entraba en mi mundo como si nada.
Pum, pum, pum, pum pum...
!Ya lo se! se de donde vienen esos estrépitos celestes y breves que me confunden.
Son latidos.
Latidos humanos.
Pero yo no tengo latido...
Aunque intento concentrarme en escuchar uno de esos extraños zumbidos no oigo los míos, solo los de otros.
La tristeza se adueñó de mí, poseyéndome completamente y llevándome del brazo a la fuerza, haciéndome más débil, sustituyéndome por otras como yo y dejándome sola, sin rumbo y perdida, perdida entre ruidos, casas, música, brisas, y humanos, haciéndome entender que no soy nada, nada en mi mundo solo eso: una burbuja.
Una burbuja débil e ignorada hasta que desaparece, desaparece y nadie la recuerda, habiendo sido mi existencia un soplo compuesto por aquella vida en donde fui invocada, la misma vida que acabó conmigo, dejando solo en ella mi rastro con un sonido familiar:
PUM.
El pum de mi muerte.
Comentarios
Saludos,
Shaianti
Me gustó mucho.
El final es lo mejor...muy musical.