OTRO DIA
El día agonizaba en su saliente claridad.
Las aguas argentas, semejaban el filo acuoso de una espada, como símbolo de acero templado .La brisa fresca devolvía y arremolinaba las hojas que se volvían rocallas sepias, mostrando la decadencia de las horas, un artesa desidioso el transcurso del tiempo.
Sentada en el borde de la roca, frágil cual pájaro, ella esperaba.
Era su día feliz, vería a su amado y entregaría su cáliz de vida, símbolo níveo, que demostraría entre hogueras de amor pleno, el alcance y la profundidad de sus sentimientos.
Con una inocencia de niño, esperaba al borde de la línea acuática que rumoraba borbotones, lo que le parecía música ancestral.
Su corazón, cómplice cautivo, latía incesante y reverberaba el eco en sus sienes y muñecas.
Practico sobre su palma un beso forzado, y lo único que logro fue que sus poros se abrieran un poco mas, respondiendo al contacto, sus ojos miraron el cielo y el celeste se reflejo en sus pupilas marrones.Mas la naturaleza con especial maestría, revoluciono su ser, y de pronto le sometió una somnolencia, cerro los ojos y se recostó sobre la hierba fresca.
Luego, los abrió y vio como de a poco comenzaban a aparecer densas nubes, por entre las copas de los pocos árboles que bordeaban el río, anuncio gris que precedía a una tormenta que con ropaje profundamente negro descendía de las sierras.
El llego, y con el las primeras gotas de una lluvia que se convirtió en denso llanto frío.
Se miraron, no había cobijo alguno en aquel paramo.Entonces con una cabal sonrisa se tomaron de la mano y juntos caminaron hacia el camino que llevaba a las casa alejadas.
Iban abrazados susurrándose palabras que solo los enamorados pueden decir y acordaron el próximo encuentro, para otro día ,donde el sol sea dueño y señor de la vida, vida que ellos pensaban honrar.
Ritual perenne desde el principio hasta el fin de los días.
Ella se sintió adulta, a pesar de sus catorce, el se sintió hombre, a pesar de sus dieciséis
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UN ABRAZO DE OSO Y BUENA VIDA,
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