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Los ojos de la inocencia

lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2009 en Narrativa
Iré transcribiendo un relato en este enlace conforme lo vaya escribiendo, creo que será la forma mas eficaz de obligarme a escribir, pues aunque no posea un gran talento, al menos me ayuda para reflexionar. Dejo aquí la primera parte.

¿Por qué nuestro cuerpo reacciona de forma distinta ante pensamientos diferentes?, de repente se le cruzó esta idea por la mente mientras bebía agua y recuperaba el aliento, en el agua fresca de la fuente volvió a recuperar la cordura, y comprendió que por muy rápido que corriese no lograría escapar de sus sentimientos, pero al menos el agotamiento físico la reconfortaba. No era la primera vez, cuando la rodeaban pensamientos tristes intentaba ser mas rápida que ellos, siendo una tarea inutil desde el principio pero al menos el agotamiento físico y no pensar un rato si era provechoso. En cambio si ocurría algo maravilloso se quedaba muy quieta, tratando de inmortalizar el momento, tratando de que nada cambiase, y así al menos disfrutaba plenamente las sensaciones de la ocasión. Pero hoy tocaba correr, ¿qué había pasado para que esta pobre niña tratase de huir de un mundo redondo con sus cortas patitas?.

Ese día no tenía nada de especial, salvo otro examen. Pero cuando entró por la puerta se acercó su novio, qué pretencioso denominar así a alguien a la corta edad de 16 años, le dio un beso y le preguntó si había estudiado. Ese beso que no sabía a nada, que no removía nada, como todos los anteriores, decidió que había llegado la hora de acabar con algo que no llevaba a ninguna parte. Entonces si empezó a sentir emociones, ¿le haré daño?, ¿le pasará a él igual que a mi?. Estaba nerviosa, pasó todo el día ensimismada y a la salida de clase decidió contarle que no le amaba, y que no tenía sentido continuar. Él le preguntó por las razones, que si había hecho algo mal, que por qué hacía eso, preguntas para las que no tenía respuesta salvo un no te quiero. Fue entonces cuando se lo dijo: "eres incapaz de amar". Ella empezó a sentir un vacío terrible en su interior, y fue cuando empezó a correr, sus palabras le perseguían, ¿sería cierto?.

Comentarios

  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado noviembre 2009
    Hola Lunática,
    ante todo te diré que el hecho de escribir aquí o donde quieras no es cuestión de talento o de obligación sino de placer, pasión, vocación u oficio. A pesar de tu premisa me parece que tu relato es muy
    prometedor, a mi por lo menos me ha intrigado, está bien escrito y el relato y deja la justa incertidumbre para seguir leyendo.
    No seas demasiado crítica de ti misma -eso déjalo a los demás- y sigue. :)
    Shaianti
  • angel sin almaangel sin alma Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2009
    Me has dejado intrigada con la respuesta,. me gusta como has hablado de los sentimientos, las comparaciones que has hecho, las frases que has utilizado....en fin..que me ha gustado y espero más.
    Será verdad que es incapaz de amar?????????
  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    Bueno, aquí dejo otro trocito.
    Por fin llegó a casa, exhausta, recordó sentimientos anteriores por chicos, era joven por lo que no eran demasiados, pero el único chico al que decidió que sí había amado era un insolente guaperas que sabía que nunca le correspondería. ¿Se enamoró de él porque era imposible o había sido mera casualidad?. Bueno, tantos años por vivir, mi primer novio, no voy a preocuparme por una frase de un corazón despechado, ya aparecerá el amor. Y durmió plácidamente.
    Pasaron un par de años, seguía sin enamorarse.
    -Lidia espérame, parece que siempre tienes prisa- un chico delgaducho de mirada viva y profunda como siempre la seguía, hacía años que había decidido que sería suya, y en la sinceridad de la inocencia se lo había confesado.
    - Parece que siempre me sigues- rió ella.
    - Tengo algo importante que decirte, dentro de poco te costará aun más librarte de mí, ¡Vamos a ser vecinos!-
    Vecinos… aquel chico incansable y decidido se había convertido en buen amigo, probablemente su mejor amigo. Pero esa emoción de pasar más tiempo juntos… ella no le correspondía.
    Pasaron muchas tardes juntos, estudiando, paseando, divirtiéndose. Ella era feliz así, pero a él no le bastaba. Después de las tardes, meses, y de los meses años, hasta que un buen día sin más, él comprendió que no le correspondería y decidió olvidarla. Ya no la invitaba a ir a casa y solía rehuir quedar con ella a solas.
    Tarde o temprano tenía que pasar, no iba a estar toda la vida enamorado de alguien que no le corresponde, es normal. Su cabeza como siempre analizaba bien la situación, pero su corazón le dolía mucho, ¿Qué le ocurre a mi corazón, estaría enamorada sin darme cuenta?.
  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    Ya solo me falta un pedazo gracias por animarme a terminarlo.

    Su corazón sufría así que decidió que debía ser amor, anhelaba volver a estar como antes, reír y disfrutar juntos, decidió intentarlo, se armó de valor, se acercó a él y no pudo decir nada. Volvió a intentarlo, acompañándole de camino a casa, pero las palabras no salían de su garganta. No entendía por qué ese mutismo, pero viendo que era incapaz le escribió una carta, donde le contaba lo que sentía, que le echaba de menos, que estaba equivocada y que le quería, se la entregó en mano y se fue.
    Al día siguiente él la miraba de reojo, una mirada nunca antes conocida, denotaba incredulidad, amor, odio, pasión, tantos sentimientos que era imposible tratar de sostenerle la mirada. Tras unos días se acercó, le cogió la mano entrecruzando los dedos, entonces dijo que creía haberla olvidado ya, pero que aquella carta lo había cambiado todo nuevamente, la amaba como siempre y estaba deseando estar con ella, y la besó.
    Todo volvió a ser como antes, estaban juntos, ahora además más unidos que nunca. El rebosaba felicidad, al fín había conseguido su propósito, ella seguía sin saber si aquello era amor o no, pero le gustaba. Poco a poco fue comprendiendo, cuando dejó de engañarse a si misma, que le gustaba recuperar su amistad, pero que los momentos más íntimos los evitaba. Poco a poco fue comprendiendo que aquello no era amor, pero se negaba a reconocerlo. Su corazón le gritaba, pero su ego le impedía escucharlo. Soy capaz de amar, le amo, ¿me oyes corazón?
    Finalmente como toda relación, debían tomar una dirección, no pueden permanecer estancadas en una fase, así llegó el momento. Llevaba días hablando de una estupenda sorpresa para San Valentín, un escalofrío recorría todo su cuerpo cada vez que hablaba de aquello, su ego se rindió, reconoció la evidencia y rompieron. Tal vez fuera verdad que ella no podía amar.
  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    Bueno el final de la historia, espero que os haya gustado.

    Este chico también pronunció unas palabras que se grabaron a fuego en su memoria: “En el teatro de tu vida he interpretado mi papel lo mejor que he sabido, pero sólo serás feliz si buscas emociones verdaderas, y espero que algún día lo seas”. Estas palabras no provenían de un corazón despechado, sino de alguien que tan solo anhelaba su felicidad. Se sentía vacía.
    Entonces un día cualquiera, en un sitio cualquiera apareció, la primera mirada bastó para saber que aquel chico sería algo importante en su vida. Se quedó mirándola y ella temblando, entonces se acercó. -.Te conozco, tú eres la niña que nunca sonríe cuando va a la tienda a hacer los recados- Su mente estaba en blanco y no sabía que decir. -No recuerdo quien eres-, sabía que no era la mejor respuesta pero no podía pensar. -¿No te acuerdas de mi?, nos hemos visto a diario varios veranos, en la tienda... en fin, me alegro de verte otra vez- Se fueron conociendo y cada día se enamoraba más de él, era alegre, despreocupado y extrovertido, cualidades que le proporcionaban continuamente alegrías. Sólo tenía dos defectos, era terriblemente egoísta y no la amaba, aunque disfrutaba con ella. Por las vueltas del destino acabaron viviendo juntos, la relación se prolongaba años y años, hacía tiempo que se acabaron las alegrías para dar paso a la rutina y la indiferencia. Y poco a poco tal como había nacido ese sentimiento maravilloso, murió. Y con su corazón roto salió de aquella casa para no volver. A él nunca le afectó mucho, estaba cómodo, pero no feliz.
    Sí era capaz de amar, pero éste difícil sentimiento no se presenta todos los días, es un raro y preciado tesoro que aparece sin previo aviso. Ella había sido amada una vez, y había amado otra. Tal vez algún día consiga lo casi imposible, el amor correspondido. Para todos aquellos que lo han encontrado, no descuidéis este tesoro, pues sois muy afortunados.
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