Saludos cordiales a todos/as.
El motivo de la presente es recomendarles vivamente un libro magnífico que, como suele ocurrir, ha pasado bastante inadvertido en lo que los suplementos culturales dan en llamar el panorama literario actual. Se trata de El Distrito de Sinistra, del transilvano Adám Bodor (editado por Acantilado). Verdaderamente se parece poco –o nada- a cualquier cosa que haya leído hasta la fecha. Describe con una curiosa mezcla de realismo extremo e imaginación desatada la vida en una colonia penitenciaria perdida en los Cárpatos. Por ella pulula una serie de personajes estrafalarios empeñados en sobrevivir al clima de aniquilación física y psicológica que impera en el lugar. Sin conseguirlo, o consiguiéndolo sólo a medias. La sensación que produce la novela es desoladora, y su tono de indiferencia moral, asfixiante. Y, sin embargo, no puede uno dejar de leerla. Tiene algo. Algo que, como decía, no suele uno encontrarse muy a menudo. Lirismo contenido, franqueza feroz, un humor más bien bilioso… Algo. Doscientas cinco páginas. Doce euros. De nada.
Comentarios
¡Qué haríamos sin acantilado!
Algún fragmentito para mostrarnos?
Un párrafo que te haya parecido interesante?
Pá saber como está escrito, vio?
Gracias por la recomendación.
Estoy del todo de acuerdo con vd. cuando alega que encuentra el libro frío. Ciertamente lo es. Tal vez en exceso. Pero artificioso… Yo no lo percibo así en absoluto. Supongo que en pleno siglo XXI la experiencia del gulag resultará un tanto lejana (en todos los sentidos) para la gran mayoría de lectores, pero mi caso, me temo, es un poco particular: mi abuelo materno se pudrió durante casi un año en el tristemente célebre campo de concentración de Castuera tras la guerra civil, y uno de mis tíos abuelos hizo lo propio en el campo de Argelès-sur-Mer en Francia (cortesía del gobierno socialista de León Blum). En muchas familias se corre un tupido velo sobre este tipo de cosas, pero en la mía siempre lo hemos tenido muy presente. De hecho, un servidor acude todos los veranos a Foix para poner flores en la tumba de mi tío, que murió en el exilio sin haber vuelto a pisar España. Quizá por eso a mí El Distrito de Sinistra, aun con todo lo que tiene de onírico e imaginado, me resulta real como la vida misma. En fin, así las cosas, creo que procede tirar de tópico y concluir que cada lector es un mundo. De lo cual, por cierto, no dejo de congratularme.
¿Qué haríamos sin Acantilado? Bien poca cosa, Montag. Bien poco. Y no sólo en lo que a Europa central y del este se refiere. ¿Qué me dice de El Miedo de Gabriel Chevalier, los Ensayos de Montaigne, Los Virreyes de Federico de Roberto, El Libro del Desasosiego de Pessoa, la compilación de cuentos de Rudyard Kipling…? No sé quién dirige la editorial, pero no puedo menos que quitarme el sombrero. Ojalá cundiera el ejemplo…
Con mucho gusto, caballero. Ahí va una pequeña muestra:
Andrei lo espiaba, en efecto. Había pasado la noche sin pegar ojo junto a un fallecido guarda de la reserva –aunque fue relevado de su puesto de forense, seguían pidiéndole a menudo que echase una mano- y por la mañana, cuando lo sustituyó el coronel Titus Tomoiaga, se bebieron juntos una botellita de alcohol adulterado diluido con agua. El coronel le comunicó que había entrado en vigor el toque de queda en Sinistra. Y que probablemente también lo introducirían aquí, en Dobrin City –alguien había derribado la estatua de Géza Kökény al amparo de la noche-, por lo que lo mejor era que todos se quedasen en casa. Desde que los titiriteros de Sinistra salieran a la calle a llevar a cabo su ensayo general y los cazadores de montaña abrieran fuego contra ellos, una patrulla recorría las calles del pueblo. Adondequiera que mirara uno, jóvenes de cuello largo y semblante de ganso espiaban por encima de las vallas. Los portones y las empalizadas lucían oscuras inscripciones escritas a carbón, tales como: “estáis con nosotros” o “a ti también te espera la Liga”. Una tabla llevaba escrita con hierro candente esta simple palabra: “cerdos”.
Tá bueno. Me gustó.
EL DISTRITO DE SINISTRA pasa a integrar mi lista de libros factibles de lectura.
Muy agradecido, don Vulliamy.