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Una extraña mirada

IncongruenteIncongruente Gonzalo de Berceo s.XIII
editado diciembre 2008 en Narrativa
Louis oye el ding dang del reloj del salón marcando las nueve de la mañana, mientras lentamente se va haciendo el nudo de su corbata. Le tiemblan algo las manos; no puede evitar sentir esa sensación todos los lunes, cuando, impecablemente vestido, se dirige hacia la puerta de casa.

Al pasar por el salón su madre, siempre atenta a todos sus movimientos, le sale al paso.

- Anda, déjame que te arregle esa corbata. Con cuarenta años y siempre doblada.

Louis sonríe mientras le deja hacer; sabe que mejorará su aspecto y necesita estar perfecto, como cada lunes.

-¿Vas al museo? Ten cuidado al cruzar Rivoli, esa avenida tiene muy corto el tiempo del semáforo y siempre hay problemas.

- Lo haré, madre. No te preocupes, volveré, como siempre.

Ella le da un beso en la mejilla y Louis la aparta cariñosamente, mientras su mano izquierda busca el bastón tras la puerta de salida de la vivienda. No espera el ascensor, siempre ha sentido una especial necesidad de utilizar las escaleras, sintiendo como sus peldaños de madera crujen en distintos tonos su paso por ellas.

Vive en Daunou, esquina a Louis le Grand, calle por la que baja lentamente hasta llegar a Danielle Casanova. Sigue por su acera izquierda; sabe que a doscientos pasos mal contados se convierte en Petits Champs. No le gusta esta avenida por el enorme ruido de su tráfico y se desvía a la derecha, por las callejas de Saint – Roch, dÁrgentanuill, Echelle, hasta llegar a Rivoli.

Se para un instante y respira; ya huele la humedad del Sena y le gusta esa sensación, sobre todo, en esta época de primavera. Cruza la avenida lo más rápido que le permiten sus piernas, sabe que el semáforo es corto y el tráfico rápido. Sonríe recordando las palabras de su madre. Por la acera derecha de Rivoli, recorre sus últimos metros hasta el arco bajo Louvre medieval, para entrar en la plaza del carrusel. Inmediatamente la pirámide de vidrio y tras subir unas cuantas escaleras, las mecánicas no le gustan, le ponen nervioso, se encuentra en la Sala de las Naciones, ante su maravillosa Gioconda.

Respira profundamente y se extasía ante el cuadro de la mujer de sus sueños. Todos los lunes viene a visitarla desde hace años, cuando sin conocer su existencia pasó por esa sala y sintió algo tan profundo que ya nunca más pudo dejar de visitarla.

Los primeros turistas no le molestan, pero al cabo de una hora, el murmullo, movimiento y algún que otro zarandeo, le sacan de su ensoñación y volviendo a la realidad con cierto grado de mal humor, se dirige lentamente a la salida. Otro día más, otra semana más de espera ilusionante.


Antes de regresar a casa, se acerca a la orilla del Sena, busca un banco vacío y sentándose, se deja llevar por sus sentimientos. En alguna ocasión, escurridizas lágrimas se le han escapado sin control. Hoy no, hoy se encuentra animado.


Vuelve a casa, pero en esta ocasión lo hace en el metro. Es solo una estación en directo pero sus ánimos y ganas de pasear se han quedado en la sala junto al cuadro de sus ilusiones.

Abre la puerta, se acerca al salón donde sabe que su madre le espera pacientemente.

- Hoy vuelves algo más tarde.

- Si, tuve suerte y los turistas me dejaron…

La madre le interrumpe.

- Pero te noto una expresión mas viva. ¿Pasó algo?

- ¡Qué podría pasar! Todo sigue igual y así será siempre.

- Louis, ¿Cómo te has podido enamorar de ella? Pero si tú…

Louis vuelve la cabeza hacia su madre y le sonríe.

- Ya sé, madre. Yo soy ciego, pero mi ceguera está solo en mis ojos.

Comentarios

  • betobbetob Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2008
    Un placer haber leído tu hermosa historia. Un deleite a los ojos, una paz al interior del lector.
    Mis felicitaciones.
  • rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2008
    Hermosa la historia. como la forma de contarla.

    Felicidades Incongruente por esa manera de saber escribir.

    Saludos de Rocinante
  • IncongruenteIncongruente Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2008
    Hola betob, me alegra conocerte. Ante todo gracias por tus palabras, pero me temo que tu paz interior no la provoco yo con mis palabras, sino tú mismo con tu forma de ser. Aun así, gracias por leerme

    ¿Qué tal, Rocinante? Tu siempre tan amable con mis escritos. Así da gloria escribir, pero también es cierto que me haces vanagloriarme de algo que no debo. Ahora me acabo de presentar a un certamen para cuentos; ahí es donde me van a demostrar mi verdadera valía que, me supongo, está bastante más abajo de lo que ni sueño. En fin, cosas del oficio. Gracias por tu lectura y palabras
  • rodrimundorodrimundo Anónimo s.XI
    editado diciembre 2008
    Hola, acabo de leer tu cuento y me gustó mucho la forma tan vivida como lo narrastes, casi me senti caminando con el narrador. Si difiero de aquello de que en un concurso vas a demostrar tu valia. Los concursos son muy subjetivos, tal vez al jurado nunca le guste lo que escribas o puede que lo adore pero eso no le dara ni mayor ni menor valia a tus escritos. Es mi humilde opinion. Suerte y seguimos en contacto :)
  • IncongruenteIncongruente Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2008
    Gracias Rodrimundo por tus palabras y lectura. Si, puede que tengas razón con lo de los Premios, pero, también es cierto que son una prueba de fuego que hay que pasar, aunque solo sea por el propio estímulo.
    Nos leemos y gracias de nuevo
  • KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2008
    Sabes, Incongruente ? La narración me ha conquistado porque realmente en la sutileza de las palabras me ha vuelto a llevar al Louvre y al Sena , esencialmente...
    Como Louis he permanecido mucho mucho mucho tiempo ante algunas obras del Louvre, a veces olvidando que la vida continuaba fuera ; quizás la obra que más parte de mi ha capturado, y kizás yo de ella, no ha sido , precisamente, esa noble Dama , sino un cuadro que está muy cerquita de ella , a menos de un recodo de pasillo , La balsa de la Medusa ...

    besos
  • IncongruenteIncongruente Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2008
    Gracias Kundry por tu lectura y me alegro que te haya servido para recuperar algún agradable recuerdo de tu vida. Merece la pena escribir por todo esto
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