Una conocida perfumería de la ciudad de Sevilla, ha lanzado al mercado una oferta mu baratilla de Dodotis, únicamente con una específica idea: que se vuelque en su compra esa podrida ralea
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Ella pensaba que en aquella oscuridad, nadie iba a ver que perdía su virginidad, pero no, estaba realmente confundida, y, una vez más, el Amor ganó la partida
Si tú tuvieras lo que deberías tener no te meterías en lo que tengo que hacer. Cuando era tuya me ignorabas a las duras, pero ahora que soy mía, te irritan mis aventuras
El número de mujeres que se casa con hombres más jóvenes que ellas, aumenta. La idea de que la mujer debe buscar un hombre que la cuide, que tenga un mejor trabajo y que gane más dinero que ella, no se estila. Y ello es debido a que la relajación de las convenciones en las relaciones de parejas se ve tanto en la edad como en la raza, en la religión y en el estatus económico
Los yankis llaman cougar (pantera) a la mujer que busca una relación con un hombre joven, comparándola con ese animal salvaje, hermosa, un depredador que ronda a sus víctimas, tan yogur que bien pudiese ser su hijo.
Desde esta óptica, hay hembras admiradas por ser de 40 años que son independientes, consolidadas económicamente y seguras de sí. Pero temidas por sus parejas, que las ven como peligrosamente seductoras. Y por por los hombres, que se asustan frente a sus autonomías y determinaciones. Pero la realidad es que la diferencia de edad les importa más a los demás que a ellos mismos.
Vitaliza a una mujer la vigorosa masculinidad que un hombre joven trae a su vida; y al hombre le vitaliza la confianza de una mujer mayor que él. Pero la diferencia de edades puede facilitar infidelidad
Tanto ellas como ellos se sienten cómodos frente a la realidad de que sean ellas las que ganen más dinero, y aunque es probable que una mujer autónoma no quiera tener como pareja a un inútil, es una realidad que hoy en día ellas están menos enfocadas al estatus de su compañero, respecto de lo que ocurría con mujeres de las generaciones anteriores.
Te llaman AMOR y de siempre vienes apropiándote de todo lo bello que palpita sobre la Tierra. Te aleas con la embriagadora fragancia que va soplando el viento para hacernos soñar. Estás en la inmensa gama de colores que las flores nos regalan en la primavera. Te dejas escuchar en los cantos de los grillos en los anocheceres. Te conviertes en el murmullo del arrollo que pone música a la prosa de este eternamente enamorado, que en su nuevo mundo se quiere perder para siempre.
AMOR, eres el sabor de un abrazo que nunca puedes olvidar, el calor de un beso que se graba a fuego en el alma. Brillas en el destello de una mirada que siempre se clava en el corazón, eres el protagonista de las únicas historias que el mundo quisiera recordar. Si tú no existieras, no habría nacido éste, que osa a verter unas líneas sobre este papel para sincerarse contigo, sumándose a los elogios que ya has recibido, porque los que has de recibir, otros se sumarán, mientras aprovecho el abrazo que me das para decirte que para mí no llegas tarde, y para agradecerte el que me hayas curado las viejas heridas que había en mi corazón.
Podría escribirte hasta perderme en la lejanía de lo escrito, y siempre me quedaría algo que decirte. Nos conocemos desde que yo era un niño, y en la mirada de mi madre te descubrí, y desde entonces quería ser tu amigo y caminar de tu mano por una ruta desconocida, de la que me hablabas en mis sueños, porque solo soñando podía verla. Me hiciste caminar a ciegas, mirando a través de tus ojos lo hermoso que era todo en el mundo irreal, donde la luna dibujaba rostros y nombres que aceleraban mi corazón. El eco de las montañas me hablaba con una voz dulce de mujer; los lagos y los mares azules servían de espejo a los enamorados que querían mirarse, mientras yo dejaba de ser un niño sin conseguir despertarme. Ingenuo, no me daba cuenta de que empezaba allí un mundo de fantasías, que para toda la vida me apartaría del real, para seguirte a ti.
¡Cuántos brindis se han hecho por ti, AMOR! Todos los animales te los hacen sin hablar. Las flores en tu nombre nos hacen sentir. Y hasta las olas del mar te cantan sin cantar. ¡Cuántos elogios te ha dedicado la humanidad, AMOR! Línea tras línea, escribiría cientos de ellos. Aunque nadie quisiera leerlos, es una forma de volver a desempolvar romances que rozaban la locura, y es que todo lo que tenga qué ver contigo no tiene relación alguna con la cordura. Esto lo entendí desde el día que pronuncié por primera vez tu nombre, AMOR, y me encontré con que no eras el mismo que yo había conocido en los brazos de mi madre.
Pero no te importaban mis años ni lo que podría saber de ti. Por tu cuenta me enfrentaste a pruebas que cambiarían mi vida y mi ser. Me pusiste, casi con los libros bajo el brazo, a los pies de una mujer. De cómo me hiciste sentir y por lo que pasé, qué te voy a contar yo a ti que tú no sepas de mí. Si eras mi flaqueza, y ella la causa de mi delirio, los dos habíais preñado mi interior de sueños, jamás imaginados, para verme convertido en un hombre mayor, vestido de niño, que se aislaba del mundo para no avergonzarse de sí mismo y para pensar solo en sus sentimientos, a la vez que daba riendas sueltas a una imaginación que llenaba mi cabeza de paisajes y escenas, sin ninguna conexión con la realidad.
AMOR, me has hecho desear todo lo que podía imaginar y guardar mis pasiones como un delito en el fondo de mis silencios. Me llevaste por una tranquila senda de un pueblecito, cabizbajo, como un anciano rechazando a sus amigos, despreciando mi edad y una vida que parecía haberse parado de repente para mí.
AMOR, a una linda mujer, de ojos negros y labios carmesí, que podría ser su padre, me la has presentado con tu cara más dulce, y ya nunca puedo escapar de ella. Me cogiste como la diana de todas tus flechas perdidas, y entre las que me daban de lleno y las que me rozaban la piel, siempre ganabas tú, y a mí me hacías reo de un AMOR que me abrasa las entrañas, que me sabe a miel, y me has apartado de otros que me dejaron un sabor a hiel. Me siento morir cada día para resucitar al día siguiente. Me has hecho rebosar de una felicidad eterna, y a la vez te has permitido que me rebose entero.
Sonando a hueco mis pasos y retumbando el eco del silencio en mi mente, me abjuro en sendas perdidas, entre el AMOR puro, buscando mis huellas que me ayuden a volver a empezar con el corazón ardiendo en mi pecho, y las reminiscencias macerando en mi cabeza semejante locura, que de no llamarse AMOR serían la de un loco. Así, has ido haciendo de mí un romántico sin fecha de caducidad. AMOR, has conseguido que en mi interior nunca se haga viejo el adolescente, mientras se hace mayor el hombre que conoce la gente.
Imprudente fui al confiar en que a mis años te conocía, para no caer de nuevo en tu red, pero hoy, reo de tus ardides, miro hacia atrás y veo que nada ha cambiado desde el día aquel que siendo un chaval me enamoré. Sé que tan solo ha pasado el tiempo, y esto lo nota quien me ve, y hasta yo lo podría notar si en el espejo de la edad me quisiera ver. Pero, ¿para qué?, si, poseído por ti, vuelvo de nuevo a ser el que antes fui. Mis sentidos se confunden igual, la fantasía sigue siendo mi mundo y no cuentan los años allí, ni se apaga el volcán que ardía ayer como arde hoy. Yo que creía haber hallado mi rincón, donde poner mi sillón para leer, escribir y tomar el sol. Yo que tenía, por fin, un espacio por mí elegido para buscar y rebuscar en mi memoria, me encuentro ahora con tu visita, tan inesperada como tan oportuna, y llegas para presentarme a una bella Luna, con nombre de mujer, en un cielo azul, una bella Luna que no conocía, pero que ya no puedo vivir sin ella ni tampoco sin su guía.
Dicen que del AMOR al odio hay un paso y que moran los dos en la misma celda. Pues tú sabrás, AMOR, lo que has hecho con tu compañero de cuarto, porque no le conocí ni ganas en mí.
En este caso, si algún día odiase (lo dudo) a alguien sería a ti, ya que sin respetar mis canas y burlándote de mí, has traído a mi calma ese dulce desasosiego, y a un corazón que latía sereno, lo has puesto a galopar. Un galope que retumba de nuevo en mi oído, lo oigo como en años atrás. Si lo pienso me da miedo, es por eso que no lo quiero pensar y prefiero agradecerte eternamente que tú estés aquí, que tú me hayas vuelto a rescatar, que me traigas la inspiración a mi mente para contarle a mi bella Luna todo lo que le quiero contar. Te pido, te ruego, te suplico que no te vayas, que sigas siempre vivo en mí.
Gracias, AMOR, por no respetar mis canas, por no hacer caso a mi edad. Gracias por devolverme a mi sueño y no vuelva a soñar, y nada te agradecería más que no me dejaras nunca despertar.
Me llamo Alfonso. Soy sevillano y vivo en Sevilla. Tengo 32 años: alto, moreno, bien parecido. Estudié ingeniería industrial, y en la actualidad tengo la suerte de tener un buen trabajo y bien remunerado. Mi forma de ser es directa, sin rodeos, pero educada y respetuosa, aunque atrevida con las mujeres no comprometidas, y más con aquellas que a mis ojos emboban.
Entré un viernes a eso de las once de la noche en una discoteca y me fui directamente a la sala de baile, y allí, sí allí lo divisé; era un culo monumental. En ese instante, la dueña del culo miraba cómo las parejas bailaban al ritmo de un rock.
Era una mujer de unos 30 años; rubia, guapa, cuerpazo, y, sobre todo, con un grandioso culo con redondeces hermosamente marcadas, e imantadas a los lobos que rondaban en círculo la pista.
Pero ni hombre ni mujer de esa sala osaba a acercase a aquel culo, aunque no dejaban de mirarlo. Demasiado culo para gente tan indecisa. Pero yo, tan kamikaze de ordinario en esta clase de lides y con ganas de que aquella belleza andante supiese que al menos había un hombre capaz de invitar a una copa a una dama con un culo sensacional, me acerqué a ella.
Todas las personas de la barra fijaban sus ojos en nosotros cuando aquel bombón rubio aceptaba mi compañía. Y como podréis imaginar, yo no cabía en mi percha.
Antepongo que lo mío no es bailar. Aunque... ¡qué coño, con un culo así a tu vera había que bailar lo que fuera!
Aquella despampanante hembra se llamaba Lidia.
Pero enseguida me di cuenta de que esperaba a alguien, porque miraba y miraba su reloj mientras bailábamos, y yo imaginaba que de un momento a otro se iría, quizá con algún amigo. Así que, concienciado, sólo me limité a disfrutar de mi súbita conquista todo el tiempo que pudiese y me dejasen, acercándome al máximo a su hermosa retaguardia.
Con una pícara sonrisa en sus exóticos labios, retrocedía, como dándome a entender que quería zafarse de mi impetuoso proceder, al menos en público. Pero sin pensar, llevé mi boca a su boca y le di un apretado beso en los labios, al tiempo que abracé su culo con las manos, para ir tanteando su resistencia, o esperando la correspondiente hostia.
Pero no hubo hostia; por contra, su lengua víbora se entrelazaba con la mía como dos boas constrictoras. Dando un paso más, mi mano se fue hacia donde la caricia se vuelve pecado. Ella me apartó la mano, pero acercó sus labios a mi oreja y con voz sugestiva me dijo que no quería estar sola, que no era una buscona, que era una mujer libre y ansiosa de sexo, que tenía posibilidades pecuniarias y que estaba recién divorciada de un esposo aventurero que la ignoraba. Así que no hacía falta ser inteligente para percatarme de que me estaba invitando a salir de la discoteca e irnos juntos a donde yo quisiera llevarla.
Luego de cenar y de tomar unas copas, y algunas de más, me la llevé a mi casa. Al otro día, al mediodía nos fuimos a mi apartamento de la playa. Nos bañamos en las aguas tibias y azuladas del Atlántico, comimos marisco y bebimos Cruzcampo en el chiringuito de mi paisano Alejandro, y más tarde, después de una siesta, “que lo que menos hicimos fue dormir”, de nuevo al mar.
Y desde ese día hasta hoy, no he perdido de vista a aquel culo ni a su despampanante dueña, que, sin ataduras, cada cual vive en su propia casa, nos vemos con frecuencia.
Y he aquí una foto de Lidia, tomada de espaldas con mi móvil. Juzguen ustedes por si yo me he excedido en exaltar lo que para mí sobrepasa en gran medida la exaltación.
Comentarios
y los corderos no hablaron
ACHL
Solamente tiene quince años la niña Greta
y ya con la papeleta de una paleta violeta
ACHL
Una conocida perfumería de la ciudad de Sevilla,
ha lanzado al mercado una oferta mu baratilla
de Dodotis, únicamente con una específica idea:
que se vuelque en su compra esa podrida ralea
ACHL
Inés, agotaste todo tu fuero
en echar a Torras al gallinero
ACHL
Buenos días. Sevilla, miércoles 26 agosto 2026
Buenos días de miércoles 26 agosto 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
nadie iba a ver que perdía su virginidad,
pero no, estaba realmente confundida,
y, una vez más, el Amor ganó la partida
ACHL
no te meterías en lo que tengo que hacer.
Cuando era tuya me ignorabas a las duras,
pero ahora que soy mía, te irritan mis aventuras
ACHL
Me casé y me descasé,
me casé y me descasé,
me casé y me descasé,
me casé y me descasé,
me casé y me descasé,
me cansé y libre quedé
ACHL
Desde esta óptica, hay hembras admiradas por ser de 40 años que son independientes, consolidadas económicamente y seguras de sí. Pero temidas por sus parejas, que las ven como peligrosamente seductoras. Y por por los hombres, que se asustan frente a sus autonomías y determinaciones. Pero la realidad es que la diferencia de edad les importa más a los demás que a ellos mismos.
Vitaliza a una mujer la vigorosa masculinidad que un hombre joven trae a su vida; y al hombre le vitaliza la confianza de una mujer mayor que él. Pero la diferencia de edades puede facilitar infidelidad
y lo puso en desuso
ACHL
Tu nombre es AMOR
Te llaman AMOR y de siempre vienes apropiándote de todo lo bello que palpita sobre la Tierra. Te aleas con la embriagadora fragancia que va soplando el viento para hacernos soñar. Estás en la inmensa gama de colores que las flores nos regalan en la primavera. Te dejas escuchar en los cantos de los grillos en los anocheceres. Te conviertes en el murmullo del arrollo que pone música a la prosa de este eternamente enamorado, que en su nuevo mundo se quiere perder para siempre.
AMOR, eres el sabor de un abrazo que nunca puedes olvidar, el calor de un beso que se graba a fuego en el alma. Brillas en el destello de una mirada que siempre se clava en el corazón, eres el protagonista de las únicas historias que el mundo quisiera recordar. Si tú no existieras, no habría nacido éste, que osa a verter unas líneas sobre este papel para sincerarse contigo, sumándose a los elogios que ya has recibido, porque los que has de recibir, otros se sumarán, mientras aprovecho el abrazo que me das para decirte que para mí no llegas tarde, y para agradecerte el que me hayas curado las viejas heridas que había en mi corazón.
Podría escribirte hasta perderme en la lejanía de lo escrito, y siempre me quedaría algo que decirte. Nos conocemos desde que yo era un niño, y en la mirada de mi madre te descubrí, y desde entonces quería ser tu amigo y caminar de tu mano por una ruta desconocida, de la que me hablabas en mis sueños, porque solo soñando podía verla. Me hiciste caminar a ciegas, mirando a través de tus ojos lo hermoso que era todo en el mundo irreal, donde la luna dibujaba rostros y nombres que aceleraban mi corazón. El eco de las montañas me hablaba con una voz dulce de mujer; los lagos y los mares azules servían de espejo a los enamorados que querían mirarse, mientras yo dejaba de ser un niño sin conseguir despertarme. Ingenuo, no me daba cuenta de que empezaba allí un mundo de fantasías, que para toda la vida me apartaría del real, para seguirte a ti.
¡Cuántos brindis se han hecho por ti, AMOR! Todos los animales te los hacen sin hablar. Las flores en tu nombre nos hacen sentir. Y hasta las olas del mar te cantan sin cantar. ¡Cuántos elogios te ha dedicado la humanidad, AMOR! Línea tras línea, escribiría cientos de ellos. Aunque nadie quisiera leerlos, es una forma de volver a desempolvar romances que rozaban la locura, y es que todo lo que tenga qué ver contigo no tiene relación alguna con la cordura. Esto lo entendí desde el día que pronuncié por primera vez tu nombre, AMOR, y me encontré con que no eras el mismo que yo había conocido en los brazos de mi madre.
Pero no te importaban mis años ni lo que podría saber de ti. Por tu cuenta me enfrentaste a pruebas que cambiarían mi vida y mi ser. Me pusiste, casi con los libros bajo el brazo, a los pies de una mujer. De cómo me hiciste sentir y por lo que pasé, qué te voy a contar yo a ti que tú no sepas de mí. Si eras mi flaqueza, y ella la causa de mi delirio, los dos habíais preñado mi interior de sueños, jamás imaginados, para verme convertido en un hombre mayor, vestido de niño, que se aislaba del mundo para no avergonzarse de sí mismo y para pensar solo en sus sentimientos, a la vez que daba riendas sueltas a una imaginación que llenaba mi cabeza de paisajes y escenas, sin ninguna conexión con la realidad.
AMOR, me has hecho desear todo lo que podía imaginar y guardar mis pasiones como un delito en el fondo de mis silencios. Me llevaste por una tranquila senda de un pueblecito, cabizbajo, como un anciano rechazando a sus amigos, despreciando mi edad y una vida que parecía haberse parado de repente para mí.
AMOR, a una linda mujer, de ojos negros y labios carmesí, que podría ser su padre, me la has presentado con tu cara más dulce, y ya nunca puedo escapar de ella. Me cogiste como la diana de todas tus flechas perdidas, y entre las que me daban de lleno y las que me rozaban la piel, siempre ganabas tú, y a mí me hacías reo de un AMOR que me abrasa las entrañas, que me sabe a miel, y me has apartado de otros que me dejaron un sabor a hiel. Me siento morir cada día para resucitar al día siguiente. Me has hecho rebosar de una felicidad eterna, y a la vez te has permitido que me rebose entero.
Sonando a hueco mis pasos y retumbando el eco del silencio en mi mente, me abjuro en sendas perdidas, entre el AMOR puro, buscando mis huellas que me ayuden a volver a empezar con el corazón ardiendo en mi pecho, y las reminiscencias macerando en mi cabeza semejante locura, que de no llamarse AMOR serían la de un loco. Así, has ido haciendo de mí un romántico sin fecha de caducidad. AMOR, has conseguido que en mi interior nunca se haga viejo el adolescente, mientras se hace mayor el hombre que conoce la gente.
Imprudente fui al confiar en que a mis años te conocía, para no caer de nuevo en tu red, pero hoy, reo de tus ardides, miro hacia atrás y veo que nada ha cambiado desde el día aquel que siendo un chaval me enamoré. Sé que tan solo ha pasado el tiempo, y esto lo nota quien me ve, y hasta yo lo podría notar si en el espejo de la edad me quisiera ver. Pero, ¿para qué?, si, poseído por ti, vuelvo de nuevo a ser el que antes fui. Mis sentidos se confunden igual, la fantasía sigue siendo mi mundo y no cuentan los años allí, ni se apaga el volcán que ardía ayer como arde hoy. Yo que creía haber hallado mi rincón, donde poner mi sillón para leer, escribir y tomar el sol. Yo que tenía, por fin, un espacio por mí elegido para buscar y rebuscar en mi memoria, me encuentro ahora con tu visita, tan inesperada como tan oportuna, y llegas para presentarme a una bella Luna, con nombre de mujer, en un cielo azul, una bella Luna que no conocía, pero que ya no puedo vivir sin ella ni tampoco sin su guía.
Dicen que del AMOR al odio hay un paso y que moran los dos en la misma celda. Pues tú sabrás, AMOR, lo que has hecho con tu compañero de cuarto, porque no le conocí ni ganas en mí.
En este caso, si algún día odiase (lo dudo) a alguien sería a ti, ya que sin respetar mis canas y burlándote de mí, has traído a mi calma ese dulce desasosiego, y a un corazón que latía sereno, lo has puesto a galopar. Un galope que retumba de nuevo en mi oído, lo oigo como en años atrás. Si lo pienso me da miedo, es por eso que no lo quiero pensar y prefiero agradecerte eternamente que tú estés aquí, que tú me hayas vuelto a rescatar, que me traigas la inspiración a mi mente para contarle a mi bella Luna todo lo que le quiero contar. Te pido, te ruego, te suplico que no te vayas, que sigas siempre vivo en mí.
Gracias, AMOR, por no respetar mis canas, por no hacer caso a mi edad. Gracias por devolverme a mi sueño y no vuelva a soñar, y nada te agradecería más que no me dejaras nunca despertar.
A Chávez López
Sevilla ago 2026
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Impresionante culo
Me llamo Alfonso. Soy sevillano y vivo en Sevilla. Tengo 32 años: alto, moreno, bien parecido. Estudié ingeniería industrial, y en la actualidad tengo la suerte de tener un buen trabajo y bien remunerado. Mi forma de ser es directa, sin rodeos, pero educada y respetuosa, aunque atrevida con las mujeres no comprometidas, y más con aquellas que a mis ojos emboban.
Entré un viernes a eso de las once de la noche en una discoteca y me fui directamente a la sala de baile, y allí, sí allí lo divisé; era un culo monumental. En ese instante, la dueña del culo miraba cómo las parejas bailaban al ritmo de un rock.
Era una mujer de unos 30 años; rubia, guapa, cuerpazo, y, sobre todo, con un grandioso culo con redondeces hermosamente marcadas, e imantadas a los lobos que rondaban en círculo la pista.
Pero ni hombre ni mujer de esa sala osaba a acercase a aquel culo, aunque no dejaban de mirarlo. Demasiado culo para gente tan indecisa. Pero yo, tan kamikaze de ordinario en esta clase de lides y con ganas de que aquella belleza andante supiese que al menos había un hombre capaz de invitar a una copa a una dama con un culo sensacional, me acerqué a ella.
Todas las personas de la barra fijaban sus ojos en nosotros cuando aquel bombón rubio aceptaba mi compañía. Y como podréis imaginar, yo no cabía en mi percha.
Antepongo que lo mío no es bailar. Aunque... ¡qué coño, con un culo así a tu vera había que bailar lo que fuera!
Aquella despampanante hembra se llamaba Lidia.
Pero enseguida me di cuenta de que esperaba a alguien, porque miraba y miraba su reloj mientras bailábamos, y yo imaginaba que de un momento a otro se iría, quizá con algún amigo. Así que, concienciado, sólo me limité a disfrutar de mi súbita conquista todo el tiempo que pudiese y me dejasen, acercándome al máximo a su hermosa retaguardia.
Con una pícara sonrisa en sus exóticos labios, retrocedía, como dándome a entender que quería zafarse de mi impetuoso proceder, al menos en público. Pero sin pensar, llevé mi boca a su boca y le di un apretado beso en los labios, al tiempo que abracé su culo con las manos, para ir tanteando su resistencia, o esperando la correspondiente hostia.
Pero no hubo hostia; por contra, su lengua víbora se entrelazaba con la mía como dos boas constrictoras. Dando un paso más, mi mano se fue hacia donde la caricia se vuelve pecado. Ella me apartó la mano, pero acercó sus labios a mi oreja y con voz sugestiva me dijo que no quería estar sola, que no era una buscona, que era una mujer libre y ansiosa de sexo, que tenía posibilidades pecuniarias y que estaba recién divorciada de un esposo aventurero que la ignoraba. Así que no hacía falta ser inteligente para percatarme de que me estaba invitando a salir de la discoteca e irnos juntos a donde yo quisiera llevarla.
Luego de cenar y de tomar unas copas, y algunas de más, me la llevé a mi casa. Al otro día, al mediodía nos fuimos a mi apartamento de la playa. Nos bañamos en las aguas tibias y azuladas del Atlántico, comimos marisco y bebimos Cruzcampo en el chiringuito de mi paisano Alejandro, y más tarde, después de una siesta, “que lo que menos hicimos fue dormir”, de nuevo al mar.
Y desde ese día hasta hoy, no he perdido de vista a aquel culo ni a su despampanante dueña, que, sin ataduras, cada cual vive en su propia casa, nos vemos con frecuencia.
Y he aquí una foto de Lidia, tomada de espaldas con mi móvil. Juzguen ustedes por si yo me he excedido en exaltar lo que para mí sobrepasa en gran medida la exaltación.
A Chávez López
Sevilla
¡Joder, no me lo aprietes más,
que tú sabes que estoy preñá!
ACHL
te aplastaré por egoísta!
ACHL
Se rinde definitivamente la carreta
ante esta más que evidente papeleta
ACHL
¡Por fin me invitó a su casa para pasarlo guay,
pero toda la noche estuvimos jugando a la play!
ACHL
las puras verdades lo destruyen
ACHL
¡Estás esta noche muy bonita,
mi querida y adorada Caperucita!
ACHL