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Sierra Norte de Sevilla, viernes 13 mayo 1927

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

Sierra Norte de Sevilla, viernes 13 mayo 1927

En lo más hondo de la región y próximo a Cerro del Hierro, una extraña silueta volaba bajo el violento temporal que azotaba aquel histórico punto de la Sierra Norte de Sevilla.

Tan abominable presencia, se sentía dueña de las sombras y parecía bailar entre el fuerte viento y la densa lluvia que a esa hora de la madrugada se oían en cada techo de la aldea.

Para este ente sólo era un juego, pero para todos los demás eran fichas en su tablero. Él siempre decidía cuándo y a quién atacar, y esa noche tenía la certeza de que iba a incluir una nueva víctima a su ya extenso listado funesto.

Moviendo sus largas y gruesas orejas, ésta terrorífica cabeza avanzaba velozmente dando gritos de alegría, sabiendo que sus peculiares gritos iban a causar pavor a quienes los oyese, y con un demencial gesto, impregnado en su cara, gritaba y hacía resonar su voz en cada rincón de aquel escondido pero histórico lugar serrano.

Mientras el ruin grito retumbaba bajo la torrencial lluvia, un angustiado hombre se retorcía en su cama, sabiendo que pronto iba a llegar su fin: su sentencia había sido firmada, no le quedaba más que esperar. Y con el terror recorriéndole todo al cuerpo, como un furtivo parásito, miraba la ventana de su cuarto y buscaba la centenaria higuera que se estremecía friolera por el temporal. Este devastado hombre no tenía dudas de que iba a posarse en una de sus gruesas ramas su horrible e implacable verdugo.

El desolado varón que se retorcía en la cama era Pepe Trigo, “el Pillo” como le decían en la aldea; nacido y criado en el lugar; quería a su tierra tanto como a su hijo. No había cerro que no conocía, era un auténtico hijo de la tierra. Había visto todo en su vida, pero no estaba preparado para lo que iba a ver en estos últimos días.

Pepe había escuchado fantasmagóricos relatos de historias que circulaban en cada rincón de cada aldea, los cuales nacían bajo el alero de un abrigador brasero y un exquisito aguardiente. Pero no le daba importancia, sólo los veía como macabros lances que servían de comidilla. Pero unas horas antes, todo había cambiado, y junto a la lluvia que en ese momento cubría la aldea, el espíritu de Pepe se anegaba de momentos de terror. Comenzaba a recordar la reunión del día anterior, que esos absurdos relatos dejaban de ser mera fantasía para convertirse en pesadilla. Recordaba que ese día había llegado temprano a la casa de su compadre Montes, o “el Tip”, como le motejaban sus compañeros. Y después llegaba el resto de los amigos: “el Cai”, “el Mico”, “el Leo”, “el Pari” y “el Tori”. Se juntaban en la mesa que estaba en el patio de la casa de “el Tip”, para compartir aguardiente, música y “la imprescindible rayita”, además de un suculento conejo en salsa, el cual servía para coronar la amistosa reunión.

Ese invernal anochecer, discurría entre charlas variadas, pero el tema principal era recordar el buen caletre que habían tenido en la última cacería de conejos. Pepe disfrutaba de esas reuniones. Después de todo, ese grupo era una parte fundamental en su vida. Y así, entre anécdotas y chistes verdes, la noche se iba adueñando del lugar, y uno a uno de los amigos se iban yendo de la casa de “el Tip”; algunos, obligados por el frío, y otros, por los efectos del aguardiente, y mientras acababa la jornada, sólo quedaba el dueño de la casa y Pepe, que estaba pasado de copas, y él también, pero no quería irse porque habían empezado una mano de tute y ahora el juego tenía más emoción porque habían apostado una pechuga de paloma con tomate frito.

El tiempo avanzaba y la mano de tute estaba empatada, y las raciones de aguardiente habían aumentado a grandes sorbos. Pero, de pronto, una inusual polvareda se alzaba en la calle, dando paso a un extraño remolino que danzaba sin control durante algunos segundos y terminaba violentamente sobre el portón de la casa de “el Tip”. Pepe no se preocupaba, se levantaba de la silla y recogía los naipes que el insólito viento había desperdigado fuera de la mesa.

Cuando regresaba se encontraba con un encorvado anciano, que los miraba desde el portón. “El Tip” se percataba de la presencia del anciano, pero para verlo mejor, se levantaba y encendía la luz que daba al portón. Lo primero que llamaba la atención de Pepe era el elegante traje negro que vestía, parecía como si lo estuviese estrenando; no tenía una arruga, pero su traje contrastaba con el tono del ajado sombrero negro que cubría sus enmarañadas canas. Otro raro detalle era que, aun el vendaval que arreciaba, los zapatos que calzaba estaban impecables, ni una partícula de polvo, ni una gota de agua; por contra, brillaban. Pero lo que más intrigaba a Pepe era el rostro del anciano, que delataba menos edad de la que representaba su encorvada figura y su encanecida cabellera.

—¡Buenas, ¿cómo va esa partidita?! -decía el anciano, interrumpiendo el pensamiento que había nacido de la mente de Pepe.
—Bien -respondía “el Tip”, acercándose al portón.
—¿Serían tan amables de darme algo de beber? Esta larga caminata nocturna me tiene sediento –dijo, con un desgastado y trémulo tono de voz, haciendo notar ahora su avanzada edad.
 
Se apoyaba en el portón, y una burlesca sonrisa se dibujaba en su peculiar expresión.
 
—No tenemos nada, abuelo. Siga su camino –le dijo Pepe,  tratando de no detener su peleada mano de tute.
—Sí tenemos. Pase. El portón está abierto -le dijo “el Tip”, con un indisimulado nerviosismo, anulando las palabras de Pepe.
 
Pepe miraba extrañado a “el Tip” y le hacía gestos como preguntándole qué estaba haciendo. “El Tip” movía la cabeza de un lado a otro y hundía los ojos en el suelo. Pepe seguía sin entender qué era lo que estaba ocurriendo, hasta que finalmente el anciano abría el portón y entraba.
 
Con paso lento se acercaba a la mesa y dejaba su ajado sombrero negro al lado de la baraja de cartas. Mientras se sentaba, le lanzaba a Pepe una malévola mirada.
 
—No tenemos vino, buen hombre, pero sírvase este aguardiente –le dijo “el Tip”, acercándole una copita de cristal
—Ya veo que usted es más amable que su amigo –le decía el anciano, con una penetrante mirada clavada en Pepe.

Pepe, que no acertaba a diferenciar si la mirada del anciano encerraba mueca de burla u odio, miraba a “el Tip”, y éste, con un gesto de mano le pedía que se serenase. Pero el anciano seguía con la mirada en Pepe. Después de unos segundos, Pepe empezaba a sentir un extraño cosquilleo en el cuerpo, como si lo recorriese una pequeña descarga eléctrica.
 
Pasados unos minutos, un suave susurro empezaba a extenderse por el interior de su cabeza, pero incapaz era Pepe de descifrar lo que oía. Un minuto más, y un punzante brillo en los ojos del anciano le hacía sentir un escalofrío; el terror invadía todo su cuerpo, como un fulminante relámpago, dejándolo inmóvil. Pepe recordaba ahora quien era aquel misterioso anciano, que siempre llevaba el mismo sombrero.
 
—¡Bueno es su aguardiente, sí señor! Pero ya me voy para que sigan con su manita de tute. ¡Ah, muchas gracias!

-sigue y termina en página siguiente-

 

Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Y dicho esto, cogía su sombrero, se levantaba de la silla y con el mismo paso lento de su entrada se iba alejando. Pero antes de cerrar el portón, hacía una irónica reverencia con sombrero en mano, y con un: “pronto nos veremos de nuevo”, les daba la espalda y salía por donde había entrado, dejando en silencio a Pepe y a “el Tip”.

    El sonido del viento y la violenta lluvia que aún caía sacaban a Pepe el recuerdo de ese fatídico día. Con desconsuelo, miraba hacia la ventana de su cuarto y volvía a la realidad, como un reproche golpeándole la cabeza y de igual manera que las gotas de agua impactaban en los cristales de su ventana. Sabía que él era el culpable de todo, víctima de su incredulidad; no debía de haberle negado algo de beber a aquel anciano. Debía de haber recordado que era un maléfico brujo, pero no lo recordaba y con semejante olvido firmaba su sentencia.

    En el momento en que el temporal amenazaba con arrasar con todo a su paso, la mortal hora estaba a punto de llegar.
     
    Con las pocas fuerzas que le quedaban a Pepe, miraba su cuarto, y cómo una gigantesca bola de luz, millares de imágenes pasaban por su mente. Se veía corriendo, como inocente niño, por los caminos de tierra de su pueblo; recordaba el primer beso que le había dado la mujer que iba a ser, un año más tarde, la madre de su único hijo; oía el llanto de su nieto, y con la emoción empañándole el alma, miraba la ventana, sabiendo que al otro lado estaba el maléfico mito viviente esperándolo en la higuera. Pero ahora no era un anciano, se había convertido en un siniestro Lucifer.
     
    Bajo la tupida lluvia estaba aquella perversa leyenda que, con gesto alegre, miraba a Pepe por última vez, el cual cerraba los ojos y sus angustiadas lágrimas caían a través de sus mejillas. En el instante en que las lágrimas empapaban la almohada, un grito maligno retumbaba en toda la aldea, y con cántico de brujo, como un trágico remate final, un ajado sombrero negro caía de la higuera y se convertía en una fétida rama negra.
     
    Iba a más el violento temporal, hasta que finalmente... Pepe Trigo, alias “el Pillo”, moría calcinado.
     
     

    A Chávez López
    Sevilla abril 2026

     >:)


  • Genial!! Hace poco incluí El Pedroso, y la Sierra Norte de Sevilla, en uno de mis relatos. ¡Qué coincidencia!

    La ambientación del relato es sólida, demuestras un conocimiento del entorno y costumbres extenso, y la trama avanza de una manera inquietante...

    En mi opinión, humilde y de "diletante" con veleidades literarias ;-))), reduciría algunos adjetivos, para que los sustantivos brillen por si solos, pero seguro que tienes un motivo cuando decides emplearlos.

    ¡Ah!, yo utilizo varias plataformas de IA para hacer una revisión ortográfica y sintáctica final de mis textos. ¿Tú utilizas alguna? ¿Cuál?

    Por cierto, el relato del que te hablaba al principio lo presenté a este concurso, por si tú o alguien del foro se anima a participar:



    Un saludo y... ¡que no decaiga la pluma!

    Alex A. Armesto


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Genial!! Hace poco incluí El Pedroso, y la Sierra Norte de Sevilla, en uno de mis relatos. ¡Qué coincidencia!

    La ambientación del relato es sólida, demuestras un conocimiento del entorno y costumbres extenso, y la trama avanza de una manera inquietante...

    En mi opinión, humilde y de "diletante" con veleidades literarias ;-))), reduciría algunos adjetivos, para que los sustantivos brillen por si solos, pero seguro que tienes un motivo cuando decides emplearlos.

    ¡Ah!, yo utilizo varias plataformas de IA para hacer una revisión ortográfica y sintáctica final de mis textos. ¿Tú utilizas alguna? ¿Cuál?

    Por cierto, el relato del que te hablaba al principio lo presenté a este concurso, por si tú o alguien del foro se anima a participar:



    Un saludo y... ¡que no decaiga la pluma!

    Alex A. Armesto



    Gracias por leerme y por colaborar en el foro.

    ¿Eres sevillano?

    Escribiendo e incluso hablando soy un maníaco de los adjetivos. Con ellos matizo más.

    No utilizo plataformas de revisión ortográfica, ni siquiera corrector Google. Presumo (modestia aparte) de saber respetar la ortografía y la puntuación.

    Me he inscrito en esto. Gracias
    https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/41579-iv-premios-astarte

    Saludos desde Sevilla (España)

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    -o-

     :)
     
  • Hola,

    no, no soy sevillano, pero me gusta mucho tu tierra.

    Saludos desde Barcelona
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Hola,

    no, no soy sevillano, pero me gusta mucho tu tierra.

    Saludos desde Barcelona

    ¿Y a quién no?  :)

    Saludos para ti y para Barcelona, gran urbe la capital de Cataluña.


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Sierra Norte de Sevilla



     :)
     
  • javierdicenzo80javierdicenzo80 Pedro Abad s.XII
    interesante historia un placer pasar por tu escrito. 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    interesante historia un placer pasar por tu escrito. 

    Gracias por leerme y por colaborar en el foro.

    Saludos

     :)
     
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