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Cuénteme un cuento

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Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Gracias, en verdad es un relato enternecedor, entrañable. Una vecina mía, que tiene 99 años y todavía está lúdica y hace algunas faenas su su casa, le gusta escribir cosas en una pequeña libreta, pues a esta señora le doy a veces escritos míos porque le gusta leerme, y con este relato lloraba mientras lo leía. Tengo buenas relaciones con ella y la visito con frecuencia, y siempre me sorprende lo actualizada que está en todo, incluso en modas de jovencitas. Se llama María del Carmen, pero ella prefiere que la llamen sólo María. Siempre que hablo con ella salgo favorecido y fortalecido con su sabiduría,

     :)
     

    Quise decir lúcida

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado agosto 2023


    Odio los chismes
     
    Ayer al mediodía estuve tomando unas cañas con la Maripili, que me contó el divorcio de la Inés. También vi a la Isa, la ferretera; sí, esa que es muy religiosa, y me habló de los rezos a la Virgen, y también de las cosas impías que sucedieron en la Batalla de Lepanto, y por último de ese rollo macabeo de la mulatita ramera de nuestro barrio.

    Sobre las siete la la tarde, mientras mi amante furtivo y yo estábamos en plena faena haciendo, bueno… “eso”, hablábamos del oficio de puta, que, desde luego, es una gran putada, esas pobres mujeres están sometidas a los caprichos sexuales de los hombres; y, al final, tampoco es que ganen pasta como para tirar cohetes
    Ya en mi casa, luego de almorzar salió a relucir el tema de la herencia de mi padre, que se quedó sin ella por culpa de mi tío Casimiro. Hablamos también de la finca de la abuela en Alcalá, que iba a ser para mí, pero mis hermanos se oponían, y también hablamos del serial ese del cadáver del generalísimo Franco, que si lo sacan del agujero, que si no lo sacan del agujero, que donde lo meten, que adónde lo llevan. ¡Harta ya de tanto chisme, me levanté de la silla y me fui de nuevo a la calle!

    Casi anocheciendo me encontré con la guapa Amparito, la gitana, y me largó eso que le ha pasado al bailarín Amargo, que dice la jerga de la calle que es un drogata y que lo van a meter en la cárcel.

    A las doce de la noche y ya en mi cama, no podía dormir. La verdad es que estoy hasta el moño de tantos dimes y diretes. Me dieron las cinco y media de la madrugada esperando a Morfeo, que seguro estaría de cachondeo.

    Me he levantado esta mañana a la nueve embotada, y más aburrida que un matrimonio de ostras, porque no veo a nadie en el barrio para que me cuente algún chisme.



     :)
     
  • jajajajaja, muy bueno Antonio, yo por eso chateo y en el foro, es que vivo en una urbanizacion de guisis y aqui no cotillea ni Dios.
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    DIODAMA dijo:
    jajajajaja, muy bueno Antonio, yo por eso chateo y en el foro, es que vivo en una urbanizacion de guisis y aqui no cotillea ni Dios.

    Pues los guisis o guiris también cotillean, pasa que lo hacen el alemán o en árabe y no los entiende ni Dios  :)


  • ya, pero de que me vale sino puedo cotillear yo? 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Un finde con su abuelo
     
    Cuando fue a recoger a su hijo, de quince años, a la estación del ferrocarril, estaba ya preparada para las quejas y en especial para el portazo que el chico daría a la puerta del coche después de entrar en él, y sólo por enviarlo un finde con su abuelo a su casa en el campo, que no tenía Internet.

    Pero nada de eso sucedió, el chaval se subió al coche, calmado y callado.

    - ¿No me vas a contar cómo te lo has pasado? -le pregunto su madre.

    - Bien.

    - ¿Sólo bien?

    - ¡Sí, mamá, sólo bien!

    - Entonces te has dado cuenta de que no tener Internet no es el fin del mundo.

    - ¡No empieces, mamá!

    - ¿Puedo preguntarte qué te ha hecho cambiar de opinión?

    El adolescente agachó la cabeza y después miró a su madre y le dijo:

    - Que mi abuelo sufría cuando me quejaba porque no tenía Internet. Me contó que con tres años más que yo, tenía que dejar sola a mi abuela, que estaba embarazada de ti, para acudir a su trabajo doce horas como peón albañil. También me refirió las muchas calamidades que pasaron. A diferencia de la mía, su vida ha debido ser difícil.

    Al dejarla impresionada las bonitas palabras de su hijo, la madre detuvo el coche junto a la acera y se quedó mirándolo con una expresión de orgullo.

    - ¿Por qué me miras así?

    - Por nada, hijo, no te enojes. Es que veo que este fin de semana con tu abuelo no te ha sentado tan mal. Pensando, creo que te enviaré todo el verano con él.

    - ¡Ay, no, mamá, que no tiene internet!



     :)
     



  • Odio los chismes
     
    Ayer al mediodía estuve tomando unas cañas con la Maripili, que me contó el divorcio de la Inés. También vi a la Isa, la ferretera; sí, esa que es muy religiosa, y me habló de los rezos a la Virgen, y también de las cosas impías que sucedieron en la Batalla de Lepanto, y por último de ese rollo macabeo de la mulatita ramera de nuestro barrio.

    Sobre las siete la la tarde, mientras mi amante furtivo y yo estábamos en plena faena haciendo, bueno… “eso”, hablábamos del oficio de puta, que, desde luego, es una gran putada, esas pobres mujeres están sometidas a los caprichos sexuales de los hombres; y, al final, tampoco es que ganen pasta como para tirar cohetes
    Ya en mi casa, luego de almorzar salió a relucir el tema de la herencia de mi padre, que se quedó sin ella por culpa de mi tío Casimiro. Hablamos también de la finca de la abuela en Alcalá, que iba a ser para mí, pero mis hermanos se oponían, y también hablamos del serial ese del cadáver del generalísimo Franco, que si lo sacan del agujero, que si no lo sacan del agujero, que donde lo meten, que adónde lo llevan. ¡Harta ya de tanto chisme, me levanté de la silla y me fui de nuevo a la calle!

    Casi anocheciendo me encontré con la guapa Amparito, la gitana, y me largó eso que le ha pasado al bailarín Amargo, que dice la jerga de la calle que es un drogata y que lo van a meter en la cárcel.

    A las doce de la noche y ya en mi cama, no podía dormir. La verdad es que estoy hasta el moño de tantos dimes y diretes. Me dieron las cinco y media de la madrugada esperando a Morfeo, que seguro estaría de cachondeo.

    Me he levantado esta mañana a la nueve embotada, y más aburrida que un matrimonio de ostras, porque no veo a nadie en el barrio para que me cuente algún chisme.



     :)
     


    Cotillea que algo queda ...
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Covid el asesino
     
    En un enorme lugar amarillo del globo oriental,
    han engendrado y han parido un ente infernal.
    Ipso facto lo exportaron al resto de la humanidad,
    que, sin comerlo ni beberlo, pandemiada está.



     :)
     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado agosto 2023


    Se veía venir

    Tumbada se hallaba junto a la piscina. El Sol se iba perdiendo en el horizonte, y la Luna, aún bebé, iba apareciendo ya. Miró los pies del chico que estaba parado a su lado.

    "Están bronceados de mar", se dijo para sí.

    La chica se sentó sobre el césped, cruzadas las manos sobre las piernas, apoyada la barbilla sobre las rodillas.

    - ¿Dónde has estado en estas últimas dos semanas?

    - En la playa, con una amiga.

    - ¡Vaya, os lo habréis pasado de maravilla!

    - No me puedo quejar. Por cierto, ¿sigues empecinada en no querer salir conmigo?

    Lo miraron largamente dos pícaros ojos.

    A medida que iba avanzando la temporada, las normas acerca de la fraternización entre los empleados y los socios no eran tan rígidas. Sabía por una compañera, cuatro veranos más antigua que ella en ese trabajo, que todos los años ocurría lo mismo.

    Se puso la chica en pie y vio que el chico era más alto y más guapo de lo que recordaba de la tarde que lo conoció en bar del club, del que ella era una de las camareras.

    De pronto, sin mediar más palabra, la chica, presurosa, se puso una camiseta, un pantalón corto y unas sandalias, cogió al chico de la mano y se perdieron en la oscuridad de la noche.



     :)
     

  • Genial Antonio, pero como cuento , cuento, yo no lo empezaría con un Erase una vez... Eso si, tal vez el cuento es el que él le contó a ella en l bar ;)
  • veis? si es que al final  los hombres y lo cuentos , todo es uno
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Mi ex novia

    Mi exnovia es una chica guapa y exuberante, que nunca ha tenido suerte en los asuntos amorosos, pero yo la sigo queriendo. 

    Perdón, acabo de recibir un whatsapp de mi amigo y excuñado, su hermano. 

    Antes de leerlo, intento prepararme. Las heces en mi copa desolada. Yo la apuro. Que la vida vierta en mí su penúltima crueldad. Yo la bebo. 

    “El nuevo novio de mi hermana es un niño de papá adinerado y en el último momento ha decidido no casarse con ella”. 

    ¡Lo sabía! 

    "Le ha puesto un piso de lujo en el centro”. 

    ¡Lo sabía! ¡Amancebarla con su careta de niño bueno, sí! ¡Echarle encima la mierda de su dinero, sí! ¡Pero casarse… casarse él con su aristocrática y millonaria novia de siempre!



      :)




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado octubre 2023


    Matrimonios fracasados, rotos 
     

    Primavera loca: frío durante las mañanas, calor durante los mediodías, calor intenso durante las tardes, durante las noches de nuevo frío, y más frío en las madrugadas.

    Por eso mismo he cogido un fuerte catarro. Es frecuente resfriarse en un clima así. Pero resfriarse con un Sol rutilante, es lo más tonto que te puede pasar.

    Era un lunes, y, como siempre, a las tres salía de la oficina. No paraba de estornudar. Me dolía horrores la cabeza. Me crujían todos los huesos…

    Los lunes eran mis días favoritos para una segura infidelidad, sin sospecha, sin temor. Los lunes son adrenalina pura. Hoy, resfriado, con un pañuelo de papel en una mano y la otra sujetando el volante del coche, rumbo a mi casa voy. Me espera un zumo de naranja y un Ibuprofeno. Mi mujer estaba para salir, y sólo me dijo que había dejado en la nevera una jarra con zumo de naranja, y sin decirme nada más, abrió la puerta del piso y salió. Y yo me fui al botiquín y saqué una pastilla de la caja del Ibuprofeno. Fui a la cocina, cogí un vaso y me serví un zumo. Me sentía jodido. “Los lunes de carne” me tomaba un zumo de naranja con ron. Pero, este lunes zumo de naranja con Ibuprofeno.

    A ella le iba el ron. Un licor dulce como ella. Salía de la oficina a las tres, como yo, pero nos veíamos poco. Era la secretaria del director, y yo el contable de la empresa. Ella con un marido guaperas y un aventurero compulsivo; y yo, con una esposa ausente, ocupada y preocupada sólo por su línea. Casados y cansados los dos de tanto tedio…

    Me gustaban sobremanera las manos de ella, sus uñas rojas, y sus tacones que sonaban mientras se acercaba a mi oficina; sus medias color carne, sus pantorrillas, que parecían decir “tócame”. No recuerdo cómo nos hicimos amigos, pero no la la quería como amiga. Mi obsesión era hacerle el amor. Sólo con verla, mi entrepierna hervía y su voz alentaba a mi lívido…

    Un día me hallaba solo en la oficina, centrado y concentrado en mis números. No la sentí llegar. Sólo oí su voz. Me di la vuelta. Me miró de una forma extraña. Sin hablarnos, me levanté. No había nadie, únicamente ella y yo. Le cogí la mano y se la besé. Pasmada, me miró. Primero besé suavemente cada dedo, y le dije hola. Estaba queriendo decirme algo, pero no; colgó su brazo en mi hombro, nos besamos, su cara pegada a la mía. Su boca abierta parecía que me quería comer. Mi mano en su espalda buscando… buscando ese mágico broche que lo abre todo, y lo hallé. Sabía que si lo apretaba caería la falda, y algo más. La miré. Seguía besándome, su mano en mi pecho. Pulsé el broche, y cayó lo que queríamos que cayera. Sentía su tensión y yo me sentía en la gloria. “Hoy vas a ser mía, sí o sí”, pensé…

    Una de mis manos bajó a escudriñarla. Me atraían sus piernas, cubiertas con medias. Me puse en cuclillas. ¡Hermosa mujer! ¡Hermoso cuerpo! Besé sus rodillas. Me cogió el pelo, no veía su rostro, su precioso rostro. Le besé una pierna, no, la saboreé. Conté algunos lunares pequeños mientras subía. No me soltaba el pelo. Suave, con mis dientes, tiré de ese tirante que sujeta esa pequeña pieza de tela nimia cubre su pudor. Tiré dos veces y en las dos sentía su calor. Dejó de acariciarme el pelo. Mi pelo se convertía en el soporte de su estremecimiento...

    Dudaba de cuál iba a ser mi siguiente paso. No la quería defraudar. Me gustaba, la deseaba y a la vez la respetaba. Pero creo que percibía mis dudas. Me cogió la mano y tiró de ella. La vi de nuevo de una forma panorámica: hermosa mujer. Me dijo: “ven”. Me llevó a un sofá grande en aquella oficina silenciosa. Hacía yo lo que me decía mi corazón y le pregunté:

    - ¿Qué es lo que quieres que te haga?
    - Lo que me vayas a hacer es más cómodo aquí, ¿no crees? –respondió.

    Se tumbó sobre el sofá, y a ahora la veía en horizontal. Me gustaba más así. Trataba de entenderme a mí mismo. No sé de dónde me salía un deseo de morderla, de sentir sus suspiros, venidos a quejidos. La besé de nuevo en la boca. Me quitó la camisa. Me rasgó toda la espalda con sus uñas. Sentía dolor y placer. Mis manos acariciaban sus muslos. Le besé el cuello, iba bajando. La seguí besando. Bajé no es lo correcto, me desplacé es lo idóneo. En cada beso sus ¡ah! eran acelerados. Mis dos manos me quitaban todos los obstáculos. Cada movimiento de mi boca era un dulce suplicio para ella…

    Sus manos, clavadas en mi espalda. Su respiración poco agitada hasta hacía poco iba acelerándose. Me llevó otra vez a su pelo revuelto, su mirada dulce y su brillante sonrisa. “Me tienes loca”, me dijo. “Y tú a mí”, respondí. Y nuestros cuerpos se fundían y pasaba lo que se veía que iba a pasar…

    Era feliz y se veía feliz. Me besaba apasionada. Me quitaba el pantalón. Ver aquella mujer dándome placer era más que felicidad; como pasar del sólido al gaseoso. Era predecible. Ella lo sabía, pero mi felicidad consistía en tener sexo con ella y esa felicidad valía más que cualquier otra cosa…

    “Terminamos”, nos vestimos y hablamos serenamente. No me amaba, tampoco yo a ella, simplemente disfrutábamos jugando al sexo. Estábamos seguros de eso. Me proponía vernos dos veces, según circunstancias, al mes en algún lugar íntimo. Me pidió por favor que siempre llevase ron, que ella llevaría el zumo de naranja. Le sugerí zumo de limón, pero ella insistía en zumo de naranja… “Y una vez más, ganó Eva”.

    Nuestra relación, de puro sexo, duró dos años. Pero poco a poco nos íbamos cogiendo cariño. Contribuía su esposo a que lo nuestro acabase, que un día apareció y se la llevó consigo a... no sé dónde. Entonces me quedé más solo que antes, aun con mi esposa en casa. Se acabaron mis encuentros con ella, mis charlas con ella, mis besos con ella, mis abrazos con ella, mi sexo con ella…

    Ahora aquí, en mi casa, echado en el sofá, ya sin resfriado, pienso en el ron con zumo de naranja. Pienso en ella y en lo difícil que es hallar una mujer como ella: guapa, cuerpazo, liberal; una mujer, en cierta manera, feliz por como es, pero, en definitiva, una mujer abandonada. Como yo.

    Por lejos que se la lleve su marido y por acaramelado que ahora se muestre con ella, sé que volverá a mí. Sin ataduras, pero volverá. Yo le di lo que no supo darle su marido. Y mi esposa, como siempre, se dada a sí misma, sin ocupase mi persona, y mucho menos mis necesidades de sexo…

    Y regresó. ¡Vaya si volvió! Al día siguiente y como loca me buscó. Pero esta vez para no separarnos más. Se divorció. Me divorcié. Y ahora convivimos sin habernos casados. La mejor de todo esto es que ni ella ni yo tenemos hijos de nuestras anteriores parejas. Y también decidimos no tenerlos en común, al menos ahora. Somos felices así. Seguimos en nuestros respectivos puestos de trabajo. Estamos enamorados. Viajamos, reímos, nos divertimos, hacemos el amor, la amo, me ama... ¡Nos amamos!

    ¡Ahora, la vida nos sonríe y es buena con nosotros!



     :) 

    (Este texto lo leí no sé dónde -quiero recordar que en "Relatos en Internet"- y lo reescribí a mi modo, haciéndolo completamente distinto)

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