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La tierra

PietroPietro Pedro Abad s.XII
editado marzo 2008 en Narrativa
Bajaba por el camino con la cabeza gacha, miraba sin ver las piedras que sus pies iban esquivando casi en forma inconsciente.
Llevaba las espaldas cargadas por el peso del cansancio y de los años, pero nadie lo había escuchado quejarse, jamás.
Al final de la cuesta, sabía que, como siempre, ella estaría esperando con su delantal blanco, con su vestido de flores, con las manos gastadas de trabajo y de lejía, con su piel, aún firme, tiritando por el viento de la tarde ya entrada.
Allí estaría ella, con su sonrisa en el rostro, esperándolo, como cada día de los últimos años.
Y él llegaba con las manos vacías, la cosecha no fue buena, y el mercado apenas si pagaba por las frutas, y lo que de dinero había logrado, había ido a parar a las manos del tendero.
Ni para la barra de chocolate alcanzó esta vez, único lujo que se permitían solo de vez en cuando; los zapatos de la niña deberían esperar, y el niño, que no veía bien, debería esperar un poco más para ir donde el doctor.
También ella debería esperar y remendar sobre remiendos su vestido de domingo, el de algodón negro, que se ponía solo para la misa.
Pateo una piedra, casi con odio, y se odió a si mismo al instante, por demostrar de esa manera su cansancio.
¿De que quejarse? Ella estaría allí con su sonrisa, como siempre lo había estado con su delantal blanco y él con las manos vacías, ni siquiera un chocolate.
Pero todo cambiaría, no podía esta tierra serle tan mezquina, ¿acaso no sabía de sus necesidades?, ¿acaso no sabía del sudor derramado sobre ella?.
La tierra debería corresponder, ayudar un poco, aunque no para el chocolate, ni para los zapatos de la niña, pero si debería ayudar para el doctor del niño.
Tenía que leer, para ser mejor que él mismo, y no depender de la tierra para saciar su hambre.
Y la niña, ella también debería poder leer, para no tener las manos gastadas, para comer todo el chocolate que quisiera.
Llegó junto a su esposa, cuando aún los sentimientos sabían amargos en su boca, pero se esforzó para sonreír, ella no preguntó nada, sabía que no habría chocolate, ni zapatos, ni doctor, lo había adivinado en su paso, al verlo bajar por la cuesta.
Pero también sonreía, por lo menos él ya estaba en casa, y abrazados, entraron al patio, se detuvieron bajo el parrón, para mirar a los niños jugando.
La niña, hermosa y dulce, jugaba a amasar el pan, como había visto hacerlo tantas veces a su madre.
Y el niño labraba la tierra roja del patio, haciendo surcos, rectos como los que el padre hacía.
Y un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, nadie las vio, ya estaba oscuro, tomo la mano de su mujer, y la apretó, hasta sentirla cálida en la suya.
Gastada, por el trabajo y la lejía, pero suya.

Comentarios

  • rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
    editado marzo 2008
    Emocionante relato amigo Pietro, escrito impecablemente, limpio de superfluos adornos que distraen del centro del tema. Directo al desenlace que se hace hasta amable con la pobreza de la gente humilde. Impecable forma de escribir, me ha gustado mucho.

    Saludos

    Rocinante
  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2008
    Mi querido Pietro, esta historia nos clava justo en el corazón...,emociona hasta los huesos; porque a pesar de la humildad, la pobreza, la dureza de esa tierra y las dificiles tareas, la dulzura de esos ñiños que necesitan todo; encuentramos en tu relato la grandeza del amor.

    un abrazo,
  • efezoefezo Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2008
    concuerdo con lo de arriba, muy buen relato. sobre el tema: excelente, dejandome en la mente la pregunta de siempre, muchos dicen tenerlo todo "materialismo" pero en verdad lo tienen? en estos oscuros días donde el amor se compra, muchos preferirían el no tener nada excepto una buena persona esperando en casa, un persona que lo único que quiera a cambio de todo, es estar a nuestro lado, entonces la nueva pregunta es:quien de los dos puede tener mas? el loco millonario de sexo de una noche? o el chico de tu historia.

    salud.
  • editado marzo 2008
    Muy buena historia Piero, es un lujo leerte.
    Impecable tu relato.

    María
  • buenaverabuenavera Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2008
    Atrapado desde un principio, hasta el final. Un relato cargado de emociones. La vida, y nada más.
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