Las palabras que no digo,
las que no te digo,
esas que mueren de desasosiego
en la laringe
quieren hablar de ti y de mí
y construir un domingo por la mañana
el asalto desarmado de una playa recóndita.
Esos malditos vocablos,
los que no escribo,
esos que no salen jamás
del trazo de bolígrafo alguno
anhelan extenderte en el papel
e inventar un mundo nuevo
ni mejor ni peor, pero nuestro
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