- Olvídalo.
- ¡Pero por qué!
- No puedo hacerlo.
- Sólo será un momento. Me darás gusto.
- No.
- ¡Lo tengo limpio! Me he lavado a conciencia.
- Otro día. Ahora no me apetece.
- Nunca te apetece.
- …
- Anda...
- Pídeme otra cosa. Cualquier cosa. Lo que quieras. Menos eso.
- Si fueras un hombre, lo harías.
- Entonces soy un niño.
- Gallina. Cobarde.
- Puedo usar los dedos, si quieres.
- No es suficiente.
- Voy a ducharme.
- ¡Eres insoportable! ¡Uf! ¿Qué quieres a cambio?
- Uhm.
- Di lo que sea.
- Se me ocurre...¿podrías recitar la tabla del seis enseñando los dientes como un conejo mientras te unto de mantequilla de cacahuete y suena "La flauta mágica"?
- ¿Sólo eso? ¡Por supuesto, cariño! ¡Ay, qué mono! Lo haré encantada.
- Bien.
- Empiezas tú, ven aquí.
- ¿Seguro que lo tienes limpio?
- Brillante.
Comentarios
Pero no sé, yo escuchando La flauta mágica, sobre todo con La reina de la noche, no creo poder concentrarme en otra cosa.
Conozco la peli pero no la he visto. Le echaré un vistazo. Gracias por comentar.
Un saludo.