Dos Hombres y John Coltrane
Alberto me ha invitado a subir a su casa, a compartir unas copas de pacharán, a ver sus vinilos de John Coltrane. Subo, le sonrío, nos bebemos las copas. Sentados en el sofá y escuchando el vinilo de Giant Steps (tras descartar Blue Train y A Love Supreme) me quedo pensando en por qué realmente estoy allí.
Alberto lleva una camisa blanca y aún conserva la alianza de oro en la mano, ambas cosas aún le hacen más atractivo. Es un hombre de cabello rubio, ojos azules y sonrisa de niño travieso. Practica yoga (su secreto para que le sienten tan bien las camisas) y últimamente su pasión es el jazz (que es en lo que más hemos coincidido). No tengo ni idea de por qué hace meses que se separó de Yolanda (que se ha quedado con los niños) pero ya están con los trámites del divorcio. La alianza en su dedo me hace pensar que sigue queriéndola y su mirada perdida que añora un futuro azul en el que anclar.
Estoy muy a gusto con Alberto. Le hablo del libro en el que estoy trabajando. le fascina que yo intente ganarme la vida como escritor y a mí me fascina su torso desnudo que ha dejado ahora al descubierto porque tiene calor. Sus abdominales suavemente marcados, los pectorales de mazapán...ese dulce bronceado dorado y esa tersura de chaval de doce años. Va perfectamente depilado y aun así no se puede desprender de ese aire de macho, de hombre seguro y confiado que huele a colonia y camisa de cien euros.
John Coltrane sigue sonando, el alcohol se va evaporando pero apenas nos hemos emborrachado. Me está sonriendo con el encanto de un guapo diablo...de pronto me siento como un el monaguillo seducido por el sacerdote lascivo...algo que de tan sagrado da miedo y del miedo se aprovecha el diablo. Él ha notado mi mirada, de nada sirve disimularlo. Me coge la mano y me da permiso para acariciarlo. Mis manos le resultan suaves, como de chica, a mi su piel templada de tan tersa me parece irreal. Y cuando llevo un rato, unos eternos minutos, siento ganas de morder el mazapán de su pecho y hundir mi mejilla bajo el compás de aquella serena respiración que ahora se tensa como un arco. Sus ojos están fijos en mis ojos...como explorando más sus sentimientos que los míos. He notado la erección en sus pantalones y mi mano va a palparla empujada por las copas de pacharán. Suspira Alberto ruidosamente mientras busco, algo torpe, dentro de su bragueta. A partir de entonces es todo fiebre: le bajo los pantalones mientras él se queda muy quieto, expectante. Cuando está casi desnudo al completo me quedo hipnotizado por aquel falo perfecto, enhiesto, henchido, casi todo pálido. Descubro el glande que es ahora un hermoso casco púrpura y griego empapado de escarcha del deseo y sin pensarlo lo meto en mi boca, me lleno de él y cuanto más trato de tragarme su cetro más ronca me llega su respiración. Es una sensación extraña, como tener en la boca un chicle muy suave con una piedra dura dentro. Pero es cuando empiezo a moverme cuando Alberto rompe el tenso silencio y cada gemido es una victoria para mis oídos.
Lo tengo dentro, lo siento, lo poseo y cuando sus manos aferran mi nuca me posee, es mi dueño. Sin embargo quiero devorarlo, quiero someterlo, volverlo loco y hacer que se estremezca. Sé perfectamente lo que siente, sabe que no soy precisamente Yolanda. Nos llegamos a conocer tan bien en ese instante que término como sexo, pasión o amor se nos quedan pequeños. Estoy tan seguro de lo que siente, del placer que le doy, de los pasos que espera que yo dé que jamás podré defraudarle. Quizá luego no sonría, quizá luego se avergüence o disimule o se enfade. Pero hemos tenido un momento en que nuestras almas se han tocado.
Ni yo ni él habíamos estado antes con un hombre ni sabemos por qué ha surgido o por qué ha sucedido. Salvo el puro deseo en un momento concreto...nada nos hemos explicado.
Todavía suena Coltrane, llenamos de nuevo los vasos, observamos el techo sudando. Pero hay un frío silencio entre ambos. Creo que sé cómo se siente, yo también me siento un poco así. Me voy en silencio mientras le dejo atrás arreglándose la ropa. Es cosa de hombres darse tiempo en asimilar este tipo de cosas.
Pasa un día, pasan dos. Estoy confuso y me siento como un idiota. Luego suena el teléfono. Es Alberto. Oigo su voz que despeja mi confusión y parece acariciarme poco a poco, tímidamente, con sus palabras. Paso de la vergüenza al orgullo, de la melancolía a la felicidad. Sus palabras me han dejado claro que lo del otro día fue algo que nos ha cambiado, que nos ha afectado, que nos hemos enamorado....
NOTA DEL AUTOR:
Este relato iba, en principio, a tratar de una chica que se enrrolla con un hombre recién divorciado al que deseaba desde hacía tiempo...pero me pareció un argumento tan pobre y lamentable que le di un giro de 180 grados y pensé: ¿qué pasaría si dos hombres de trayectoria heterosexual (ay, como odio las etiquetas!) de repente se sintiesen atraídos y vivieran una historia sexual y sentimental???? Dicho y hecho, me puse a escribir y entonces sí, el relato fluyó sin problemas. Y de paso lo adornaba con música de John Coltrane (por fin podía poner algo de jazz en un relato, por muy tópico que sonara pero a mí me mola). En fin, no es la primera vez que escribo sobre relaciones homosexuales pero sí la primera vez que acaba en algo sentimental. Y como casi siempre necesito una inspiración real en mis relatos Alberto no podía ser otro que el actor Ryan Gosling. Vamos, que si me obligaran alguna vez a estar con un hombre pediría a Gosling. Creo que es el único hombre que al verlo me digo: tiene algo que me atrae irresistiblemente...:D:rolleyes2: De hecho si no existiera Gosling no existiría el relato. Me cuesta trabajo imaginarme algo así si no está él de por medio.:cool:
Comentarios
Es gráfico, directo, con dosis medidas de sensibilidad también, con adjetivos ajustados, con amor y miedo, con miedo y algo de amor (todo mezclado)...y sobre todo, lo que interesa, magníficamente bien escrito, con ritmo. Escucho el yazz.
Muchas gracias, Suina, gracias por tus palabras. Tenía ganas de salirme de mis temas habituales y refrescarme contando otro tipo de cosas. De hecho he leído mucha literatura gay y siempre echaba en falta cierta ternura o sentimentalismo en esas historias. Supongo que no he leído suficiente literatura gay porque seguro que hay ese tipo de historias, pero en los libros de algunos de mis héroes (Edmund White, Villena) echaba en falta cierta ternura y me sobraba el exceso de carnalidad (que no tiene nada de malo pero es que yo considero que el sexo también es una forma de amor y espero no resultar cursi:D). Una película como Brokeback Mountain (la que contaba la historia de amor secreto entre dos rudos cowboys) me hizo llorar. Por fin alguien se atrevía a contar algo así poniendo toda la carne en el asador. Aunque de nuevo echaba de menos cierta ternura...pero era comprensible por la caracterización de los personajes protagonistas. Pero bueno, ya digo que a mí las historias de amores imposibles y/o prohibidos me fascinan. Creo que es de los temas más humanos que se pueden tratar...y contar.:rolleyes:
Lo veo con un bello, sencillo y elegante alegato a la ibertad afectivosexual de las personas
Me ha encantado
El otro día revisé después de varios años la estupenda peli que hizo Clint Eastwood sobre Charlie Parker (titulada Bird) describiendo su tortuosa existencia. De los clásicos mi favorito es Coltrane, seguido de Miles Davis, Monk...y entre los actuales me quedo con Bradford Marsalis y sobre todo Andy Summers (que es toda una rareza, la verdad, pero que admiro todo lo que ha grabado fuera o no jazz).
De "sexo entre el mismo sexo " que conllevara amor y ternura también lo conté yo a mi manera en manifiesto:
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php/26903-manifiesto-contra-la-intolerancia
Si, leí tu texto en su momento y creo que lo comenté, voy a comprobarlo.
Aparte de Bird, por si no las has visto, Round Midnight y Mo' Better Blues, son puro jazz...
Mo' Better Blues es una delicia...en realidad todas las pelis que Spike Lee hizo con Denzel Washington