Hay algo extraño en el paso del tiempo. Cierta consideración indeterminada que se opone a nuestro razonamiento. Uno lo nota, uno lo siente pasar y parece que no fuera cierto. Hay cuestiones emotivas que a veces abordamos desde nuestra condición humana. El amor, por ejemplo, que es el más importante y del que deriva todo el resto. A veces nos domina la pasión, lo que es muy bueno, pero a veces también nos desbordan la envidia y los celos. Y las ansias de posesión y la muerte y la ternura que nos viene de a ratos. Todo lo entendemos, aunque sea en la fugacidad del momento.
Todo lo entendemos menos el paso del tiempo.
Hay una fascinación con nuestra imagen en el espejo, ciertas arrugas en el rostro, ciertas canas, ciertos cambios de aspecto. Y además los recuerdos. Aquellos que seleccionamos por conveniencia y otros que se nos perdieron lejos.
Yo pienso en el 2014 y pienso en ti.
En la fina caridad que ha tenido mi rutina de volcarme al ordenador y al teclado.
¿Cómo pude conocerte en el enjambre de letras y pantallas? ¿Qué milagro peregrino nos unió dentro del caos?
La verdad es que no lo sé.
Muchas veces me pongo a pensar en esas cosas. Y lo hago a pura condición humana. Eso de que te hablaba al principio. Tenemos los sentidos, por ejemplo, que nos informan del mundo. Y la cultura y lo que nos han enseñado. Recurrimos a ellos. Nos damos un marco a la conducta y en cierto modo nos desesperamos.
A mí me desespera no tenerte y sin embargo, ya ves, ni siquiera he pensado en matarme por eso. No sé si es válido lo que digo, no tengo parámetros. No sé con qué medir las cosas, parezco un niño en el plesiosauro. Me rodean reptiles gigantes, tengo miedo y estoy atribulado. Y sin embargo vuelvo, cada día, a presionar las teclas en el teclado.
Te quiero vida mía.
Te quiero tanto que he perdido la noción de la palabra tanto.
Estás en cada uno de mis amaneceres. En esa chispa del sol en el cielo matutino. Estás en mis anhelos peregrinos y en el café de la mañana suburbana. Y estás en este año que se viene, sin pedirnos permiso. Estás en todo, en la fugacidad y en lo eterno. Eres parte de mi invierno, ése que aún no llegó pero sabemos que existe.
Hay algo extraño en el paso del tiempo.
Algo que pasa volando en el aire, arrastrado por el viento.
Comentarios
Saludos y que vengan los reyes llenos de regalitos, viva la fantasía...
Y si que hay algo extraño en el paso del tiempo, que bien lo dices, desde la literatura, desde el desasosiego también.
La última parte es delirante en el sentido grandioso del término, irradia pasión, amor, dolor y sobre todo un mucho de literatura.
Y sí, viento rima con tiempo, con invierno eterno. Usted es un poeta señor.
¡Qué buen trabajo!
Saludos.
Me atrapas en esas redes que me tiendes. Tus palabras me cantan al oído y yo te sigo, te sigo , te sigo...
Me alegra encontrarme contigo el día en el que he decidido regresar a este pequeño mundo de nuestras letras.
Francesca, que bien que bien que has vuelto, me alegro mucho de los muchos
Yo elegí Francesca porque me encanta y porque conozco alguna que otra historia con alguna Francesca como protagonista.
Estoy deseando leer tu historia.