Aunque carece por completo de instrucción y ni siquiera es inteligente, es suspicaz y astuta.
Sol, raso, calor, 8 de abril del 93:
Veo casi a diario Nido vacío. ¡Qué divertida! Gran cómico el Mulligan; lindas, las dos hijas: K. Mc Nichols y Dinah Manoff. También muy bien, Park Overall. Y David Leisure, estupendo. Y Dreyfuss.
Últimamente, he visto tres capítulos de La casa de la pradera. ¡Fantástica! Historias deliciosas, tiernas,... Maravillosos los personajes: Caroline, Charles, los Olleson, Laura,... (han sido: ...sobre una competición de leñadores; ... sobre un maestro autoritario; ...Caroline celosa).
Anteanoche, una peli bonita: Crazy love. Recuerda a Bella y la bestia. Creo que se basa en una obra de Charles Bukowski.
Podemos adquirir títulos y ser eficientes en el aspecto mecánico sin ser inteligentes. La inteligencia no es mera información; no se deriva de los libros ni consiste en la capacidad de reaccionar hábilmente en defensa propia o de hacer afirmaciones agresivas. Uno que no haya estudiado puede ser más inteligente que un erudito. Medimos la inteligencia en términos de títulos y exámenes y hemos desarrollado mentes astutas que esquivan los vitales problemas humanos.
Azotea, frío, nublado. Lunes, 26 de abril del 93:
Hace quince días, jugando al fútbol, volví a lesionarme, solo, sin golpe ni caída. De nuevo me excedí en el esfuerzo. Ya lo tenía todo preparado para viajar a C. el próximo viernes. En cuanto me cure, cambiaré de aires.
Ahora leo a Novalis. No me gusta. (Creo que no he vuelto a leer a Novalis desde entonces)
Repaso la Biblia.
El día 21 murió Cantinflas.
Creo que debo de andar por los 85 kg.
No salgo.
No juego al ajedrez, no hago gimnasia. Como de todo, me acuesto tarde, igual me levanto.
Estamos produciendo, como por molde, un tipo de ser humano cuyo principal interés en la vida es encontrar seguridad, llegar a ser un personaje importante, o meramente divertirse con la mínima reflexión posible.
La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso, mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de comodidad, todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor; y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida. A medida que se envejece, la mente se embota y se insensibiliza el corazón.
En la búsqueda de bienestar y comodidad, generalmente nos refugiamos en un rincón de la vida donde encontramos un mínimo de conflictos, y entonces tenemos miedo de salir de este refugio. Este temor a la vida, este temor a la lucha y a las nuevas experiencias, mata en nosotros el espíritu de aventura. Toda la educación que hemos recibido nos hace temer el ser diferentes de los demás o el pensar de distinta manera a la norma establecida por la sociedad, que aparentemente respeta la autoridad y la tradición.
K.
Colchón, bajo las escaleras. Viernes, 2 de julio del 93:
Últimamente he leído mucho.
Cuando casi estaba curado del esguince del tobillo izquierdo, me lesioné del tobillo derecho, hace de esto un mes, aproximadamente.
Hoy partía, a las 14'30 h., para L. (ya tenía el billete); pero el médico me ha recomendado que repose. Así que pospongo el viaje para mejor ocasión.
Si nos educamos simplemente para lograr honores, alcanzar una buena posición, o ser más eficientes, o poder dominar a los demás, entonces nuestras vidas estarán vacías y carecerán de profundidad. Si sólo nos educamos para ser científicos, eruditos aferrados a los libros, o especialistas apasionados por el conocimiento, entonces estaremos contribuyendo a la destrucción y a la miseria del mundo.
¿De qué vale que nos hagamos abogados, si perpetuamos los pleitos? ¿De qué vale el conocimiento, si continuamos en la confusión? ¿De qué valen las habilidades técnicas e industriales si las usamos para destruirnos? ¿Cuál es el valor de la existencia si nos ha de llevar a la violencia y a la completa desdicha? Aunque tengamos dinero o podamos ganarlo, aunque disfrutemos de nuestros placeres y tengamos nuestras organizaciones religiosas, estamos en conflicto con nosotros mismos.
K.
Colchón, sala de estar. Miércoles, 7-7-93:
Anteayer murió Lola Gaos.
Leí hace unos días las cartas de Alicia. Me he emocionado al rememorar aquel pasaje de mi vida.
(Aquellos días cambiaron para siempre mi vida. Ya podía hablar de un antes y un después: antes de Alicia, después de Alicia. Aunque, en verdad, no hubo un después de Alicia, pues ella ya estuvo siempre presente en mí, no conmigo, sino en mí. Alicia era la Mujer y era el amor. Inesperadamente, como si no hubiéramos previsto lo que luego sucedió, como si un mal genio nos hubiera cegado para asegurar la catástrofe, ocurrió. Pero ya me había colado en su vida, y arraigado con raíces inmortales, y comprendí, sentí, que la amaría siempre, que derramaría lágrimas en las noches solitarias, cuando cerrara los ojos y la viera sonreírme enamorada. Vino después el desierto. Alicia vivía en mí, pero el desierto se extendía fuera. Como yo bien sabía, en aquel desierto no encontraría ninguna pequeña flor. Habíamos jugado inocentemente, creyendo que jugaríamos siempre sin perder (yo no sabía que la vida jugaba. La vida es la Banca; te deja ganar hasta que te hunde con el zero. O bien eres inteligente y te retiras a tiempo, cuando estás ganando. Retirarse, para nosotros, no era huir o acobardarse, sino, simplemente, tomar la decisión correcta, sabia y valiente. No fuimos ni lo uno ni lo otro, cuando hubimos de elegir, de decidir, de afirmar nuestro deseo y luchar por él. Sólo amando supimos, fuimos sabios. Hasta que cantó la vida: ¡zéro!, y nosotros no fuimos capaces de hacer una nueva apuesta). Después vino el desierto; pero el desierto tiene un límite, se acaba, y lo cruzas si eres fuerte, paciente, soñador, si sabes que una pequeña y preciosa flor te espera más allá de sus arenas)
Todos nosotros hemos sido adiestrados por la educación y el ambiente para buscar el medro personal y la seguridad, y para luchar en beneficio propio. Aunque lo disimulemos con eufemismos, hemos sido educados para las varias profesiones dentro de un sistema basado en la explotación y el miedo adquisitivo. Tal adiestramiento tiene que traer, inevitablemente, confusión y miseria para nosotros y para el mundo, porque crea en cada individuo barreras psicológicas que lo separan y lo mantienen aislado de los demás.
K.
21'30 h., 9 de julio del 93:
Un perrillo nos acompaña desde hace unos días. Le damos de comer y ya no se separa de nosotros.
Sigue el dolor, constante. Estoy muy apesadumbrado, quizás peor que nunca en estos últimos seis años y medio. Y tengo menos ilusión que antes.
Colchón, bajo escaleras. 19 de julio del 93:
Sigo sin salir.
Y sigue el dolor, los dolores, en el tobillo, en la pantorrilla y en la planta del pie (bajo el dedo meñique).
Y el perrillo sigue con nosotros. Es graciosísimo, juguetón,...Duerme la siesta en el portal. Lo hemos bañado, pero no es rencoroso, sigue jugando con nosotros.
Paso muy malas noches, difícilmente llego a conciliar el sueño; me dan las seis y las siete de la mañana despierto. No puedo ponerme de lado ni boca abajo.
Yo lo poco que he leído de Novalis me ha encantado. Creo que dijo eso de: la razón es el sueño del sentimiento.:rolleyes:
Recuerdo que las obras que no me gustaron de Novalis fueron Himnos a la noche (en la edición que yo manejé, ...a la luna) y Enrique de Ofterdingen. Quizás si los leyera ahora, sí me gustarían. Cuando leí El jugador de Dostoyevski, hace... muchos años, me gustó un poco, pero no tanto como para hablar de esa obra con entusiasmo. Hace unos días he vuelto a leerla y me ha impactado, tanto me ha gustado esta vez. Esto es algo que me pasa a menudo, y no sólo con las obras literarias.
Recuerdo que las obras que no me gustaron de Novalis fueron Himnos a la noche (en la edición que yo manejé, ...a la luna) y Enrique de Ofterdingen. Quizás si los leyera ahora, sí me gustarían. Cuando leí El jugador de Dostoyevski, hace... muchos años, me gustó un poco, pero no tanto como para hablar de esa obra con entusiasmo. Hace unos días he vuelto a leerla y me ha impactado, tanto me ha gustado esta vez. Esto es algo que me pasa a menudo, y no sólo con las obras literarias.
Creo que como algo menos, pero no menos de tres grandes helados diarios.
(Creo que hace muchos años que no pruebo un helado, ni me acuerdo de que existen; pero a los dulces casi no puedo resistirme)
Madrugada del jueves al viernes, 12/13 de agosto del 93:
El perrillo -no se puede ser más gracioso- sigue con nosotros y ya tiene nombre: Cary Grant.
Ya leí Juanita, la larga. Después he leído una antología sobre Feijoo y La Celestina.
No salgo nada; y quizás no salga esta feria, no tengo gana.
26 de agosto del 93:
Volví a lesionarme del menisco cuando arreglaba la antena de TV. Y el pie derecho sigue doliéndome.
He salido tres días de feria, tres noches.Cada noche he cerrado la feria; o sea, que me he recogido muy tarde, ¡el último! (a las 10'30 h. de la mañana el primer día; también a las 10'30 el segundo; y a las 8'30 el tercero). He bebido mucho, pero no me he emborrachado.
(¡Pues menos mal que no tenía ganas de salir!)
Acabo de terminar Rojo y negro. Bien. No puedo imaginar a Sorel en mi lugar.
(Rojo y negro es una de las novelas que más me han gustado, y marcado. Nunca olvidaré -eso espero. Ojalá la vida no me quite la memoria de las cosas buenas, de la Belleza- la impresión que me causó mi primera lectura de esta obra, en francés (en una edición resumida y con dibujos. He olvidado muchas cosas, pero recuerdo algunos de aquellos dibujos).
¡Ojalá cambie ya mi suerte! Hoy, nada deseo más que vivir tranquilamente, no concibo un valor más elevado. ¡Qué descansada vida...! Beatus ille... Pues vengo deshecho del duro bregar. ¡Si yo tuviera mi propia quinta La Flecha o la horaciana! ¡Qué bien resumida la felicidad en aquellas palabras del bucólico poeta, volviendo a la bulliciosa urbe montado en su jumento!
Leído lo que sigue, en una novela, escribí al margen el pensamiento que me suscitó ese párrafo. Copio el mismo y luego mi opinión:
Tenía claro que ser bueno no resultaba excitante, ni requería una inteligencia especial, sólo un espíritu cuanto más simple mejor. Por lo que, si me decidía algún día a abandonar mi armónica pasividad, sería para escoger el camino del Mal, cuya práctica se me antojaba mucho más interesante... porque la sociedad hacía que fuese más complicado ejercer el Bien. Creo que Lutero se equivocó cuando afirmó que entregarse al Diablo era fácil.
Y lo que sigue es mi comentario, escrito el domingo, 26 de agosto de 2.007:
"En esto, yo estoy en absoluto desacuerdo con la opinión del autor de esta obra.
Ser bueno es lo más excitante, y lo más difícil; requiere una inteligencia enorme, extraordinaria, y un espíritu rico y complejo. Esto del espíritu ha de entenderse (recordemos Bienaventurados los pobres de espíritu): requiere un espíritu sencillo y pobre. Ser malo es muy aburrido, no requiere inteligencia, ¡ninguna!, basta con ser tonto; pero sí un espíritu muy simple -muy bobo-, muy necio, muy orgulloso (vanidoso), muy soberbio. Muy vano. Ser malo es lo más inconveniente, lo más perjudicial. El mal es muy fácil de hacer, y la sociedad te lo permite las veinticuatro horas del día; es más: en muchos y determinados casos, te incita, te espolea, te empuja y hasta te obliga a hacerlo (a la sociedad le conviene el mal, ciertos males, si no lo son para ella, y sí sólo para el individuo). Entregarse al mal es facilísimo."
Poco antes de estas palabras, escribía en el mismo libro (de este diario paralelo, pergeñado en las páginas de mis libros leídos, ya he hablado en alguna ocasión), el 22 de agosto de 2.007:
"Acabo de leer a Ovidio (las Metamorfosis, las Pónticas, Arte de amar, Remedios de amor,...). Creo que próximamente leeré a Cernuda, o eso pienso.
Mi madre ha pasado quince días en el hospital, tres de ellos en la U.C.I., por un infarto de miocardio. Este ha sido el peor verano de mi vida. Tenía mucha ilusión con mis muchas ilusiones, y todo el tinglado se ha desmoronado.A más de les illusions perdues, un saco de cosas malas (unas, receladas; otras, inesperadas). Y mi peor feria, con diferencia. He estado solo. Fatalmente, he efectuado el trágico hallazgo de esta constante de mi universo: mi soledad fatal. Mi insulación progresiva e ineluctable."
Bueno, el problema es que no leas bien lo que te pasa, que no aprendas y recuerdes lo aprendido. Experiencia no es el nombre que damos a lo que nos pasa; experiencia es lo que nosotros, con nuestra pobre o rica inteligencia, hacemos con lo que nos pasa. No se vive sin interpretación (tampoco sin elección. Y aquí -en las decisiones que tomamos, en nuestras elecciones- está el intríngulis, y la clave de un futuro feliz o desgraciado, apartando los hechos que suceden sin nuestra intervención voluntaria, que escapan, pues, a nuestro control. Pero éste es otro tema). Todo esto lo digo pensado en lo que escribiera en aquella fecha de 2.007 sobre mi soledad, que yo creía, neciamente, fatal, ineluctable. Y es que ahora tengo más amigos que nunca, y mejores que siempre. Y está Alicia, pero ella está más allá de toda ponderación.
Toda educación debería comenzar por la conjugación de los dos verbos más bellos: comprender y amar.
Cama, 00'02 h.del 31 de agosto del 93.-
Desde hace unos días, arrecia Neptuno.
Urge cambiar de postura.
¡Ojalá lloviera ahora a chaparrones!
Cary Grant acabará por perderse, c'est dommage!
Estoy más gordo. Y sigo sin salir. Los tobillos casi no me duelen, pero sigue el dolor en los dedos.
Hoy he estado en A. En su biblioteca, he leído algo sobre la crítica que R. J. Sénder hace del 98. Su razonamiento parece sólido, desapasionado; pero yo, terrible unamuniano -por convicción y por costumbre inveterada-, no puedo sufrir las necias pullas del Senderillo ése, que no es ni será nunca nada. No niego, no negaré, que un análisis profundo (y no tan profundo) de la obra unamuniana saque a luz numerosos defectos de forma y de fondo, etc. Pero nadie puede ni podrá quitarme el haber pasado algunas de mis mejores horas en su compañía. Y algunas de las ideas motrices de mi vida, a Unamuno se las debo. Él ha forjado mi juventud; él ha conformado y reforzado mi cristianismo (algunas ideas de su Quijote son estupendas, según yo lo veo).
(Bueno, ya han pasado más de veinte años desde que hiciera este comentario del autor del Réquiem y de Tres ejemplos de amor y una teoría -cito esta obra antes que otras más conocidas de Sénder porque me gustó mucho. Por supuesto, la leí muchos años después de hacer aquella crítica, tan acerba como injusta-. De la lectura de su Réquiem, hace ya más de treinta años, tengo el vaguísimo recuerdode que me gustó. Es seguro que Sénder era un buen escritor, un gran escritor; y más seguro es que yo me equivoqué al juzgarlo tan severamente. No sé si me disculpará mi juventud y mi excesivo apasionamiento, irreflexivo, desinformado (en parte, al menos) de entonces, con especialidad por Unamuno, al cual, ciertamente, debo mucho, en la esfera de mi desarrollo personal. Igualmente, supongo, como muy probable, que Sénder era un hombre inteligente, y, sin duda, culto, como yo nunca seré, ni en siglos que viviera. Por estas cualidades, es de creer que su crítica a Unamuno estuviera seriamente motivada, y quizás fuera acertada. De ella no puedo hablar ahora, pues no recuerdo nada sobre su contenido. Ahora bien, también sé que es imposible que nadie me mueva ni un ápice de mi admiración por Unamuno. Ningún escritor me ha hecho pensar y sentir como Unamuno lo hiciera, y vuelve a hacerlo cada vez que lo leo. En esto, Sénder está y estará, por muchas Crónicas que escribiera, a años luz del que fuera faro intelectual de una España convulsa. Sin duda, Sénder tuvo también una vida rica en experiencias, tanto o más que don Miguel; pero esto ya se sale del tema de que hablaba, y no es factor que decida, creo.
Con razón decían que el famoso rector de la universidad de Salamanca removía las conciencias. A mí me dio una, una nueva, o yo me la hice con su influencia, la más decisiva, para mí, de todas las de raíz cultural)
Vi a I. Hablamos de literatura y de cine. ¡Qué buen rato! ¡Lástima el poco tiempo!
Un pensador consecuente es una persona irreflexiva, porque se ajusta a una norma. Repite frases y piensa rutinariamente a lo largo de un surco. No podemos comprender la existencia de un modo abstracto o teórico. Comprender la vida es comprendernos a nosotros mismos, y esto es conjuntamente el principio y el fin de la educación.
K.
Cama, 01'30 h., del 1 de septiembre del 93.-
Esta mañana, el médico me ha dicho que he viciado mi modo de andar; que tiempo y paciencia.
Esta tarde he ido a la viña con Cary Grant. Estoy más ilusionado, veo menos tele, pero estoy más gordo. El domingo por la noche no dormí nada; anoche, tampoco.
3 de septiembre del 93.-
Hoy he estado en la viña. Apenas he sentido dolor, pero se me han hinchado los tobillos. Peso 83 kg.
4/5 de septiembre del 93.-
Los dos últimos días no he ido a la viña porque tenía hinchados los tobillos, y así siguen. No salgo. Me duermo muy tarde, a las 4'30, a las 5 h.,... No hago gimnasia ni deporte.
6 de septiembre del 93.-
He ido a la viña esta tarde, con C. Grant. No me han dolido los tobillos pero siguen hinchados.
Leo las selecciones del R. Digest y A 50 km. de mi país, de Mª J. del Valle.
Cama, 26 de septiembre del 93.-
Ayer empecé a leer Tanto monta, de R. Majó Framis, sobre los RR. CC.
Lo que ahora llamamos educación es la acumulación de datos y conocimientos por medio de los libros, cosa factible a cualquiera que puede leer. Una educación así, ofrece una forma sutil de evadirnos de nosotros mismos y, como toda huida, inevitablemente aumenta nuestra desdicha.
K.
Cama, 5 de octubre del 93.-
Peso 85'5 kg. Como mucho. Dos días seguidos, he ido al poli; un día jugué al tenis, una hora. No me duelen mucho los tobillos.
La próxima semana empezaremos la obra, una azotea sobre el patio (la idea ha sido de mi madre).
Me duelen los ojos, leo mucho.
Estoy entusiasmado con el cine. Y muy entretenido con el relato de la enjundiosa vida en el s. XV español. ¡Cuánta sustancia vital! ¡Qué diversidad de caminos! ¡La inescrutable Providencia! El infeliz Enrique IV, la ligera Juana, la reina portuguesa,... Me gusta imaginar posibilidades, motivos secretos. ¡La joven, bella y ardiente Juana, condenada a fidelidad real! ¡El hirsuto don Beltrán! ¡La despreciada Beltraneja! ¡El agraciado paje! ¡El bastardo "Mozo cruel"! ¡El sospechoso arzobispo sevillano! ¡El irascible conde de Paredes!,...
(¡Vaya!, ya no recuerdo nada de aquello, o casi nada. Creo -pero no me atrevo a afirmar lo que diré acto seguido, pues no me fío mucho de mi memoria-..., creo que Enrique IV sufría de acromegalia; y que fue tratado de su impotencia por las solertes manos de doña Guiomar de Castro y doña Catalina de Sandoval. De los demás precitados, nada recuerdo. ¿No es triste -uno entristece, claro, los actos no tienen personalidad para entristecerse-..., no es triste, digo, leer tanto para tanto olvidar?)
Azotea, 17'25 h. del lunes, 11 de octubre del 93.-
En estos momentos llueve fuerte. Las golondrinas rebullen en el plomizo cielo. ¡Qué melancólica visión! Paso el rapto leyendo (ahora, literatura histórica, sobre la Edad Media y sobre los RR. CC.).
Hoy he salido. Y ayer jugué un partidillo durante dos horas. ¡Loado sea Dios, no me dolió!!! Pero estuve en un tris de volver a lesionarme; el terreno era muy irregular, me doblé varias veces el tobillo izquierdo. Afortunadamente, todo quedó en el susto. Corrí, pasé, chuté desde lejos,...(!) Temía que me doliera al enfriarme, como siempre me ha sucedido, a la noche. ¡Aleluya!, no sucedió esta vez. Entonces, pensé: mañana. Ahora, pienso: ¿empiezo a salir del lodo? Hoy tampoco me ha dolido. Abunda la lluvia.
El lunes iniciaremos la obra, si no llueve. Espero poder ayudar ¡¡¡Qué ansia por curarme!!! Estaré mejorando realmente? ¿No será un nuevo espejismo? Quiera Dios que no se me desmorone de nuevo la ilusión. Arrecia la lluvia.
Pienso que podría hacer gimnasia cada día.
Creo que no debo volver a jugar con los pies desprotegidos. Ayer, lo hice, corrí un gran riesgo, no debe volver a suceder. Debo ser prudente. El riesgo debe ser mínimo, debo sujetarme bien los tobillos, debo dar preferencia a ejercicios sin contacto (tenis, bici,...), alternar con días de relativo reposo. Reflexión, fuerza de voluntad, paciencia. Debo salir airoso de este trance.
Cama, jueves, 14 de octubre del 93.-
No sé qué pensar. Hoy he realizado quizás el mayor esfuerzo: no me he tomado en serio lo de no correr riesgos innecesarios jugando con los tobillos mínimamente sujetos; he vuelto a jugar al fútbol sin vendarme los tobillos, durante más de una hora. Después del partido he corrido otra hora, y acto seguido, he hecho gimnasia. Todo esto después de trabajar todo el día en la obra. No me he sentado en todo el día, ni para comer. No me ha dolido ni me duele el tobillo izquierdo; pero el derecho sí, mucho. Creo que estoy forzando demasiado. Seguramente no hago bien. Seguramente no me vendrían mal unos días de descanso.
Me gustaría que me llamases "Minha meninha" *. ¿Te acuerdas?
F.
* Mi Pequeña.
Cama, sábado, 16 de octubre del 93.-
Hoy no hemos trabajado, por la lluvia. Llevamos un día y medio de obra.
Hoy no he hecho deporte.Esta mañana me encontraba muy cansado; la de ayer fue una jornada completa: obra y fútbol. Esta vez me vendé bien los tobillos. Me picaron las palabras despectivas de algunos ("¡Retírate ya, estás acabado!",...) Me esforcé más allá de lo prudente, corrí más y chuté con más fuerza. Me vendrán bien unos días de descanso.
Ahora veo menos tele y me acuesto más temprano; y me levanto a las ocho.
Son ya muchos años haciendo autostop. Muy pocas veces me han cogido mujeres. Pero el viernes, anteayer, me cogieron dos, dos veintiañeras (la segunda se paró cuando ya era de noche, vaya sorpresa me llevé). Las dos eran, son, muy bonitas y muy simpáticas. Las dos me hicieron el favor de llevarme justo a donde yo quería, desviándose de su camino. Era ya de noche cuando salía de la tienda, cargado de libros (por los libros, arriesgué pasar la noche, en manga de camisa, en la carretera.Siempre me pasa que me tiro horas mirando todos los libros de la tienda, ojeando muchos de ellos). En quince minutos, saldría el autobús. No es literatura: me acordé de mi ángel de la guarda. Notando ya el frío de la noche y presintiendo el que me esperaba, me preguntaba qué hacía yo, a mi edad, tirado en aquella carretera, de noche y sin abrigo, con dos bolsas repletas de libros maravillosos*. En estos tiempos, la gente suele desconfiar; y más, de noche. Que se pare una mujer para subir a un hombre, es más para ensoñarlo que para esperarlo. A más de esto, el autobús salía ya, en quince minutillos. Cuando se paró aquel coche y vi que lo llevaba una muy atractiva joven, que me preguntaba sonriente a dónde iba, pensé para mí aquello que mi madre tantas veces me recitara cuando me arropaba cada noche:
"Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día"
* Estos eran, son, algunos de los libros que compré:
Más allá de las cosas, de Carlos Carreto; El valor divino de lo humano, de Jesús Arteaga Loidi; Historia de la filosofía y la pedagogía, de Aldo Agazzi; Semántica, de Stephen Ullmann; ¿Quién mató a Napoleón?, de Sten Forshufvud; Londres me pertenece, de Norman Collins; Síntesis de historia de España, de Antonio Ballesteros Beretta; República Literaria, de Saavedra Fajardo; Miedo al silencio, de Joan Corbella Roig; Tierras roturadas, de Sholojov; Poema pedagógico, de Makarenko; Fanny Hill, de John Cleland; Las tablas de la Ley, de T. Mann; Cocina vegetariana y trofoterapia, de N. Capo ( Casa editorial Maucci, calle de Mallorca, 166, Barcelona. Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1.903, Madrid, 1.907 y gran premio en la de Buenos Aires, 1.910); La madre, de P. S. Buck;...
Además de las dos mujeres, se pararon tres hombres, en tres momentos diferentes.
Estaba en la ciudad de mi adolescencia. Se me hacía tarde, los libros me atraían, sólo por ellos me hice a la carretera. Sería una tarde de sorpresas.
Paró la furgoneta; hablamos de aquel restaurante que acabábamos de dejar atrás. Tuvo dos columpios, que ya sólo existen en memorias que se perderán para siempre quizás. En ellos yo divertí mis pocos años cada día. No recuerdo las caras ni los nombres de mis profesores, olvidé a casi todos mis compañeros, pero me acuerdo con nostalgia compungida aquellos columpios.
Yo estudié en aquella ciudad; se lo dije al hombre. "¡Yo también! ¿En qué Colegio estudiaste?" Fuimos compañeros, pero yo no me acuerdo de él. Sí él de mí, hasta mi nombre recordaba. Yo no lo recordé ni cuando me dijo el suyo. Ahora me pregunto si tendríamos charlas amistosas; y si las tuvimos, de qué hablaríamos. ¿Adónde se fueron aquellas palabras concebidas y pronunciadas con creencia de importancia, de ilusión de transcendencia? ¿Qué sentido tenía -tiene- preocuparse, sufrir, ilusionarse, esperar, por palabras, hechos y personas que son sólo formas pasajeras que volarán y habrán de perderse quizás para siempre? Para vivir sin hundirse en el desánimo hemos de pensar que algunas cosas nos hacen o nos harán felices. En esta pequeña felicidad aburrida hallamos un poco de sentido y nos consuela algo. Mas tal vez nos engañemos, porque engañarse es natural, así como inventar, ocultarnos o negar algunos inaceptables sentimientos ("porque yo no puedo ser así, porque no es eso lo que yo le digo a la gente, porque es así como quiero que me vean,...").
Tal vez hablamos de mujeres (esas personas misteriosas de las que yo no sabía nada, con las que yo nunca hablaba, fuera de una breve frase tangencial, superficial, relacionada con el estudio, y a las que yo temía, como si fueran individuos de otra especie, por desconocimiento e absoluta inexperiencia). Tal vez hablaríamos de fútbol (¡de esto sí que sabía!), o de literatura, de filosofía, de música (de los Beatles, seguro),... De todo ello yo sabría, sobre todo afirmaría yo con pasión juvenil, todo era muy importante. No pensaba que yo podría cambiar mucho, más allá de lo que podía imaginar o creer posible. No pensaba que podría olvidar mucho, tanto como para sentir con angustia la pérdida de un infinito de momentos, de palabras, de sensaciones, de ilusiones, de alegrías y tristezas, de miradas y temores,...; tanto como para temer que una vida remota, como ajena, se perdió quizás para siempre.
Yo miraba a este hombre, con ansiosa curiosidad, buscando en sus arrugas faciales o en el fondo de sus ojos una huella, un rastro por donde encontrarme con mi pasado, con un niño que fui, quizás conmigo. Pero ese hombre siguió siendo para mí tan extraño como un innuit o un lama del Tibet. Lo cual no fue óbice para que durante unos minutos fuéramos verdaderamente dichosos, mágicamente transportados al pasado recordado -un mundo propio e incomunicable en verdad el de cada uno-, y que nos despidiéramos con gran pena, como sintiéndonos nuevamente perdedores de aquel mundo, de aquel niño, efímeramente recuperado, como por regalo divino. Y luego vendría lo del ángel de la guarda y la amable muchacha de que hablé antes.
Ayer y hoy he paseado acompañado por Cary Grant, que es el paradigma de la pusilanimidad perruna.
Desde hace unos días no juego al fútbol (me lesioné otra vez, ésta en el muslo derecho). Vuelven, después de habérseme mostrado el horizonte más esplendente, los fuertes dolores en los tobillos. Con la obra, alternada con el fútbol, no me dolieron tanto; ahora, en un reposo relativo, sin fútbol ni obra, siento más dolor. Anoche, entre sueños, sentí en el tobillo izquierdo agudas punzadas; en cambio, hoy, con la caminata, no me ha dolido. Me preocupa más el derecho. Además, me duele, al forzar, a la altura del omoplato derecho. Y con movimientos giratorios, el hombro izquierdo.
Anoche vi, y me gustó mucho, Las amistades peligrosas, con G. Close, J. Malkovich y M. Pfeiffer. Fue una excelente mostración de pasiones y una clara exposición del verdadero color de la naturaleza humana.
Hoy he vuelto a leer sobre los Reyes Católicos. Me encanta la historia.¡Pobre Alfonso, muerto con sólo catorce años!, ¡e Isabel, reina a los dieciocho!
El hombre ignorante no es el iletrado, sino el que no se conoce a sí mismo; y el hombre instruido es ignorante cuando pone toda su confianza en los libros, en el conocimiento y en la autoridad externa para derivar de ellos la comprensión. La comprensión sólo viene mediante el propio conocimiento, que es el darnos cuenta de nuestro proceso psicológico total.
K.
En cama de la azotea, viernes, 29 de octubre de 1.993.-
Ayer jugué otra vez al fútbol. Momentos antes de ir, ya me dolía el tobillo derecho. Pero me pudo el deseo, este deseo que me perjudica, este deseo que me trae placer mezclado con dolor. Este deseo que me arrastra y al que no puedo resistirme. Jugué con más fuerza que otras veces, con una energía inusual. No me dolió jugando; pero al acabar,... ¡me dolía mucho!
Vuelvo a alcanzar viejas cotas de tristeza, si no nuevas y superiores.
Hemos permitido que los gobiernos y los sistemas se encarguen de la educación de nuestros hijos y de la dirección de nuestras vidas; mas los gobiernos quieren técnicos eficientes, y no seres humanos, porque los seres humanos son peligrosos para los gobiernos, así como también para las religiones organizadas. Por esto los gobiernos y las organizaciones religiosas buscan el dominio sobre la eduación.
K.
Comedor, 3'28 h. de la madrugada del 9 al 10 de noviembre del 93.-
Acabo de ver Cómo robar un millón y..., de W. Wyler, con A. Hepburn, P. O'Toole y Ch. Boyer. Es una peli que entretiene. Las de robos ingeniosos me encantan.
Ayer fui al hospital. Me dijo el doctor que tengo el tobillo inestable. Ahora me duelen los dos. Soy pesimista en este momento.
Estudio el Renacimiento, su arte, cultura, religión, formas políticas, economía, aspectos sociales, filosofía,...
Después de ver al médico, fui a la biblioteca. Leí algo de Las fuentes del Nilo, de Dragó; y la crítica senderiana a los noventayochistas (veintiséis páginas de la crítica a Unamuno). Me impresionó gratamente la obra de Dragó. Y volvió a desanimarme Sénder.
(Hace unos días, compré ilusionado En la vida de Ignacio Morel, de Sénder. Estoy seguro de que me gustará mucho. Ya pasó aquella pasión negativa contra este buen novelista; pero voy a seguir prefiriendo a Unamuno)
Eres un buen hombre. ¿Quieres creer que jamás se me había ocurrido que los hombres tenían que ser buenos? ¿Se debe a que en mi vida sólo he tratado con malas personas?
María.
En la cama, jueves, 18 de noviembre del 93.-
Sigo leyendo sobre los Reyes Católicos. Ahora, el episodio colombino.¡Apasionante! ¡Qué aventuras tan maravillosas, con tanta precariedad de medios! Gil Eanes, Nuño Tristán, Dionís Díaz, Cadamosto, Gómez, Diego Cao, B. Díaz, V. de Gama, Magallanes, Elcano, C. de Vaca, Ojeda, Balboa, Pizarro, Almagro, Solís, Valdivia, Cortés, Orellana, Aguirre,... Qué de fundaciones, mestizajes, enseñanza, minería, periplos, piratas,...
Cuando le dije que iba a comprar libros, vi en su mirada una suerte de estupor, de incompresión, de repulsa.
"¿Pero no te basta con los que tienes en casa?"
20 de noviembre del 93.-
Peso 82'2 kg.
Estoy muy triste. ¿Dónde está el guión luminoso de mi vida? ¿Dónde el ventanillo vivificador? ¿Dónde el soplo de aire fresco? ¿Me está destinada este sentina enervante?
La preocupación de la edad, la conciencia, renovada sin cesar, del correr hacia la muerte, fue una de sus tragedias. (dicho de Amiel)
"Pienso con terror en mi edad." (Amiel)
En cama, a las 00'45 h. del 28/29 de noviembre del 93.-
¿Dónde los amigos? ¿Dónde aquella amiga perdida?
Quiero salir por las mañanas, alegraré a mi madre, que lo merece todo, ¿qué haría sin ella?
En cama, 4/5 de diciembre del 93.-
El médico me ha recomendado intentar la rehabilitación de los tobillos. He cobrado huelgos renovados.
En la biblio he leído a Unamuno: su epistolario con L. de Zulueta, los apuntes y comentario de su postrimero Del sentimiento... Leí también la crítica del Senderillo, el epistolario de Vives (Budé, Erasmo, Moro, Catalina, Rodrigo M.,...), y a otros autores.
Ahora me ha acometido un vehemente deseo de estudiar teología, la Biblia, toda la filosofía, la historia, la matemática (todo se necesita, se relaciona),... ¡Tamaña empresa! Todo se quedará en la gana.
(En ella se quedó. Hoy, ni gana tengo de estudiarlo todo. Pero, extrañamente, sigo comprando ávidamente libros sobre la Historia de la filosofía, sobre las diversas teologías - de la mística, del signo sacramental,...-, sesudos estudios sobre la Biblia y muchas obras de Historia y biografías de personajes históricos,... ¿Para qué?)
A mí de teología el único libro que me apetece leer pero nunca encuentro es la Summa Teologica de Tomás de Aquino...:rolleyes: Los demás que me interesaban ya los leí...:D
Cuando la función de ejercer una profesión es de máxima importancia, la vida se hace aburrida y oscura, convirtiéndose en una rutina mecánica, de la cual huimos por medio de toda clase de distracciones.
K.
En cama, 6/7 de diciembre del 93.-
Salí anoche. No me divertí, me aburrí como siempre; como siempre, perdí el tiempo. He perdido las ganas de volver a salir.
Espero atreverme pronto a aventurar. Mi madre -ánimo, freno, ayuda,...- siempre estará aquí, dulce llar, lumbre amorosa en el rigoroso, acerbo invierno que es la vida desvirtuada. Podré volver, y me dará la más lejana estrella si se la pido. ¡Madre amadísima, extremadamente generosa en el darse ella misma! ¿Intentaré ese periplo por el mar de los sargazos?
Uno de los peligros de la disciplina es que el sistema adquiere más importancia que los seres humanos que están dentro del sistema. La disciplina se convierte entonces en un sustituto del amor; y es a causa de la vaciedad de nuestros corazones que nos adherimos a la disciplina. La libertad no puede surgir jamás a través de la disciplina ni de la resistencia; la libertad no es una meta ni un fin que ha de lograrse. La libertad se encuentra en el principio, no en el fin; ni tampoco ha de encontrarse en un ideal remoto.
La libertad no significa la oportunidad de lograr la satisfacción propia o el ignorar la consideración de los demás. El maestro que es sincero protegerá a los discípulos y les ayudará por todos los medios posibles a crecer hacia la verdadera libertad; pero le será imposible hacer esto si él mismo está aferrado a una ideología, si es en alguna forma dogmático o egoísta.
K.
Mamá, esta ha sido la primera navidad que paso sin ti y sin papá. ¿Qué ha sido de la familia? ¿Qué fue de aquellos días en que papá volvía eufórico a casa y desde la puerta de la calle te gritaba: ¡Nena, mira lo que te traigo! Papá te quería, papá nos quería. ¡Y cómo le gustaba acarrear! No nos faltaba nada de lo que daba el campo, gracias a su generoso esfuerzo. Mientras yo vivía perdido entre libros y películas. Por entonces, las preocupaciones materiales propias de una casa, de una familia, me eran totalmente ajenas. Pero él, papá, un hombre inculto, con la incultura del iletrado, nos daba de comer, nos vestía, mantenía la casa, y a mí me dio unos estudios, soñando con que no viviría sólo de mis brazos, no como él. Y por supuesto, estabas tú, tan trabajadora como él, en casa. Y que fuiste ganando día a día nuestro amor imperecedero, con tu constante dedicación a nuestro cuidado, con tu desvelo, con tu generosidad en el esfuerzo, con tu santa alegría, con tu paciencia para con nosotros todos, cargados con tantos defectos como virtudes. Nunca te hemos dado ni podremos darte lo que tú nos has dado sin esperar premio alguno, si no es nuestro bienestar. Si amor es sacrificio, tú nos amaste en verdad. ¡Gracias, mamá! Y gracias a papá, por su bondad, por su buen ejemplo en tantas ocasiones, por sus sensatas y prudentes enseñanzas (incluidas las envueltas en un fructífero silencio) en las ocasiones. En sus últimas horas fue el padre más humilde y paciente, aceptando sin alteración de ánimo, con admirable calma, tal vez dándome su última lección, la despedida de este mundo aparente. Y yo me pregunto ahora si no tendría, a su manera, una fe que a mí me falta. Recuerdo que ya cerca del final decía a su hermana: "Ya va siendo hora de irse. Para sufrir, mejor es que Dios me recoja. ¿No hemos vivido ya lo que teníamos que vivir?"
Mamá, aunque no te ven ahora, en este momento, mis ojos, porque estás, para ellos, lejos, yo te tengo presente en todo momento. Y aún te veré con frecuencia. No a papá, que está mucho más lejos, en un lugar que desconozco, pero tan presente en mi corazón como si no se hubiera ido. Pero la familia... No supimos salvaguardarla, permitimos indolentemente, con injusticia manifiesta, que se aflojaran sus lazos, por nuestros torpes errores perdió su cohesión. Sabes que cuando hablo de nuestros errores, no pienso en ti ni en papá, pues con amor habéis ido más allá de vuestra aparente capacidad, superando vuestras limitaciones con el sacrificio, con la abnegación.
Mamá, aún queda tiempo para el optimismo. Seré amor para ti, y sabrás de él -hablo sólo de un modo de expresión- por la magnitud de mi alegría al verte, como yo lo veo por la tuya, magnífica siempre. Cuando alguien nos importa, la cara, los ojos, la mirada, los gestos y la actitud lo dicen. No ahorraré la efusividad cuando pueda abrazarte y besarte y sonreírte, como haces tú, que me comes a besos, abrazos, preguntas y consejos. ¡Benditos sean tus consejos ingenuos, inocentes, como de niña! Cuando ya no estés, en presencia corporal, recordaré con los ojos inundados, esos consejos bondadosos, cándidos, de madre tan sencilla como temerosa de mi mala suerte, de mi daño, de mi dolor, de mi pena.
Mamá, recordaré; pero ahora aún te tengo conmigo, aunque no sea aquí a mi lado como siempre. He de aprovechar este tiempo, más precioso que el oro. He de ganar aún recuerdos que hagan que me sienta más orgulloso de tenerte por madre, y satisfecho también con mi comportamiento como hijo, aunque nunca del todo, pues sé que pensaré -como me pasa cuando pienso en papá- que pude hacerlo mejor, por muy bien que lo haya hecho.
Entrar en el silencio, oscurecerse y anochecer de tanta luz que ciega, de tanto estruendo como nos aturde. Bañar en noche el cuerpo fatigado. Hundirse en el silencio rumoroso y curar tanta herida que llevamos.
B. Mostaza.
Azotea, 18'30 h., lunes, 17 de enero del 94:
El viernes fui al hospital. Después, a la biblioteca. Leí a Papini (Historia de Cristo) y a T. de Chardin.
Esta mañana he ido a hacer rehabilitación. Antes, a la biblioteca. Leí a san David de Escocia (D. Hume), su famoso tratado de la naturaleza humana. Leo también algo del evangelio copto de Felipe.Y algo de Unamuno (La dignidad humana, sobre la educación).
Diez minutos de tratamiento con ultrasonido.
Vuelvo a la biblioteca.
Cuando voy a coger el autobús, me ven la madre y la hermana de G. Se alegran de verme.G. se casó y tiene una hija de dos años. Trabaja en las aceitunas, o en la carretera.
(No recuerdo nada de lo que pudiera aprender de T. de Chardin. Es más, ni siquiera recordaba haberlo leído (!!!). Tampoco sé que hubiera aprendido algo de Hume, ni que lo hubiera leído (!!!). Y lo mismo digo del evangelio de Felipe. Para mí ha sido una sorpresa leer ahora que los leí. ¿Con cuántos me pasará esto? ¿Cuántas cosas habré hecho, que no recuerdo? ¿Y cuántas cosas habré aprendido, cosas que no sé? Si no existiera este diario manuscrito, yo diría totalmente convencido: "no he leído a Chardin, no a Hume, no el evangelio de Felipe." Cualquiera me creería, por supuesto, ¿por qué habría de mentir sobre asunto tan poco interesante? Pero... ¿por qué no nos ocurre pensar que podemos decir algo que no es cierto, sin mentir? ¿Qué sabemos de nuestro pasado? Todo, no. Entonces, ¿con qué sorpresas increíbles, o maravillosas, estarán llenas esas lagunas memorísticas? Supongamos ahora que alguien me preguntara, al decirle yo que no he leído a esa gente: "¿estás seguro de que no los has leído?" (!!!,???) No me cabe duda de que yo le diría, muy convencido, totalmente seguro de saber: "¡pues claro, qué cosas tienes! A ver: ¿tù has leído a Chardin, a Hume o el evangelio de Felipe?" "No, no los he leído" "¿Estás seguro?" " ¿Pues no voy a estarlo, ¡claro que lo estoy, qué cosas tienes!" "Pues también yo lo estoy, como tù lo estás"
Sí, creo que así estamos seguros de muchas cosas. Del mismo modo, podría decir ahora, porque lo sé, porque estoy seguro, que no he leído a... ¡Vaya, ahora dudo, después de esta lectura de mi diario antiguo,... creo que ya no me atrevo a afirmar que no he leído a...! ¿O sí me atrevo? ¿Es que no estoy seguro de no haber leído a Joyce o a Proust? De que no he leído a Mishima, por ejemplo, estoy seguro, creo, me parece. ¡Vaya, "..., me parece"! Pero... ¿y si algùn día me encontrara, en mi diario antiguo, con que los leí?
Por otro lado, ¿qué pasará con mis lecturas de ahora, las olvidaré también, de tal modo que llegue a decir que no he leído, por ejemplo, la novela que acabo de leer?)
(Las hijas de G. ya son mayores. A la madre y a la hermana no volví a verlas, creo (empiezo a dudar de casi todo, ¡vaya!). Pero también es posible, me parece, que hayamos coincidido en la sala de espera del médico, o en una tienda, y que nos hayamos mirado, sin recordarnos, pues también es posible, me parece, que ellas me hayan olvidado.
G. ya no trabaja, ni volverá a hacerlo, en la recogida de la aceituna, ni hace carreteras. La vida, el vivir, nos cambia mucho. Yo no volveré a jugar al fùtbol, ni volveré a muchos sitios ni hechos. Ni volveré a ver a muchas personas que significaron algo en mi vida. )
Comentarios
Sol, raso, calor, 8 de abril del 93:
Veo casi a diario Nido vacío. ¡Qué divertida! Gran cómico el Mulligan; lindas, las dos hijas: K. Mc Nichols y Dinah Manoff. También muy bien, Park Overall. Y David Leisure, estupendo. Y Dreyfuss.
Últimamente, he visto tres capítulos de La casa de la pradera. ¡Fantástica! Historias deliciosas, tiernas,... Maravillosos los personajes: Caroline, Charles, los Olleson, Laura,... (han sido: ...sobre una competición de leñadores; ... sobre un maestro autoritario; ...Caroline celosa).
Anteanoche, una peli bonita: Crazy love. Recuerda a Bella y la bestia. Creo que se basa en una obra de Charles Bukowski.
Como mucho, peso 83 kg.
Azotea, frío, nublado. Lunes, 26 de abril del 93:
Hace quince días, jugando al fútbol, volví a lesionarme, solo, sin golpe ni caída. De nuevo me excedí en el esfuerzo. Ya lo tenía todo preparado para viajar a C. el próximo viernes. En cuanto me cure, cambiaré de aires.
Ahora leo a Novalis. No me gusta. (Creo que no he vuelto a leer a Novalis desde entonces)
Repaso la Biblia.
El día 21 murió Cantinflas.
Creo que debo de andar por los 85 kg.
No salgo.
No juego al ajedrez, no hago gimnasia. Como de todo, me acuesto tarde, igual me levanto.
Mucha tele.
La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso, mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de comodidad, todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor; y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida. A medida que se envejece, la mente se embota y se insensibiliza el corazón.
En la búsqueda de bienestar y comodidad, generalmente nos refugiamos en un rincón de la vida donde encontramos un mínimo de conflictos, y entonces tenemos miedo de salir de este refugio. Este temor a la vida, este temor a la lucha y a las nuevas experiencias, mata en nosotros el espíritu de aventura. Toda la educación que hemos recibido nos hace temer el ser diferentes de los demás o el pensar de distinta manera a la norma establecida por la sociedad, que aparentemente respeta la autoridad y la tradición.
K.
Colchón, bajo las escaleras. Viernes, 2 de julio del 93:
Últimamente he leído mucho.
Cuando casi estaba curado del esguince del tobillo izquierdo, me lesioné del tobillo derecho, hace de esto un mes, aproximadamente.
Hoy partía, a las 14'30 h., para L. (ya tenía el billete); pero el médico me ha recomendado que repose. Así que pospongo el viaje para mejor ocasión.
¿De qué vale que nos hagamos abogados, si perpetuamos los pleitos? ¿De qué vale el conocimiento, si continuamos en la confusión? ¿De qué valen las habilidades técnicas e industriales si las usamos para destruirnos? ¿Cuál es el valor de la existencia si nos ha de llevar a la violencia y a la completa desdicha? Aunque tengamos dinero o podamos ganarlo, aunque disfrutemos de nuestros placeres y tengamos nuestras organizaciones religiosas, estamos en conflicto con nosotros mismos.
K.
Colchón, sala de estar. Miércoles, 7-7-93:
Anteayer murió Lola Gaos.
Leí hace unos días las cartas de Alicia. Me he emocionado al rememorar aquel pasaje de mi vida.
(Aquellos días cambiaron para siempre mi vida. Ya podía hablar de un antes y un después: antes de Alicia, después de Alicia. Aunque, en verdad, no hubo un después de Alicia, pues ella ya estuvo siempre presente en mí, no conmigo, sino en mí. Alicia era la Mujer y era el amor. Inesperadamente, como si no hubiéramos previsto lo que luego sucedió, como si un mal genio nos hubiera cegado para asegurar la catástrofe, ocurrió. Pero ya me había colado en su vida, y arraigado con raíces inmortales, y comprendí, sentí, que la amaría siempre, que derramaría lágrimas en las noches solitarias, cuando cerrara los ojos y la viera sonreírme enamorada. Vino después el desierto. Alicia vivía en mí, pero el desierto se extendía fuera. Como yo bien sabía, en aquel desierto no encontraría ninguna pequeña flor. Habíamos jugado inocentemente, creyendo que jugaríamos siempre sin perder (yo no sabía que la vida jugaba. La vida es la Banca; te deja ganar hasta que te hunde con el zero. O bien eres inteligente y te retiras a tiempo, cuando estás ganando. Retirarse, para nosotros, no era huir o acobardarse, sino, simplemente, tomar la decisión correcta, sabia y valiente. No fuimos ni lo uno ni lo otro, cuando hubimos de elegir, de decidir, de afirmar nuestro deseo y luchar por él. Sólo amando supimos, fuimos sabios. Hasta que cantó la vida: ¡zéro!, y nosotros no fuimos capaces de hacer una nueva apuesta). Después vino el desierto; pero el desierto tiene un límite, se acaba, y lo cruzas si eres fuerte, paciente, soñador, si sabes que una pequeña y preciosa flor te espera más allá de sus arenas)
K.
21'30 h., 9 de julio del 93:
Un perrillo nos acompaña desde hace unos días. Le damos de comer y ya no se separa de nosotros.
Sigue el dolor, constante. Estoy muy apesadumbrado, quizás peor que nunca en estos últimos seis años y medio. Y tengo menos ilusión que antes.
Colchón, bajo escaleras. 19 de julio del 93:
Sigo sin salir.
Y sigue el dolor, los dolores, en el tobillo, en la pantorrilla y en la planta del pie (bajo el dedo meñique).
Y el perrillo sigue con nosotros. Es graciosísimo, juguetón,...Duerme la siesta en el portal. Lo hemos bañado, pero no es rencoroso, sigue jugando con nosotros.
Paso muy malas noches, difícilmente llego a conciliar el sueño; me dan las seis y las siete de la mañana despierto. No puedo ponerme de lado ni boca abajo.
Recuerdo que las obras que no me gustaron de Novalis fueron Himnos a la noche (en la edición que yo manejé, ...a la luna) y Enrique de Ofterdingen. Quizás si los leyera ahora, sí me gustarían. Cuando leí El jugador de Dostoyevski, hace... muchos años, me gustó un poco, pero no tanto como para hablar de esa obra con entusiasmo. Hace unos días he vuelto a leerla y me ha impactado, tanto me ha gustado esta vez. Esto es algo que me pasa a menudo, y no sólo con las obras literarias.
Yo he leído sobre todo sus aforismos.
Las corrientes oceánicas, de Félix J. Palma.
Lunes, 26 de julio del 93:
Veo mucha tele.
He empezado a leer Juanita, la larga.
Creo que como algo menos, pero no menos de tres grandes helados diarios.
(Creo que hace muchos años que no pruebo un helado, ni me acuerdo de que existen; pero a los dulces casi no puedo resistirme)
Madrugada del jueves al viernes, 12/13 de agosto del 93:
El perrillo -no se puede ser más gracioso- sigue con nosotros y ya tiene nombre: Cary Grant.
Ya leí Juanita, la larga. Después he leído una antología sobre Feijoo y La Celestina.
No salgo nada; y quizás no salga esta feria, no tengo gana.
26 de agosto del 93:
Volví a lesionarme del menisco cuando arreglaba la antena de TV. Y el pie derecho sigue doliéndome.
He salido tres días de feria, tres noches.Cada noche he cerrado la feria; o sea, que me he recogido muy tarde, ¡el último! (a las 10'30 h. de la mañana el primer día; también a las 10'30 el segundo; y a las 8'30 el tercero). He bebido mucho, pero no me he emborrachado.
(¡Pues menos mal que no tenía ganas de salir!)
Acabo de terminar Rojo y negro. Bien. No puedo imaginar a Sorel en mi lugar.
(Rojo y negro es una de las novelas que más me han gustado, y marcado. Nunca olvidaré -eso espero. Ojalá la vida no me quite la memoria de las cosas buenas, de la Belleza- la impresión que me causó mi primera lectura de esta obra, en francés (en una edición resumida y con dibujos. He olvidado muchas cosas, pero recuerdo algunos de aquellos dibujos).
¡Ojalá cambie ya mi suerte! Hoy, nada deseo más que vivir tranquilamente, no concibo un valor más elevado. ¡Qué descansada vida...! Beatus ille... Pues vengo deshecho del duro bregar. ¡Si yo tuviera mi propia quinta La Flecha o la horaciana! ¡Qué bien resumida la felicidad en aquellas palabras del bucólico poeta, volviendo a la bulliciosa urbe montado en su jumento!
Tenía claro que ser bueno no resultaba excitante, ni requería una inteligencia especial, sólo un espíritu cuanto más simple mejor. Por lo que, si me decidía algún día a abandonar mi armónica pasividad, sería para escoger el camino del Mal, cuya práctica se me antojaba mucho más interesante... porque la sociedad hacía que fuese más complicado ejercer el Bien. Creo que Lutero se equivocó cuando afirmó que entregarse al Diablo era fácil.
Y lo que sigue es mi comentario, escrito el domingo, 26 de agosto de 2.007:
"En esto, yo estoy en absoluto desacuerdo con la opinión del autor de esta obra.
Ser bueno es lo más excitante, y lo más difícil; requiere una inteligencia enorme, extraordinaria, y un espíritu rico y complejo. Esto del espíritu ha de entenderse (recordemos Bienaventurados los pobres de espíritu): requiere un espíritu sencillo y pobre. Ser malo es muy aburrido, no requiere inteligencia, ¡ninguna!, basta con ser tonto; pero sí un espíritu muy simple -muy bobo-, muy necio, muy orgulloso (vanidoso), muy soberbio. Muy vano. Ser malo es lo más inconveniente, lo más perjudicial. El mal es muy fácil de hacer, y la sociedad te lo permite las veinticuatro horas del día; es más: en muchos y determinados casos, te incita, te espolea, te empuja y hasta te obliga a hacerlo (a la sociedad le conviene el mal, ciertos males, si no lo son para ella, y sí sólo para el individuo). Entregarse al mal es facilísimo."
Poco antes de estas palabras, escribía en el mismo libro (de este diario paralelo, pergeñado en las páginas de mis libros leídos, ya he hablado en alguna ocasión), el 22 de agosto de 2.007:
"Acabo de leer a Ovidio (las Metamorfosis, las Pónticas, Arte de amar, Remedios de amor,...). Creo que próximamente leeré a Cernuda, o eso pienso.
Mi madre ha pasado quince días en el hospital, tres de ellos en la U.C.I., por un infarto de miocardio. Este ha sido el peor verano de mi vida. Tenía mucha ilusión con mis muchas ilusiones, y todo el tinglado se ha desmoronado.A más de les illusions perdues, un saco de cosas malas (unas, receladas; otras, inesperadas). Y mi peor feria, con diferencia. He estado solo. Fatalmente, he efectuado el trágico hallazgo de esta constante de mi universo: mi soledad fatal. Mi insulación progresiva e ineluctable."
Bueno, el problema es que no leas bien lo que te pasa, que no aprendas y recuerdes lo aprendido. Experiencia no es el nombre que damos a lo que nos pasa; experiencia es lo que nosotros, con nuestra pobre o rica inteligencia, hacemos con lo que nos pasa. No se vive sin interpretación (tampoco sin elección. Y aquí -en las decisiones que tomamos, en nuestras elecciones- está el intríngulis, y la clave de un futuro feliz o desgraciado, apartando los hechos que suceden sin nuestra intervención voluntaria, que escapan, pues, a nuestro control. Pero éste es otro tema). Todo esto lo digo pensado en lo que escribiera en aquella fecha de 2.007 sobre mi soledad, que yo creía, neciamente, fatal, ineluctable. Y es que ahora tengo más amigos que nunca, y mejores que siempre. Y está Alicia, pero ella está más allá de toda ponderación.
Cama, 00'02 h.del 31 de agosto del 93.-
Desde hace unos días, arrecia Neptuno.
Urge cambiar de postura.
¡Ojalá lloviera ahora a chaparrones!
Cary Grant acabará por perderse, c'est dommage!
Estoy más gordo. Y sigo sin salir. Los tobillos casi no me duelen, pero sigue el dolor en los dedos.
Hoy he estado en A. En su biblioteca, he leído algo sobre la crítica que R. J. Sénder hace del 98. Su razonamiento parece sólido, desapasionado; pero yo, terrible unamuniano -por convicción y por costumbre inveterada-, no puedo sufrir las necias pullas del Senderillo ése, que no es ni será nunca nada. No niego, no negaré, que un análisis profundo (y no tan profundo) de la obra unamuniana saque a luz numerosos defectos de forma y de fondo, etc. Pero nadie puede ni podrá quitarme el haber pasado algunas de mis mejores horas en su compañía. Y algunas de las ideas motrices de mi vida, a Unamuno se las debo. Él ha forjado mi juventud; él ha conformado y reforzado mi cristianismo (algunas ideas de su Quijote son estupendas, según yo lo veo).
(Bueno, ya han pasado más de veinte años desde que hiciera este comentario del autor del Réquiem y de Tres ejemplos de amor y una teoría -cito esta obra antes que otras más conocidas de Sénder porque me gustó mucho. Por supuesto, la leí muchos años después de hacer aquella crítica, tan acerba como injusta-. De la lectura de su Réquiem, hace ya más de treinta años, tengo el vaguísimo recuerdo de que me gustó. Es seguro que Sénder era un buen escritor, un gran escritor; y más seguro es que yo me equivoqué al juzgarlo tan severamente. No sé si me disculpará mi juventud y mi excesivo apasionamiento, irreflexivo, desinformado (en parte, al menos) de entonces, con especialidad por Unamuno, al cual, ciertamente, debo mucho, en la esfera de mi desarrollo personal. Igualmente, supongo, como muy probable, que Sénder era un hombre inteligente, y, sin duda, culto, como yo nunca seré, ni en siglos que viviera. Por estas cualidades, es de creer que su crítica a Unamuno estuviera seriamente motivada, y quizás fuera acertada. De ella no puedo hablar ahora, pues no recuerdo nada sobre su contenido. Ahora bien, también sé que es imposible que nadie me mueva ni un ápice de mi admiración por Unamuno. Ningún escritor me ha hecho pensar y sentir como Unamuno lo hiciera, y vuelve a hacerlo cada vez que lo leo. En esto, Sénder está y estará, por muchas Crónicas que escribiera, a años luz del que fuera faro intelectual de una España convulsa. Sin duda, Sénder tuvo también una vida rica en experiencias, tanto o más que don Miguel; pero esto ya se sale del tema de que hablaba, y no es factor que decida, creo.
Con razón decían que el famoso rector de la universidad de Salamanca removía las conciencias. A mí me dio una, una nueva, o yo me la hice con su influencia, la más decisiva, para mí, de todas las de raíz cultural)
Vi a I. Hablamos de literatura y de cine. ¡Qué buen rato! ¡Lástima el poco tiempo!
K.
Cama, 01'30 h., del 1 de septiembre del 93.-
Esta mañana, el médico me ha dicho que he viciado mi modo de andar; que tiempo y paciencia.
Esta tarde he ido a la viña con Cary Grant. Estoy más ilusionado, veo menos tele, pero estoy más gordo. El domingo por la noche no dormí nada; anoche, tampoco.
3 de septiembre del 93.-
Hoy he estado en la viña. Apenas he sentido dolor, pero se me han hinchado los tobillos. Peso 83 kg.
4/5 de septiembre del 93.-
Los dos últimos días no he ido a la viña porque tenía hinchados los tobillos, y así siguen. No salgo. Me duermo muy tarde, a las 4'30, a las 5 h.,... No hago gimnasia ni deporte.
6 de septiembre del 93.-
He ido a la viña esta tarde, con C. Grant. No me han dolido los tobillos pero siguen hinchados.
Leo las selecciones del R. Digest y A 50 km. de mi país, de Mª J. del Valle.
Cama, 26 de septiembre del 93.-
Ayer empecé a leer Tanto monta, de R. Majó Framis, sobre los RR. CC.
Han muerto Lola Gaos, R. Burr, S. Wranger,...
Peso 84 kg.
K.
Cama, 5 de octubre del 93.-
Peso 85'5 kg. Como mucho. Dos días seguidos, he ido al poli; un día jugué al tenis, una hora. No me duelen mucho los tobillos.
La próxima semana empezaremos la obra, una azotea sobre el patio (la idea ha sido de mi madre).
Me duelen los ojos, leo mucho.
Estoy entusiasmado con el cine. Y muy entretenido con el relato de la enjundiosa vida en el s. XV español. ¡Cuánta sustancia vital! ¡Qué diversidad de caminos! ¡La inescrutable Providencia! El infeliz Enrique IV, la ligera Juana, la reina portuguesa,... Me gusta imaginar posibilidades, motivos secretos. ¡La joven, bella y ardiente Juana, condenada a fidelidad real! ¡El hirsuto don Beltrán! ¡La despreciada Beltraneja! ¡El agraciado paje! ¡El bastardo "Mozo cruel"! ¡El sospechoso arzobispo sevillano! ¡El irascible conde de Paredes!,...
(¡Vaya!, ya no recuerdo nada de aquello, o casi nada. Creo -pero no me atrevo a afirmar lo que diré acto seguido, pues no me fío mucho de mi memoria-..., creo que Enrique IV sufría de acromegalia; y que fue tratado de su impotencia por las solertes manos de doña Guiomar de Castro y doña Catalina de Sandoval. De los demás precitados, nada recuerdo. ¿No es triste -uno entristece, claro, los actos no tienen personalidad para entristecerse-..., no es triste, digo, leer tanto para tanto olvidar?)
F.
Azotea, 17'25 h. del lunes, 11 de octubre del 93.-
En estos momentos llueve fuerte. Las golondrinas rebullen en el plomizo cielo. ¡Qué melancólica visión! Paso el rapto leyendo (ahora, literatura histórica, sobre la Edad Media y sobre los RR. CC.).
Hoy he salido. Y ayer jugué un partidillo durante dos horas. ¡Loado sea Dios, no me dolió!!! Pero estuve en un tris de volver a lesionarme; el terreno era muy irregular, me doblé varias veces el tobillo izquierdo. Afortunadamente, todo quedó en el susto. Corrí, pasé, chuté desde lejos,...(!) Temía que me doliera al enfriarme, como siempre me ha sucedido, a la noche. ¡Aleluya!, no sucedió esta vez. Entonces, pensé: mañana. Ahora, pienso: ¿empiezo a salir del lodo? Hoy tampoco me ha dolido. Abunda la lluvia.
El lunes iniciaremos la obra, si no llueve. Espero poder ayudar ¡¡¡Qué ansia por curarme!!! Estaré mejorando realmente? ¿No será un nuevo espejismo? Quiera Dios que no se me desmorone de nuevo la ilusión. Arrecia la lluvia.
Pienso que podría hacer gimnasia cada día.
Creo que no debo volver a jugar con los pies desprotegidos. Ayer, lo hice, corrí un gran riesgo, no debe volver a suceder. Debo ser prudente. El riesgo debe ser mínimo, debo sujetarme bien los tobillos, debo dar preferencia a ejercicios sin contacto (tenis, bici,...), alternar con días de relativo reposo. Reflexión, fuerza de voluntad, paciencia. Debo salir airoso de este trance.
Cama, jueves, 14 de octubre del 93.-
No sé qué pensar. Hoy he realizado quizás el mayor esfuerzo: no me he tomado en serio lo de no correr riesgos innecesarios jugando con los tobillos mínimamente sujetos; he vuelto a jugar al fútbol sin vendarme los tobillos, durante más de una hora. Después del partido he corrido otra hora, y acto seguido, he hecho gimnasia. Todo esto después de trabajar todo el día en la obra. No me he sentado en todo el día, ni para comer. No me ha dolido ni me duele el tobillo izquierdo; pero el derecho sí, mucho. Creo que estoy forzando demasiado. Seguramente no hago bien. Seguramente no me vendrían mal unos días de descanso.
Me gustaría que me llamases "Minha meninha" *. ¿Te acuerdas?
F.
* Mi Pequeña.
Cama, sábado, 16 de octubre del 93.-
Hoy no hemos trabajado, por la lluvia. Llevamos un día y medio de obra.
Hoy no he hecho deporte.Esta mañana me encontraba muy cansado; la de ayer fue una jornada completa: obra y fútbol. Esta vez me vendé bien los tobillos. Me picaron las palabras despectivas de algunos ("¡Retírate ya, estás acabado!",...) Me esforcé más allá de lo prudente, corrí más y chuté con más fuerza. Me vendrán bien unos días de descanso.
Ahora veo menos tele y me acuesto más temprano; y me levanto a las ocho.
Leo la Biblia.
BALADA DE UN VIVO RECUERDO
Dueño del mundo fui,
porque unos ojos jóvenes, los tuyos,
enamorados me miraban.
Era en el tiempo de la juventud:
días de sol hermoso y de noches con luna.
Al pensarte aún escucho
las trémulas palabras que solías decirme
cuando el amor hablaba para mí por tu boca.
Y entreveo a lo lejos
tu confiada sonrisa, que por mi culpa, a veces,
se transformaba en lágrimas.
Ya es cosa del pasado casi la vida entera.
Haber tenido mucho no es alivio
si el presente le tiende a nuestra sed un vaso
lleno tan sólo de melancolía.
Mas qué dolor tan dulce tu recuerdo,
qué piadosa indigencia.
HABER VIVIDO
Haber vivido en este mundo hermoso
inspira confianza. ¿Quién que tenga
cierta experiencia del vivir dirá
que todo fue un engaño? Si escuchaste
al jilguero cantar cuando eras niño,
si has tocado la luz, si conociste
el amor y el dolor, viste la luna,
te dio su sombra un árbol, caminaste
solo o con alguien junto al mar o un río,
sabes de sobra que es verdad la vida
y que somos misterio, que es misterio
cuanto ha existido, o es, o existirá.
También, que aquí te encuentres y que un día
—un día milagroso como todos—
digan que te has marchado y aún se escuche
tu canción a lo lejos.
Sí.
"Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día"
* Estos eran, son, algunos de los libros que compré:
Más allá de las cosas, de Carlos Carreto; El valor divino de lo humano, de Jesús Arteaga Loidi; Historia de la filosofía y la pedagogía, de Aldo Agazzi; Semántica, de Stephen Ullmann; ¿Quién mató a Napoleón?, de Sten Forshufvud; Londres me pertenece, de Norman Collins; Síntesis de historia de España, de Antonio Ballesteros Beretta; República Literaria, de Saavedra Fajardo; Miedo al silencio, de Joan Corbella Roig; Tierras roturadas, de Sholojov; Poema pedagógico, de Makarenko; Fanny Hill, de John Cleland; Las tablas de la Ley, de T. Mann; Cocina vegetariana y trofoterapia, de N. Capo ( Casa editorial Maucci, calle de Mallorca, 166, Barcelona. Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1.903, Madrid, 1.907 y gran premio en la de Buenos Aires, 1.910); La madre, de P. S. Buck;...
Estaba en la ciudad de mi adolescencia. Se me hacía tarde, los libros me atraían, sólo por ellos me hice a la carretera. Sería una tarde de sorpresas.
Paró la furgoneta; hablamos de aquel restaurante que acabábamos de dejar atrás. Tuvo dos columpios, que ya sólo existen en memorias que se perderán para siempre quizás. En ellos yo divertí mis pocos años cada día. No recuerdo las caras ni los nombres de mis profesores, olvidé a casi todos mis compañeros, pero me acuerdo con nostalgia compungida aquellos columpios.
Yo estudié en aquella ciudad; se lo dije al hombre. "¡Yo también! ¿En qué Colegio estudiaste?" Fuimos compañeros, pero yo no me acuerdo de él. Sí él de mí, hasta mi nombre recordaba. Yo no lo recordé ni cuando me dijo el suyo. Ahora me pregunto si tendríamos charlas amistosas; y si las tuvimos, de qué hablaríamos. ¿Adónde se fueron aquellas palabras concebidas y pronunciadas con creencia de importancia, de ilusión de transcendencia? ¿Qué sentido tenía -tiene- preocuparse, sufrir, ilusionarse, esperar, por palabras, hechos y personas que son sólo formas pasajeras que volarán y habrán de perderse quizás para siempre? Para vivir sin hundirse en el desánimo hemos de pensar que algunas cosas nos hacen o nos harán felices. En esta pequeña felicidad aburrida hallamos un poco de sentido y nos consuela algo. Mas tal vez nos engañemos, porque engañarse es natural, así como inventar, ocultarnos o negar algunos inaceptables sentimientos ("porque yo no puedo ser así, porque no es eso lo que yo le digo a la gente, porque es así como quiero que me vean,...").
Tal vez hablamos de mujeres (esas personas misteriosas de las que yo no sabía nada, con las que yo nunca hablaba, fuera de una breve frase tangencial, superficial, relacionada con el estudio, y a las que yo temía, como si fueran individuos de otra especie, por desconocimiento e absoluta inexperiencia). Tal vez hablaríamos de fútbol (¡de esto sí que sabía!), o de literatura, de filosofía, de música (de los Beatles, seguro),... De todo ello yo sabría, sobre todo afirmaría yo con pasión juvenil, todo era muy importante. No pensaba que yo podría cambiar mucho, más allá de lo que podía imaginar o creer posible. No pensaba que podría olvidar mucho, tanto como para sentir con angustia la pérdida de un infinito de momentos, de palabras, de sensaciones, de ilusiones, de alegrías y tristezas, de miradas y temores,...; tanto como para temer que una vida remota, como ajena, se perdió quizás para siempre.
Yo miraba a este hombre, con ansiosa curiosidad, buscando en sus arrugas faciales o en el fondo de sus ojos una huella, un rastro por donde encontrarme con mi pasado, con un niño que fui, quizás conmigo. Pero ese hombre siguió siendo para mí tan extraño como un innuit o un lama del Tibet. Lo cual no fue óbice para que durante unos minutos fuéramos verdaderamente dichosos, mágicamente transportados al pasado recordado -un mundo propio e incomunicable en verdad el de cada uno-, y que nos despidiéramos con gran pena, como sintiéndonos nuevamente perdedores de aquel mundo, de aquel niño, efímeramente recuperado, como por regalo divino. Y luego vendría lo del ángel de la guarda y la amable muchacha de que hablé antes.
Ayer y hoy he paseado acompañado por Cary Grant, que es el paradigma de la pusilanimidad perruna.
Desde hace unos días no juego al fútbol (me lesioné otra vez, ésta en el muslo derecho). Vuelven, después de habérseme mostrado el horizonte más esplendente, los fuertes dolores en los tobillos. Con la obra, alternada con el fútbol, no me dolieron tanto; ahora, en un reposo relativo, sin fútbol ni obra, siento más dolor. Anoche, entre sueños, sentí en el tobillo izquierdo agudas punzadas; en cambio, hoy, con la caminata, no me ha dolido. Me preocupa más el derecho. Además, me duele, al forzar, a la altura del omoplato derecho. Y con movimientos giratorios, el hombro izquierdo.
Anoche vi, y me gustó mucho, Las amistades peligrosas, con G. Close, J. Malkovich y M. Pfeiffer. Fue una excelente mostración de pasiones y una clara exposición del verdadero color de la naturaleza humana.
Hoy he vuelto a leer sobre los Reyes Católicos. Me encanta la historia.¡Pobre Alfonso, muerto con sólo catorce años!, ¡e Isabel, reina a los dieciocho!
K.
En cama de la azotea, viernes, 29 de octubre de 1.993.-
Ayer jugué otra vez al fútbol. Momentos antes de ir, ya me dolía el tobillo derecho. Pero me pudo el deseo, este deseo que me perjudica, este deseo que me trae placer mezclado con dolor. Este deseo que me arrastra y al que no puedo resistirme. Jugué con más fuerza que otras veces, con una energía inusual. No me dolió jugando; pero al acabar,... ¡me dolía mucho!
Vuelvo a alcanzar viejas cotas de tristeza, si no nuevas y superiores.
K.
Comedor, 3'28 h. de la madrugada del 9 al 10 de noviembre del 93.-
Acabo de ver Cómo robar un millón y..., de W. Wyler, con A. Hepburn, P. O'Toole y Ch. Boyer. Es una peli que entretiene. Las de robos ingeniosos me encantan.
Ayer fui al hospital. Me dijo el doctor que tengo el tobillo inestable. Ahora me duelen los dos. Soy pesimista en este momento.
Estudio el Renacimiento, su arte, cultura, religión, formas políticas, economía, aspectos sociales, filosofía,...
Después de ver al médico, fui a la biblioteca. Leí algo de Las fuentes del Nilo, de Dragó; y la crítica senderiana a los noventayochistas (veintiséis páginas de la crítica a Unamuno). Me impresionó gratamente la obra de Dragó. Y volvió a desanimarme Sénder.
(Hace unos días, compré ilusionado En la vida de Ignacio Morel, de Sénder. Estoy seguro de que me gustará mucho. Ya pasó aquella pasión negativa contra este buen novelista; pero voy a seguir prefiriendo a Unamuno)
Sigo sin salir, vuelven a dolerme los ojos.
María.
En la cama, jueves, 18 de noviembre del 93.-
Sigo leyendo sobre los Reyes Católicos. Ahora, el episodio colombino.¡Apasionante! ¡Qué aventuras tan maravillosas, con tanta precariedad de medios! Gil Eanes, Nuño Tristán, Dionís Díaz, Cadamosto, Gómez, Diego Cao, B. Díaz, V. de Gama, Magallanes, Elcano, C. de Vaca, Ojeda, Balboa, Pizarro, Almagro, Solís, Valdivia, Cortés, Orellana, Aguirre,... Qué de fundaciones, mestizajes, enseñanza, minería, periplos, piratas,...
Intento comer menos; como muchas bellotas.
Presiento un cambio histórico de gran magnitud.
Cuando le dije que iba a comprar libros, vi en su mirada una suerte de estupor, de incompresión, de repulsa.
"¿Pero no te basta con los que tienes en casa?"
20 de noviembre del 93.-
Peso 82'2 kg.
Estoy muy triste. ¿Dónde está el guión luminoso de mi vida? ¿Dónde el ventanillo vivificador? ¿Dónde el soplo de aire fresco? ¿Me está destinada este sentina enervante?
Sigo sin salir.
"Pienso con terror en mi edad." (Amiel)
En cama, a las 00'45 h. del 28/29 de noviembre del 93.-
¿Dónde los amigos? ¿Dónde aquella amiga perdida?
Quiero salir por las mañanas, alegraré a mi madre, que lo merece todo, ¿qué haría sin ella?
En cama, 4/5 de diciembre del 93.-
El médico me ha recomendado intentar la rehabilitación de los tobillos. He cobrado huelgos renovados.
En la biblio he leído a Unamuno: su epistolario con L. de Zulueta, los apuntes y comentario de su postrimero Del sentimiento... Leí también la crítica del Senderillo, el epistolario de Vives (Budé, Erasmo, Moro, Catalina, Rodrigo M.,...), y a otros autores.
Ahora me ha acometido un vehemente deseo de estudiar teología, la Biblia, toda la filosofía, la historia, la matemática (todo se necesita, se relaciona),... ¡Tamaña empresa! Todo se quedará en la gana.
(En ella se quedó. Hoy, ni gana tengo de estudiarlo todo. Pero, extrañamente, sigo comprando ávidamente libros sobre la Historia de la filosofía, sobre las diversas teologías - de la mística, del signo sacramental,...-, sesudos estudios sobre la Biblia y muchas obras de Historia y biografías de personajes históricos,... ¿Para qué?)
K.
En cama, 6/7 de diciembre del 93.-
Salí anoche. No me divertí, me aburrí como siempre; como siempre, perdí el tiempo. He perdido las ganas de volver a salir.
Espero atreverme pronto a aventurar. Mi madre -ánimo, freno, ayuda,...- siempre estará aquí, dulce llar, lumbre amorosa en el rigoroso, acerbo invierno que es la vida desvirtuada. Podré volver, y me dará la más lejana estrella si se la pido. ¡Madre amadísima, extremadamente generosa en el darse ella misma! ¿Intentaré ese periplo por el mar de los sargazos?
La libertad no significa la oportunidad de lograr la satisfacción propia o el ignorar la consideración de los demás. El maestro que es sincero protegerá a los discípulos y les ayudará por todos los medios posibles a crecer hacia la verdadera libertad; pero le será imposible hacer esto si él mismo está aferrado a una ideología, si es en alguna forma dogmático o egoísta.
K.
Mamá, esta ha sido la primera navidad que paso sin ti y sin papá. ¿Qué ha sido de la familia? ¿Qué fue de aquellos días en que papá volvía eufórico a casa y desde la puerta de la calle te gritaba: ¡Nena, mira lo que te traigo! Papá te quería, papá nos quería. ¡Y cómo le gustaba acarrear! No nos faltaba nada de lo que daba el campo, gracias a su generoso esfuerzo. Mientras yo vivía perdido entre libros y películas. Por entonces, las preocupaciones materiales propias de una casa, de una familia, me eran totalmente ajenas. Pero él, papá, un hombre inculto, con la incultura del iletrado, nos daba de comer, nos vestía, mantenía la casa, y a mí me dio unos estudios, soñando con que no viviría sólo de mis brazos, no como él. Y por supuesto, estabas tú, tan trabajadora como él, en casa. Y que fuiste ganando día a día nuestro amor imperecedero, con tu constante dedicación a nuestro cuidado, con tu desvelo, con tu generosidad en el esfuerzo, con tu santa alegría, con tu paciencia para con nosotros todos, cargados con tantos defectos como virtudes. Nunca te hemos dado ni podremos darte lo que tú nos has dado sin esperar premio alguno, si no es nuestro bienestar. Si amor es sacrificio, tú nos amaste en verdad. ¡Gracias, mamá! Y gracias a papá, por su bondad, por su buen ejemplo en tantas ocasiones, por sus sensatas y prudentes enseñanzas (incluidas las envueltas en un fructífero silencio) en las ocasiones. En sus últimas horas fue el padre más humilde y paciente, aceptando sin alteración de ánimo, con admirable calma, tal vez dándome su última lección, la despedida de este mundo aparente. Y yo me pregunto ahora si no tendría, a su manera, una fe que a mí me falta. Recuerdo que ya cerca del final decía a su hermana: "Ya va siendo hora de irse. Para sufrir, mejor es que Dios me recoja. ¿No hemos vivido ya lo que teníamos que vivir?"
Mamá, aunque no te ven ahora, en este momento, mis ojos, porque estás, para ellos, lejos, yo te tengo presente en todo momento. Y aún te veré con frecuencia. No a papá, que está mucho más lejos, en un lugar que desconozco, pero tan presente en mi corazón como si no se hubiera ido. Pero la familia... No supimos salvaguardarla, permitimos indolentemente, con injusticia manifiesta, que se aflojaran sus lazos, por nuestros torpes errores perdió su cohesión. Sabes que cuando hablo de nuestros errores, no pienso en ti ni en papá, pues con amor habéis ido más allá de vuestra aparente capacidad, superando vuestras limitaciones con el sacrificio, con la abnegación.
Mamá, aún queda tiempo para el optimismo. Seré amor para ti, y sabrás de él -hablo sólo de un modo de expresión- por la magnitud de mi alegría al verte, como yo lo veo por la tuya, magnífica siempre. Cuando alguien nos importa, la cara, los ojos, la mirada, los gestos y la actitud lo dicen. No ahorraré la efusividad cuando pueda abrazarte y besarte y sonreírte, como haces tú, que me comes a besos, abrazos, preguntas y consejos. ¡Benditos sean tus consejos ingenuos, inocentes, como de niña! Cuando ya no estés, en presencia corporal, recordaré con los ojos inundados, esos consejos bondadosos, cándidos, de madre tan sencilla como temerosa de mi mala suerte, de mi daño, de mi dolor, de mi pena.
Mamá, recordaré; pero ahora aún te tengo conmigo, aunque no sea aquí a mi lado como siempre. He de aprovechar este tiempo, más precioso que el oro. He de ganar aún recuerdos que hagan que me sienta más orgulloso de tenerte por madre, y satisfecho también con mi comportamiento como hijo, aunque nunca del todo, pues sé que pensaré -como me pasa cuando pienso en papá- que pude hacerlo mejor, por muy bien que lo haya hecho.
Entrar en el silencio, oscurecerse y anochecer de tanta luz que ciega, de tanto estruendo como nos aturde. Bañar en noche el cuerpo fatigado. Hundirse en el silencio rumoroso y curar tanta herida que llevamos.
B. Mostaza.
Azotea, 18'30 h., lunes, 17 de enero del 94:
El viernes fui al hospital. Después, a la biblioteca. Leí a Papini (Historia de Cristo) y a T. de Chardin.
Esta mañana he ido a hacer rehabilitación. Antes, a la biblioteca. Leí a san David de Escocia (D. Hume), su famoso tratado de la naturaleza humana. Leo también algo del evangelio copto de Felipe.Y algo de Unamuno (La dignidad humana, sobre la educación).
Diez minutos de tratamiento con ultrasonido.
Vuelvo a la biblioteca.
Cuando voy a coger el autobús, me ven la madre y la hermana de G. Se alegran de verme.G. se casó y tiene una hija de dos años. Trabaja en las aceitunas, o en la carretera.
(No recuerdo nada de lo que pudiera aprender de T. de Chardin. Es más, ni siquiera recordaba haberlo leído (!!!). Tampoco sé que hubiera aprendido algo de Hume, ni que lo hubiera leído (!!!). Y lo mismo digo del evangelio de Felipe. Para mí ha sido una sorpresa leer ahora que los leí. ¿Con cuántos me pasará esto? ¿Cuántas cosas habré hecho, que no recuerdo? ¿Y cuántas cosas habré aprendido, cosas que no sé? Si no existiera este diario manuscrito, yo diría totalmente convencido: "no he leído a Chardin, no a Hume, no el evangelio de Felipe." Cualquiera me creería, por supuesto, ¿por qué habría de mentir sobre asunto tan poco interesante? Pero... ¿por qué no nos ocurre pensar que podemos decir algo que no es cierto, sin mentir? ¿Qué sabemos de nuestro pasado? Todo, no. Entonces, ¿con qué sorpresas increíbles, o maravillosas, estarán llenas esas lagunas memorísticas? Supongamos ahora que alguien me preguntara, al decirle yo que no he leído a esa gente: "¿estás seguro de que no los has leído?" (!!!,???) No me cabe duda de que yo le diría, muy convencido, totalmente seguro de saber: "¡pues claro, qué cosas tienes! A ver: ¿tù has leído a Chardin, a Hume o el evangelio de Felipe?" "No, no los he leído" "¿Estás seguro?" " ¿Pues no voy a estarlo, ¡claro que lo estoy, qué cosas tienes!" "Pues también yo lo estoy, como tù lo estás"
Sí, creo que así estamos seguros de muchas cosas. Del mismo modo, podría decir ahora, porque lo sé, porque estoy seguro, que no he leído a... ¡Vaya, ahora dudo, después de esta lectura de mi diario antiguo,... creo que ya no me atrevo a afirmar que no he leído a...! ¿O sí me atrevo? ¿Es que no estoy seguro de no haber leído a Joyce o a Proust? De que no he leído a Mishima, por ejemplo, estoy seguro, creo, me parece. ¡Vaya, "..., me parece"! Pero... ¿y si algùn día me encontrara, en mi diario antiguo, con que los leí?
Por otro lado, ¿qué pasará con mis lecturas de ahora, las olvidaré también, de tal modo que llegue a decir que no he leído, por ejemplo, la novela que acabo de leer?)
(Las hijas de G. ya son mayores. A la madre y a la hermana no volví a verlas, creo (empiezo a dudar de casi todo, ¡vaya!). Pero también es posible, me parece, que hayamos coincidido en la sala de espera del médico, o en una tienda, y que nos hayamos mirado, sin recordarnos, pues también es posible, me parece, que ellas me hayan olvidado.
G. ya no trabaja, ni volverá a hacerlo, en la recogida de la aceituna, ni hace carreteras. La vida, el vivir, nos cambia mucho. Yo no volveré a jugar al fùtbol, ni volveré a muchos sitios ni hechos. Ni volveré a ver a muchas personas que significaron algo en mi vida. )