LOS PIES DE HANNAH MONTANA
A Suina.
El escritor belga Simon Leys dijo que "todo lo que puede pronunciarse está desprovisto de importancia." Y se quedó tan ancho. De un plumazo convirtió la literatura en ruina, pena y escombros. Y aunque no carecía de razón prefiero acordarme de Pessoa cuando escribió:
Todo lo que hago o medito
siempre se queda a mitad.
Querer, quiero lo infinito.
Al hacer, nada es verdad.
Puestos a definir la escritura me quedo con Pessoa, aunque solo sea por una cuestión estética. Y es que los escritores (y escritoras, si no me acuerdo de ellas cometeré una falta políticamente incorrecta, Dios me libre) somos todos unos viciosos, unos pervertidos o unos criminales (o todo junto, que mola más). No lo digo por decir ni por epatar al personal (epatar, que palabra más fea y más pedantesca, joder). El escritor es aquel que tiene algo que decir y quien tiene algo que decir es porque vive atormentado por ello.
Todos los escritores que valen la pena, los interesantes, se han nutrido de sus trapos sucios, de sus vicios, de sus secretos inconfesables. Hasta alguien tan presuntamente inofensivo como Stephen King acabó confesando su tormentosa relación con el alcohol y las drogas (se solía poner hasta el culo de cocaína para escribir, quizá eso explica que se haya vuelto tan aburrido). Si, amigos, los pecados de los escritores avergonzarían a Calígula. Solo aquellos escritores con menos personalidad que el palo de una fregona pueden decir que son normales y gente respetable.
Porque ser un vicioso no carece de encanto. El muy simbolista, y aún más cubano, poeta Julián del Casal describía la desvirgación de una damisela de la siguiente forma: "En un lujoso lecho de marfil, sándalo y oro perdió la ensangrentada flor de su inocencia." Bonito ¿no? Más aún cuando habla de las drogas en su Canción de la Morfina:
Amantes de la quimera
yo calmaré vuestro mal:
soy la dicha artificial
que es la dicha verdadera.
Jamás se ha descrito mejor y más hermosamente el puro vicio. Aunque yo siempre preferiré (si de vicios hablamos) al más castizo (pero también modernista, por supuesto) Manuel Machado, sobre todo cuando escribía cosas como:
Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado a las golfas y el aguardiente.
Y no fue su único poema a las putas y la mala vida. Que va.
Todo es difícil de encontrar si no abres los ojos. Y yo cuando me aburro, cuando no encuentro sentido a esta puerca vida pienso en los delicados pies de Hannah Montana. Nada aprende el hombre salvo por necesidad, creo que dijo Demócrito. Si por necesidad he aprendido entonces necesito aquellos hermosos pies adolescentes.
Verlaine acabó arrastrándose por las fangosas calles de la feísima París mientras los niños se burlaban de él. Alcoholizado (o esclavo de la absenta) supongo que aún pensaría en los polvazos atómicos que echó con aquel tierno Rimbaud de 16 años (tierno hasta que le pegó un tiro, claro). Juan Ramón Jiménez gustaba de desvirgar a ingenuas monjitas. Creo que hasta 2007 no se publicó su inédito Libros del Amor (que incluía versos tan inquietantes como ese de: "Sentada en mis rodillas se dejaba tocar"), libro que estaba a punto de editar en su momento pero que escondió toda la vida tras conocer a la que sería su esposa, Zenobia, y sobre todo temiendo que la familia de ella descubriera la poca vergüenza que tenía el poeta (al confesar sus pecados de la carne).
Ya veis, no se salva ni uno. Y si hablamos de escritoras lo mismo, desde el supuesto putón verbenero de Anais Ninn (que aburrida de la vida llegó a seducir a su padre) hasta el encanto radical de Valerie Solanas que tras licenciarse summa cum laude en psicología decidió ganarse la vida como prostituta (siempre hay que elegir el Mal, creo que dijo Wilde) y de las más tiradas de Nueva York (allí escribió eso de "Los hombres no solo se follarán a una vieja desdentada sino que pagarán incluso") mientras escribía el manifiesto SCUM que proclamaba el exterminio de los hombres porque genéticamente eran inferiores a las mujeres: los hombres tenemos un par de cromosomas incompleto. La Solanas acabó pegándole un tiro a Andy Warhol por pura coherencia feminista (no iba a consentir que un hombre, por muy maricón que sea, la puteara en sus aspiraciones literarias). Yo también le hubiera pegado un tiro a Warhol pero más bien porque era insoportablemente hortera (y sus Diarios insoportablemente aburridos).
Un antiguo poema, creo que griego, decía que a la juventud pertenece el placer y la desidia. A la vejez: las cosas serias. Me tomo muy en serio mi adoración por los pies de Hannah Montana. Lo hago desde una posición platónica. Los discípulos de Platón decían, predicaban, que la felicidad es la contemplación, a distancia, de la belleza perfecta. ¿Hay algo más perfecto que los delicados pies de la adolescente de peluca rubia?
Solo quiero lo que me diste cuando nada te pedí, dice el poeta. Es verdad, yo no había pedido nada y de repente (capítulo segundo, primera temporada de Hannah Montana) ahí estaban los sedosos pies de mazapán. Y poco importaba si Hannah tenía los pechos como pastelillos de nata y los pezones como gominolas de fresa. Eran sus bonitos pies lo que me hacía tener fe en cosas imposibles.
Ad Augusta Per Angusta decían los romanos. Las Jaulas del Alma, así lo definía Gordon Sumner. Los escritores estamos atrapados por un mundo gris y mediocre. Lo único perfecto que podemos hacer es morirnos. Pero siempre nos arrepentimos (y Spinoza dijo que el que se arrepiente es dos veces miserable).
Una vez leía a Isabel Escudero (os recomiendo su estupendo libro de reflexiones Digo Yo, título muy castizo, por cierto), escritora andaluza, y dijo eso de Dios Existe: no tiene nada mejor que hacer. Y pensé que esta mujer era la mejor filósofa con la que me he cruzado. Pero si Dios existe, ¿creó él esos delicados pies de adolescente para mí? Supongo que sí, así de crueles son los dioses (por eso está tan mal visto ser pagano). Mi novia en cambio dice que soy un pervertido. Yo creo que solo tiene celos.
Pero estaba hablando de los escritores y sus vicios. Y que sin vicios no hay literatura y que sin literatura no hay nada. En la vida hay algo más que libros pero no mucho más, cantaba Morrissey. Y Gene Simmons (en su autobiografía habla de haberse acostado con más de 5.000 mujeres) sentenciaba, con gran sabiduría, que no importaba si una mujer es guapa o no, lo importante es que haga toda clase de guarradas en la cama. Eso para un platónico como yo es algo incómodo de admitir (pero soy hombre e ibérico, así que tengo que admitirlo) y siempre recordará al muy castizo refrán (tan castizo como presuntamente machista) de que una mujer tiene que ser una señora en la calle y una puta en la cama. Supongo que el Henry Miller más parisino estaría de acuerdo con ello.
Solo la duda es ética, decían los filósofos y yo dudo de todo, incluso de la educación porque cuando Chesterton afirma que la educación es un absurdo porque para educar a un hombre tendría que ser educado por alguien superior a un hombre caemos en el absurdo de la vida, es decir: de la filosofía, yo no puedo más que estar de acuerdo. Leo la vida de Borges y veo que apenas tuvo una educación académica (fue muy poco al colegio y en lo poco que fue mostró ser un zopenco mayúsculo), y ahí está, reinando majestuosamente desde sus brillantes páginas. Así que un mastuerzo como yo también puede conseguirlo. Aunque creo que muchos escritores escribían para ligar, para fornicar. Pero cuando eso fallaba se iban al burdel, que tradicionalmente ha sido la más sagrada fuente de inspiración de los escritores.
Pero en un burdel no podría encontrar los pálidos pies de Hannah Montana. Que al fin y al cabo son mi inspiración. Y por muy platónico que me autoproclame he de confesar que alguna vez, para mi vergüenza, he fantaseado con la idea de pegarle un par de lengüetazos a esos bien formados piececitos. La distancia entre la contemplación platónica y los lengüetazos lujuriosos es el espacio de la literatura.
Si soy escritor es porque vivo de las quimeras. El que tiene el estómago lleno y las fantasías cumplidas jamás podrá ser escritor. O al menos un escritor de los interesantes. El vicio nos hizo humanos (y si no pregunten a Eva y al idiota de Adán), así pues el vicio nos hizo escritores, que es lo más humano que se puede ser.
Comentarios
Ayer leyendo los relatos de Suina en este foro disfrutaba tanto como a la vez sentía una sana (e insana) envidia. Yo jamás podré estar a la altura de su prosa, así que en vez de competir decido tirar por mi camino, que es el único que vale la pena para mí, claro. Porque uno debe insistir en sus errores, como aconsejaba Julio Cortázar. También el otro día leía en la revista literaria Qué Leer una noticia de lo más rocambolesca: Resulta que Moira Greyland ha declarado que entre los 3 y los 12 años sufrió abusos sexuales de su madre, la escritora Marion Zimmer Bradley, así que ahora la escritora pasará a la posteridad, por fin, por algo. Pero la noticia no sería tan retorcida sino fuera porque la escritora había estado casada con el escritor Walter H. Breen (también padre de Moira) que fue un empedernido defensor de la pederastia (entiéndase al estilo griego antiguo), que publicó el polémico libro Amor Griego y que acabó muriendo en la cárcel cumpliendo condena por abuso de menores. En fin, una familia literaria de lo más encantadora. Eso me dio a pensar que todos los escritores somos unos personajes peculiares, que todo escritor que vale la pena es porque ha tenido una vida poco convencional. Eso dio también como resultado este relato, del que he quedado muy contento. Y esta vez he mirado el reloj: he tardado 45 minutos en escribirlo. No he podido escribir algo al bello estilo de Suina, más bien ha salido el desquiciado estilo de Carlos Serrano, algo, por lo demás, inevitable...:rolleyes:
Por lo pronto...aunque he leido a muchos de los autores y títulos que apuntas, tomo nota de otros muchos que no...y aunque nunca he dejado de leer, me dan ganas de "atracarme de lecturas" de nuevo.
Anoche leí a vuela ojos un relato tuyo de una muchacha y unos pies...quiero comentartelo.
Un escritor con una vida plana solo hará escrituras planas, me interesa el sufrimiento, la decadencia, y las simas más que las cimas, si desembocan en literatura hecha con las entrañas.
Leo a tu Hanna, si la encuentro.
Buen texto, Carlos, con tu reiteradas referencias que son siempre interesantes.
En cuanto a la "perversión", o "vicio" de algunos escritores, como requisito para escribir bien sobre temas interesantes, no creo que sea inherente al buen escritor sino a la naturaleza humana. Todo ser humano tiene su lado perverso, manifiesto o latente, independientemente de su profesión. Los mismos "vicios" que citas en esos autores, los tienen -o tenemos- muchos seres humanos. Y creo que un escritor puede ser bueno e interesante sin entregarse a ese lado oscuro de la personalidad que todos tenemos.
Saludos a todos.
A mí me asombra no haberte descubierto antes!:D Me has dicho lo que ya me han dicho otras personas, que doy ganas de leer las obras que cito. Eso a mí me encanta, sobre todo porque soy un lector voraz como pocos y me alegro de compartir y fomentar esa pasión :rolleyes:
Bueno, veo que estamos de acuerdo en muchas cosas. Pero a lo mejor no te lo crees: aún no he leído a De Quincey. Y no porque no le conozca (Borges lo menciona cada dos por tres, al igual que los simbolistas), es porque he tardado en localizar sus obras. Ahora mismo tengo a tiro un volumen con La Diligencia y Confesiones de un ingleś comedor de opio. Aunque me interesaría más leer sus Writtings (que no sé si son sus obras completas o una colección de ensayos) porque Borges las menciona y leía continuamente.
En cuanto a decadencia te recomendaría el Diario de Joe Orton (una joya del vicio más ingenioso) que hace muchos años descubrí y me hizo sentir fascinación por los diarios íntimos (incluso me hizo publicar fragmentos de los míos)
Y encima conoces a escritores, lo tienes todo, chica:D Bueno, yo estuve carteándome con mi admirado Villena e intenté ponerme en contacto con Terenci Moix cuando vivía. Aunque siempre prefiero, con mucho, conocer a escritoras. Más que nada porque estoy harto de leer a hombres, los tengo ya muy vistos:D
Gracias, compañero. Ser autodidacta es acomplejante...hasta que descubres que muchos de tus héroes lo eran. Muchos de los genios de la historia ni sabían qué era una Universidad.:rolleyes:
Si, dicen que si miras en el cubo de la basura de cualquier persona acabarás encontrando eso: basura. Lo mejor, creo yo, es utilizar los vicios como virtudes, sacar provecho. Henry Miller utilizaba su lujuria para sus verborréicos escritos. Hablar de mujeres y sexo da mucho juego, claro, pero sacar alguna reflexión útil aún más. Pero ya digo, también la contemplación simplemente de la belleza. Eso es casi mejor.:D
Muchas gracias, compañero.