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Un médico llamado DIOS

madeiromadeiro Gonzalo de Berceo s.XIII
editado septiembre 2008 en Literatura
Después de esto, Jesús se fue de aquel lugar. En el camino vio a un hombre llamado Mateo, que estaba cobrando impuestos para el gobierno de Roma. Jesús le dijo: “Sígueme”.
Mateo se levantó, dejó todo lo que tenía, y lo siguió.
Ese mismo día, Mateo ofreció en su casa una gran fiesta en honor de Jesús.
Allí estaban comiendo muchos cobradores de impuestos y otras personas.
Algunos fariseos y maestros de la Ley comenzaron a hablar contra los discípulos de Jesús,
y les dijeron: “¿Por qué comen ustedes con los cobradores de impuestos y con toda esta gente mala?”.
Jesús les respondió: “Los que necesitan del médico son los enfermos, no los que están sanos. Yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a DIOS, no a los que se creen buenos”.

Lucas 5:27-32



Recuerdo cierto tiempo de mi niñez interesado por encontrar una manera de ayudar a la gente a erradicar el dolor sobre la Tierra, una forma de evitar que la guerra, el hambre, el egoísmo, destruyan la esperanza de construir un mundo mejor.
Entre los 9 o 10 años llegó a mis manos una revista que se llamaba “Mente Sagaz” donde se delineaba el futuro hablando de clones, robots, viajes al espacio y otras posibilidades de la ciencia que parecían anunciar mejoras para la vida humana.
Creciendo pude ver que no sucedió como imaginaba.
Pero en mi corazón seguía latiendo el mismo deseo de mi primera infancia tal como hasta hoy día.
La respuesta al porqué de esta inclinación no fue una natural predisposición a ser bueno.
No.
Sucede que uno de los primeros escritos que llegó a mis manos, mucho antes que aquella revista, fue el Nuevo Testamento.
Un niño común y corriente siempre desea cosas buenas y lindas, siempre espera que DIOS le guarde y ayude a los que ama, sentir en su interior una voz que le acompañe y aconseje.
Un hombre sano también desea las mismas cosas; aun si no cree en DIOS.
Todos sabemos que el mundo puede mejorar, que la guerra, el hambre, el egoísmo pueden ser cosas del pasado si trabajamos unidos para ello.
Y cuando un niño o un adulto escuchan palabras hermosas, consejos simples y útiles como los del Sermón de la Montaña, todos podemos ser Mateo y dejarlo todo para seguir a ese hombre de las buenas noticias, Jesús.

El evangelista nos cuenta que, movido por su alegría, Mateo organizó una fiesta. Su corazón había encontrado un sentido, una razón para vivir con dignidad cada día.
Seguramente, habría escuchado o recibido comentarios sobre este Jesús frente a la multitud, sobre sus milagros y sus palabras dando a conocer a un DIOS misericordioso: “Si Ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón DIOS, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan”
Mateo era del grupo de los “malos”, de los mal vistos entre su pueblo.
Quizá sentirse indigno le haya impedido acercarse al Predicador.
Entonces, puede entenderse que la invitación de Jesús al verlo: “Sígueme”, esa única palabra que vista desde la lectura desatenta del Evangelio parece relatar un milagro de transformación instantánea, sea nada más y nada menos que la voz que esperan los desahuciados para encontrar una razón para seguir.
Dile: “comparte mi pan” a un hambriento, “cuenta conmigo” a quien cayó en desgracia, “necesito de ti” al despreciado, y verás transformaciones que no son milagros, son fórmulas para ayudarles a revivir y ganarle sentido a la vida.
Las palabras de Jesús revivieron a Mateo.

Y en su alegría, organizó una fiesta.
Los conocidos de su entorno eran recaudadores y otras personas vistas como “gente mala”.
Pero esa era su gente y Mateo no podía ocultarles el cambio que había obrado en su vida.
Ante la presencia de Jesús con ellos, los maestros de la Ley preguntan: “¿Por qué comen ustedes con los cobradores de impuestos y con toda esta gente mala?”.
La respuesta de Jesús no se hizo esperar: “Los que necesitan del médico son los enfermos, no los que están sanos. Yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a DIOS”.
El “Sígueme” de Jesús a Mateo es esa invitación que muchos necesitan para darse cuenta que no está todo perdido, que hay otra oportunidad, que se puede cambiar, mejorar, servir.
“Los que se creen sanos” no buscan un médico y a los enfermos los médicos no suelen ir a buscarlos.
Sólo una conciencia dispuesta a reconocer que un mal nos aqueja, que no podemos solos, que necesitamos un ayudante, puede sanarnos.

Yo he tardado en reconocer mi necesidad.
Así como las distintas enfermedades que asolan nuestro cuerpo pueden ser sanadas a tiempo o no, según cuanto nos hayamos demorado en buscarle el remedio, quiera DIOS que mi vida sea liberada de todo mal.
Como fue dicho, el primer libro importante que llegó muy temprano a mi vida fue el Nuevo Testamento.
Ahora, luego de mucha resistencia de mi parte, siento y pienso que, verdaderamente, hay una manera de ayudar a la gente a erradicar el dolor sobre la Tierra, una forma de evitar que la guerra, el hambre, el egoísmo, destruyan la esperanza de construir un mundo mejor.
“DIOS, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan”.
Hay un médico llamado DIOS… y va a domicilio.

Daniel Adrián Madeiro

Las obras de mi autoría publicadas aquí o en otros sitios de la Internet, son de distribución LIBRE y GRATUITA, siempre que sea sin fines de lucro, respetando el texto y citando al autor. Si lo haces, me gustará saberlo. Será un placer que alguien los encuentre útiles para obtener fondos destinados a un fin solidario comprobable como, por ejemplo, ayudar a niños pobres. ¡Que DIOS te bendiga!
–RECIBIERON GRATIS, DEN GRATIS –San Mateo 10:8.

Comentarios

  • CatuloCatulo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2008
    Además dios-médico encaja con el nombre de sus ministros, que son "curas" y están para curar el alma. Lo del médico del alma es más antiguo que la tos. Pero ese médico a veces ha resultado matasanos, al menos por lo que hacía a través de sus "curas".

    Y que después de 2008 años de "medicina" cristiana en la Tierra siga habiendo guerra, hambre y egoísmo, me conduce a pensar en tres posibilidades:

    1) que el médico no se sacó el título en una buena universidad

    2) que el enfermo no tiene cura

    3) que el médico no es médico

    Personalmente, a DIOS no le concedo otro valor que el de consuelo para moribundos y desahuciados. Que puede que no sea poco. Ya lo comprobaré cuando me llegue la hora.

    Un saludo,

    Catulo.

    :)
  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2008
    Yo solo pienso que Dios solo puede recetar un buen calmante para los palos que azotan a la humanidad y su duración es tan momentanea como los efectos de la droga creada por nuestro propio intelecto.

    En cuanto a tus deducciones, Catulo...acertadas y muy inteligentemente pensadas.

    un abrazo,
  • NagotNagot Anónimo s.XI
    editado septiembre 2008
    Creo que vale la pena agregar que además de "medicina cristiana" hemos recibido muchas otras "medicinas". Sin mencionar que a veces los mismos diagnósticos recibieron diferentes tratamientos, hasta posiblemente contradictorios.

    Saludos.
  • andromedaandromeda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2008
    Hola Sr.Madeiro,
    Como ya sabe yo sigo la pista de lo que usted va incluyendo en este foro.
    Quizá sería preferible que muchos niños tuviesen, en la actualidad, esa misma inquietud por querer ayudar a erradicar las miserias de este mundo.
    Yo, por mi parte, no tengo nada que objetar si un niño lee el evangelio y eso le ayuda más adelante, en su vida, a ser mejor persona.
    Mi caso, si es que tiene algun interés, es francamente curioso: sabía usted que el único evangelio que he leído, es el de Tomás, ése de la gnosis, el de las logia, el mismo que aprovechan en algunos programas, cuando no tienen a ningún famoso que descuartizar o lo que sea, para organizar debates sobre "la censura de la Iglesia y los Evangelios Apócrifos!!!" . Pues a mi no me costó mucho encontrarlo...
    Y desde mi humilde punto de vista, creo que es una lectura muy interesante.
    Lo que siento es que justo este año, en clase de una asignatura en la facultad, escuchase el resumen que hizo una profesora de este evangelio....narrando una historia, que yo no sé si aparece en otro evagelio, pero desde luego en el de Tomás ... no. Debería haberle comentado a esta profesora de Universidad lo que yo leí? Yo no dije nada, no quise dejarla en evidencia delante de todos los alumnos que ahora repetiran lo que oyeron que ella decía. Tuve vergüenza ajena y me callé. Supongo que ella tiene demasiada confianza en que sus alumnos no leen ni los prospectos de los medicamentos... pero ese día había una que venía de haber estudiado filosofía ....

    Un saludo Sr. Madeiro.
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