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La Bicicleta

remedios14remedios14 Pedro Abad s.XII
editado mayo 2014 en Narrativa
La Bicicleta
Faltaban pocos días para mi cumpleaños y mi padre me había prometido un buen regalo por mis excelentes notas en los exámenes. Sin dar detalles, me dijo que era una sorpresa.

Vivía en el campo y no abundaban las diversiones y mucho menos los juguetes. Pensé que podía ser un par de revólveres de esos que usaban los cowboys norteamericanos y que tanto estaban de moda. A todos los niños les gustaba por el ruido que hacían y les daba un toque de realismo. Se les ponía un rollito como las serpentinas, con protuberancias conteniendo pólvora y que coincidían con la aguja del gatillo cada vez que disparaba. Y como los revólveres de los héroes del oeste, realizaban un montón de disparos.

El día del cumpleaños veo a mi padre llegar montado en una bicicleta. Una Súper Red nueva. Las ruedas con bandas blancas, luces, timbre, en fin, una magnífica bicicleta. ¡Tremenda alegría! Era el único campesino, de todos los alrededores, con bicicleta.

No sé cómo, ni cuando, ni donde había aprendido a pedalear. Desde que tomé en mis manos el manillar, circulaba con perfecto equilibro, por aquellos trillos dejados por los cascos de los caballos y las pezuñas de los ovinos en los caminos y potreros. Me gustaba recorrer aquellos caminos a alta velocidad para sentir en el rostro aquel aire con olor a hierba y perfumes de flores silvestres.

Un día mi padre salió con mi bicicleta. No sabía por qué. ¡Y es que no sabía o no comprendía tantas cosas! No sabía que mi padre ayudaba a los rebeldes que luchaban contra la tiranía y había ido a llevar al pueblo, el dinero recogido para los guerrilleros. El transporte era muy precario por el hostigamiento de las fuerzas rebeldes que no cesaban de realizar sabotajes y destruir los pocos vehículos que circulaban. El ejército patrullaba las carreteras y vigilaba los accesos a los pueblos.

Era tarde y mi padre no llegaba. Hasta nuestra casa llegaban ruido de explosiones. Mi madre y yo, muy nerviosos, esperábamos noticias no agradables. No sabíamos que los insurrectos habían detenido un autobús y luego de obligar a los pasajeros a descender, le prendieron fuego. De ahí provenían las explosiones que escuchábamos.

Unas horas después, llegaba mi padre, sonriente, en mi flamante bicicleta. Mi madre se abrazó a él llorando y yo fui directamente a revisar mi bicicleta. Desapareció la incertidumbre nuestra. Mi madre por mi padre y yo por la bicicleta.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2014
    Que tal que le hubiera pasado algo a la ...bicicleta:confused::)
  • remedios14remedios14 Pedro Abad s.XII
    editado abril 2014
    Yo creo que al niño le hubiera dado un infarto. ¿No crees? Ja-ja-ja-
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2014
    Si, ni dudarlo:)
  • GigioGigio Pedro Abad s.XII
    editado abril 2014
    Para un infante no hay nada parecido a una bicicleta nueva, es lo máximo. Ya me acuerdo :D
  • barrikadabarrikada Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2014
    Me gusta mucho esa sensación de que mientras miles de cosas malas ocurren, hay tiempo para la esperanza o incluso para dar una vuelta en bicicleta, confrotando esa sensación de tranquilidad y de agitación. Está muy bien escrito, me ha gustado mucho!
  • remedios14remedios14 Pedro Abad s.XII
    editado abril 2014
    Gracias. He querido plasmar de una forma diferente, la diferencia que hay entre el mundo de los niños y el de los mayores.
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2014
    Me gusta tu historia, un estilo descriptivo pero ágil, me has tenido con el alma en vilo hasta que el padre... y la bicicleta :D vuelven.
  • ENEASENEAS Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2014
    Hola, Chelo.
    Tu relato me ha recordado a la historia real de un famoso ciclista italiano llamado Bartali que, en la II Guerra Mundial, entre los años 1943 y 1944, formó parte de una red clandestina que elaboraba pasaportes falsos en sótanos y bodegas de conventos para salvar a judíos italianos. Bartali los transportaba con la bicicleta dentro del manillar, los tubulares o el sillín. El italiano, que pasaba por ser un símbolo del PartidoNacionalFascista, se llevó el secreto a la tumba el 5 de mayo de 2000. Sólo se supo tres años después, cuando los hijos de Giorgio Nissim, el líder de la red, lo descubrieron en un viejo diario de su padre. Habían salvado la vida de unos 800 judíos.
    Un saludo, y hasta pronto.
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2014
    Hola,

    La historia no es mía, es de Remedios14.:)
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