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Los últimos días

anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
editado enero 2014 en Narrativa
Allende las montañas, en esa casa vacacional a la orilla del mar, nos encontramos aquel verano. Llegaste a eso de las cinco, poco después que yo, que te esperaba pateando la arena y lanzando piedras al mar. Recuerdo como te bajaste del destartalado taxi con una sonrisita lozana, me saludaste de un abrazo y cruzaste el umbral con tu maleta de flores. Clara, mi amiga Clara, un fin de semana más conmigo antes de irse por siempre a Praga.

Ese viernes fue de acomodarse, deshacer el equipaje, dar el tour por la casa, ver la habitación de cada quien... Casi ni hablamos en el ajetreo. Nos dormimos temprano, yo acompañado por las estrellas que asomaban al tragaluz de mi techo (vieja costumbre, como llegué antes, tomé el mejor dormitorio), tú seguramente intentándolo pese al traqueteo desasosegante del ventilador de madera.

Al día siguiente me levantaste casi al son del alba, solo por molestar. Hablamos mientras caminábamos incesantemente por la arena, hasta el punto en que reencontramos nuestras huellas tres o hasta cuatro veces. Entre tanto yo pensaba en los momentos que vivimos juntos desde que te conocí en el colegio, recordaba especialmente como yo de chico tenía esa obsesión con el sueño, o más bien esa transición intangible de la lucidez al sueño, y tú me dejabas observarte cuando tomabas una siesta en el sofá de tu casa; cada vez parpadeabas más lento, como si todo a tu alrededor fuese en slow-motion, hasta que ya no los abrías más. Furtivas se escurrieron las manillas de mi Swatch, y el sol se despidió entre rutilantes pinceladas amarillas y naranja. Nos sentamos en la arena, exhaustos. En el mar, algo lejos de la orilla, descubrimos una boya por su intermitencia roja. Atesoré tus palabras aún antes de que las pronunciases, como un desdichado soldado que sabe que está disparando, oliendo, pisando la historia.

-A que no nadas hasta la boya, Rafa.

-Nada tú, que te va mejor -te respondí-. A mí no me da miedo ir nadando a un sitio; lo que me aterra es el retorno.

-A mí, en cambio, lo que me pasa es que estoy nadando tranquilita, cuando me viene un no-sé-qué, una zozobra que murmura Clara, una gran bestia marina está a punto de saltar fauces-abiertas y devorarte enterita. Entonces empiezo a patalear más duro hacia la orilla, tan tonta, porque sé que en mi desesperación está la fruición del monstruo, por decirlo así, que estoy sellando más a prisa mi destino. ¿No te pasa a ti, Rafa?

-Nunca lo había pensado.

-Qué cosas... ¿Te he contado la vez que quedé atrapada en la bomba de una piscina?

Me lo habías contado mil veces, pero me sentí vagamente apocado, y arrojé mi aquiescencia al silencio.

-Estábamos en casa de una prima... -empezaste, con la misma frase de tantas veces. La luz roja parecía brillar con más fervor, y te juro que estuve a punto de pararme y lanzarme a la oscuridad del mar, a brazadas lánguidas hacia la seductora, inasequible luz.

-Sabes, Clara, es una verdadera lástima que te vayas -te interrumpí (¿o ya habías terminado?).

-Pero es lo mejor -dijiste-. El trabajo que me ofrecieron me viene de perlas, además, allá se vive mejor y... Bueno, si ya tu sabes estas cosas.

-Nos volveremos a ver, ¿no, Clarita? La vida es muy larga -dije, y de inmediato me sentí como un tonto.

-No sé, Rafa. Yo ya no vuelvo aquí. No creo.

Recibí la punzada de tu honestidad calurosamente, entre nosotros hacía años que no valía la pena andar con circunloquios y mentiras. Las olas más briosas lamían las plantas de nuestros pies; el cielo desnudo, impúdico, alumbraba nuestros ojos con sus cientos de lucecitas. Recostaste tu cabeza en mi hombro; yo suspiré porque no tenía sino eso que ofrecer al firmamento.

-Quiero que seas feliz allá, ¿oíste? -dije-.

Estuvimos callados cinco eternos minutos, luego levantaste la cabeza y respondiste:

-Rafa, discúlpame, pero cuando tú me dices que sea feliz, no sé de qué me hablas. ¿Qué puedo decirte? No sé si soy feliz, no sé si lo he sido, no sé como se sentirá eso siquiera. Veo en las pelis y los libros una pareja abrazándose en el ocaso de un puente parisino, sonríen y sus ojos resplandecen, y me pregunto para qué viven. ¿Son el uno por el otro, y viceversa? ¿Son felices cuando cada quien está en su respectivo hogar? ¿Y cuando todo eso acabe, qué? Es un ejemplo, no te lo tomes a pecho, solo me parece que, entre todas las personas que conozco, algunos se comen el almanaque recordando cuando fueron felices o creyeron serlo, y otros viven trabajando, matándose para ser felices en un futuro, como la luz al final de un infinito y redundante túnel. Tú, por ejemplo. A mí no me engañas, sé que no te consideras feliz; siempre hay una melancolía detrás de tus palabras, y de la peor estofa: de esas melancolías que el portador intenta ocultar como un enfermo.

-¿Y tú? -dije tras una pausa pensativa.

-¿Yo qué?

-No te hagas la tonta; tú, tú tampoco vives pelando los dientes.

-Ya sé, ya sé. A veces me siento como suspendida en el espacio, ¿sabes?. Como en pause. Como si estuviese esperando algo que extrañar.

El silencio y el aire litoral nos sumió en la modorra, y nos fuimos a nuestras respectivas alcobas tras un largo abrazo en la playa. Esa noche no osé mirar al tragaluz de mi cuarto, como si contemplar las estrellas sin ti fuese una ruda perfidia.

Llegó el domingo, nuestro último día juntos, junto al mar. Desayunamos tostadas con la mermelada de fresa que te compré, intentamos sonreír en la mesa con desgano. Ese último día pasó como un rayo, ¿no te parece? Es peregrino sentarse en esta mesa una vez más, esta mesa cubierta por un velo de polvo, y creo que, si me esfuerzo y entrecierro los ojos, podría verte una vez más en la silla frente a mí. ¿Por qué volví, Clara? Me parece que todos, aunque sea bien en el fondo, somos masoquistas empedernidos. Tuviste que irte en la tarde, tu avión salía el mismo día a las nueve. Déjame ayudarte con la maleta, tonta, ¿no se te queda nada?

Te llevé en mi carro, tú veías compungida al mar mientras manejaba en esa carretera paralela a él, y pensé que la persona que decidió construir esa calle ahí, ha debido hacerlo con morbosa alevosía. Creo haber visto una lágrima asomar a tus ojos.

-Hoy, Rafa, me despido del mar por muchos años, quién sabe si por siempre. ¿No te parece extraño? Con lo cerca que está, podría abrir esta puerta, saltar del carro y correr a abrazarlo. Lo lograría en unos treinta segundos.

En ese momento tuve franco miedo, con lo impulsiva que eres, de que en efecto saltarías del carro en movimiento, darías vueltas por el arcén, y toda magullada correrías como loca al encuentro del agua. Quise distraerte, aun sabiendo que adivinarías mis intenciones o puede que justo por eso.

-¿Sabes -dije- como alguna gente llama al mar “la mar”?

-Ajá -dijiste tú.

-No sé cual prefiero. Me gustaría pensar del mar como una mujer, como una inmortal dama cubierta de velos y misterios y deseos que solo conocen los que se hunden en ella.

-Qué feo eso, Rafa. Si puedes conocerla sin morir en el intento.

-Lo dudo. Quizá podría aproximarme a ella, pero lo cierto es que estaría rozando o viendo una arista nada más; feo es aproximarme a esas cosas fundamentales oblicuamente, al menos fundamentales para mí. Soy como un niñito que otea desde una colina lejana un punto brillante, pero no puede discernir desde tan alto qué es eso exactamente y, si bajase, ya no sabría dónde encontrar el puntito o cómo acercársele, perdería la referencia.

-Déjalo así, entonces. Olvídate del puntito, qué más da, si te gastas la vida en eso. ¿Qué pasa si al fin das con el puntito brillante y resulta ser un viejo abalorio, una bisutería rota?

-Pero qué dices, Clara, si todos tomamos riesgos semejantes a diario.



Llegamos y nos despedimos en la puerta del aeropuerto muy callados, como si fuéramos a reencontrarnos mañana, como un niño que se cae pero no llora hasta que ve la cortada. Bon voyage, dije, cuídate Rafa, fueron tus palabras.

Ahora, una vez más pisando la madera que compartimos ese fin de semana, me pregunto qué ha sido de mi vida para venir a parar solo en esta casa, recordándote, recordándonos; me pregunto también que será de la tuya, no te he visto desde entonces y tengo la certeza de que moriré sin volver a hacerlo. Mira, Clara, ha caído la noche. Tú en Praga, yo en esta casa junto al mar, aunque admiremos la misma luna. Fíjate como la gente nace y muere, pierden o ganan, se mueven y toman drásticas decisiones, pero la lucecita roja de la boya resplandece igual que aquellos días.

Quizá esta noche sea la noche, la noche en que no podré resistirme más y nadaré al encuentro del rojo con una sonrisa esperanzada, sin pensar en cómo haré para devolverme, porque sé que no lo haré. Sí, quizás hoy confunda un graznido por tu voz, piense que eres tú quien me espera del otro lado, que eres tú la que prende y apaga la lucecita de la lejana y sempiterna boya.

¿Qué podemos hacer? Le doy vueltas a tus palabras, les busco un caudal que me lleve a ti o a mí mismo, cavilo sobre tu teoría de la felicidad. Yo, feliz. ¿Lo fui esos tres días? En retrospectiva... Quizá la felicidad es eso que pasa cuando tienes los ojos cerrados, un perro persiguiendo su propia cola, el flash de una cámara, un último abrazo sobre la arena.

Comentarios

  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Me alegra verte de nuevo por aquí.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Tenemos un serio problema con el registro coloquial.

    Sé que es un relato intimista, denso de emociones y que, se supone, está impregnado por cierta tragedia y amor reprimido.

    Pero nadie, nadie, a no ser que haya sufrido una lesión cerebral, habla como tus personajes.

    – Hombre, Clara, ¿qué tal?
    – Anda, qué sorpresa, Paco.
    – Pues hace mucho tiempo que no te veo, ¿te has cambiado el pelo?
    – ¡Sí! ¿me queda bien el flequillo?
    – Estás guapa pero me había acostumbrado a la melena salvaje. ¿Y qué haces sola en la playa?, ¿refrescando los pies?
    – Pues nada, ya ves, aquí; lanzándome a la oscuridad del mar, a brazadas lánguidas, hacia la seductora, inasequible luz.
    – Ah... ya. Bueno muy bien. Pues ya si eso te llamo y tomamos algo, ¿eh?

    Esto es una exageración pero es para explicar lo que quiero decir. Un diálogo, aunque los personajes sean cultos y estén diciéndose cosas muy importantes, sigue siendo un registro hablado. Aunque los diálogos en un texto sean una recreación, no una copia de la realidad, tiene que recordarnos la forma de hablar de la gente. Si no, emplea otra voz narrativa como el omnisciente.

    De hecho, arrancas con una voz de segunda persona, y luego pasas al diálogo directo sin venir muy a cuento.

    Otro problema, derivado del anterior, es que ambos personajes se expresan casi de esa misma forma, tan "literaria". Puesto que la historia es un encuentro y desencuentro entre personajes es muy importante marcar bien la identidad de ambos. Una manera muy oportuna de haberlo hecho sería mediante su registro hablado.

    Hasta aquí el tema técnico.

    En un aspecto más conceptual creo, sinceramente, que te has liado a dar vueltas alrededor de varios temas diferentes. Además, no has escogido una escena que represente bien aquello que quieres decir, no hay metáfora ni necesidad de un texto literario. Nos cuentas, tal cual, como si fuera una entrada de tu blog, tus reflexiones acerca de la felicidad. ¿Para qué quieres la playa?, ¿y el diálogo?, ¿y el taxi destartalado?, ¿para qué necesitas una narración si al final has acabado divagando contigo mismo?

    Aquel que decide narrar un cuento es, porque a través de algo que acontece, es capaz de explicar mejor, con más precisión o intensidad, un concepto inaprensible con palabras directas. O un matiz muy concreto de ese concepto. Por eso decimos, por ejemplo, que algo es "kafkiano". Podríamos decir que es grotesco, bizarro o inquietante, pero no. Decimos que es, justamente, kafkiano. Porque para explicar lo kafkiano hizo falta que Kakfa escribiese "El proceso" o "El artista del hambre". Sin ese trabajo, no nos hubiéramos puesto de acuerdo acerca de ese concepto, ni tan siquiera podríamos haberlo concebido.

    Y ya está.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2014
    ¡Qué gran crítica te ha hecho Perplejo a tu relato Anderosu!
    Basicamente estoy de acuerdo en todo lo que ha dicho, y "me aplico el cuento".
  • Bar ImperioBar Imperio Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    He leido con interés tu trabajo. Tiene partes interesantes pero claramente le falta estructura. Además de las observaciones que te ha hecho el forista Perplejo, las que sin duda suscribo. Seguiré leyendo, también con interés, tus próximos aportes.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    En este mensaje respondo a los tres, dado que comparten la opinión.
    Primero, gracias por leer, fíjense que mi celular suele avisarme cuando responden a algo en el foro, pero esta vez parece que no quiso, así que no me llegué a enterar de sus respuestas. Supuse que nadie lo había leído, por tanto mi demora.

    Perplejo:
    Tu ejemplo me ha hecho reír. Veo lo que dices.
    No sé si te refieres explícitamente a las conversaciones o a la narración que hace el mismo Rafael, pues el fragmento que citaste en tu ejemplo
    – Pues nada, ya ves, aquí; lanzándome a la oscuridad del mar, a brazadas lánguidas, hacia la seductora, inasequible luz.
    es parte de la narración, no de la discusión con Clara. En eso me has confundido un poco.
    Y luego dices
    Aunque los diálogos en un texto sean una recreación, no una copia de la realidad, tiene que recordarnos la forma de hablar de la gente. Si no, emplea otra voz narrativa como el omnisciente.
    con lo que quedo en mayor duda sobre si te refieres al narrador o a los personajes hablando.
    A mi parecer, y bien puedo estar equivocado, la conversación en sí no es tan increíble, especialmente cuando se infiere a dos personajes educados, cultos, con intereses y visiones similares. Por ejemplo, si extendemos la idea, las conversaciones en Los Premios o Rayuela incurrirían en esta falta con agravantes.
    Entonces, en este punto al menos, no comparto tu punto de vista.

    Ahora, sobre la voz del narrador, no creo que haya digresiones en que Rafael puede pensar y por tanto narrar como quiera/pueda.

    Sobre
    De hecho, arrancas con una voz de segunda persona, y luego pasas al diálogo directo sin venir muy a cuento.
    tampoco estoy de acuerdo. Si te fijas bien, el empieza a hablar con Clara como si ella siguiese ahí al final del relato, cuando se ve inundado por su memoria. Ha sido a posta, y me parece que con razón.
    ¿Por qué volví, Clara? Me parece que todos, aunque sea bien en el fondo, somos masoquistas empedernidos. Tuviste que irte en la tarde, tu avión salía el mismo día a las nueve. Déjame ayudarte con la maleta, tonta, ¿no se te queda nada?

    Ahora bien.

    Dijiste algo sobre no definir bien la identidad de cada personaje, por su similitud. Tienes plena razón, lo tendré en cuenta.

    Y en el punto de divagar y la temática, bien puedes estar en lo cierto de nuevo. Lo he escrito muy al vuelo, aceptando ideas que rondaban por ahí. El cuento debería conocer sus propios límites y concentrarse en explorar su terreno nomás.

    Saludos, y muchas gracias por tu comentario.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Hola, Anderosu,
    a mí no me ha disgustado la narración. Creo que has diferenciado el inicio , el nudo y el desenlace. El final te ha quedado bien.

    Pero, creo que hay oraciones que no están adecuadamente puntuadas.
    Y a los diálogos le falta cierta naturalidad. Tienes razón cuando dices que son dos personas cultas conversando. Pero yo no me tengo por inculta y, en las conversaciones con personas que lo son realmente, no hablamos así, aunque sea sobre filosofía o sobre Literatura, v. gr.

    Bueno, supongo que irás puliendo ese aspecto de tus relatos con el tiempo.

    He de admitir que me cuesta leer barbarismos ingleses porque el castellano peninsular ( en Literatura) aún no está tan "contaminado" por la lengua inglesa. Supongo que he de ir acostumbrándome.

    Me alegra verte por aquí.
    Saludos.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Intentaré reducir la afectación conversacional para la próxima, sin duda.

    Puntuación... Interesante; ¿podrías citarme ejemplos, si no es mucha molestia?


    Vale, a mí también me alegra verte y verme.
    Saludos y gracias por leer.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    ¿Te importa si lo hago mañana?

    No eres de los que peor puntúan,la verdad.Pero creo que eres exigente contigo mismo. Y si lo puedes bordar, mejor, ¿no?
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Pues claro que puedes mañana.
    Te obligaría a hacerlo hoy, pero me parece que se me ha quedado el látigo en casa.

    ¡Saludos!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Hora de España: Las 12 y 32!!!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    En primer lugar, gracias por apoyarme en el tema del surrealismo. Creo que si se pierde la perspectiva, sí que podemos hacer daño.

    Segundo. Tu texto.

    Me he dado cuenta de algo, leyendo ayer tu comentario al Remake de Perplejo.
    Comentas muy bien, con gran claridad de ideas. Tiene fuerza tus comentarios.
    Cuando leí tu texto echaba en falta algo. Ya sé de qué se trata: tu texto adolece de una blandura y de una cierta lasitud que , sin embargo, no veo en tus comentarios. En ellos, tienes fuerza y energía. Ordenas las ideas y las transmites con mucha seguridad.Ese Anderosu me gusta mucho más.

    Es mi opinión y, por lo tanto, falible.

    En cuanto a la puntuación del texto:


    No voy a decirte que seas como Azorín porque las oraciones largas también están bien si el texto lo requiere.
    Pero , en este caso, el "asindeton" me sobra. Sería necesaria una pausa mayor que la coma. Creo yo , así:

    Recuerdo como te bajaste del destartalado taxi con una sonrisita lozana. Me saludaste de un abrazo y cruzaste el umbral con tu maleta de flores.

    ( Ah, una cosita. " me saludaste con", porque la preposición "con" es de régimen verbal con "saludar")

    Nos dormimos temprano, yo acompañado por las estrellas que asomaban al tragaluz de mi techo (vieja costumbre, como llegué antes, tomé el mejor dormitorio), tú seguramente intentándolo pese al traqueteo desasosegante del ventilador de madera.

    Nos dormimos temprano. Yo lo hice acompañado por las estrellas que se asomaban al tragaluz de mi techo. (Conoces ya la vieja costumbre:quien llega antes toma la mejor habitación ). Tú, seguramente, lo intentabas pese al traqueteo desasosegante del ventilador de madera.


    Asomar a: es "asomarse a".
    Es mejor no abusar de las formas no personales del verbo, como por ejemplo el gerundio ( como el ejemplo que te he señalado


    Espero no haberte molestado. Creo que tus escritos pueden ganar mucho si trabajas lo de la energía.

    Con afecto.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    No hay de qué, has sido la voz de la razón.

    El texto:
    Sobre el desdoblamiento de Anderosus, tienes razón (y justo hoy pensaba en eso). Intentaré resolver esto en escritos futuros, qué más.

    Recuerdo como te bajaste del destartalado taxi con una sonrisita lozana. Me saludaste de un abrazo y cruzaste el umbral con tu maleta de flores.
    Esto está bien, probablemente mejor que mi versión, pero me resultan casi iguales cualitativamente.


    ( Ah, una cosita. " me saludaste con", porque la preposición "con" es de régimen verbal con "saludar")

    Nos dormimos temprano, yo acompañado por las estrellas que asomaban al tragaluz de mi techo (vieja costumbre, como llegué antes, tomé el mejor dormitorio), tú seguramente intentándolo pese al traqueteo desasosegante del ventilador de madera.

    Nos dormimos temprano. Yo lo hice acompañado por las estrellas que se asomaban al tragaluz de mi techo. (Conoces ya la vieja costumbre:quien llega antes toma la mejor habitación ). Tú, seguramente, lo intentabas pese al traqueteo desasosegante del ventilador de madera.
    Sobre el "con" antes de "saludo", estamos de acuerdo. Lo tendré en cuenta.
    Sobre tu versión del fragmento, confieso que prefiero la mía. Me parecen ambas puntuaciones válidas, mas creo que mi versión tiene más musicalidad, y cuando dices (Conoces ya la vieja costumbre:quien llega antes toma la mejor habitación ), desnaturalizas la frase original, porque usas "costumbre" como equivalente a "regla", mientras que yo hablo de una característica propia de este personaje, por lo que no quedaría bien "quien llega antes...".

    Sobre el asomar a, asomarse a... Creo que no te comprendí, pues no veo el error en mi versión.


    Espero no haberte molestado. Creo que tus escritos pueden ganar mucho si trabajas lo de la energía.
    Cómo se te ocurre, ¡para nada! Jamás me tomo a título personal una crítica, todo lo contrario, me alegra mucho que te hayas tomado el tiempo para leerme y hacer comentarios tan pertinentes. Al fin y al cabo, ¿no es mucho más útil al autor una crítica constructiva que motive a mejorar, que un comentario laudatorio?
    Una vez más, mil gracias por tu tiempo.
    ¡Cálidos saludos!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Como te dije, todo es relativo.
    Tienes derecho a que tu manera de escribirlo te gusta más. Lo comprendo. Sólo que no abuses del asindeton. No es bueno amontonar oraciones sin un nexo. Cuesta mucho leerlas así.
    Con respecto a tu aclaración entre paréntesis ( sobre la elección del cuarto, ya sabes), te doy la razón.


    Asomar.
    Según del Diccionario de la RAE, asomas alguna parte del cuerpo o de una estructura.

    Si lo que asoma lo hace entero "se asoma".
    Ejemplo:
    Asomo la cabeza.
    Me asomo por la ventana.


    Pero no pasa nada.

    Buona sera.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Vale, gracias por aclarar lo de "asomar".

    Et bonne soirée!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Enchantée de vous écrire et de vous lire!


    À bientôt, mon Copain!
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Ah, mais vous parlez francais aussi! C'est magnifique, peut-etre parce que vous etes a cote de la France... Je suis Venezuelien, alors mes amis ne parlent pas francais...

    Mec, así son las cosas.

    À bientôt, no te distraigo más.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Que tu es bien amussant!

    Mais, maintentant j' ai pu voire que tu n'as pas lu ma "Bitácora" parce que je hi ai écrit un poème en Français!

    Malin!

    Je serai heureuse de te trouver à ma "Bitácora".
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Pronto me paso por ella.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Anderosu, ¿ 17 años? (¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿...????!!!!)


    No puede ser.
    Pensaba ( te lo juro por Snoopy) que hablaba con alguien de mi edad.

    Sinceramente, me descubro ante ti . Bueno, cuando lleve sombrero, lo hago , te lo prometo.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Veo que has tropezado con mi conversación con Bar Imperio.

    Sí, tengo 17 años, aunque rehuía a decirlo queriendo mantener alguna balanza imaginaria (atributos del anonimato, la invisibilidad).
    Pero qué más da.

    ¿Cuantos años tienes tú, Francesca?


    Me halagas, mas nada ha cambiado y por tanto se queda tu sombrero.
    ¡Saludos!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Anderosu,

    no hablé de tu edad como una barrera, sino todo lo contrario, como un hecho por el que congratularme.


    Me relaciono con gente joven y ese es un maravilloso ejercicio y una buena costumbre. También me llevo bien con los ancianos. La mejor edad de nuestra vida es la que estamos viviendo hoy.

    La edad no es ninguna ventaja, salvo la que da la experiencia. Pero , a la par, se pierde la frescura que tiene la juventud. Quid pro quo!

    Me pareces maduro - por lo menos en lo que importa en el Foro que es en la "re" literaria- y da gusto dialogar contigo y leerte. Si no te importa,seguiré siguiendo tu rastro de letras, que no de miguitas de pan, por aquí.

    En cuanto a mi edad... ¡Eso no se le pregunta nunca a una mujer!

    Los cuarenta son una buena década, ¿ verdad? Si respondes afirmativamente, pues eso, ya lo sabes.


    Afectuosamente,
    Francesca.

    PD. Ayuda a tener esperanza conocer jóvenes con la materia gris bien ejercitada y " la tête meublée.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Los cuarenta es una década regia, Francesca.

    Me ha recordado tu mensaje dos cosas.
    Primero, lo que dice Schopenhauer de la vida, que la primera mitad de ella consiste en esperar sucesos y emocionantes novedades, mientras que la otra más bien los rehuye y los trata de molestos.

    La otra, a propósito de las recientes incursiones francesas que vemos en el foro, es una anécdota de Cortázar en la que escuchó a una señora -española residenciada en Francia, o algo así-, exclamar "¡Ay, cómo me duele la teta!"

    Ah, y muy agradecido con que quieras seguir aún mi rastro literario. Ahora mismo estoy escribiendo un cuento, que colgaré aquí apenas pueda, claro.
    También me ha alegrado que me trates de maduro.

    Afectuosos saludos a ti también,
    nos estaremos leyendo.
  • StephenVinziStephenVinzi Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    muy interesante análisis perplejo, cuando escriba algo espero que me lo mires y destripes así, que uno se queda muy en su punto de vista y no advierte cosas.

    Sin embargo a mí no me pareció tan grave, por lo siguiente:

    Es obvio lo que quiere hacer Rafa con Clarita, eso quedó determinado hace millones de años cuando la vida separó en dos los genes para la mejor adaptación de la siguiente generación... en los diálogos están impostando, sobreactuando, haciéndose el elegante para que ella no adivine el Trieb que le viene subiendo célula por célula.

    La construcción del personaje tiene una piedra basal: mucho amor mucho amor pero se agarra la habitación más fresca y más linda : )

    Y también me gusta, para los relatos intimistas, el escaparle a la tercera persona omnisciente y preferir la primera persona es el abc

    ¿le hace falta una limada, una pulida...? claro...

    En un cuento de Borges, el Aleph, el propio personaje narrador cuenta, algo asombrado, perplejo, que Carlos Argentino Daneri está escribiendo una enciclopedia de todo, pero que no lo hacía mal.... dice:

    "usaba el método del entusiasmo y la lima" : )

    Cualquier texto guardado en un cajón unos meses, uno mismo lo pule luego y de nuevo, y de nuevo

    "Al final lo publico - dijo una vez Borges - así dejo de corregirlo"

    Lo de esperarla que llegue en el taxi es linda escena... me hizo acordar a "Slow days in summer" que el tipo espera espera.... dijiste que vendrías, el sábado o un día de estos... ahi viene un auto, es un chevy, es azul y blanco, el tuyo es marrón, pasa de largo... la cantan magníficamente en la película "Dias de Radio"


    Lo leí todo de un tirón, no se me hizo pesado nunca, o sea: es atrapante... ahi está lo principal, lo demás se arregla

    como una chica linda: tiene todo, lo demás, la ropa, el pelo etc...lo demás se arregla

    como una chica alegre: tiene todo lo que importa, lo demás se arregla

    ¿y este chico tiene 17 años? como le fluye el relato, es algo serio... vayan palpitando a los 25, a los 30, a los 33, a los 40
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Muy agradecido por tu tiempo y comentario.

    Me alegro que lo hayas disfrutado, al fin y al cabo es uno de los propósitos que se tienen al escribir, como buenos Homo Ludens que somos.

    Me divertí escribiendo este relato, aunque confieso haberlo hecho con mucha holgura, por lo que estoy de acuerdo con tu comentario (y los de los compañeros) sobre la necesidad de pulir-limar.

    Recuerdo que Suina una vez utilizó la palabra garlopa, para referirse a lo mismo. Bonita palabra.

    Es, pues, el caso contrario a mi último cuento, en el que me afinqué mucho en el estilo, en cada palabra y frase, etc.
    Estoy seguro de que, si lo revisases aunque fuese por encima, lo notarías.

    Es este:
    http://www.forodeliteratura.com/showthread.php/27941-Las-espinas-de-la-rosa

    La única persona que lo comentó fue Amaparito (no lo digo con resentimiento, eh, y ni pido que lo leas, sino que lo uso por tratarse de un pertinente ejemplo).

    Y en esas ando.
    Buscando un equilibrio en la voz narrativa, como un péndulo que acorta cada vez más sus movimientos, reduciendo el hito de sus extremos.

    Saludos, y gracias de nuevo.
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