Hola, mi nombre es Pedro y vivo en una nube, cada noche me duermo viendo las estrellas y despierto cuando el sol sale, el me saluda, me calienta con sus suaves rayos de color amarillo, el sol y la luna me acompañan siempre, uno de día, majestuoso e imponente y otra delicada y de un suave color blanco por la noche, ella es la que más me gusta, me hace compañía, siempre me entiende y me cuida de noche, el sol me da calor pero de día puedo cuidarme solo, nunca conocí a mi mamá, la verdad no se si alguna vez tuve una, tampoco un papá, solo tengo a mi querida luna y mi gigante sol.
CAPITULO II (La nube)
Una noche cuando estaba a punto de dormir, busque en el cielo a mi luna para que al solo verla me diera sueño y pudiera dormir, ella siempre me daba las buenas noches, pero en su lugar solo encontré una nube gris y obscura, le dije, por que estas ocultando a mi hermosa luna, tu no eres digna de ocupar su lugar, ella siempre esta conmigo, siempre me ha acompañado, por favor retírate quiero dormir, la nube no hacia más que ir de un lado hacia el otro tratando de evitar que la luz de mi luna pudiera alcanzarme, ella no era como la nube en la que yo vivía, no era blanca y tranquila, no era como algodón, esa nube solo tenía tristeza y melancolía, ella no me gustaba pero al fin me hablo, me dijo, quiero darte algo de sombra, la luna no te hace bien, solo estas encandilado por su brillo y supuesta bondad, yo caí como en transe y no comprendí nada, era algo hipnótico para mi, así que me dormí,
CAPITULO II (La búsqueda)
al día siguiente el sol como siempre me despertó, debía hacer mis deberes, salí y comencé a visitar a mis amigos de otras nubes y planetas, les comente mi problema y me dijeron que esa nube estaba por todos lados, llenando cada rincón del cielo, que no sabían que hacer, ella había tapado las estrellas favoritas de cada uno, esa noche me prepare para hablar seriamente con la nube gris, decirle que ya no quería volverla a ver, que era mala, que quería ver mi luna, entonces me recosté en mi nube blanca y comencé a esperar, era una noche llena de mis amigas estrellas, más pacifico de lo común, sentí un poco de pena por esa nube gris, se veía sola, comencé a sentir que no era tan mala como yo creía, que solo tanto viajar la hacia querer adueñarse de todo, solo la vi y me dormí, ese día no fue especial como los otros, sentía tristeza y melancolía, sentía algo muy extraño, así que rápidamente hice mis deberes nuevamente y llegando la tarde me senté en mi nube blanca a esperar la noche, la nube gris apareció, hace ya días que no veía mi luna, casi ya no la recordaba, solo la extrañaba, esa nube gris me preguntó que pasa niño nube, quieres que te cuente algo que necesites saber, yo le respondí, la verdad si, por que todas las noches tapas la luz de mi luna, no ves que me hace falta, la extraño tanto, ella me respondió, no la necesitas, yo puedo responder todo lo que quieras, yo pensé un largo rato y le pregunte nuevamente, si te hago una pregunta que no puedas responder tu vas a hacer lo que yo quiera?, ella con una gran carcajada me respondió, que tonto eres, nadie puede preguntar algo que yo no sepa.
CAPITULO III (La luna)
Mis ojos se mojaron un poco, creo que era por la impotencia de la respuesta de la nube gris, pero no me importo y le dije, por que si tu eres tan poderosa y puedes responder todas las preguntas vives sola y nadie te acompaña, es que acaso debes vivir de la luz de mi luna para poder existir?, la nube nuevamente lanzo una gran carcajada y me dijo claro que no, tu luna no me importa, puedo hacer lo que yo quiera, viajar donde se me antoje, entonces le dije no te creo, a ver, desaparece y deja que mi luna brille nuevamente, así me probaras que puedes vivir sola como tu dices, seguro que tu poder y sabiduría te va a permitir nuevamente seguir aquí, ella un poco extrañada de lo que le dije comenzó a crecer y crecer hasta que se hizo mas delgada que un papel, siguió creciendo hasta que casi no pude verla, en ese momento pude ver a mi luna, grande y hermosa, ella seguía ahí, blanca y llena de amor, mi luna comenzó a brillar tan fuerte como yo nunca la vi, era más grande y linda que nunca, ya casi no podía ver nada con su brillo, la nube gris al verla con tanta luz comenzó nuevamente a hacerse más gruesa para taparla pero la luz de mi luna no la dejaba volver a la forma que tenía antes, en ese momento la nube gris entendió que mi amor por la luna era más grande que cualquier cosa y nunca podría volver a tapar la luz de mi luna, teníamos una conexión especial que ella nunca entendería, así que esa vez fue la última vez que la vi, esa noche dormí tan bien, mi luna me cuidaba, ya nunca la dejaría, ella siempre estaría a mi lado.
Por Fabián Betancourt, para esos niños que se equivocan pero aprenden cada día.
Comentarios
Y es un gran acierto que todo esté contado con un estilo sencillo y aparentemente simple e ingenuo. Te animo a que sigas escribiendo relatos contados de esta manera.
Por cierto, desgraciadamente, yo no soy un Niño. Pero intento serlo. Cada día lucho por serlo. Con esfuerzo, algún día lo conseguiré.
Un saludo. Y hasta pronto.