Debe resultar el más evidente e infantil axioma anunciar que no se debe confiar en alguien que ha cesado de confiar en sí mismo. En esto sí que confío, le animo a usted a actuar consecuentemente. No recuerdo hace cuanto tiempo que vivimos juntos, allá o acá, da igual, vivir con otra persona consiste en relacionarse exitosamente, en sentir una mezcla de dos identidades que pretenden dominarse bajo el pretexto de amor y entendimiento. Lo salvaje abarca más que una vena, nuestro corazón no siempre decide bombear lo más puro, lo más noble, y algún retazo de oscuridad no pinta mal en un lienzo tan blanco, acaso lo pide a gritos… En el variar se concientiza lo normal, la rutina no existe sin la locura, en medidas que vienen a ser fuerzas opuestas de una naturaleza sesgada. Decimos que nos queremos frente a nuestros amigos, hace ya mucho que no objetamos a cesar el afecto en privado. Creo que ambos nos hemos rendido. Sin embargo, algunas mañanas contemplo al sol rebotar impotente sobre su áurea cabellera; me ilumina los ojos ese repique cósmico, ella tan quieta y calmada, tan mujer con su respirar acompasado.
Antes de nacer ya estábamos condenados a que nos encerraran aquí, toda decisión propia en apariencia no era más que un engaño del destino. Una paloma revolotea, un escarabajo se cierne sobre su presa, una mariposa se posa en el cordón de un tendedero olvidado. Los más mínimos aconteceres se fusionaron para forjar el día de hoy, que a su vez es poseído por engranajes como el polvo bajo la alfombra que dictará el mañana. Ignoro en qué mundo estaba el sol cuando perdí mi noción del tiempo, los barrotes se oxidan a una velocidad vertiginosa.
En nuestro cuarto soplaba sin cesar un aire atosigante. Teníamos un colchón cada uno de no más de cuatro dedos de grosor, que yacía sobre el piso polvoriento y negro. Ella en su colchón, yo en el mío… Viéndonos tan cerca, supe que ella sabía perfectamente lo que yo pensaba, que en realidad estábamos tan lejos que apenas lograba divisar un punto de su alma, cada vez más diminuto.
Había otros en nuestro cuarto. Desconozco la cantidad, pues temía voltear a verles. No quedaba de ellos más que una polvareda fantasmagórica y gris. Siempre estaban acostados en sus respectivos colchones, emitiendo un sonido constante que transmitía una nostalgia terrible.
Nos acoplamos bien y rápido al lugar, y es que estamos tan acostumbrados a acostumbrarnos… Una suave brizna me llamaba esa mañana, salí al patio y vi una colina de un verde vigoroso, paradisíaco; la poblaba grama cortada a la perfección, en apariencia sin intervención humana. El contraste con el resto del paisaje, tan exánime y olvidado, era notable. Se postraba bastante inclinada, y me pareció descubrir la copa de un árbol igual de peregrino en su cima. Pero no puedo decir que lo haya discernido con seguridad, pues la torre de piedra (la torre de los guardias) me tapaba la vista, alta e imponente. Más tarde encontré un calendario escondido en la grieta de una pared, casi al ras del suelo.
23 de junio
Le he contado sobre la colina. Se mostró bastante emocionada y hasta deseosa de conocerla en persona. Hacía mucho tiempo que no la veía sonreír o vibrar de este modo.
25 de junio
Me dijo que pretende subir a la colina mañana a primera hora, cuando aún los guardias andan despistados. Cree que en ella se encuentra la salvación, escape de lo inescapable, pero aún sabe que seguirá rodeada por cuatro muros macizos. La intenté disuadir explicándole que era saber común que el acceso a aquel lugar estaba terminantemente prohibido. Me miró desafiante y se marchó del cuarto, llevándose con los pies algún espectro que se había acostado en su camino. Levantó una polvareda enceguecedora este deshacer.
26 de junio
Creo que hablamos del tema antes de subir, puede que me haya convencido. La escalamos juntos; varias veces tuvimos que emplear nuestras manos como apoyo, dada la inclinación. Nos acercábamos más y más a la cima, parecíamos ser más veloces que el paisaje y el árbol que se alejaban a su vez. El árbol tenía un aspecto antiquísimo, como poseedor de un tiempo antes del tiempo. De sus ramas pendían frutos que jamás había visto: todos tenían la misma forma y tamaño, similar al de un durazno, pero los había lila, rosa, incluso azules y blancas. Finalmente llegamos, las nubes parecían advertirnos con una compasión inenarrable. Entonces sonaron las sirenas, las alarmas, los pasos amenazantes en dirección a nuestro recién conquistado reino.
En un parpadeo me vi abajo de la colina, en el mismo punto donde la vi por primera vez. Ella sí que seguía arriba, con las manos en una estúpida pose intentando escudarse de las balas que se proyectaban desde el suelo en su dirección. El árbol permaneció estoico. Quise saber con un afán casi rayando en el sadismo qué había sido de ella, si la habían alcanzado los proyectiles. Pero me fue imposible discernir también esto con plena seguridad, la torre no se había movido de su lugar.
27 de junio
He perdido el calendario.
12 de diciembre
Estoy sumamente desesperanzado por lo que aconteció en la colina. El colchón vacío que aún recuerda su figura, me procura una desazón tan profunda como los rincones de mi estómago. Ahora tiendo a olvidar, todo lo que queda de ella hoy en mi memoria está lustrado, brilla sin competencia. Recuerdo con particular añoranza sus labios escarlata, sus manos tan frágiles, sus dedos largos y esbeltos.
22 de noviembre
La besé como nunca antes lo había hecho, como sólo se puede besar producto del olvido y el recuerdo, del acuerdo a entregarse a la totalidad de la nada. Parecimos durar en los colchones, tan juntos como nos fue posible, una eternidad.
Me dijo algo que no escuché sobre el ulular de los espectros que nos rodean en este cuarto tan lóbrego, cada vez más fuerte, como si nos llamara…
14 de abril
Caminando por uno de los tantos intrincados pasillos del lugar, vi el menear pasajero de una cabellera rubia doblando la esquina, como escapando de algo invisible.
Corrí tras ella, pero no la logré alcanzar.
¿Será posible que…?
5 de febrero
Creo que lo único que me separa del polvo que se amontona como una plaga es la posibilidad de volver a encontrarla, el miedo al olvido, el ser más rápido que una esquina la próxima vez.
20 de mayo
Es definitivo: he olvidado hace cuánto tiempo conseguí y sucesivamente perdí el calendario, a la par de cuando empecé a escribir en este sucio diario. Quisiera recordar qué hice del preciado calendario. Puede que lo haya deslizado bajo uno de los numerosos colchones, colocado sobre el aspa de algún ventilador, acaso ocultado en la grieta holgada de una pared…
14 de agosto
Todo marcha como siempre. Mi lejanía de ella cada día se esparce más por el vasto campo del olvido.
31 de diciembre
¿Ha llegado ya el año nuevo? Titubeo en expresar en estas páginas como es el sentimiento hodierno, en la misma medida que dudo del ahora.
Ella siempre vivirá en mi memoria, posada ligeramente en el pedestal más alto que me es capaz otorgar a otra persona. También a esto me he acostumbrado. A veces la veo reír en los corredores blancos de mi pensar, meneando la piernas juguetonas al son de nuestros latidos.
Pero abro los ojos y está frente a mí. No es mi imaginación, no… ¿Puede serlo? ¡Qué juego tan vil, que lo único de lo que dependo se torne en mi contra! Visito repetidas veces sus labios escarlata con la mirada. No puede ser esto una visión, esa carnosidad tan atractiva. ¡La colina! ¿Ya tuvo lugar ese episodio?
Ha llegado ya el año nuevo. Ya tendré tiempo para resolver estos misterios que me acucian. Su mano entrelazada con la mía es cada vez más débil. Sus dedos parecen arrugarse, no son ya los que recuerdo. Pero mi mano, mi cuerpo entero, tampoco es el mismo… Vi a uno de los espectros a pocos metros. Se acercó a mí, siempre acostado y como levitando, con lentitud agobiante. Cuando ya estaba bastante cerca –ya no les temo, no sé porque-, me fijé por pura costumbre en sus labios. ¡Ahí estaba, el escarlata de mi perdición! Casi apagado, casi gris, la última reminiscencia de lo que fuimos. Acostados frente a frente, comprendo con una sonrisa que nos hemos convertido también en polvo, que somos otro par se espectros en la colección de almas rotas que yacen en el suelo. Eso somos hoy, pero mañana…
Mañana será un nuevo día.
Comentarios
Un texto que necesita algo de "garlopa", el cepillo que los carpinteros utilizan para dejar suave la madera. Esta tarde, si tengo tiempo, te lo comentaré con calma.
Bien puedes tener razón, copie este cuento tal como un sueño que tuve me lo dictó.
He leído tus dos relatos. Me gusta más “últimas palabras de un personaje secundario”, que éste de “mañana”,ya te diré por qué.
Te leí una crítica a una compañera en la que le apuntabas que La repetición constante, en tan poco tiempo, de las mismas palabras, crea una cacofonía que francamente distrae y aleja del texto…y creo que has caído en la misma temática al incidir tanto en este de “mañana”, con la palabra “confiar”, innecesariamente repetida, pues no añade nada la iteración ,solo consigue crear un mal efecto desde el primero momento:
Debe resultar el más evidente e infantil axioma anunciar que nose debe confiar en alguien que ha cesado de confiar en sí mismo.En esto sí que confío,…y aunque parece una ironía con voluntad de que lo sea, crea, repito, un mal efecto literario. Los principios de los textos son importantes para enganchar la atención, hay que cuidarlos mucho. En cambio utilizas más adelante un escape inescapable bastante acertado, y árboles poseedores del tiempo antes que el tiempo, que dentro de la atmósfera soñadora de tu contar, es eficaz. Pero si utilizas esto, debes hacerlo con cuidado, sin abusar. Los llamo trucos del almendruco, si lo enseñas mucho adivinarán como lo haces. Mesura y contención.
La impresión que me da tu trabajo, es que generalizas demasiado, eso hace que me sienta lejana a lo que cuentas. Universalizas, eres abstracto, globalizas y tratas los grandes temas humanos ( amor, convivencia, corazón, soledad, alma, libertad). Al contrario de lo que pueda parecer, los grandes “temazos”, se entienden mejor si los individualizas sujetándolo a la boca de un personaje, dándole vida, humanizando ( salvo que seas un maestro - filósofo de primera categoría…como Fernándo Savater, por ejemplo, uno de mis tantos iconos filoliterarios). Los que somos simples escritores aficionados, entre los que por supuesto me encuentro, parece que se nos hincha el espíritu ( también el ego), cuando hablamos del AMOR, LA VIDA, LA EXISTENCIA, EL DESTINO LA HUMANIDAD…como si nos minimizara como escritores hablar de una hormiga, un zapato, un modo de mirar, un colchón sucio.
Entiendo que hablas de un sueño, y ser concreto es imposible, pero fíjate que justo cuando has concretado es cuando, al menos a mí, me has captado la atención. ( el episodio del colchón...no ocurre lo mismo en el viajar entre los árboles de frutos de colores)
Comienzas a ser explícito cuando por fin nos metes en un cuarto con un colchón de no más de cuatro dedos de grosor, sobre el piso polvoriento, ( y eso si es contar, vemos el colchón, y vemos el suelo, vemos e lcuarto…y en ese contexto concreto te puedes permitir ser filosófico y hasta tener un puntito lírico….puedes desde un colchón mugriento divisar un punto de su alma cada vez más diminuto. Un buen contraste, eso me ha gustado mucho, aunque hablar del alma es muy difícil.
Como hablas de un sueño vagas entre imágenes, vas de un escenario a otro con tremenda rapidez, ( es lo suyo), todo es ilusorio, y más que escribir flotas. Está bien este truco, pero si lo agotas hasta el paroxismo cansa, creo que deberías dosificarlo mejor…porque al final, tus lectores no sabrán de qué demonios hablas, no es necesaria tanta oscuridad, ni aunque se trate de un sueño. Si tuviera que sintetizar y resumir lo que has contado, no sabría decirte bien sobre qué nos cuentas:
Alguien que está encerrado en un lugar gris, sucio, del que quiere escapar. Hay torres con vigías. Alguien quiere escapar, hay árboles con frutos de colores, colinas por las que trepar…ella escapa, tu yaces en el colchón echándola de menos,…en definitiva una atmósfera onírica, pesada, dilatante...se entendería mejor si lo aligeraría de tanta tremenda vaguedad pletórica de adjetivos. El factor sorpresa no lo explotas, imaginate soñando y contando sobre...algo que ves en tu sueño con claridad, las rayas del colchón, el cinturón del guardán, el brillo de su fusil....algo tangible dentro de un sueño intangible ( eso estaría bien creo....y me has dado una idea)
Notas.-Los muros siempre son macizos …a no ser que por la acción del tiempo o debido a una mala contrucción de muros endebles, pero la característica general deun muro es ser compactos y sólidos)
¿Nubes de compasión inenarrable? Dramático,excesivo, efectivista, falso, amanerado, barroco y feo.
¿Árboles estoicos? ¿quieres decir que los árboles se crecen ante la adversidad? Hay que tener cuidadito en como seemplean las palabras, tu mismo lo dijiste con la crítica que hiciste del aerosol de la compañera solyarena.
Tu otro relato lo dejo para otro día, hacer una crítica cansa, te aseguro que la hago desde la honestidad, desde mi humilde criterio ( no sé si acertado), y espero que te sea de ayuda.
¡Me alegra muchísimo que hayas escrito esto!
Estoy de acuerdo con tus comentarios, muy precisos y adecuados.
La repetición de "confiar" en la primera frase si fue intencional aunque, en retrospectiva, si que es un inicio blandengue y feo.
Al escribir "estoico" si conocía a qué se refería la palabra, y la verdad esa es la sensación que me transmitieron los árboles, pero... Puede tampoco ser la palabra justa, quizás una humanización un tanto drástica. Sí.
Saludos y mil gracias.