¿Tienes dos minutos para leer? ¿Me los prestas?
Un cuento de dos minutos:
Colegio embrujado
El diccionario pesaba extrañamente al fondo de la cartera. Una cartera blanca, preciosa con el dibujo de una niña granjera. La bruja que nos daba clase de lengua invocaba al diccionario acentuando mucho la letra a:
—¡Sacad todos el diccionaaaario!
Daba miedo abrirlo y lanzarse dentro a pescar sinónimos o antónimos al son de los caprichos de la bruja. Los sinónimos y antónimos son escurridizos y no pican siempre. Al que no pescaba nada o suficiente, la bruja le chillaba palabras feas hasta transformarlo en gusano diminuto y acobardado. Se tardaba luego mucho en volver a casa reptando por el suelo.
Más cuentos de dos minutos:
Lagartija de juguete muerta:
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La equilibrista sin tacones:
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Bajar al río:
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Velatorio 3:
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¡¡Gracias por tus dos minutos!!
Comentarios
Muy bueno...Sinceramente: me gusto'!
Saludos.
Me gustan los cuenticos cortos y sustanciosos:(
Saludos.
Me alegra no os imagináis cuánto que os haya gustado!!
¡¡Mil gracias!!:)
Tituna: Yo también sigo pescando a veces en el diccionario, y que conste que muchas veces los sinónimos siguen sin picar, menudos son...:o
amparo: los minutos para leer los devuelvo, dime dónde y cuándo y allí estaré yo con tus/mis minutos
Saludos a todos y otra vez gracias:)
Me alegra que te guste y todavía más que te la apropies:)
Amparo: con lo amables que sois la verdad que es un placer pasar por aquí y procuraré hacerlo con más frecuencia
¡¡Saludos!!
No se tarda mucho en llegar al río. Culebrea domesticado cerca de la ciudad.
Desde la cima de la cuesta, a lo lejos, el río borda su papel chispeando luz de sol entre los árboles. Engaña tan bien que apetece acercarse enseguida, y sentarse a comer a su lado.
Desde el puente, el río, medio tintado de marrón, escupe espumarajos grises contra las arcadas de piedra.
Hago como que no veo la bolsa de un veinticuatro horas enganchada, allí abajo, a un tronco con vocación de rompiente. Me apoyo en el pretil y atiendo al cuchicheo del agua. El curso del río se me mete por los ojos y me circula por dentro. Todo lo demás se me estanca.
—Me da un miedo que mires así el río. Parece que vas a saltar en cualquier momento…
Me pasa un brazo por los hombros y me separa del pretil del puente.
Y yo río, como si no me sintiera ya embrujada.
Saludos
¿Qué se puede pedir más?
Emilio
Saludos y muchas gracias!!!:)
Me gusta mucho la sencillez y lo honesto que resulta, bien planteado el estado de ánimo de la inocencia. El tipo de lenguaje y los detalles en los que te fijas están bien elegidos a mi parecer, aportan ese encanto.
Echo en falta que, aún siendo un cuento corto, generes una situación dramática que deba resolverse. La estructura narrativa clásica de nudo y desenlace, la "noticia". Se queda en una pincelada de la realidad.
La premisa de "pescar" sinónimos y antónimos es potente, me gusta y me hubiera gustado más desarrollo, un a dónde quieres ir a parar. Insisto, se me queda corta la situación, no hay conflicto singular.
Cuidado con algunos signos ortográficos que fallan. No son detalles graves, pero en un cuento corto cobran más importancia todavía.
Muchas gracias por leer mi cole embrujado y también por tomarte la molestia de comentar.
Me alegra mucho que hayas dicho lo de "pincelada de realidad" porque justo es eso lo que pretendo con estos cuentos de dos minutos.
En cuanto a los signos ortográficos, supongo que echas en falta algunas comillas, pero es algo buscado para reforzar la ingenuidad del relato.
Saludos!
Entonces no está bien escogido el verbo "reptar".
Pues oye, a lo mejor tienes razón. Las posibilidades de elección de palabras en un texto son amplísimas.
Pero bueno, desde mi punto de vista, creo que no poner las comillas para fomentar una, llamémosla ingenuidad visual del relato o un toque desenfadado, no implica que tenga que usar por obligación un vocabulario de niños chicos en la redacción. Porque el cuento quedaría pobre, parecería un ejercicio escolar y esa no es mí idea. Pero bueno, opiniones hay como personas.
Muchas gracias por dejar aquí la tuya y por leer, Perplejo.
Saludos!
A ver qué os parece.
—Hace un frío tremendo, Mónica…
Me lo ha dicho mi madre con los ojos en lágrimas.
Me levanto como si confiara en que mis pies sostendrán el peso de mi cuerpo. Me sostienen.
Salgo de la habitación, y golpeo la primera puerta que aparece en mi camino. La voz del empleado me dice que pase. Le pido algún modo de caldear el recinto; nos estamos quedando todos helados.
Nos he incluido entre los helados a mi padre, que aun no me creo que esté muerto, y a mí que debo de estar medio muerta porque tampoco siento frío.
El empleado parece tomar conciencia de la gravedad de la situación, y pone cara de querer solucionarlo. Me interroga sobre el número de sala de nuestro velatorio. No lo sé, y para que nos identifique le recuerdo que soy del grupo que rechazó el caro ataúd madera de cerezo con almohada incluida para el más cómodo reposo eterno de mi padre. Nos recuerda…
Me acompaña al velatorio tres. Es el tres. Aprieta un par de botones en el aparato del aire acondicionado, y nos anuncia que estaremos bien en unos minutos.
Miro a mi familia y tengo serias dudas de que el anuncio se cumpla: tía Flora acaba de dar por finalizada su segunda o tercera puesta en escena de la aspavientera tragedia: “Escuchadme todos, mi hermano ha muerto”, con ella en el papel de hermana protagonista; hace mutis junto al ataúd abierto de mi padre en medio de la aclamación de un público entregado: “...Pobre Flora cuánto quería a su hermano...”; y toma asiento, vaya por dios, junto a mi madre, que nunca ha tenido la facultad de mandar a paseo a nadie ni siquiera a la repuesta tía Flora, que ya está presumiendo de hija exitosa en las narices de mi madre, que desde siempre no ha olfateado más que fracaso alrededor de sus hijos.
Una pariente desconocida cuenta a mi hermana Yoli historias de muertos para no dormir con moraleja común: nuestro padre nos ha creado una montaña inimaginable de problemas con eso de morirse de pronto. Yoli se aleja de ella y saca del bolso un puñado de canicas, se acuclilla junto a Pablo y las deja caer en su caja favorita. Mi sobrino zambulle la mano entre ellas y las estruja para que los vidrios crujan.
El hombre de la floristería entra en escena con nuestra corona: “tu esposa, tus hijos, tu hermana”. Las cuelga junto al ataúd en algo parecido a un perchero de hasta ahora finalidad misteriosa, y se marcha por donde ha venido.
La luz de un foco resalta el blanco de las flores y la nariz de mi padre, que es lo único suyo que veo desde mi asiento. Se ha movido; juraría que la nariz de mi padre se ha movido. A mi lado Valeria lleva un rato sin apartar la vista de la misma nariz, y observo a mi sobrina para comprobar si también ella se ha dado cuenta del movimiento. No. Valeria-madre la ha distraído insistiendo en que se acerque al ataúd a despedirse de su abuelo: “está muy natural; no te dé miedo; parece que está dormido”.
Ángel se interpone entre la nariz de nuestro padre y yo. En su papel, siempre le sale forzado, de hermano mayor, intenta organizar quién irá en el coche de quién al cementerio. Respondo que sí y que vale a todo lo que me dice sin molestarme en retener a quién debo llevar yo. Total, nuestro padre se ha movido y quizá no tengamos que ir al cementerio…
Una anciana desconocida se sienta a mi derecha, me acorrala con una de sus muletas, me enfoca con los cristales de sus gafas y me pregunta por mi edad, estudios, trabajo, estado civil y vivienda habitual… Soy inocente, lo juro, cuando yo llegué mi padre ya estaba muerto, déjeme en paz, ¿me oye?... Pero está muy sorda y no puede escuchar mis lágrimas. Las mira satisfecha y las archiva como prueba de amor por mi padre. Vieja tonta, son el pie para Rodrigo que tarda ya demasiado en entrar en escena con armadura de plata sobre un caballo blanco. Pero voy a tener que improvisar porque me da que Rodri no tiene mucha intención de materializarse en caballero andante fuera del mensaje que aún no he borrado en el móvil: “Siento mucho lo de tu padre. En lo que pueda ayudaros ya sabéis que podéis contar conmigo”. Y termina con una “b” una “e” una “s” y una “o” simulando un beso.
Relampaguea un suspiro de tía Flora, aguardamos en suspenso unos segundos, pero no explota en crisis de llanto. Desoigo un nuevo murmullo de mamá lamentando el frío. La vieja de las muletas pronuncia el nombre de mi ex novio.
—No creo que venga. No tiene caballo y las armaduras le quedan grandes.
En silencio, la anciana me contempla sin comprender. Está sorda. Pero creo que la he vencido.
Reanudo la vigilancia de la nariz de mi padre. No se mueve.
Para no oír el nubarrón de problemas que vuelve a pronosticar a Yoli nuestra pariente desconocida, escucho el chirrido de las canicas de mi sobrino.
—¡Pero si está muy natural! No te dé miedo; parece que está dormido...
Ni Valeria ni yo hacemos el menor movimiento. Mi padre tampoco. Las canicas de Pablo chocan pacíficas entre ellas dentro de la caja.
—¿En qué me has dicho que trabajas? —es la anciana de las muletas que reabre el caso. Me acojo a mi derecho a guardar silencio.
Un hombre con alguna clase de parentesco con nosotras explica a mi madre y a tía Flora que su mujer y él supieron de lo ocurrido en una estación de esquí. Lo de la estación de esquí lo repite tres veces.
Vecinos, conocidos, primos y demás familia acompañan nuestro sentimiento distribuidos en grupos, compitiendo animadamente entre ellos para ver quién ha hecho el viaje más exótico y quién tiene el hijo con más óptimo presente o futuro monetario.
Por la ventana abierta entra olor a sardinas fritas. Al olor de las sardinas el estómago me ruge con vida. Mi padre, inmóvil, sigue muerto.
Tu manera de escribir es muy interesante ¿A que llamo manera interesante de escribir? pues además de interesar, evidente, es una manera personal de escribir, sin tópicos típicos, y eso me gusta muchísimo.
Este de velatorio, al hablar en primera persona, y en presente mediato, parece que la acción esté ocurriendo en el mismo momento que lo cuentas, y como lo cuentas bien, nos haces ver lo que ocurre, hay osmosis, empatía, entre lo que escribes, y lo que leemos.
La frase esta: Me levanto como si confiara en que mis pies sostendrán el peso de mi cuerpo. Me sostienen. me interesa porque reafirmas que efectivamente, te sostienen los pies, la repetición no solo no resulta molesta, sino que hace que nos paremos en ella, que caigamos en la cuenta de que quieres que nos fijemos en ese hecho. Hay muchas reiteraciones de ese tipo a lo largo del relato.
Un buen toque de ironía (sin exagerar el tono), la del atuad caro de madera de cerezo con almohada....claro que os recuerda ( has vuelto a emplear el truco que te mencioné antes, ( le recuerdo...nos recuerda)(velatorio tres. Es el tres)
No me gusta como has empleado la palabra aspavientos ( a mi es una palabra que me encanta, una palabra que designa justo su acción, y es una pena que la modifiques, o la minimices en espavientera).
La puesta en escena de la hipocresía logrado al máximo.
la galería de personajes, a cada cual más dispar, entrando y saliendo del escenario del velatorio, parece una obra de teatro (me encanta esto, varias corrientes de acciones que se mezclan con el frio, los sentimientos, la ausencia, el dolor, la manera de mover los ojos de un lado a otro, la corona colgada a algo parecido a un perchero, el blanco de las focos, la nariz del padre que parece que se mueve, o no, las frases de rigor, la anciana que te acorrala...el beso simulado en sílabas( terminaría el relato con esa frase de sílabas y besos.
Es magnífico este baile que te traes y te doy la enhorabuena porque estoy encantada de haber leído esto.
Quizás debí hacerte un comentario cuando estuviera más fría la primero impresión, un comentario razonado, pero he querido hacerlos desde la sensación inmediata.
Escritora.
Felicidades. Espero leer más de ti.
Suina, me apunto para lo sucesivo lo de poner los cuentos en posts diferentes y también lo de “aspavientera”. No es bonita esa palabra, es verdad. He leído con mucha atención tu comentario, muy detallado, y te lo agradezco mucho. Hay cosas que señalas en las que no me había fijado. Me ha resultado muy útil leer tu aportación. Te diré que lo del final del cuento con el beso simulado fue una opción, pero al final la rechacé. A lo mejor debí considerarlo más, pero bueno quedó hecho así. Te agradezco que no esperaras a reposar el comentario y lo hayas soltado tal cual. Porque me ha alegrado mucho leerte, mucha gracias, Suina.
Jesús, gracias por la lectura. Me hace ilusión que digas lo creértelo en tan poco, ése ha sido mi principal preocupación cuando los hacía, que no resultara lejano o ajeno.
Muchas gracias a los tres
¡Saludos!