¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Guardianes de la Galaxia

hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
editado febrero 2014 en Ciencia Ficción
Capítulo 1

El hombre esperaba a las puertas del hangar vestido con una larga capa negra. Bajo el brazo sujetaba su rígida escafandra de combate que simulaba la apariencia de un casco de motorista blanco, sin adornos, como su armadura corporal y sus altas botas, con las cinco cinchas algo sueltas.
Descargadores de mercancías montaban en camiones enormes cajas de madera. Un soldador salpicaba fuego mientras arreglaba los rotores averiados de acceso al muelle contiguo. Criaturas de diversos mundos, con sus armaduras corporales, jugaban al Poker encima de una cisterna.
El viejo deslizó los dedos de sus esqueléticas manos fuera de las anchas mangas de su túnica. En la palma de sus manos, cubierta por vendas manchadas de sangre y líquidos amarillos, se asomaban las puntas metálicas de cinco agujas, dispuestas en un dudoso pentágono. Sus labios se estiraron en una sonrisa satisfecha, y se acercó al hombre.
-Buen viaje, comandante -dijo el viejo, con voz susurrante y aterciopelada-. Recuerde traer los souvenirs que le encargué.
El hombre contrajo la mandíbula, y miró al viejo con desprecio. Un mechón de su pelo escarlata se deslizó sobre sus ojos azules. Se pasó la mano enguantada para colocarlo en su lugar, y las puertas del hangar se abrieron para él.
-¡Larga vida al emperador! -dijo el viejo con sorna, mientras el hombre cruzaba las puertas.
La Nave Imperial bajó sus puentes. La tripulación se cuadró frente al Comandante, expectante.
-Caballeros, -dijo el Comandante- vamos a salvar La Tierra.


Comentarios

  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado septiembre 2013
    Guardianes de la Galaxia - Capítulo 2 Parte 1

    El polvo y la grava no habían terminado de posarse sobre lo que quedaba de los rascacielos de La Capital desde el último bombardeo. El sol se ponía tras la silueta destrozada de un horizonte perdido en humo.
    Sentado en el alfeizar del agujero que una explosión había dejado en lo alto del refugio, el joven vigilaba, con la mirada perdida, tratando de localizar el lugar donde había estado su hogar. Una lágrima resbaló por su piel de ébano.

    -¿Por qué lloras papá?

    El joven se sobresaltó y maldijo por lo bajo. Ajustándose la chaqueta de piloto, trató de disimular que se estaba limpiando las lágrimas. La niña pelirroja se acercó a él y pasó su pequeña mano de piel clara por la mejilla del joven. Confrontaron sus ojos, y compartieron una mirada de tristeza. Finalmente, el joven rompió el contacto visual y se dedicó a desmontar el arcaico walkie talkie a pilas con el que alertaban de los ataques.

    -No me llames papá -dijo el joven-. Llámame Duke.

    -Rose dice que ahora eres papá -repuso la chiquilla-. El papá de todos.

    -No si puedo evitarlo -objetó Duke. La niña se coló entre los brazos del joven y se quedó agazapada en su regazo-. Eh, enana, esto no se hace. Vuelve adentro si tienes frío.

    -Duke -dijo la chiquilla, mirando hacia el cielo- ¿Por qué hay guerra?

    Duke suspiró, apoyando la barbilla en la cabeza de la niña.

    -Porque la gente tiene miedo, enana -respondió-. Miedo de que nos maten por ser quienes somos, por pensar diferente. No encajamos en el mundo que ellos quieren crear. Quieren que todo sea como ellos dicen.

    -¿Como dice El Emperador? -preguntó la niña.

    -Sí.

    -¿El emperador es de Crisálida?

    -No. Es de la tierra -contestó Duke, levantando una ceja- ¿Por qué lo dices?

    -El novio de Rose dice que es un gusano.

    Un repentino estallido de fuego en el cielo los puso en alerta.

    -Vuelve adentro, enana -ordenó Duke, recomponiendo a toda prisa el walkie talkie.

    Nada más encenderlo, un barullo de voces asustadas voceó en el aparato. "El refugio no es seguro, repito: el refugio no es seguro. Sacadlos de ahí. Que todos los pilotos se dirijan a su punto de encuentro de emergencia."
    En el momento en el que Duke escuchaba esas palabras, el escandaloso traqueteo de una aeronave terrestre se sobrepuso al ruido de las explosiones. Antes de que pudiera moverse, los potentes focos emergieron desde abajo, y ante Duke apareció una plataforma cuadrada, repleta de soldados con armadura imperial.
    El negro se cuadró ante la amenaza. Introdujo la mano en su chaqueta de piloto y sacó una granada.

    -¿Queréis jugar? -dijo, aunque el ruido de la plataforma les impedía oírle- Pues vamos a jugar -lanzó la granada a la plataforma, y los soldados volaron por los aires-. Venga, enana, hay que irse.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2013
    Y cuantos capítulos son:confused: los tienes terminados:confused:
    Está como chévere:)
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Y cuantos capítulos son:confused: los tienes terminados:confused:
    Está como chévere:)

    La historia (el hilo de sucesos) está terminada. Lo tengo recogido en un esquema a lápiz de 5 páginas.

    Sin embargo, aún no la he escrito. Tengo el esquema de qué va a suceder, a quién, en qué momento. Pero aún no lo he narrado.

    No sé cuántos capítulos necesitaré, pero espero que no sean más de 15 - 20. Ya iré viendo qué se necesita, qué no. Hace falta depurarlo mucho, escoger qué es crucial en la historia y qué es prescindible.

    Lo cierto es que me cuesta, porque es un universo que se presta mucho a la imaginación, a crear nuevos momentos, y muchos "what if...?". Me ha costado bastante discernir qué iba a ser la historia troncal y qué eran simples esperanzas de escritora, o favoritismos a personajes.

    Pero está ya terminada, solo falta narrarla.
    Pondré un segmento de la historia por semana, todos los lunes.

    Los comentarios, esperanzas, sugerencias, y todo lo que queráis decirme serán bienvenidos :)

    Saludos
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2013
    Me parece bien, mientras no nos dejes colgados de la brocha:D
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Me parece bien, mientras no nos dejes colgados de la brocha:D

    De hecho, he querido entrar en el foro para obligarme a continuarla hasta el final. A tener una regularidad escribiendo, y a quitarme los miedos. Quiero enfrentarme a la realidad, a la opinión y dejar de obsesionarme por la perfección.

    Por eso voy a continuarlo, semana tras semana, esté perfecto o no. Creo que es la única manera de quitarme el miedo, y superar la obsesión que el miedo provoca.
  • elporquedelascosaselporquedelascosas Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2013
    Hola, Hada. Interesante que lo quieras plantear de esa manera, es muy posible que la emoción de compartir te empuje a seguir trabajando en el relato con más fuerza.

    Tengo que decir, a modo de comentario, que el primer fragmento me ha resultado un tanto frío, mientras que el segundo comienza mostrando personajes que ya lucen el hálito de la vida. La humanidad reside, irónicamente, en los detalles pequeños. En el hecho de que un guerrero espacial trate de que no lo descubran llorando, por ejemplo.

    Y si te sirve el consejo, no te pongas barreras. Cuando hablas de evitar "esperanzas de escritora" y "favoritismos de personajes", me suena a que quizás tratas de descartar lo mejor de tu propio universo.

    La esperanza del escritor es lo que nos mueve a narrar y a forzar ese potente instrumento que es el lenguaje para que se acabe plegando a nuestra voluntad.

    Y los personajes, una vez comienzan a moverse por las páginas de una historia, cobran a veces vida propia. Una vida que te tienta a seguirlos de cerca, relegando la trama a un lugar más mundano que es, en realidad, el que le corresponde. Los personajes son el verdadero motor de la historia: ámalos, quiérelos con fuerza a todos, incluso a los peores, y ellos te devolverán el gesto.

    En definitiva, no huyas de ti misma, abraza tu instinto y mira a ver hacia dónde te dirige. Puede que te lleves una grata sorpresa, y si no, no habrás perdido el tiempo, sino que habrás ganado experiencia.

    Ánimo y no te pongas límites.
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    Hola, Hada. Interesante que lo quieras plantear de esa manera, es muy posible que la emoción de compartir te empuje a seguir trabajando en el relato con más fuerza.

    Tengo que decir, a modo de comentario, que el primer fragmento me ha resultado un tanto frío, mientras que el segundo comienza mostrando personajes que ya lucen el hálito de la vida. La humanidad reside, irónicamente, en los detalles pequeños. En el hecho de que un guerrero espacial trate de que no lo descubran llorando, por ejemplo.

    Y si te sirve el consejo, no te pongas barreras. Cuando hablas de evitar "esperanzas de escritora" y "favoritismos de personajes", me suena a que quizás tratas de descartar lo mejor de tu propio universo.

    La esperanza del escritor es lo que nos mueve a narrar y a forzar ese potente instrumento que es el lenguaje para que se acabe plegando a nuestra voluntad.

    Y los personajes, una vez comienzan a moverse por las páginas de una historia, cobran a veces vida propia. Una vida que te tienta a seguirlos de cerca, relegando la trama a un lugar más mundano que es, en realidad, el que le corresponde. Los personajes son el verdadero motor de la historia: ámalos, quiérelos con fuerza a todos, incluso a los peores, y ellos te devolverán el gesto.

    En definitiva, no huyas de ti misma, abraza tu instinto y mira a ver hacia dónde te dirige. Puede que te lleves una grata sorpresa, y si no, no habrás perdido el tiempo, sino que habrás ganado experiencia.

    Ánimo y no te pongas límites.

    Hola
    Sí, yo también creo que compartir puede darme algo de fuerza :) Pero sobretodo es para quitarme el miedo.

    Es cierto que el segundo fragmento tiene más empatía que el primero, pero también es porque es un momento que se presta a serlo. En el primero no ocurre nada que pueda usar como ancla entre el personaje y el lector. Ya habrá momentos más adelante para esos personajes.

    Cuando hablo de esperanzas de escritora y favoritismos a personajes me refiero a que en ocasiones fantaseo sobre lo que podría haber ocurrido, o deseo que un personaje se comporte de manera diferente a como es, más para alegrarme a mí que porque sea consecuente con su personalidad, su pasado, o incluso con sus deseos.

    Coincido en que la esperanza es lo que nos mueve a narrar. No has de preocuparte por ello, no descarto cosas sin haberlo pensado varias veces :)

    Una de las cosas que me gusta generar es precisamente eso: vida. Por eso soy tan exigente conmigo misma, y por eso me bloqueo y en ocasiones no consigo narrar la historia.

    Pero me temo que tengo que superar ese bloqueo de alguna manera, y la única manera que se me ocurre es narrarlo. Esté bien o mal, le de el enfoque que buscaba o no, lo consiga o no.

    Soy consciente de que determinados fragmentos serán mejores que otros. Trato de llegar a la perfección, pero soy humana y algo novata. Por eso vuestros consejos son tan buenos.

    En cuanto a amar a los malos, lo cierto es que ya los adoro. De hecho, no creo que haya nadie absolutamente bueno o absolutamente malo. Sí, desde luego en ocasiones mis personajes harán malas acciones, y liarán mucho las cosas, y desde luego muchos de ellos tienen en apariencia estereotipo de malvado. Pero nadie es así porque sí.

    Y precisamente es ahora cuando me enfrento a mi misma. Más bien a las imperfecciones de narración y de creación y ... bueno, de todo. Pero creo que es la única manera de seguir adelante y corregirlo, si tiene corrección posible. O mantenerlo, si es algo que da un sello personal. No lo sé, ya lo iré viendo.

    Saludos :)
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    Guardianes de la Galaxia
    Capítulo 3

    El tarro surcó el aire a toda velocidad, pero la abeja lo esquivó. Asiéndolo de nuevo con sus delicadas manos, el chiquillo exploró las flores con su inquisidora mirada de ojos verdes. Finalmente, halló un pequeño punto rojo de calor posándose sobre una margarita. Mordiéndose el labio, se acercó sigilosamente, se lanzó y enjauló flor y abeja en el tarro.

    -¿Qué hace, pequeño príncipe?

    El chiquillo se volvió hacia el alto hombre de largo cabello dorado que le observaba con las manos metidas en las mangas de su túnica.

    -¡Profesor! ¡Huya! –gritó el chiquillo, soltando el tarro y corriendo hacia el hombre.

    -¿Huir? –preguntó el hombre, mientras el chiquillo se le enroscaba en las piernas, y tiraba de él- ¿De qué? ¿Cuál es el peligro?

    -¡La abeja! ¡Va a matarle! ¡Tiene que salir de aquí!

    El hombre sonrió con bondad. Apartó al chiquillo con suavidad.

    -Las abejas son seres pacíficos, príncipe –dijo el profesor-. Trabajan para crear un panal de miel y viven en armonía. –se acercó a la flor y retiró el tarro.

    -¡No! –gritó el príncipe, pero ya era tarde.

    La abeja salió volando y se posó en la mano del profesor. El chiquillo se tapó los ojos, asustado.

    -No temas, príncipe –dijo el profesor-. Las abejas viven en paz, siempre que tengan alimento y no se las ataque. ¿Ves? -el príncipe abrió un poco sus dedos y miró a través de sus manos. La abeja elevó el vuelo desde la mano del profesor y voló de nuevo a la flor- No hará ningún daño.

    Sin embargo, el príncipe tiró de la manga del profesor para alejarle.

    -¡No, profesor! –dijo, con el miedo titilando en sus ojos- Lo he soñado.

    El profesor puso su mano, marcada en el dorso con signo de Los Cinco Sabios, en el alborotado pelo pelirrojo del chiquillo.

    -Eres demasiado joven para esos sueños –dijo el profesor-. Algún día soñarás como tu padre. Quizá incluso veas los futuros más claramente que los que él ve. Pero ese día está aún lejano, joven príncipe. La meditación calmará tu mente y limpiará tus sueños de pesadillas. Ve a la sala de los planetas y medita sobre ello.

    El príncipe recogió el tarro y se marchó cabizbajo y enfurruñado, pisando con más energía de la necesaria en el camino de los jardines del Palacio.

    -¿A qué debo vuestra visita, Comandante? –preguntó el profesor, una vez el príncipe se hubo marchado.

    El comandante desactivó el camuflaje de su armadura corporal y se quitó la escafandra. Había preocupación en su rostro. Activó varios sensores en su brazo y escaneó el perímetro. Una vez se hubo asegurado de que estaban a solas, se acercó al profesor y le susurró quedamente:

    -No tenemos mucho tiempo –agarró el brazo del profesor y le hizo caminar junto a él, dirigiéndose a un lugar más apartado-. Debes desaparecer, marcharte de La Tierra. Y llévate al príncipe contigo. Su vida corre peligro.

    -¿Por qué? –susurró, preocupado, el profesor- Pensaba que la guerra contra los rebeldes estaba casi finalizada, apenas tienen con qué defendersen, y sus suministros de comida deben haberse agotado ya.

    -Los rebeldes son solo marionetas en algo mucho más grande –dijo el Comandante-. Hay una organización. Planea lanzar un ataque químico que destruirá a todos los que nacimos con los genes de los supra.

    -¿Quieres decir que toda la casa real morirá? –el comandante asintió- ¡Comandante! Ocultar esa información es alta traición. ¡Debemos informar al Emperador!

    -No es necesario –la sombra de la ira oscureció los ojos celestes del comandante-. Él mismo firmó la autorización.

    Las manos del profesor temblaban cuando se las llevó a la boca, y en sus ojos se reflejaba el horror y la incredulidad.

    -¿Por qué haría algo así? –la voz le temblaba- ¿Le ha contado algo?

    -El emperador ya no es la persona que solía ser –contestó el comandante-. Alguien le habló de un proyecto, algo relacionado con la sangre real. Desde entonces ha empezado a tener pesadillas. Ya no diferencia la realidad del miedo.

    -Pero ¿por qué iba a querer exterminar a la realeza? –seguía sin comprender el profesor.

    -No nos queda tiempo –contestó el Comandante, consultando sus aparatos de medición-. Saca al príncipe de aquí, y lléveselo lejos. Quizá algún día necesitemos que vuelva.

    Tras decir aquello, el comandante se fue.
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    Guardianes de la Galaxia
    Capítulo 4

    Duke corría a toda velocidad con la niña cargada al hombro como un saco. Por el walkie talkie, la voz de Rose, distorsionada por el ruido de disparos láser, le apremiaba. “Duke, ¿dónde demonios estás? Estamos cerrando compuertas. Ven al puente de mando. ¡Ya!” El negro maldijo por lo bajo mientras entraba en la pista de despegue, con el resplandor de los disparos láser pisándole los talones.

    Un comando de soldados imperiales rodeaba las compuertas de la nave, intercambiando fuego con la resistencia rebelde, que los mantenía a raya mientras las compuertas se cerraban.

    -¡Joder, joder, joder! –maldijo Duke, esprintando como una bala suicida hacia los soldados- Tápate los oídos –ordenó a la niña-. Esto os va a doler.

    Mordió la anilla de una granada, la tiró al grupo. Humo y soldados salieron despedidos hacia los lados, dejando una brecha en su formación. Solo dos pasos hasta la nave. Las compuertas levantaban ya metro y medio del suelo. Al otro lado, un compañero tiró su arma al suelo y abrió los brazos. Duke tiró a la niña hacia él y saltó. Su costado chocó contra la plataforma, y rodó adentro. El fuego cruzado se volvió frenético. Finalmente, las compuertas se cerraron.

    El alivio recorrió el cuerpo de Duke. Se quedó sentado, con las piernas estiradas, tratando de recuperar el aliento. Tragó saliva y miró a la niña.

    -La próxima vez –dijo- quédate dentro, enana.

    -¿Salvando a niñas pequeñas? –el habitáculo entero se cuadró ante la imponente figura de la Capitana Rose- Pensaba que habías rechazado la medalla de héroe.

    -Momento equivocado –jadeó Duke-, lugar equivocado.

    -Como todos los héroes –contestó Rose con su deslumbrante sonrisa-. El puente de mando te espera. Aún tenemos que sacar esta nave de aquí –se arrodilló junto a la niña-. Y tú –pulsó la nariz de la niña- vas a ir con Gin a la sala de máquinas. El lugar más seguro, hasta que podamos llevarte al Odisea con los niños.

    -¡Pero yo quiero ayudar! –rogó la pequeña peliroja- ¡Sé disparar, y piloto naves de combate, y le quité su diente de leche a Mittens, y… !

    Rose posó sus dedos sobre la boca de la pequeña, asintiendo con una sonrisa.

    -Muy bien. ¿Quién soy yo para rechazar a una soldado de élite? Admitida –la pequeña saltó feliz, clamando gritos de “¡hurra!”-. Pero antes de entrar en combate, tendrás que pasar por el aprendizaje –de su bandolera repleta de bolsillos, sacó unas gafas de visión holográfica, se las puso a la pequeña, y pulsó una lista de reproducción-. Este es el famosísimo Capitán Earth. Él te enseñará todo lo que debes saber para salvar a la Galaxia.

    Rose hizo un gesto a alguien para que condujera a la pequeña, que sujetaba con entusiasmo las gafas, a la sala de máquinas. Luego, Duke y ella se dirigieron al puente de mando.

    -Capitán Earth… ¿Las películas? –preguntó Duke.

    -Todas –confirmó Rose.

    -¿Las cien? –se asombró Duke.

    -Todas –reafirmó Rose-. ¿Cuándo apuestas que se dará por vencida?

    -¿La enana cabezona? –Duke se sonrió- Al menos 20 pelis.

    -Nadie aguanta más de cinco seguidas –repuso Rose-. Se quedará dormida antes de la tercera.

    Duke acorraló repentinamente a Rose contra la pared.

    -Si gano –dijo el piloto, clavando sus ojos en ella-, me debes una cita.

    -Si gano yo –dijo la capitana, sin dejarse intimidar-, aceptarás el liderazgo.

    Duke se separó tan repentinamente como antes, y se dirigió, nervioso, al puente de mando.

    -Ya veremos –respondió el piloto, echando una última mirada atrás.


    [OCULTAR]Este es un fragmento que en realidad podría haber prescindido, porque en la siguiente etapa de la historia que concierne a Duke, es evidente que ha llegado a la nave. Pero he decidido escribir esta parte intermedia para hacer caso de vuestras opiniones y permitir explorar un poco más a fondo a los personajes y las razones por las que son como son, para darles esa humanidad. Además, es un momento muy emocionante :rolleyes2:
    [/OCULTAR]


  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2013
    Se me hace que la enana se las verá todas y le harán falta más.:)
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Se me hace que la enana se las verá todas y le harán falta más.:)

    :) Nada es imposible para quien pone empeño e ilusión. Y cabezonería.
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado noviembre 2013
    Guardianes de la Galaxia
    Capítulo 5


    Los 49 tallos de milenrama volaban entre sus ágiles manos de cálida textura. Sentado y encogido en el medio de una decena de columnas de libros, no parecía tan alto. Las ojeras le hacían parecer mayor. Murmuró cifras mientras contaba tallos de milenrama.

    -Cinco, y tres ocho, más nueve... y luego le añadimos esto, lo que hace doce. Dos y una tres... y me llevo cuatro... -cerró los ojos y movió los dedos, ágilmente, contando. Palideció-No... Tan pronto, no...

    -Majestad.

    El emperador levantó la cabeza como un ciervo asustado. Más allá de sus montañas de libros, la imponente figura del Comandante hizo una reverencia. Al tiempo que guardaba la milenrama en una pequeña caja, el emperador hizo un gesto con la cabeza al Comandante, invitándolo a pasar. Tras un momento de indecisión, el Comandante apartó con cuidado varias pilas de libros y se arrodilló ante el emperador. Éste rodeó una de sus rodillas con sus brazos y suspiró.

    -Quítate la escafandra, hermano. Hace mucho que solo charlo con trozos de plástico -el Comandante desató los cierres y puso a un lado su escafandra de combate. Un par de gotas de sudor resbalaron desde su sien-. Tienes mal aspecto. ¿Has combatido hoy?

    -No -contestó el comandante, enjugándose el sudor en la manga de su uniforme de combate-. Solo he tenido un largo viaje. Eres tú quien tiene mal aspecto. ¿Has dormido hoy?

    -... No -el emperador rehuyó la mirada del comandante-. No quiero dormir.

    -Debes dormir. -ordenó el comandante.

    -¡No quiero! -el emperador se levantó a toda prisa, se tambaleó y derribó varias columnas de libros, que se esparcieron por doquier- ¡Tú no lo entiendes! ¡No quiero volver a verlo! -a toda prisa, el comandante atravesó el caos de libros y cargó al emperador en brazos, antes de que tropezase- ¡Suéltame!

    El comandante apartó con las piernas los libros de la cama, y tumbó al emperador en ella. El emperador se agarró a la pierna del comandante. Tembló, y apoyó la cabeza en su regazo. El comandante pasó su mano enguantada por la temblorosa figura de su hermano.

    -¿Qué has visto? -susurró el comandante.

    El temblor se apoderó del emperador. Fue incapaz de hablar. El comandante se quitó los guantes, puso su mano en la frente del emperador, y le transmitió un potente impulso de paz. Por un instante, el emperador se resistió, pero al momento siguiente, todo su cuerpo se relajó y cayó dormido en el regazo de su hermano, en un sueño intranquilo y lleno de pesadillas.


    [OCULTAR]Lamento no haber podido entregar los capítulos estos lunes. He tenido complicaciones con las que no contaba, y no me ha sido posible postear. De modo que, para compensar, en estos días iré subiendo los capítulos que no he podido subir. ¡Espero poder ponerme al día antes del lunes![/OCULTAR]
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado enero 2014
    Guardianes de la Galaxia

    Capítulo 6

    Capítulo 6
    Bullet el escurridizo contemplaba con su ojo cibernético cómo el humo del cigarrillo se elevaba suavemente, hasta fundirse con el techo. Guorra estiró sus patas de canguro sobre el panel de control, se recostó en el sillón de piloto y bostezó tanto que la larga lengua atrapabichos se le quedó pegada al techo. Dio un tirón y la recogió enrollada en la boca.


    -¿Cuánto vamos a estar aquí? –preguntó con la pastosa voz de una siesta.


    -Lo que haga falta para escabullir algo bueno –contestó bullet, con la mirada perdida en el humo.


    Dio una larga calada a su cigarrillo cuando una luz en el panel de radar comenzó a palpitar.


    -Ya era hora –se quejó Guorra, quitando las patas del panel y apretando frenéticamente los botones de marcha.


    Puso las manos en el volante, conectaron el camuflaje, y la nave se puso en posición de ataque. Desde el ovalado monitor central, contemplaron cómo un pequeño crucero espacial salía del hiperespacio en un remolino de blanca electricidad.


    -¡Bingo! –vitoreó Guorra, pasándose la lengua por el hocico- Drenaje listo.


    -Suéltalo –ordenó Bullet, mientras se levantaba y cargaba un cañón láser.


    La nave pirata salió de su camuflaje y soltó un rayo carmín que se adhirió al crucero y lo atrajo hasta ellos.


    Bullet cruzó la escotilla y aporreó la metálica nave con el cañón láser.


    -¡Arriba caballeros! –gritaba mientras el estruendo metálico repercutía en la estancia- ¡Pesca fresca!


    Uno a uno, los piratas se zafaron de sus hamacas, salieron de los paneles de contrabando, o se pusieron en pie desde el suelo, recogieron sus armas, que estaban repartidas por doquier, y se acercaron a la escotilla de salida.



    Un golpe y el sonido de aire a presión indicaron que se habían acoplado a la nave.



    -¡Al ataque!
  • Romuald MartinRomuald Martin Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2014
    hadamalefica escribió : »
    Por eso soy tan exigente conmigo misma, y por eso me bloqueo y en ocasiones no consigo narrar la historia.
    Saludos :)

    Un consejo común que funciona para muchos es no detenerse y escribir la historia hasta el final. Así tendrás una primera versión completa que luego podrás evaluar y enriquecer.

    Alguna vez leí o escuché que incluso Hemingway decía que su primera versión nunca funcionaba (para no usar la palabra atribuida a él).

    Sigue y terminala!
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado febrero 2014
    Romuald Martin escribió : »
    Un consejo común que funciona para muchos es no detenerse y escribir la historia hasta el final. Así tendrás una primera versión completa que luego podrás evaluar y enriquecer.

    Alguna vez leí o escuché que incluso Hemingway decía que su primera versión nunca funcionaba (para no usar la palabra atribuida a él).

    Sigue y terminala!
    Eso intento, aunque me cuesta bastante, pero la terminaré seguro :)
    ¡Gracias por el consejo!
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado febrero 2014
    Guardianes de la Galaxia

    Capítulo 7


    La bella cantante deslizó un dedo por la botella de champán, llevándose pequeñas gotas de agua fría que se deslizaban por el empañado cristal. Era un lujo que no se podía encontrar en Marte, y mientras estuviera a bordo del crucero interestelar, pretendía devorar todos los placeres que se le pusieran por delante.

    Las puertas se abrieron para ella. El interior del camarote era tan lujoso como cómodo. Una enorme pecera con un tiburón abarcaba toda la circular pared, tras la que titilaban las estrellas de una galaxia cercana. Desde su izquierda le llegó el calor de una electroestufa con forma de chimenea. Se detuvo frente a una mesa de té de cristal, tras la cual, cómodamente sentado con las piernas cruzadas y los brazos reposados sobre un amplio sofá de cuero negro, le esperaba él.

    -Adam Lightstar –dijo la cantante a modo de saludo-. Debería ser delito que un adonis sea diplomático. ¿Cómo consiguen concentrarse contigo en el senado?

    Las cinco cinchas de sus altas botas se ajustaban a sus perfectas piernas. Los pantalones se arrugaban en torno a sus rodillas, y subían pegados a unos muslos por los que se había perdido más de una cabeza. El cinturón se ajustaba a una cintura estrecha, de la que partía un torso en el que se adivinaban los músculos que la elegante camisa no podía ocultar. El sedoso pelo dorado caía sobre el cuello con botones sueltos, del que pendía una corbata de seda desabrochada. Hubiera sido suficiente para distraer a cualquiera, pero Lightstar tenía algo más.

    Arqueó sus sensuales labios en una enigmática sonrisa, y clavó su mirada en ella. Había algo en la penetrante mirada de sus ojos que hacía perder la conciencia del tiempo y el lugar. Tenían un color especial. Eran de un verde imposible.

    -No lo hacen –contestó él, arrancando a la cantante de la inopia en la que se había sumido-. ¿Para qué molestarse, cuando puedo distraerlos de todas sus tragedias?

    -Ocurren muchas últimamente –dijo la cantante, en un intento de sonsacarle algo de información de utilidad-. Dicen que La Mano Negra está detrás.

    -Lo único que está detrás de las tragedias son los rebeldes –aseguró Lightstar-. Pero no hablemos de eso ahora. El champán caliente nunca me ha gustado.

    Con un gesto, le ofreció asiento junto a él. Al sentarse, sus piernas se tocaron, y ella sintió cómo un escalofrío recorría todo su cuerpo. Descorchó la botella y le ofreció una copa espumosa al diplomático.

    -Por una actuación espléndida –brindó Lightstar, clavando de nuevo su mirada en la cantante.

    Por un instante, la cantante creyó que había descubierto su tapadera. Sonrió haciéndose la tonta, y decidió que saldría del crucero en la siguiente estación. De todas formas ya había recabado bastante información. Los rebeldes estarían satisfechos. Pero antes, ¿por qué perderse el placer?

    El champán corrió a raudales, y antes de que pudiera darse cuenta, la botella estaba vacía. Empujada por el alcohol, la cantante lanzó un mordisco sobre el cuello descubierto y paseó sus manos por el torso de ensueño. Un escalofrío de placer recorrió su espalda, acompañando los dedos de Lightstar. Desabrochó su camisa, y se encontró con sus ojos. El tiempo se volvió relativo. Podría haber pasado un segundo o una eternidad. Adam le dedicó su sonrisa enigmática y resbaló los dedos por su mandíbula, conduciéndola a su boca. Sabía a champange, y a algo amargo, pero el calor que se apoderaba de su cuerpo le dictaba que lo ignorase. Agarró la camisa de Lightstar y le arrastró a la ducha. Él la empujó contra el cristal y deslizó su vestido hasta el suelo. Ella aprovechó para deslizar sus manos por la espalda de él, mientras le quitaba la camisa, y dedicó un apretón a su culo mientras deslizaba sus pantalones por sus piernas.

    El agua cálida serpenteó entre sus cuerpos desnudos, y el cristal se empañó a causa de un calor que no provenía sólo del agua. La cantante pasó los brazos por el cuello de Lightstar, disfrutó de la cálida sensación de su piel contra la de él, de su torso musculoso pegado al suyo, y se rindió al placer.

    Ella fijó los ojos en el neblinoso cristal. Todo era bruma. Apenas podía ver más allá del dorado y sedoso pelo de Lightstar. Se sentía débil y desbordantemente satisfecha. Los brazos no le respondían.

    Murmuró una queja mientras su espalda resbalaba por la lujosa pared. Se sentía feliz, enormemente feliz. No quería que el placer parara.

    Los ojos de verde imposible se clavaron en los suyos, y no hubo nada más en el mundo que le importase.

    -Dime todo lo que sabes acerca de los rebeldes, y todo lo que les has dicho –susurró Lightstar a través de esos sensuales e irresistibles labios.

    Sonriendo feliz, la cantante empezó a hablar.
  • hadamaleficahadamalefica Anónimo s.XI
    editado febrero 2014
    Guardianes de la Galaxia
    Capítulo 8

    La niña seguía sujetando las gafas holográficas cuando el soldado abrió la escotilla de la sala de máquinas. Un estruendo los acogió, seguido de un temblor. Del interior, les llegó una queja y una sarta de maldiciones.
    -¡Gin! –dijo el soldado, asomando la cabeza por la escotilla- La Capitana ha dicho que…
    -¡No me vengas con más trabajo! –le contestó desde el interior una voz distorsionada mecánicamente- Aún hay que sacar esta nave a hiperespacio y tengo mucho que hacer. Pásame la llave del ocho, ¿Quieres?
    El soldado entró, y trató de hacerse camino entre gigantescas máquinas de acero carbonizado y tuberías ardientes, de cuyas junturas aún salía de cuando en cuando un chorro de vapor. Numerosas herramientas estaban esparcidas por el suelo junto a una caja medio vacía, al pie de una columna que contenía un globo electroestático del que saltaban rayos. El soldado miró indeciso las herramientas, sin saber muy bien qué hacer.
    -Venga, chico, es para hoy –dijo la distorsionada voz mecánica de Gin desde debajo de la máquina- Tiene una garra abierta en un lado y un círculo en el otro, y un ocho.
    El soldado se arrodilló junto a la caja de herramientas y rebuscó. Una sacudida les hizo temblar y las herramientas se esparcieron por doquier.
    -¡Date prisa o volaremos todos por los aires! –exclamó Gin.
    El soldado recogió frenéticamente las herramientas, comprobando una a una si tenían un ocho. Una mano robótica asomó debajo de los paneles de la máquina. El soldado dio vueltas sobre sí, tratando de ver si se había dejado algo. Gin dio un gruñido de protesta, e inmediatamente, una pequeña mano le entregó una llave metálica con un ocho pintado en rojo.
    -Aleluya. Ahora el destornillador y la remachadora.
    El soldado contempló anonadado cómo la niña recogía las herramientas. Sonrió para sí, dio media vuelta y cerró la escotilla de seguridad. Al oír la escotilla cerrarse, Gin maldijo por lo bajo y deslizó medio cuerpo fuera del bajo de columna de la esfera. La niña contempló estupefacta a Gin. Todo el cuerpo del mecánico estaba cubierto por mejoras cibernéticas, desde su máscara de gas hasta sus piernas de exoesqueleto. Su torso lo cubría un amplio chaleco con los bolsillos repletos de herramientas.
    Gin alargó los prismáticos de su máscara, enfocando a la pequeña, que sostenía el destornillador y la remachadora. Gruñó debajo del gastado respirador.
    -¿Y tú quién eres? –preguntó el mecánico cyborg malhumorado.
    -¡Soy una soldado de élite! –exclamó la peliroja con entusiasmo, tendiéndole las herramientas.
    -Conque soldado de élite –dijo Gin con sorna.
    El Cyborg las cogió de mala gana y se deslizó de nuevo bajo la máquina.
    -Ya que estás aquí, pásame un sargento –ordenó Gin, tendiendo la mano-. Es esas pinzas que… -recibió la herramienta y asomó la cabeza. La niña le contemplaba con fascinación- ¿Cómo has sabido?...
    -El Capitán Earth –interrumpió la peliroja- usa todas las herramientas cuando tienen que salir del planeta Gusano y la nave robada se estrella en Tritón, y tienen que repararla.
    -¡Capitán Earth! –exclamó el cyborg sorprendido, y se deslizó de nuevo bajo la columna de la esfera- ¿Tienes sus pelis?
    -¡Sí! –exclamó entusiasmada la pequeña- La Capitana Rose me ha dado esto –sostuvo las gafas holográficas-. Tengo que verlo todo para convertirme en soldado oficial.
    -Pues más te vale terminar –gruñó Gin, terminando las reparaciones- cuanto antes. Me va a hacer falta un ayudante como tú.
    La esfera electromagnética se volvió homogénea. Gin salió de debajo de la columna, tiró las herramientas en la caja, y pulsó un interruptor en su brazo.
    -Sala de máquinas a Mando–dijo Gin- El hiperespacio está arreglado, pero vamos a necesitar un motor R9 y algunas placas V55.
    -Sala de Mando a máquinas –dijo Rose a través del transmisor- ¿Puedes hablar en cristiano, Gin?
    Gin suspiró hastiado.
    -Que necesitamos un motor de una nave del imperio, y varias placas para el escudo. Y solo hay un sitio en el que se pueden conseguir, con suerte. Paso las coordenadas. –un estruendo impactó en la nave, y todos se sacudieron- ¿Podéis sacarnos de aquí?
    -A la orden –dijo Duke.
    Acto seguido, la nave saltó al hiperespacio.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com