Soy nuevo en este foro, y considero que la mejor forma de presentarme es mostraros algo que escribí la noche pasada, durante esos momentos en los que, intentando dormir, no para de asolarte una idea en tu cabeza. Así que eso es, un desfogo.
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PAVANE.[/FONT]
[FONT="]Pavane pour une infante défunte [/FONT][FONT="]siempre sonaba en mi casa al atardecer, durante esos minutos previos a la cena. La oía tocar el piano, y no comprendía aquello que dijo Schopenhauer:
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"Excepciones aisladas y parciales no cambian las cosas en nada: tomadas en conjunto, las mujeres son y serán las nulidades más cabales e incurables."[/FONT]
[FONT="]El atardecer, justo ese momento, lo convertiría, si fuera yo el creador de una religión venidera, en un momento mágico porque así lo es; recostado entre las mullidas almohadas del sofá y arrebujado con la capa del misticismo del crepúsculo, la veía tal como era cuando se dedicaba a tocar esa bella pieza, algo rechazada por su creador. Cuando ves a un ser en ese estado de concentración, eres capaz de advertir la belleza, la nobleza, la majestuosidad de la existencia y el mismo universo a través de la imagen de ese ser, del sonido de la música y de los arañazos de la altiva y misteriosa luz crepuscular te comunica inenarrables secretos: eres capaz de ver a un hombre o a una mujer tal y como son. Schopenhauer se mintió y se reveló, en una dulce paradoja, una de las verdades de lo que es: la mayoría de lo que consideramos hombres y mujeres no son nada más que seres que imitan, que aparentan ser algo. Esas apariencias nos alejan de los verdaderos hombres y mujeres que, aun siendo difíciles de hallar y discernir, tan poco abundan y que una vez encontrados son, como heraldos que nos transmiten los misterios del universo, capaces de hacernos comprender. Y el aire, ya menos iracundo, anunciaba la efímera frescura que supone una noche de verano. Tregua nocturna de estío.[/FONT]
[FONT="]Y así la veía yo al tocar el piano al atardecer. Mientras tanto, me imaginaba qué sucedería allá fuera, qué harían esos falsos hombres y mujeres, pero siempre terminaba por darme cuenta que la existencia es pasiva, estática, sedente, y que todo lo demás era apariencia, luego no existía: solo lo verdadero sería capaz de poner en marcha nuevamente el universo. Lo verdadero es el motor, un motor que hiciera al Todo danzar con armonía y finura. Y comprendí que ella no tocaba para exterminar esos minutos previos a la cena diaria, no tocaba para ella misma, no tocaba para mí. Tocaba por poner en marcha el universo, una existencia, un cosmos que ya estaba difunto.[/FONT]
Comentarios
Claro, por supuesto, de vez en cuando asoman joyas de personas, al margen de su sexo, a lo largo de tu asertivo discurso, te cuidas varias veces al decir “hombres y mujeres”, “mujeres y hombres”, y es que nulidades podemos ser todos, al margen de nuestro géneros, conceptos caducos que estos alemanes de hace casi dos siglos no pudieron discernir, aunque las circunstancias sociales fueran otras, donde las aplastadas, hundidas, hendidas, asfixiadas mujeres de aquel contexto castrador ( más para ellas).
¡Qué maravilla situar el texto en medio de la música del compositor Ravel, al que admiraba profundamente mi compositor preferido Eric Saite.
¡Pavane para una infanta difunta”,…que contraposición Shpenhauer, Ravel, y la admiración del protagonista de tu elucubración, escuchando tocar el piano a esa mujer de la que seguro que los franceses aseveran, y con razón “Vivre la diference”.
Bienvenido Boney, un placer tenerte por aquí.
De nuevo, muchas gracias.
Ñam ¡Te comí!