Tenía en la mesa de mi cuarto un despertador. Era bastante curioso porque cuando llegaba la hora en la que me tenía que levantar, sonaba. A ver, eso era normal, pero sonaba de un modo molesto, o sea, como que yo no quería que sonara. Bueno, pues entonces para qué lo ponía, estaba claro que solo era un sonido de aviso, pero había algo en ese despertador que me tenía muy enfadada.
Un día bajé con él a la tienda, y le dije a la dependienta “perdone, éste despertador hace un ruido molesto a la hora en la que me tengo que despertar”. Ella me miró, y yo asentí con la cabeza firmemente, supongo que se había sentido mal por venderme un modelo tan defectuoso. “Pero entonces, ¿qué es lo que está mal?”, me dijo ella. “el sonido, aparte de que me despierta me confunde”. “ah”, dijo ella, “pues aquí tenemos este otro modelo”. “Vale, vale, vale, le dije yo, ya está, vengo con un problema muy serio y usted ala, a vender y vender”, cogí el despertador y me fui.
Luego al poco volví y le dije “¿y qué modelos tienen?”. “Pues mire”, dijo ella, tan aturdida como tranquila “tenemos éste que despierta con la radio”. “Si, hombre, con la radio, lo que me faltaba” y me fui de la tienda.
Luego volví y le dije “¿y tienen más modelos?”. La dependienta me miró un tiempo relativamente largo, casi me aburría y todo. Me daba vergüenza que me mirara como si yo no estuviera equilibrada, así que para soportar mi sentimiento, empecé a canturrear mentalmente la canción de “por el amor de esa mujer”. Entonces ella dijo “Mire, si el problema de su despertador es que le despierta, yo no puedo hacer nada. El despertador, despierta, es así. Y si no quiere, no se lo ponga”. “Acabáramos”, le dije, “vengo aquí con un problema serio, y usted se lo toma a broma”. “mire”, dijo la dependienta “si usted va a salir de la tienda y a volver a entrar, le digo ya de antemano que me voy a esconder, y que cuando entre no va a ver a nadie”. “Ah, ¿si?”, le dije yo “pues entonces robaré”. “pues si usted roba”, me dijo ella “llamaré a la policía”. “¿Y con qué la llamará?, ¿con el despertador?, pues no se preocupe que con tal de que deje de sonar vendrán”. “pero, pero, pero…”, dijo la dependienta un poco aturdida, “¿Cómo los voy a llamar con un despertador?, los llamaría con el teléfono, con el móvil, desde la alarma del local… por favor, cómo se puede llamar a nadie con un despertador”. “Pues a mí éste me molesta todas las mañanas”. En ese momento la dependienta me miró, ya con un gesto de cansancio, y tengo que decir que yo también me empezaba a cansar.
Me puse muy seria y le dije con lágrimas en los ojos “la verdad es que tengo miedo, hace un tiempo ya que siento que me gustaría que alguien me despertara con cariño, con un beso, con el olor del café recién hecho, con la ilusión de empezar el día”. “lo siento”, dijo ella. Y allí me eché a llorar.
Comentarios
Gracias por este ratito divertido Lainira. Eres muy graciosa.
A mí también me gusta mucho ese humor surrealista y absurdo.
Bueno, un Saludo. Hasta pronto.
No son necesarias las comillas sino introducir el diálogo mediante una raya -o en su defecto un guión- y escribir en línea aparte cada intervención de los interlocutores.
Te pongo un ejemplo sobre tu mismo texto:
"Un día bajé con él a la tienda, y le dije a la dependienta:
--Perdone, este despertador hace un ruido molesto a la hora en que me tengo que despertar.
Ella me miró, y yo asentí con la cabeza firmemente, supongo que se había sentido mal por venderme un modelo tan defectuoso.
--Pero entonces, ¿qué es lo que está mal?, me dijo ella.
--El sonido, aparte de que me despierta me confunde.
--Ah, dijo ella, pues aquí tenemos este otro modelo.
--Vale, vale, vale, le dije yo, ya está, vengo con un problema muy serio y usted, hala, a vender y vender”.
Cogí el despertador y me fui".
También sería mejor evitar la repetición "me dijo", "le dije"... Puedes alternar: "me respondió", "añadió", etc.
Me gustaría que estas observaciones las recibieras amistosamente y que te sirvieran de algo.
Un saludo.