Bueno, esta es la primera vez que comparto algo en el foro, si alguien se dignara a leerlo, e incluso darme alguna impresión positiva o negativa, se lo agradecería muchísimo. Esto es un pequeño intento de emular ese magnífico género que es el Realismo, quizá alguien considere una ofensa calificar esto que traigo como tal, pero desde el primer momento digo que sólo es un intento. Nadie puede ser Dostoievski.
Bueno, espero que os guste:
La pila derecha del fregadero, despedía la sutil y agradable fragancia de migajas de pan y diminutos trozos de carne y verdura reblandecidos, por un agua turbia en la que Catalina González vio su reflejo, que entre las colonias de burbujas flotando y los salientes de platos hundidos como buques, parecía sacado de una foto en blanco y negro en la que ella se veía muchos años atrás, con una sonrisa despreocupada y jovial que en el presente se tornaba melancólica.
Pronto, deshizo esa ilusión efímera al sumergir su mano derecha en el caldo jabonoso y grasiento, donde su propia imagen quedó dispersa en las ondas de agua tibia. Con movimientos mecánicos, extraía de la pila, y enjabonaba con la esponja platos hondos o llanos cuya base cóncava frotaba con esmero para eliminar la suciedad más resistente, la paellera de donde provenían los granos de arroz pegados a sus dedos, vasos y demás recipientes de bebida a los que purgaba y llenaba de espuma con un giro de muñeca, cubiertos que rodeaba en una micro-sensación de claustrofobia, sartenes de distintos tamaños de donde arrancó restos de filete carbonizados que conservaban en su metal de fundición, una bandeja plana que recorrió como la pista de un circo romano, y la olla con fideos en el fondo que antes había dejado a medias.
Una vez enjabonados, los dejaba caer sin mucho cuidado en la pila izquierda, donde uno por uno los aclaraba conforme el orden en el que iban saliendo. Había abierto demasiado el grifo, y el agua demasiado caliente caía a tal presión, que al contacto con la vajilla salpicaba en todas las direcciones y mojaba a Catalina González sin que esta hiciera nada por impedirlo, absorta en la operación que realizaba sin pensar, como un autómata programado.
Ya libres de suciedad, colocaba los utensilios chorreantes en un escurridor, y cuando el fregadero hubo quedado libre, metió el antebrazo en la pila derecha, y se abrió paso entre cuerpos viscosos que no identificaba con el tacto, hasta destapar el desagüe. Mientras oía el ruido morboso del agua fluyendo, lavó la pila izquierda para acabar con la espuma, y observando el brillo del acero inoxidable impoluto, advirtió que el curso del agua había cesado, y que la terca pila derecha la miraba desafiante y a medio vaciar.
Sin dudarlo por un momento, extrajo manualmente los restos deformes de una comida irreconocible que taponaban el desagüe, y escuchando los últimos gritos de placer que este emitía por el agua que giraba y acariciaba su cuerpo insensible, los miró con desprecio en la palma de su mano y los tiró a la bolsa de la basura, que estaba a rebosar.
Comentarios
Francisco Ruiz, agradezco tu comentario, y la verdad es que tu opinión me parece bastante lógica, es cierto que tiendo demasiado a enrollarme y no acabar nunca las frases. Dicen que muchos reciben consejos, pero sólo el sabio los aprovecha. Trataré de ser lo más sabio posible con tu consejo. En fin, me alegro de que lo hayas leído y que te haya gustado, es todo un halago. Y sin duda indagaré sobre el programa que me recomiendas, me ha picado la curiosidad.
Saludos.