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De los secretos y súbitos sucesos en la ciudad.

febofebo Pedro Abad s.XII
editado enero 2013 en Narrativa
De los secretos y súbitos sucesos en la ciudad.

Caminas como si tuvieras un don concedido, te despides de las personas que a tu lado pasan, entras al subterráneo creyendo que estas en un mundo nuevo, te agitas, enfureces, sudas y también tu rostro palidece. Sales del vagón para regresar a la superficie, en la superficie un tipo toca el sax, lo observas por un momento, sacas unas monedas y las tiras a sus pies, mientras caminas el viejo jazz se va diluyendo por el estruendo de los autobuses. Un tipo pasa corriendo a tu lado con una bolsa en la mano, volteas, regresas la mirada hacia el frente, un par de policías corren agitados, sudan como hembra pariendo, sonríes, ves el cielo, gris, prefieres bajar la mirada, aceras tapiadas de chicles viejos. Tomas un cigarro entre tus dedos, lo enciendes, encuentras una banca des ocupada, te sientas y con impaciencia devoras el camel, te cae de a 6. Una cantina a lo lejos te invita a que entres, un par de cervezas no caerían nada mal, entras, tomas asiento en la barra, una chica obesa te observa, te pregunta: -quieres divertirte- le dices que no, te dice que al menos le invites una cerveza, le dices al cantinero que le dé una a la señorita, la gordita te sonríe le devuelves la sonrisa, es la única sonrisa que has visto en todo el día, enciendes un cigarro, el cantinero señala el letrero que dice: prohibido fumar, le das un ultimo jalón para después apagarlo con la punta del zapato. Después de un par de horas en la bochornosa cantina sales un poco mareado, el sol se empieza a ocultar, una linda dama intenta cruzar la calle, la miras desde lejos, esa minifalda no le que nada mal, ves aquellas piernas largas, el semáforo se pone rojo, rosas su hombro, hueles su fragancia, volteas para ver esa lindas nalgas, y esas pantorrillas que vuelven inevitable una considerable erección. Singues con paso lento recorriendo calles, callejones y avenidas, disfrutas de un rico café en la esquina, y no puedes olvidar a la bella dama de las pantorrillas. Sales del café, caminas un par de cuadras, te introduces al royal hotel, una docena de semidesnudas mujeres te miran, sonríen, balbucean cosas que no entiendes. Estas indeciso, ¿la güera, la pelirroja, la morena, la gordi-buan, la pechugona? Al final acabas escogiendo a la de tetas pequeñas, es la única que no sonríe, es la menos buena, te apiadas de ella, te acercas, te mira, sonríe, le preguntas cuanto, responde 200 mas el cuarto, le das la mano, suben juntos las escaleras, mientras hacienden ves el menear promiscuo de sus nalguitas. Entras con ella al cuarto, te sientas mientras ella se desnuda en el baño, sale llevando solo una tanguita puesta, el encaje siempre te ha fascinado, pero de repente descubres que no estás excitado, lo intentas, fracasas, te concentras, fracasas, sales casi corriendo del cuarto, solo escuchas la risa de la puta triste de tetas pequeñas. Dejas atrás el royal hotel para seguir caminando, fumas cigarro tras cigarro, descubres que te encuentras en una calle que no reconoces, todo está cerrado, las lámparas fundidas hacen que te sientas desconfiado, a lo lejos un par de sombras se acercan, se acercan, ahí están a tu costado, te encañonan, revisan tus bolsillos, toman tu cartera, la adrenalina corre por tu cuerpo, forcejeas, golpeas al de la pistola en el brazo, el otro te tira con un fulminante gancho, caes al piso, desconcertado escuchas un disparo, intentas levantarte, ves a los tipos que corren como si los persiguiera el diablo, intentas levantarte, no sabes lo que está pasando, sientes algo cálido en el costado, te revisas, confirmas lo que temías, te recuestas sobre el pavimento, recuerdas por que habías salido de casa ese día: querías ir a ver a esa mujer de la que te divorciaste hace 2 años, y pedirle y si era necesario rogarle que regresara a tus brazos, sonríes, te llevas la mano a los ojos y te descubres llorando. Te sientes cansado, tienes sueño, ya no sientes los brazos, tus pies hormiguean, estas exhausto, nada que una buena siesta no pueda curar.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2012
    Una siesta muy larga, al parecer:eek:
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    A no ser que sea un texto especial, tipo monólogo interior, por favor, estructúralo con párrafos, espacios, guiones de estilo directo, comillas. Las palabras no son lo único que hace que el lenguaje se entienda.

    Si tu intención era transmitir la sensación de una vivencia febril había recursos que lo podían expresar son sacrificar la inteligibilidad. Las frases muy cortas, los verbos enumerados con comas, castrar las frases con elipsis y la estructura misma del texto con una secuencia muy ágil de hechos, te ayuda a conseguirlo, por ejemplo. También los diálogos, el estilo directo es muy útil para empujar la acción rápidamente. Depende de la destreza, claro.

    Creo que has elegido bien el tiempo presente y la segunda persona, transmiten sensación en bruto, experiencia inmediata e irracional.
  • WillianFWillianF Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    O.K. Saludos.
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