Todos estábamos sentados a la mesa. Mi hermano Adán comía apresurado para irse al cine. Mi vieja como de costumbre traía de la cocina variedad de bandejas con comida. Hacía rato que no estábamos todos juntos. Yo llegaba de unas largas vacaciones por Europa, con más sueño que hambre, pero ya desde el autobús sabía que al llegar debía responder a las preguntas sobre el viaje que me haría mi padre.
Todos estaban esperándome fuera cuando bajé de aquel autobús contratado que me llevó desde el aeropuerto hasta la puerta de la casa, y nos saludamos con besos y abrazos. Fue curioso que, durante los primeros segundos, sintiera en cada uno de ellos, algo distinto, como si hubiesen envejecido de repente, o mejor dicho, como si la imagen que había estado utilizando para recordarlos durante el viaje, estaba un poco desactualizada. Pero como dije antes, esta sensación solo fue por unos pocos segundos.
Estábamos entonces mis viejos, mis dos hermanos, mi cuñada con mi sobrino de dos años, mi nona y yo sentados en la mesa, y esta vez el motivo de festejo era mi regreso a la Argentina. Todos esperaban que cuente las anécdotas del viaje, y poco a poco me fui soltando y encontrando cierto gusto en el papel protagónico, disfruté de contarles las aventuras del viaje, algunas ya preparadas desde el autobús, y otras que vinieron a cuenta y les resultaron mucho más graciosas de lo que esperaba,( y de lo que en realidad fueron).
Luego de haber estado hablando por más de una hora, miré a mi nona sentada en una de las esquinas de la mesa. Sonreía y me miraba, cuando de pronto tuve una sensación escalofriante:
Me percaté de que hacía rato había dejado de seguirnos en la conversación. Hablábamos de un mundo que no conocía, (y no me refiero a Europa, sino a los cheek in, a las compras de billete online, a los hostel, al facebook, a tarjetas de memoria, etc).
Enseguida recordé la reciente situación vivida, de haber estado sentada en una mesa con gente que no hablaba mi idioma, y de seguir una conversación imaginándola, basándome sólo en las expresiones de los rostros. Reía cuando todos reían, y los observaba con la mirada perdida, igual que mi nona me miraba aquella noche.
Ella era una “extranjera” del pasado. En su propia casa, en su mesa, entre su familia.
Comentarios
Hay tantas cosas que decir acerca de tu breve y acertado relato. Mi Madre se comunicaba con sus familiares mediante “telegramas”. El telegrama se costeaba por número de palabras.
Es todo un tema el que propones.
Un abrazo
Creo que lo mejor va a ser que nos preparemos para el "viaje" y que el "desarraigo" nos sea lo más llevadero posible.
Un saludo a todos, gracias por comentar.
Lara.
Estamos olvidando cómo disfrutar de las pequeñas cosas.
Aprendemos el manejo de artefactos digitales sofisticados y olvidamos cómo se juega al dominó una tarde con los amigos.
Estoy hablando como un viejo.
A lo mejor es que ya estoy del lado de los desfasados.
PD: Me gusta los relatos que dan qué pensar.
Paradojas de la tecnología.
Saludos
Un saludo.
Gracias, Un saludo
Mi abuela es una extrajera en su propia familia por muchas otras cosas, ayer curiosamente le regalé una planta con un montón de flores de colores, ojalá eso solucionara algo.
Me gusto MUCHO lo que escribiste.
Saludos
La idea surgió más como un planteo filosófico que como un relato (tan mal escrito que al releerlo me sorprende que haya sido entendido)
Saludos a todos. Lara.
Ya no es solo a causa del desconocimiento de unos cuantos términos y las acciones que representen, como es el caso de la nona que no sabe de qué están hablando, que se genera la incomunicación.
Hoy en día es posible que aún en un conversación plena las personas tengan cada vez más dificultad para poder ponerse de acuerdo.
Como humanidad, estamos cada vez más separados.
Saludos