Vaya vaya. Tenemos un duelo de poetas cojos de verso. Ya veo que os está gustando esto de soltar dardos versados. Pues no. Pues este caballero que tenéis ante vosotros, jamás cambiará su prosa por un verso cursi y deslenguado como el de estas mujeres (a excepto mi cruel y bella Gades). No conquisté muchos terrenos para terminar haciendo versos; donde esté la elegancia ciceroniana, que se quite el amaneramiento de Catulo.
Vengo estos días de las tierras de Hispania, estuve por la Bética, olvidándo un poco los sinsabores que me causan estas desdichadas y estos dos pellejos de vino. Pero eso sí, no se me fue de la cabeza (aunque la el malherido un poco estos días) mi bella Helena, a la cual un cruel hechicero la ha transformado el nombre, pero no así su hermosura. Este hechicero o bruja o arpía también la ha demudado su corazón, pues ha hecho que no sienta los amores que le profesa este pobre caballero. Pero no creáis, oh arpías despiadadas, que me voy a rendir, jamás! Seguiré insistiendo y atacando a esa fortaleza que ha cercado al corazón de la bella Helena y no permite que entren mis emocionados sentimientos.
Ayuda, mi espada y mi pluma, sobran. Tampoco vendría mal un escudero.
AVE!
Ya veo caballero que no entendisteis bien las instrucciones. Si digo que habreis de pasar males peores que Ulises y Hércules no es por asustaros, pues ya sé que os resulta fácil disimular la cobardía con bellas palabras. Lo digo con intención de que os lo tomeis en serio. Os mandé a leer los versos, todos los versos, y pensabais conformaros con las cuatro rimas que un rufián dejó a la altura de vuestra sandalia. Leed, leed, que yo os espero....
Veo que no pretendeis luchar más que con la espada y la pluma. ¿Acaso no habeis observado el despliegue de arte y de malas artes que estas gentes utilizan? Os mofais seguro. Y nos os molesteis no en llamar a vuestros escuderos. Al bueno de Amando, la última vez que lo vi, ha tiempo, se hallaba llorando la muerte de un infante, clamando al cielo, buscando a Dios tras los pasos de un Bufón. Y de Febade ya nada se sabe desque una bella dama de cautivadora mirada lo hechizó. Más bien temo que con los rechazos acumulados de la escudera enemiga y el vuestro, y con Amando perdido en la bebida de la envenenada hidromiel, optó mejor por la partida.
Por cierto caballero, decidme, ¿a qué dios ofendisteis envuestro último viaje? Acá en Toletum el cielo ruge enfurecido y caen sin cesar flechas ardientes.
No creo hallarme muy segura en esta torre.
En mi viaje por la Bética encomendé a Eolo, el cual juntó las nubes y, a su vez, el padre Júpiter hizo que cayesen tormaentas enfurecidas por aquellas tierras. Pero según me contái, oh helena, parece que la rabia de Júpiter por ver que su discipulos es injuriado por toda esta estirpe de arpías, hechiceros y beodos acobardados, fue a llevar esas nubes a Toletum, para que simbolizasen la tristeze de este caballero.
Salud.
Los versos, tendré que releerlos, de todas formas, sigo diciendo que son versos de enajenados, los cuales, al ver mi sombra, han huído como gallinas.
Oh¡ cuanto amor leen mis ojos humedecidos de lágrimas.:eek: No temáis Gades-Helena ni mi buen amado Aeneas. Ya mi retirada de la lucha por recuperar el sitio que en realidad no tuve, es un hecho.
No osé llegar a este lugar del que huí, para herirte, pese a que tu corazón quedó “partío”, sino que intenté seguir en esa migración que comencé cuando quise aprender la magia de los celtas, mis antepasados. Con ella pretendí entender su enconada lucha contra esa Roma que se me muestra hostil en el regreso. Por eso desplegué las velas y me hice a la mar. Cuán me equivoqué, y ahora, por culpa de esa Iliada que os une, es Helena, la musa de tus sueños. Pues que ella siga en la muralla, que observe, no la batalla, sino la retirada de una mujer olvidada por no haber sabido llegar a tiempo y ahora ni es bien llegada, ni recibida.
Adiós, adiós, pero mi deseo os dejo; que tú Aeneas, no seas como Fausto, que enamorado hasta las trancas de tanta hermosura de Helena “la eterna”, enfermes hechizado y quemes tus naves. Que no sean para ti los Campos Elíseos, más que un viaje de verano al país galo.
Sea contigo, mi otrora Amado, la suerte que te deseo pese a lo herido que fuiste en antaño por mi partida.
Sólo devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás.;)
Seré testigo en la sombra de ese amor y bebedizos, borracheras de largas noches y,… veré en que queda tanto deseo… venenos y otros dardos…
bienvenida a este duelo, oh lara, ojos de gata. Como puedes ver, parece que las cosas se han calmado por aquí. Mis enemigos ya no lanzan dardos en forma de versos, parece que la prosa romana les ha vencido.
¡Qué quieres que te diga, Lara, sobre lo que tú has dicho ahí arriba! Pues que es un halago, un regalo de los dioses todo lo que pones. Pero he de mantener mi boca enmudecida, y no soltar por ella todo el cariño que teng a estas damas, pues he de guardarlo para la cruel Helena, la cual, me ha puesto unos castigos que debo superar, como se de Hércules se tratara.
Por cierto, Helena, te resultaron "B"ulgares mis comentarios? He superado esta prueba? cual es la siguiente?
AVE
Ya le queda menos caballero. Resultó un poco lenta su reacción inicial, pero bueno, puede pasar. Por esta no le mando todavía a visitar al cancerbero.
Noto en sus palabras una cierta tendencia a la venganza. Le delata una vulgar B un tanto arrogante (le falta estar en rojo y metida en un círculo),cual si en lugar de héroe troyano os hubieseis transformado en VULGAR maestro de escuela.
Dejadme pensar en el próximo trabajo, que ducho os veo.
Tras retirarme a meditar por los bellos jardines de nuestra ya repleta necrópolis, cuidados amorosamente por prestas y ágiles sacerdotisas, encontré vuestro nuevo trabajo. Hallé una tumba hermosa, cuidada con esmero y profusamente adornada. Ella era vuestra anterior rival.
Sin ella, pensé, el duelo no ha lugar. Con quien vais a pelear? Cómo vais a demostrar que sois digno de mi amor?
Buscad señor, buscad un digno rival que ose enfrentarse a vos en estas lides.
Todo caballero tiene que tener una amada a la que defender y unas batallas en las que luchar. Como habéis leído arriba, mi señora me manda un nuevo y ejemplar trabajo para porder seguir siendo un digno caballero. ¿Quién se presta a batirse en duelo con este caballero herido? Si no se presta nadie, lo comprendo, luchar contra tan alto linaje siempre es digno de temer. Así es que, si no es directamente por un duelo, cualquier ofensa a estas damas será interpretado como tal, no solo en este hilo, sino en cualquier otro. Así que estaré observando, y a la mínima, retaré en duelo ante cualquier ofensa.
¿Cuanto tiempo pasó ya mi señor? ¿Acaso no hay caballeros en torno suyo o es que al veros tan valiente retroceden?. ¿Acaso no hallais motivos para pelear mi señor? ¿No soy suficiente para vos?
Tal vez los trabajos que os pedí en muestra de vuestro amor sean demasiado difíciles para un romano
Oscuro como la noche presento
mis respetos a la dama que espera.
Os han dejado sola, y la muerte, postrera,
a cogeros de la mano espera.
Seguidme, tomad mi mano...
Caballero, vuestro turno pasó.
¡Qué débil vuestro interés, qué blando amor!
Ahora sufrid este dolor,
porque yo os dejo solo, sin pudor.
Y encima huís, pero cuánta desgracia
corrompe este sucio mundo al que he subido
con el poder de la nigromancia
que ahora me trae a esta estancia.
Huid, o moriréis ante mi figura,
no podéis enviarme a la sepultura;
vengo de allí, y allí nada he perdido.
Dama, venid conmigo, seguid mi estela,
que aquí en tierra nada os anhela.
¿Quién sois vos? ¿De dónde viene esta voz que me atormenta? Acaso la muerte me espera no más, acaso sea verdad que espero en vano que mi señor vuelva por mí a la batalla.
¿Será que no escuchó mi clamor? ¿será que de mi amor cayó en olvido?
Temo que mi camino no ha de ser otro que seguir esta voz que me atormenta. Pero esa mano... no, no me fío de esa mano que me ofreceis.
Oscuro como la noche presento
mis respetos a la dama que espera.
Os han dejado sola, y la muerte, postrera,
a cogeros de la mano espera.
Seguidme, tomad mi mano...
Caballero, vuestro turno pasó.
¡Qué débil vuestro interés, qué blando amor!
Ahora sufrid este dolor,
porque yo os dejo solo, sin pudor.
Y encima huís, pero cuánta desgracia
corrompe este sucio mundo al que he subido
con el poder de la nigromancia
que ahora me trae a esta estancia.
Huid, o moriréis ante mi figura,
no podéis enviarme a la sepultura;
vengo de allí, y allí nada he perdido.
Dama, venid conmigo, seguid mi estela,
que aquí en tierra nada os anhela.
Pero qué veo. De nuevo el duelo vuelve a revivir. Y además con un torpe remero del Hades que quiere rivalizar conmigo, que pasará mucho tiempo hasta que le pague su miserable moneda y ejerza de esclavo para mi.
¿Cómo osas, oh triste barquero? ¿Acaso no comprendes que nunca podrás dejar de servir al gran Hades? ¿No estás satisfecho con todas la almas que has llevado al otro lado que ahora quieres coger de la mano a esta dama? ¿Ya no te hace tan buena compañía el can de tres cabezas? o ¿Acaso quieres ser un nuevo Orfeo y meterte en los infiernos? ¿Es que no sabes que de allí sólo salieron airosos Odiseo y mi tocayo?
Por favor, piensatelo antesde seguir por aquí. A un viejo esqueleto como el tuyo solo le basta con un golpe de mi meñique.....
Cómo osáis dirigirme la palabra,
qué inmundicia la que de vos brota.
Nada de lo dicho tiene fundamento,
callad, que mi paciencia se agota.
Sufrid este severo escarmiento...
Torpe es mi mano, eso seguro,
si no aquí no me encontraría.
Pero no más que la vuestra,
porque dejar escapar a esta dama muestra
cuánto habláis pero cuánta cobardía
en vuestro corazón se siente, corazón oscuro;
alma de caballero impuro,
me habláis como si no fuera nada
y yo río vuestra inocencia.
Triste, y fuerza de meñique...deleznable.
Vuestra boca emite un sonido inapreciable.
No podéis tocarme, no como a los demás,
porque al más cruel destino la confinarás
y no es eso lo que quieres.
No me satisface portar almas, es mi trabajo;
yo no mato hombres ni apuñalo a destajo,
yo recogo tus miserias,
tus muertes acumulo y calmo con paz.
Así que por favor, la próxima sed sagaz
y no malgastéis saliva.
Hermosa doncella, de frente altiva,
venid conmigo...hay algo que os debo contar
Oh Dioses crueles!!! Me traeis le voz de mi amado, mas no puedo verle.
¿Es verdad que habeis llegado mi señor? No, será otro juego cruel de Júpiter que desde su trono se divierte con mi sufrimiento.. Pretende atormentarme sabiendo que en verdad no más tengo un camino.
Pero este camino....
¿Quién sois vos? ¿De dónde venis y a dónde pretendeis que os acompañe? Contarme algo decís. Acaso sea un secreto que no me lo podeis contar aquí. Entre el temor y la tentación de seguiros se debate mi corazón. No sé si son ciertas las voces que escucho. No sé cual ha de ser el camino más acertado. ¿Será la muerte lo que me espera? ¿Será la soledad en esta tierra?
Temo que tanto tiempo en soledad ha trastocado espíritu. Si algún alma bondadosa pudiera aconsejarme...
Entiendo como te encuentras, entre el amor que perdura y el que intenta mancillar tu cordura.
Se fiel a tu corazón y que este sea quien te lleve, sino en la barca de este remero que pugna por tu hermosura, acaso porque ese Aeneas, se decida, que ya es hora.
Solo se me ocurre por no irme tan hundida en mi imposible amor, que si te decides por alguno me hagas el favor: me lances el ramo de blancas rosas por si algo pesco yo…:D.
Yo no puedo retarme en verso, quizá mi prosa sea sosa, pero tú tienes el don de enamorarlos de dos en dos...;)Y es porque aún siendo de alma bella, tus letras son hermosas, versadas y llenas de palabras rimadas con mucho ardor.;).
Decide pues, si acaso tu corazón de falla porque este ciego es, utiliza la razón aunque esta tenga razones que el corazón no entienda...
Sigo en la orilla, agazapada viendo como se desenvuelve la lucha.:rolleyes:
Os hallé en otra época de mi vida como enemiga. Pero qué decís ahora? ¿Os vais a conformar con las flores que yo tire?, ¿las que sobren? Uno os dedicó acrónimos versados, que hermosamente devolvisteis. Otro, si bien no se atrevió del todo por mi presencia, insinuó, temo, cierta querencia a vuestra persona.
Sí sabe mi corazón dónde se halla. Pero ay del cerebro!!! Sigue siendo la decisión difícil. Incluso creo que he de girar mis pies hacia esa barca tenebrosa, hacia ese nuevo misterio, aunque no sepa hacia dónde me guiará la mano que se me ofrece.
Sí, vuelvo. He paseado a solas en ocasiones por este lugar en duelo caído por si veía un atisbo de movimiento y a él me sumaba
No Gades, no busco un ramo de blancas rosas que por sobras lanzado me llegue. Es para resarcirme del “ramazo” que una enamorada lanzó el día de su boda y fue a darme en plena frente donde aún me queda la señal.
Sí, yo también creo que despierto alguna simpatía entre estos dos caballeros. Es mutuo el sentimiento, por eso contenta vivo el devenir de los acontecimientos desde este rincón en que me encuentro.
Medita la decisión de ir en pos de la barca. ¿no será que ese barquero trama, en tiempo de crisis, recaudar óbolos a toda costa?
¿O será que ha descubierto la belleza de tus rimas y querrá unirlas a la hermosura de las suyas?
Habrá que esperar pues a que él se manifieste, díjome a mí que no tiene ánimo de lucro en sus deseos, pero por la fuerza con la que reta con sus versos a ese Aeneas de prosa clara. ¿Qué querrá de tí, qué, y que ofrecerá para llevarte?
Preguntáis bellas damas que qué busca el barquero?? Pero por favor, si ése siempre ha buscado su moneda de las pobres almas. No quiero extenderme. Simplemente decir que él nunca ha hecho nada si no es por una miserable moneda, sin embargo un civis romanus nunca cobra nada por algo justo.
En algo la razón es vuestra:
no cobráis por vuestro servicio.
Simplemente obráis, sin juicio,
impartiendo justicia como muestra
de lo que llamáis civismo.
Os condenará, bella dama, al abismo...
Cierto es, mi trabajo es barquero,
pero mi vida no mueve ese destino.
Observo, valoro, como un felino,
y me retiro si no hay que ser justiciero.
Y os veo y disfruta más mi mirada
que viendo vuestra vida acabada.
¿Dónde os llevaré? No puedo decir,
pero alejaros del farsante terrenal sí quiero.
No os pediré nada a cambio, ni dinero,
sólo pido que me podáis seguir.
Mil perdones pido por mi tardanza, espero no llegar tarde a esta chanza que pretenden estos dos bufones El Barquero y Don Aeneas engañando a las dos Damas. Falsas promesas de amor que regalan, cuando las letras compraron a una cuarta en el Mercado.
-¡Tened cuidado Doña Gades, y vos señora Lara¡ que no son di fiar aunque hombres de letras parecen, pues en sus versos y prosas miles de engaños profieren. Comprendo que no creáis, a esta humilde sirvienta, mas si así lo deseáis; contaros puedo la historia de las dos hermanas a las que serví no muy lejos de aquí.
Ni una palabra mas he de decir, si las Damas no quieren oír…
(A estas dos Bobas yo espabilo, que con una mentira y otra, voy a ver si cazo marido. Mas me preocupan los dos galanes, que no se como han de responder a las injurias procedidas, aunque como todos los hombres seguro que alguna historia esconden y pican, vamos si pican…)
Este caballero no responde,
ha fracasado su estocada.
Simplemente reconoce la realidad
en mis palabras, no le corresponde
saber lo que hago, pues no conoce verdad.
Y su boca he dejado callada.
¿Y estos dos personajes? ¿El señor fulgurante
y la cuentista? ¿Qué queréis, historia?
Si algo buscáis, sólo memoria
del fracaso del caballero
encontraréis , y este remero
os trae lo que en prosa nadie trae.
Bien decís mi señor, el caballero no os responde porque de la estocada de vuestra prosa todavía no ha reaccionado. Mas deberéis aguardad un rato que la edad también lo tiene paralizado. Y es posible que de llevar el Laurel apretado a su pluma también ha aefectado…
En cuanto a la cuentista no es historia sino memoria, la que parece que a vos os falta. Una entrada he daros para recordaros: Que la historia no está lejos, de la primavera pasada...
Dioses, consejo pedí de amigos, mas temo que me aturden tantas voces. Ya no sé en manos de quien he de poner mi alma, y para un caballero del que me fiaba, temo que debe hallarse repartiendo laureles por oriente junto con su adorado Apolo.
Pues no he de perder yo la oportunidad que se me brinda. Ya qu mi señor no viene en busca mía, no dejaré que estas nuevas arpías se aprovechen de aquello que a mí se me ofrecía.
Contadme primero vos el cuento, nueva amiga (veremos si me lo creo). Y vos, barquero, decidme de una vez a dónde me habeis de llevar si no es al infierno, pues no me gusta viajar si no es el destino certero.
Esta es la historia señora; En la primavera pasada mi ama, de viaje partió sin rumbo fijo a buscar marido para sus dos hijas casaderas. Por todas las galias Beticas se paseó y hasta Barcino llegó y con sus palabras cautivadoras y ese Laurel que lo adorna a Aeneas conoció. La decisión pronto tomo, a este bello mocetón me lo llevó yo para mi hija mayor.
Mas como el viaje era largo y prisa por llegar tenía, para acortar el camino el río quiso atravesar. Aquí apareció en escena el otro hombretón Caronte le llamaban y de oficio barquero, mas el muy zalamero como sabe adornar las palabras para el cortejo, pues a mi ama embaucó y otro marido encontró para su hija menor.
Mi ama que es muy lista, solo de las tierras, de los castillos y de las dotes habló, mas omitió con buen acierto lo feas que son las dos mozas. En fin para no alargar la historia que contaros quiero: Llegaron, desposaron y aprovechando la misma noche de nupcias y antes de consumar el acto. Con la excusa de ir en busca de una rosa, al jardín bajaron y desde entonces que mi ama los anda buscando. A ellos y las dotes, que del carro por mas prisa que tuvieran, no olvidaron.
Moraleja: Bellas damas no fiarse jamás de aquel que su torso musculoso, tan orgulloso luce, que poco es de fiar si en el mentón ha de llevar un Laurel para ocultar la cornamenta que la bella Dafne le impuso. (Esto es del principio de la historia que aprovecho porque el que a mi me interesa es el bello Barquero). De Caronte no os puedo hablar, porque dicen las malas lenguas que a monje se ha metido, la dote donó arrepentido, - ¿Y que hace en esta historia os preguntareis? Aquello que mas le gusta escribir y sobre todo fastidiar al del laurel pansido (Confío que con aquesta defensa y humillando a su rival, tal vez en mi pose su interés y algún verso me dedique y que se jod… el del >Laurel )
¿Y dices que alegaron ir en busca de una rosa? Será que no la encontraron o bien que tanta belleza no fue digna de esas damas.
Me quedaré con aquel que primero me traiga la rosa, la más difícil de hallar, la más hermosa. Esa será la prueba de su amor. Quede el resto para usted.
Sepan que en mi jardín cuido de nueve rosales diferentes entre sí. Cualquier rosa, no me vale.
El del laurel estos días ha estado un poco aturdido debido a una flecha que cupido le ha lanzado. Malherido me encontraba y no sabía como responder al viejo del remo, así que me dije, para que responder mal. Poco a poco el veneno del niño alado se ha ido pasando (no del todo) asi que aquí estoy de nuevo, no con fuerzas renovadas, pero con fuerzas.
Deja ya Don Barquerillo de molestar y engañar a estas damas; pues te pregunto: ¿qué faz ocultas tras esos ropajes raídos? os lo diré: un calavera, es decir, Gades, la muerte. Este grumete sólo hace un viaje. el de ida al Averno.
Cuentacuentos: buen nombre sí señor. Pues eso es sólo lo que sale de tu boca: cuentos y más cuentos, todos mentira. El laurel este lo porto porque es regalo de Apolo, el cual me inspira mandándome a sus musas en forma de mujer, a la cual hago mis letras. déjate de cuernos y esas cosas.
Ya lo veis bella señora, como exusas y mas excusas clava siempre el del laurel. Mas ciega he debido quedarme porque rosa yo no he visto.
Solo promesas profiere aquel que nada puede merecer. Por mi parte queda dicho todo lo que se. Y me importa un comino si os trae una rosa o un clavel...
Comentarios
Vengo estos días de las tierras de Hispania, estuve por la Bética, olvidándo un poco los sinsabores que me causan estas desdichadas y estos dos pellejos de vino. Pero eso sí, no se me fue de la cabeza (aunque la el malherido un poco estos días) mi bella Helena, a la cual un cruel hechicero la ha transformado el nombre, pero no así su hermosura. Este hechicero o bruja o arpía también la ha demudado su corazón, pues ha hecho que no sienta los amores que le profesa este pobre caballero. Pero no creáis, oh arpías despiadadas, que me voy a rendir, jamás! Seguiré insistiendo y atacando a esa fortaleza que ha cercado al corazón de la bella Helena y no permite que entren mis emocionados sentimientos.
Ayuda, mi espada y mi pluma, sobran. Tampoco vendría mal un escudero.
AVE!
Veo que no pretendeis luchar más que con la espada y la pluma. ¿Acaso no habeis observado el despliegue de arte y de malas artes que estas gentes utilizan? Os mofais seguro. Y nos os molesteis no en llamar a vuestros escuderos. Al bueno de Amando, la última vez que lo vi, ha tiempo, se hallaba llorando la muerte de un infante, clamando al cielo, buscando a Dios tras los pasos de un Bufón. Y de Febade ya nada se sabe desque una bella dama de cautivadora mirada lo hechizó. Más bien temo que con los rechazos acumulados de la escudera enemiga y el vuestro, y con Amando perdido en la bebida de la envenenada hidromiel, optó mejor por la partida.
¿Y así pensais vencer?
¡Cuanto Ego!
No creo hallarme muy segura en esta torre.
Salud.
Los versos, tendré que releerlos, de todas formas, sigo diciendo que son versos de enajenados, los cuales, al ver mi sombra, han huído como gallinas.
No osé llegar a este lugar del que huí, para herirte, pese a que tu corazón quedó “partío”, sino que intenté seguir en esa migración que comencé cuando quise aprender la magia de los celtas, mis antepasados. Con ella pretendí entender su enconada lucha contra esa Roma que se me muestra hostil en el regreso. Por eso desplegué las velas y me hice a la mar. Cuán me equivoqué, y ahora, por culpa de esa Iliada que os une, es Helena, la musa de tus sueños. Pues que ella siga en la muralla, que observe, no la batalla, sino la retirada de una mujer olvidada por no haber sabido llegar a tiempo y ahora ni es bien llegada, ni recibida.
Adiós, adiós, pero mi deseo os dejo; que tú Aeneas, no seas como Fausto, que enamorado hasta las trancas de tanta hermosura de Helena “la eterna”, enfermes hechizado y quemes tus naves. Que no sean para ti los Campos Elíseos, más que un viaje de verano al país galo.
Sea contigo, mi otrora Amado, la suerte que te deseo pese a lo herido que fuiste en antaño por mi partida.
Sólo devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás.;)
Seré testigo en la sombra de ese amor y bebedizos, borracheras de largas noches y,… veré en que queda tanto deseo… venenos y otros dardos…
Que siga el duelo.
¡Qué quieres que te diga, Lara, sobre lo que tú has dicho ahí arriba! Pues que es un halago, un regalo de los dioses todo lo que pones. Pero he de mantener mi boca enmudecida, y no soltar por ella todo el cariño que teng a estas damas, pues he de guardarlo para la cruel Helena, la cual, me ha puesto unos castigos que debo superar, como se de Hércules se tratara.
Por cierto, Helena, te resultaron "B"ulgares mis comentarios? He superado esta prueba? cual es la siguiente?
AVE
Ejem. Volvamos a ponernos serios.
Ya le queda menos caballero. Resultó un poco lenta su reacción inicial, pero bueno, puede pasar. Por esta no le mando todavía a visitar al cancerbero.
Noto en sus palabras una cierta tendencia a la venganza. Le delata una vulgar B un tanto arrogante (le falta estar en rojo y metida en un círculo),cual si en lugar de héroe troyano os hubieseis transformado en VULGAR maestro de escuela.
Dejadme pensar en el próximo trabajo, que ducho os veo.
Sin ella, pensé, el duelo no ha lugar. Con quien vais a pelear? Cómo vais a demostrar que sois digno de mi amor?
Buscad señor, buscad un digno rival que ose enfrentarse a vos en estas lides.
AVE
Tal vez los trabajos que os pedí en muestra de vuestro amor sean demasiado difíciles para un romano
mis respetos a la dama que espera.
Os han dejado sola, y la muerte, postrera,
a cogeros de la mano espera.
Seguidme, tomad mi mano...
Caballero, vuestro turno pasó.
¡Qué débil vuestro interés, qué blando amor!
Ahora sufrid este dolor,
porque yo os dejo solo, sin pudor.
Y encima huís, pero cuánta desgracia
corrompe este sucio mundo al que he subido
con el poder de la nigromancia
que ahora me trae a esta estancia.
Huid, o moriréis ante mi figura,
no podéis enviarme a la sepultura;
vengo de allí, y allí nada he perdido.
Dama, venid conmigo, seguid mi estela,
que aquí en tierra nada os anhela.
¿Será que no escuchó mi clamor? ¿será que de mi amor cayó en olvido?
Temo que mi camino no ha de ser otro que seguir esta voz que me atormenta. Pero esa mano... no, no me fío de esa mano que me ofreceis.
Dioses qué tormento!!!
¿Cómo elegir lo más correcto?
Pero qué veo. De nuevo el duelo vuelve a revivir. Y además con un torpe remero del Hades que quiere rivalizar conmigo, que pasará mucho tiempo hasta que le pague su miserable moneda y ejerza de esclavo para mi.
¿Cómo osas, oh triste barquero? ¿Acaso no comprendes que nunca podrás dejar de servir al gran Hades? ¿No estás satisfecho con todas la almas que has llevado al otro lado que ahora quieres coger de la mano a esta dama? ¿Ya no te hace tan buena compañía el can de tres cabezas? o ¿Acaso quieres ser un nuevo Orfeo y meterte en los infiernos? ¿Es que no sabes que de allí sólo salieron airosos Odiseo y mi tocayo?
Por favor, piensatelo antesde seguir por aquí. A un viejo esqueleto como el tuyo solo le basta con un golpe de mi meñique.....
qué inmundicia la que de vos brota.
Nada de lo dicho tiene fundamento,
callad, que mi paciencia se agota.
Sufrid este severo escarmiento...
Torpe es mi mano, eso seguro,
si no aquí no me encontraría.
Pero no más que la vuestra,
porque dejar escapar a esta dama muestra
cuánto habláis pero cuánta cobardía
en vuestro corazón se siente, corazón oscuro;
alma de caballero impuro,
me habláis como si no fuera nada
y yo río vuestra inocencia.
Triste, y fuerza de meñique...deleznable.
Vuestra boca emite un sonido inapreciable.
No podéis tocarme, no como a los demás,
porque al más cruel destino la confinarás
y no es eso lo que quieres.
No me satisface portar almas, es mi trabajo;
yo no mato hombres ni apuñalo a destajo,
yo recogo tus miserias,
tus muertes acumulo y calmo con paz.
Así que por favor, la próxima sed sagaz
y no malgastéis saliva.
Hermosa doncella, de frente altiva,
venid conmigo...hay algo que os debo contar
¿Es verdad que habeis llegado mi señor? No, será otro juego cruel de Júpiter que desde su trono se divierte con mi sufrimiento.. Pretende atormentarme sabiendo que en verdad no más tengo un camino.
Pero este camino....
¿Quién sois vos? ¿De dónde venis y a dónde pretendeis que os acompañe? Contarme algo decís. Acaso sea un secreto que no me lo podeis contar aquí. Entre el temor y la tentación de seguiros se debate mi corazón. No sé si son ciertas las voces que escucho. No sé cual ha de ser el camino más acertado. ¿Será la muerte lo que me espera? ¿Será la soledad en esta tierra?
Temo que tanto tiempo en soledad ha trastocado espíritu. Si algún alma bondadosa pudiera aconsejarme...
Entiendo como te encuentras, entre el amor que perdura y el que intenta mancillar tu cordura.
Se fiel a tu corazón y que este sea quien te lleve, sino en la barca de este remero que pugna por tu hermosura, acaso porque ese Aeneas, se decida, que ya es hora.
Solo se me ocurre por no irme tan hundida en mi imposible amor, que si te decides por alguno me hagas el favor: me lances el ramo de blancas rosas por si algo pesco yo…:D.
Yo no puedo retarme en verso, quizá mi prosa sea sosa, pero tú tienes el don de enamorarlos de dos en dos...;)Y es porque aún siendo de alma bella, tus letras son hermosas, versadas y llenas de palabras rimadas con mucho ardor.;).
Decide pues, si acaso tu corazón de falla porque este ciego es, utiliza la razón aunque esta tenga razones que el corazón no entienda...
Sigo en la orilla, agazapada viendo como se desenvuelve la lucha.:rolleyes:
Os hallé en otra época de mi vida como enemiga. Pero qué decís ahora? ¿Os vais a conformar con las flores que yo tire?, ¿las que sobren? Uno os dedicó acrónimos versados, que hermosamente devolvisteis. Otro, si bien no se atrevió del todo por mi presencia, insinuó, temo, cierta querencia a vuestra persona.
Sí sabe mi corazón dónde se halla. Pero ay del cerebro!!! Sigue siendo la decisión difícil. Incluso creo que he de girar mis pies hacia esa barca tenebrosa, hacia ese nuevo misterio, aunque no sepa hacia dónde me guiará la mano que se me ofrece.
No Gades, no busco un ramo de blancas rosas que por sobras lanzado me llegue. Es para resarcirme del “ramazo” que una enamorada lanzó el día de su boda y fue a darme en plena frente donde aún me queda la señal.
Sí, yo también creo que despierto alguna simpatía entre estos dos caballeros. Es mutuo el sentimiento, por eso contenta vivo el devenir de los acontecimientos desde este rincón en que me encuentro.
Medita la decisión de ir en pos de la barca. ¿no será que ese barquero trama, en tiempo de crisis, recaudar óbolos a toda costa?
¿O será que ha descubierto la belleza de tus rimas y querrá unirlas a la hermosura de las suyas?
Habrá que esperar pues a que él se manifieste, díjome a mí que no tiene ánimo de lucro en sus deseos, pero por la fuerza con la que reta con sus versos a ese Aeneas de prosa clara. ¿Qué querrá de tí, qué, y que ofrecerá para llevarte?
Interesante queda esto. Espero.
saludos
no cobráis por vuestro servicio.
Simplemente obráis, sin juicio,
impartiendo justicia como muestra
de lo que llamáis civismo.
Os condenará, bella dama, al abismo...
Cierto es, mi trabajo es barquero,
pero mi vida no mueve ese destino.
Observo, valoro, como un felino,
y me retiro si no hay que ser justiciero.
Y os veo y disfruta más mi mirada
que viendo vuestra vida acabada.
¿Dónde os llevaré? No puedo decir,
pero alejaros del farsante terrenal sí quiero.
No os pediré nada a cambio, ni dinero,
sólo pido que me podáis seguir.
no voy en barca ni en carlinga
pero ay que ver, sí
que este duelo me descuajaringga:D
-¡Tened cuidado Doña Gades, y vos señora Lara¡ que no son di fiar aunque hombres de letras parecen, pues en sus versos y prosas miles de engaños profieren. Comprendo que no creáis, a esta humilde sirvienta, mas si así lo deseáis; contaros puedo la historia de las dos hermanas a las que serví no muy lejos de aquí.
Ni una palabra mas he de decir, si las Damas no quieren oír…
ha fracasado su estocada.
Simplemente reconoce la realidad
en mis palabras, no le corresponde
saber lo que hago, pues no conoce verdad.
Y su boca he dejado callada.
¿Y estos dos personajes? ¿El señor fulgurante
y la cuentista? ¿Qué queréis, historia?
Si algo buscáis, sólo memoria
del fracaso del caballero
encontraréis , y este remero
os trae lo que en prosa nadie trae.
En cuanto a la cuentista no es historia sino memoria, la que parece que a vos os falta. Una entrada he daros para recordaros: Que la historia no está lejos, de la primavera pasada...
Pues no he de perder yo la oportunidad que se me brinda. Ya qu mi señor no viene en busca mía, no dejaré que estas nuevas arpías se aprovechen de aquello que a mí se me ofrecía.
Contadme primero vos el cuento, nueva amiga (veremos si me lo creo). Y vos, barquero, decidme de una vez a dónde me habeis de llevar si no es al infierno, pues no me gusta viajar si no es el destino certero.
Mas como el viaje era largo y prisa por llegar tenía, para acortar el camino el río quiso atravesar. Aquí apareció en escena el otro hombretón Caronte le llamaban y de oficio barquero, mas el muy zalamero como sabe adornar las palabras para el cortejo, pues a mi ama embaucó y otro marido encontró para su hija menor.
Mi ama que es muy lista, solo de las tierras, de los castillos y de las dotes habló, mas omitió con buen acierto lo feas que son las dos mozas. En fin para no alargar la historia que contaros quiero: Llegaron, desposaron y aprovechando la misma noche de nupcias y antes de consumar el acto. Con la excusa de ir en busca de una rosa, al jardín bajaron y desde entonces que mi ama los anda buscando. A ellos y las dotes, que del carro por mas prisa que tuvieran, no olvidaron.
Moraleja: Bellas damas no fiarse jamás de aquel que su torso musculoso, tan orgulloso luce, que poco es de fiar si en el mentón ha de llevar un Laurel para ocultar la cornamenta que la bella Dafne le impuso. (Esto es del principio de la historia que aprovecho porque el que a mi me interesa es el bello Barquero). De Caronte no os puedo hablar, porque dicen las malas lenguas que a monje se ha metido, la dote donó arrepentido, - ¿Y que hace en esta historia os preguntareis? Aquello que mas le gusta escribir y sobre todo fastidiar al del laurel pansido (Confío que con aquesta defensa y humillando a su rival, tal vez en mi pose su interés y algún verso me dedique y que se jod… el del >Laurel )
Me quedaré con aquel que primero me traiga la rosa, la más difícil de hallar, la más hermosa. Esa será la prueba de su amor. Quede el resto para usted.
Sepan que en mi jardín cuido de nueve rosales diferentes entre sí. Cualquier rosa, no me vale.
Deja ya Don Barquerillo de molestar y engañar a estas damas; pues te pregunto: ¿qué faz ocultas tras esos ropajes raídos? os lo diré: un calavera, es decir, Gades, la muerte. Este grumete sólo hace un viaje. el de ida al Averno.
Cuentacuentos: buen nombre sí señor. Pues eso es sólo lo que sale de tu boca: cuentos y más cuentos, todos mentira. El laurel este lo porto porque es regalo de Apolo, el cual me inspira mandándome a sus musas en forma de mujer, a la cual hago mis letras. déjate de cuernos y esas cosas.
Solo promesas profiere aquel que nada puede merecer. Por mi parte queda dicho todo lo que se. Y me importa un comino si os trae una rosa o un clavel...