Esas son cosas que se hacen entre tasitas de té y en los cafés vacíos cuando cae el crepúsculo de la tarde; vacío en el sentido de una honda soledad y un gríseo por momentos teñido de tristeza. Dado el caso oportuno, hay que ponerse a escuchar música, al principio queda bien ambientar con los 24 caprichos de Paganini, uno por uno en la calma del café vacío ir escuchándolos como estrujándose contra los arpegios, sintiendo la fortaleza de los violines como si fuera el alarido de un chacal en el desierto. Espere a que terminen y fúmese un cigarrillo, señor Suarez, es probable que el barman le pregunte si quiere algo, deme otro vodka por favor y si puede cierre las cortinas, convierta este lugar en una morada de la melancolía, y le arroja unos billetes que él se meterá en los bolsillos mientras obedece el mandato, volverá y los guardará en la caja. Váyase fumando los cigarrillos despacito, sin apuro, saboree deguste disfrute, luego ponga de nuevo música pero ésta vez jazz; primero con blue train de Coltrane y después bluebird de Charlie Parker, dele término con all blues de Chet Baker en una lenta, agónica cantata mientras los instrumentos desgarran apasionadamente.
-¿Qué le pasa señor? ¿Por qué tan deprimido? –le preguntará el barman.
-Nada, bueno un deseo de cantar y oír blues en el cielo.
Y echarás un vistazo a la noche con grupitos de estrellas en consistente resplandor. Entonces irá al fondo, señor Suarez, mientras le da más plata al barman, que aceptará codicioso los billetes, y de pronto se percatará que los últimos clientes se han ido y estarás solo con el barman y el silencio y la noche, pedirás más vodka mientras sonríes tristemente y el barman le servirá. El barman buscará trabar amistad con usted pero usted permanecerá seco y frío, distante en tanto el jazz inunda el café; lo que empezaba en té y acababa en vodka debía ser despecho o remordimiento, pensará el barman sirviéndole más y aceptando los billetes. Poco a poco irá cayendo la medianoche amortajada, usted señor Suarez se lamentará en un suspiro sabiendo que llegó la hora, que deberá realizar eso que no puede posponer más. Rebobinará hasta el all blues de Chet Baker y sacará la pistola, lentamente el tiro en la sien, acabando con el barman y yendo a coger todo el dinero, suspirando a veces como cansado por la rutina; a continuación se sentará en la soledad triste y esperará, entretanto canta all blues con acento conmovido y destapará las cortinas contemplando la madrugada, sin estrellas en el constructo fijo del ciclo universal, y así hasta que un velado amanecer asome. En ese momento señor Suarez saldrá con el dinero y cabizbajo y mudo, dejando all blues pegado y el cadáver visible a todo mundo, y te irás murmurando blues en el cielo, y el cielo encapotado dejará caer una llovizna.
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¡Un gusto leerte!