Cuando por las mañanas huelo el salitre
y la mar se apelmaza en infinita pantalla,
cuando las nubes son escasas
y el azul intenso y vivo,
subo a mi vieja lancha yéndome a explorar vetas líquidas
a palpar el vibrátil flujo de la vida.
Quisiera a veces ser como Santiago buscando el pez,
poder ser destruido pero no derrotado,
otras como Ahab en pos de su cruel venganza
o a modo de Nemo en su submarino misterioso,
y por momentos me aterran las tinieblas como a Marlow.
Cuando un bermejo del sol me erosiona la piel
y se cuela la sal en mis pulmones
me place adentrarme más y más
sintiendo el reclamo de las aguas,
dulce canturreo que alivia el ardor.
Cuando salgo a navegar con Jim Hawkins
o sigo las peripecias de Gordon Pym
me da un cosquilleo aventurero un afán de peligros,
un vértigo flotante y luminoso, una virtud de fortaleza,
un impulso de muchacho.
Más tarde al caer la noche
prefiero sentarme en mi sillón, y a media luz
dejarme envolver por la novela abierta
y pasear la bicicleta de mis ojos
husmeando en ese océano y ese salitre
tan reales como el de la playa
y tan ficticios.
Comentarios
Saludos.
Gracias Sinrima
Ciertamente he citado esos personajes, principalmente porque soy muy aficionado a las novelas de aventuras y aquellas que tienen a la mar como telón de fondo.
Saludos.