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Mientras llega maÑana 19

NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
editado enero 2012 en Narrativa
Me eché a reír. La verdad es que estaba tan asustada que prefería tomarlo a broma.
-Ojala se me caiga el de las piernas y el de las axilas. Me ahorraré la depilación, ahora que pronto llegará la primavera.
Ellos se rieron conmigo; entiendo que para animarme.
Diego siguió con sus macabras explicaciones.
-Probablemente se te seque bastante la piel; será necesario que empieces ya a darle una ración extra de cremas hidratantes y nutritivas. El áloe vera o la rosa mosqueta suelen ir bien. Y ten a mano lágrimas artificiales, los ojos también se resecan
-Tengo muchas naturales, te lo aseguro-le contesté.
-Muy graciosa-me dijo, amenazándome con el dedo índice. Puede ser que sientas náuseas y vomites, sobre todo en las primeras sesiones. Y también cambiará tu sentido del gusto y del olfato. Muchas personas le encuentran a la comida un sabor metálico. Todo eso son cosas normales, y pasajeras. Pero presta atención especial a la comida; no puedes permitirte adelgazar demasiado, porque los pacientes sujetos a quimioterapia suelen quedarse anémicos. ¿Cómo tomas la leche?
-Desnatada-le contesté.
-Pues a partir de ahora, entera. Vas a necesitar todas las grasas a tu alcance. Toma mucha fruta, verdura, legumbres. Puede que la carne te repugne, suele pasar bastante. Si es así, no te preocupes, puedes comer pescado y huevos. Y procura hacer seis comidas al día.
Me horroricé. ¿Seis comidas al día? Pues entonces no haría otra cosa que comer. Iba a protestar, pero Diego me mandó callar con un gesto.
-Si, seis comidas; y poca cantidad cada vez. Desayunas, a media mañana comes algo, almuerzas, meriendas, cenas temprano y comes algo muy ligero antes de irte a la cama. Si no puedes hacer seis, al menos cinco. Y cuando no haga demasiado frío, es bueno que pasees, despacio y a tu ritmo; pero el ejercicio te vendrá muy bien.
Daniel había estado callado todo el rato, pero ahora habló.
-De los paseos me encargo yo. Y de que coma a menudo, también.
-Si, será mejor que la vigiles, porque es muy terca y tiene cierta tendencia a hacer caso omiso de lo que le mando.
-Déjalo en mis manos.
Me levanté de la silla, enfurecida.
-Si vais a seguir hablando como si yo no estuviera presente me largo. No soy una niña ni tampoco idiota. Tengo cuarenta y siete años, por Dios.
Estaba al borde de las lágrimas; de miedo, de pena de impotencia. ¿Cuántas cosas más me iban a pasar?
Fue Daniel quien reaccionó primero, levantándose para abrazarme. Me quedé algo rígida, me extrañó que lo hiciera delante de mi hermano, pero necesita contacto y calor humano, y me abandoné en sus brazos, llorando.
Diego no dijo nada, esperó a que me calmase, y luego siguió con sus recomendaciones.
-Elena, nadie ha dicho que fuera fácil. Lo pasarás mal, no quiero engañarte. Pero podrás con todo. Te ayudaremos, y saldrás adelante.
Intervino Daniel. Me secó las lágrimas y dijo que nos íbamos a la peluquería.
-¿A qué? –le pregunté. ¿Tú crees que tengo ánimo para peluquerías?
-Vas a ir a que te corten el pelo como si te fueras a hacer la mili.
Me horroricé y me negué en redondo.
-Daniel tiene razón-me dijo Diego. Será peor si luego se te cae a puñados mientras lo tienes largo. Te lo cortas bien cortito y así te vas haciendo a la idea.
-Pero no me pondré peluca-dije, enfurruñada. Me voy a comprar pañuelos bien bonitos, de colores, y turbantes, como una vieja actriz retirada. Si tengo que estar horrible, al menos que sea con glamour.
Los dos se echaron a reír y me mandaron que me lavase la cara, llena de churretones de maquillaje y lágrimas, mientras ellos recogían la mesa. Diego se marchó a la clínica y nosotros a la peluquería, donde Daniel esperó pacientemente a que me tocase el turno. Cuando las tijeras cortaron el primer mechón, él estaba a mi lado, cogiéndome la mano. Ya se que puede sonar tonto, pero no pude evitar volver a llorar; no tanto por perder la melena como por darme cuenta de que no estaba sola.
Intenté no mirar el espejo mientras la amable peluquera iba dando despiadados tijeretazos a mi melena. Nunca he pensado que fuese guapa, pero siempre sentí orgullo de mi pelo, porque era sano, fuerte, hermoso, un pelo que siempre había llamado la atención. Cuando abrí los ojos por suerte ya habían barrido y me ahorré ver mi pelo esparcido por el suelo. Respiré hondo y me atreví a mirar mi imagen en el espejo. No me identificaba con esa desconocida que tenía la cabeza demasiado pequeña y el cuello tan delgado y descarnado que parecía que se iba a separar de los hombros de un momento a otro. Los ojos se me veían enormes, parecía como si ocupasen toda mi cara; y sobresalían unos pómulos que no reconocía como míos. Tragué saliva y me levanté como pude del asiento. Daniel se acercó, sonriendo.
-Estás guapísima. Pareces Nefertiti.
Creo que me ruboricé, porque sabía que no era verdad, y porque las dos peluqueras nos miraban, riendo.
-Su marido tiene razón, con el pelo tan corto su cara resalta mucho más-me dijo la más joven de las dos.
Le sonreí, pero no me detuve a darle explicaciones de la relación que tenía con Daniel, porque ni yo misma sabía a ciencia cierta cual era. Al salir a la calle, a pesar de que alcé el cuello del abrigo, sentí frío. Nunca me había dado cuenta de cómo me abrigaba mi melena. Daniel se sacó una bufanda de cuadros que llevaba y me rodeó el cuello con ella. Era de lana, muy cálida y reconfortante, y olía a su dueño.
-Es normal que sientas más el frío.
-Tendré que añadir bufandas y chales a la lista de la compra-dije sonriendo.
-Me parece bien y podemos ir ahora, si quieres. Pero antes tienes que merendar.
Resoplé. Ya empezábamos.
-Daniel, olvida lo que ha dicho mi hermano; tú no le conoces como yo, y no sabes lo pesado que puede llegar a ser. Apenas hace un par de horas que hemos acabado de comer, no tengo hambre.
-Eso da igual. No hace falta hambre para tomar un café con leche y unas pastas. Además, yo si tengo hambre.
-Tú siempre tienes hambre-bufé. No me explico como no pesas más de cien kilos.
-Pelear contigo me agota-me contestó, guiándome del brazo hasta el coche.
Al final, tuve que confesarle que me molestaba andar por la calle con mi cabeza casi pelada. La gente me miraba, estaba segura. Y yo no sabía adonde dirigir la vista. Pensé que Daniel se reiría de mí, pero creo que lo entendió. Me propuso que me quedase en el coche, y él entró en el centro comercial, asegurándome que no tardaría más de diez minutos. Aproveché para sacar el librito que Diego me había dejado; en realidad más bien un folleto con recomendaciones para sobrellevar mejor el tratamiento. No me había dado tiempo a leer más de cuatro páginas cuando llegó Daniel con una pequeña bolsa en la mano.
-Toma, póntelo. Quizá no haya acertado en el color, pero creo que irá muy bien con tus ojos. Ahora entramos y ya te compras tu lo que quieras, pero esto servirá, de momento.
Era un pañuelo precioso, de tonos dorados y verdes. Me lo até a la cabeza como si fuera un pirata, y toda mi cara mejoró. Sonreí; ya estaba algo más segura.
-Gracias. Por comprarlo, pero sobre todo por entenderme y por no pensar que soy absurda; aunque quizá si lo piensas, pero eres demasiado educado para decirlo en voz alta.
-No, no lo pienso. Es más, te entiendo mejor de lo que tú crees. ¿Sabes? Cuando me quedó la mandíbula llena de cicatrices, lo pasé bastante mal hasta que la barba creció lo suficiente para taparlas. La gente miraba, remiraba, apartaba la vista cuando se daban cuenta de que les veía. Era frustrante ver en sus caras pena, curiosidad, incluso desagrado a veces. El caso es que nadie se atrevía a mantener mi mirada o a preguntar directamente. Bueno, si, una vez en el aeropuerto de Barcelona una señora americana, mayor, que iba en silla de ruedas, estaba sentada en la mesa de al lado, en la cafetería. Me miró, es decir, me sostuvo la mirada y me sonrió; con una sonrisa pura como la de una niña, a pesar de que debía de pasar de los ochenta. Y acercó su silla de ruedas para preguntarme, amablemente, qué me había pasado, y sobre todo, para interesarse sobre cómo estaba. Eso me gustó. Porque no me compadeció ni me examinó como a un bicho raro, sino que simplemente se interesó e hizo lo más normal del mundo. Por eso no me extraño de tu miedo.
-Gracias por entenderlo-le dije de nuevo.
-Vamos. Ahora si te miran, simplemente será porque envidian lo bien que te queda el pañuelo.
-¿Enseñan en la Facultad de Periodismo como adular de manera tan convincente?
-Tengo muchos defectos, pero no soy un adulador, te lo aseguro.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2012
    Me ví reflejada en este capitulo, con solo pensar en ir al médico ya parezco una Magdalena, no me quiero imaginar en los zapatos de Elena, me deshidrataría:rolleyes:
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Bueno, Amparo, si te sirve de algo, yo no suelo llorar pero cada vez que me hacen una prueba me despido mentalmente de la vida y hago planes para como quiero que sea mi entierro. Con que me pongan Amazing Grace, me basta
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2012
    jajaja, bueno yo nunca pienso en la muerte cuando visito al médico, pero me deprimen horrible y me dan ganas de llorar sin motivo alguno, por eso los evito lo más que puedo, pues si no estoy enferma, con solo visitar estos sitios salgo de muerte lenta, es espantosa la sensación, no me gusta para nada:cool:
  • Necrokimy_VonmortemNecrokimy_Vonmortem Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2012
    Nefer, muy bueno este nuevo capitulo, me he quedado maravillado primero que nada en como narras tan bien los efectos de la quimio, acaso te has documentado para esto o ya lo sabes por algun amigo o familiar? (Dios no permita esto ultimo :D)

    PD: perdona que recien leo este capitulo, por lo general siempre soy el primero en leer y comentar, pero ayer nos hemos ido de fiesta toda la noche con Shagrat y ahora en unas horas tenemos un cumpleaños, recien llegamos y el duerme el sueñito de la cerveza y yo aun sigo con el dolor de cabeza del whisky doble. Te manda un beso enorme, dice que te extraña, y que ya entrara al foro un dia de estos :D

    Abrazo enorme!
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Ay estos chicos, siempre de farra. En la edad estoy, yo más allá de las doce de la noche no soy persona.

    Cuando escribí estas cosas por suerte no había conocido la enfermedad de cerca, y lo que son las cosas, a los pocos meses de acabar la novela también el cáncer me visitó en mi propia casa, de la manera más brutal, como si le hubiese conjurado a que apareciese. Pero afortunadamente ha pasado un año y todo está bien de nuevo y esa persona tan cercana y querida para mi está perfectamente, al menos de momento. Quizá fue una especie de preparación, no se.
  • Necrokimy_VonmortemNecrokimy_Vonmortem Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2012
    Entiendo perfectamente, y comprendo que es una situacion que a nadie le gustaria pasar algun dia. Me alegra que tu ser querido haya podido recuperarse, yo conte hace poco con la alegria de ver el analisis medico de mi amiga, y esta recuperada por completo del cancer. Entiendo tu felicidad.... :D
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Pues con esas cosas nos tenemos que quedar. Que el cáncer, esa palabra tan temida, se puede curar, y que la vida siempre se abre paso, de una manera o de otra
  • Necrokimy_VonmortemNecrokimy_Vonmortem Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2012
    Gracias a Dios asi es... y esperemos que lo siga siendo.
  • clamagaclamaga Anónimo s.XI
    editado enero 2012
    Durísimo y, al mimo tiempo, ¿esperanzado?
    Besos
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Hola Clamaga, gracias por haberlo leído. Si, sobre todo esperanzado; la esperanza nunca hay que olvidarla. Un abrazo
  • editado enero 2012
    Bueno, este capítulo me ha hecho reflexionar muchas cosas... ojalá el cáncer se mantenga alejado un buen rato -.-

    Como siempre, un placer leerte :cool:

    Saludos
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Ahora, Diane, es cuando hay que empezar a erradicar el mal o al menos intentarlo
  • Necrokimy_VonmortemNecrokimy_Vonmortem Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2012
    Y ahora es cuando debo empezar a bajar la cuota de cigarrillos por dia o terminare peor que Elena :rolleyes:
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    Pues ya sabes, quien avisa no es traidor
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