La mujer vestida de negro siguió el ritual de todas las noches, esperando que aquello le ayudase, como los médicos y psicólogos, y los sanadores y chamanes que había visitado, le habían aconsejado. Cenó temprano, una cena ligera y con alimentos sanos. Luego sacó a su perro, el único al que se podía aferrar y el único ser que tenía a quien dar y de quien recibir cariño. Le puso la correa, y a pesar de que el pobre ya tenía muchos años y aquel era el tercer paseo del día; se dejó hacer y la miró con sus dulces ojos marrones al tiempo que le daba un lametón en la mano, como dándole a entender que él no la dejaría.
Tuvo la precaución de abrigarse bien, porque la noche estaba fría y soplaba el viento del Norte. Se tapó bien la garganta con la bufanda y con las manos protegidas por guantes de lana, salieron ambos, el perro y ella, a la calle. No se encontró con gente apenas; tan sólo un par de hombres con abrigo y bufada que andaban de prisa, con el cuerpo echado hacia delante para compensar el viento; seguro que deseando llegar a sus casas, al calor del hogar, donde habría una esposa y unos hijos que les esperaban. Caminó durante casi una hora por las calles casi desiertas de la ciudad. Si se dejase llevar por sus deseos, hubiese caminado toda la noche; pero su pobre Tom ya no podía más.
Al llegar de nuevo a casa, le puso agua fresca al perro, que él bebió ruidosamente y salpicando el suelo y se estiró a descansar encima de su manta, en la cocina. Ella se tomó una infusión de melisa y romero y se dio un largo baño para entrar en calor. Solo le faltaba ponerse las cremas de la noche y acostarse. El plan parecía sencillo y normal pero para ella era algo semejante a escalar una montaña con una pierna escayolada. Se metió bajo las mantas tiritando de frío y se quedó encogida en posición fetal hasta entrar en calor. Ya iba a aferrarse, sollozante, a su almohada, cuando se dio cuenta de que no podía ser tan patética y tendría que buscar y sacar fuerzas de lo más escondido de su yo interior. Soltó la almohada como si quemase y pensó que si el sueño le estaba vedado y ya ni con pastillas llegaba, al menos debería tratar de aprovechar esas horas para descansar; sin dar vueltas en la cama ni levantarse a pasear en la penumbra anhelante de la madrugada. Se estiró bien en la cama, relajó todo su cuerpo e intento vaciar de pensamientos su cabeza; sobre todo de esas dudas que tanto la dañaban y que le hacían ver aumentada su soledad. Poco a poco se fue relajando y se iba notando cada vez más tranquila.
Y de repente notó, con asombro y algo de miedo, que le sucedía un extraño fenómeno. Estaba despierta, con los ojos abiertos y consciente de todo lo que pasaba a su alrededor; pero vio perfectamente, como si le ocurriese a otra persona, como se levantaba de la cama y se echaba a andar hacia algún sitio. Lo más curioso del todo era que también se podía ver a sí misma en su cuarto, acostada en su cama y arropada con aquella colcha antigua, de seda granate con hojas doradas. Pero seguía avanzando por caminos extraños por donde nunca había ido y que no lo eran familiares; y por los que a pesar de todo, caminaba como si estuviese andando por su casa. Se detuvo al llegar a una especie de huerto o de jardín. Había una tumba de tierra que acababan de cerrar, vacía, sin flores, sin nada, excepto una pequeña lápida en la que se leía su nombre completo. Se acercó más, asombrada; y tocó la piedra. Estaba muy fría pero era agradable al tacto. No sentía miedo, solo una paz profunda y consoladora. Pero por un minuto pensó que sería del pobre Tom. Ojala se lo quedase su vecina, aquella chica tan simpática que hacía poco había tenido un bebé. El perro sería una buena compañía para la familia
Comentarios
Primero, veo que en todo lo que has escrito hasta ahora, esto y "Mientras llega mañana" siempre hay como un gran toque de melancolia, de resignacion a la vida. Y siento empatia por ello.
Segundo, me ha encantado la manera tan intimista en la que lo relatas, y aquello que al personaje le sucede cuando se acuesta y se ve a si misma acostada, lo interprete como una proyeccion o viaje astral, cuando el alma de la persona sale del cuerpo por un momento a recorrer sitios nuevos, o acontecimientos futuros, vaya uno a saber.
Un abrazo!
Tienes razón Amparo, lo peor de lo peor es no dormir y luego el día siguiente
Gracias. Siempre que escribimos, o al menos yo, vertemos algo de nosotros mismos en el texto. Pero es una reflexión simplemente, un relato basado en que si, de vez en cuando soy insomne
Por razones que no vienen al caso la melancolía me acompaña desde hace tiempo, es verdad. Viajes astrales, si, el tema me interesa mucho y me parece muy aguda tu observación; es más o menos lo que he intentado describir. Hay otras personas que los llaman sueños lúcidos
Te entiendo perfectamente, ya que la melancolia me ha decidio acompañar desde que casi tengo edad de dos cifras. Aqui dentro del foro soy el muerto viviente, compañero de la muerte, que sale de su tumba a recorrer a diario el mundo de los vivos. Mas alla de ese rol, basta con leer mis escritos para darse cuenta que todo esta rodeado de una gran y profunda tristeza.
Me alegra que haya deducido bien tu escrito, para la persona que entiende del tema salta a la vista que querias describir un viaje astral, y tambien me interesa todo lo parapsicologico.
Eres la Única que lleva foto y la verdad dan ganas de de salir corriendo
A mi también me interesa mucho el tema de los viajes astrales y todo ese mundo, desde siempre. Gracias por la lectura
Bueno te contare, hemos ido al cumpleaños de un amigo, nos hemos comido una barbacoa y luego hemos tomado unos cuantos whiskys, y bueno el no tiene tanta resistencia como yo a la bebida y se ha mareado bastante, digamos que tuve que traerlo casi cargando, y ahora sigue durmiendo...Linda resaca tendra cuando despierte
Tienes una gran facilidad o dominio de la narrativa y en esta historia lo demuestras una vez más.
Un placer leerte!
Mis más cordiales saludos!
Una vez, un amigo, luego de agarrarse una tremenda borrachera, se quedó en casa, y recuerdo que estando convalesciente en la cama, me dijo: ¡Me muero! ¡Siento como si me estuviera viendo desde afuera!
Soy bruja, amigo mío
Muchas gracias por tus palabras, Claudine. Intento vencer mis miedos y fantasmas como puedo, y siempre es escribiendo, con mayor o menor fortuna. Un saludo cariñoso
Gracias por la lectura. El alcohol a veces puede causar estragos, aunque creo que el caso de la señora del relato no ha sido el responsable, sino más bien su extrema soledad. Pobre mujer.
Saludos cordiales
Jajajajajajaja me ha matado tu anecdota, que genial
Jaja, ya me parecia raro que adivinaras lo que yo hice