Hay historias que no deberían ser contadas, porque su desenlace es previsible y banal. Ésta es una de estas historias. Los hechos que aquí se cuentan son totalmente irrelevantes por la mayor parte de la gente, y dudo mucho que los periódicos u otros medios de comunicación se interesarían por los sucesos aquí contados.
Todo empezó un día de otoño, mientras llevaba a pasear mis pensamientos por la playa, con un viento frío que anunciaba la llegada de la temporada de las lluvias. Vi al anciano señor tumbado en la arena, y tuve miedo que estuviera enfermo. Me acerqué a él, y vi que, gracias a Dios, tenía los ojos abiertos, y miraba al cielo llenos de nubes. Le pregunté qué tal se encontraba, y él contestó que como las nubes: gris, con gana de que el viento se lo llevara consigo para siempre. Esta respuesta me hizo sospechar que esa persona tenía algún problema de senilidad, y disculpándome dije que me iba. Él no me hizo caso, y siguió hablando, más para sí mismo y para el mar que para mí:” Soy como las nubes, o la arena, aquí esperando que el viento me lleve consigo. Pero la diferencia entre la arena, o las nubes, es que ellas nunca están solas. Son una multitud, nacen juntas y juntas mueren. La personas no: nacemos solas, y solas morimos, como mariposas que nacen al amanecer y mueren cuando el sol se apaga... Me gustaría ser una mariposa: viviría sólo un breve instante de conciencia, y me apagaría enseguida, y el Sol me haría compañía en mi rápida desaparición. Pero no. Ochenta años de conciencia…son muchos, demasiados:¿Puede el alma aguantar tantos largos minutos de soledad?”. Y me miró. Tenía los ojos grises y apagados, como su ropa, un traje de antaño descolorido y sucio. Yo no supe que contestarle, y además quería irme, porque había quedado con unos amigos para tomar unas copas en el chiringuito del muelle. El anciano señor volvió a mirar el mar, y siguió con su monólogo:” Un día, cuando era joven, me enamoré de una chica, pero ella nunca se fijó en mí. Ella quería a otro chico, un buen mozo que trabajaba de policía. Se casaron, y tuvieron 3 hijos. Quizás tu conozcas a algunos de sus nietos…”.
“No, lo siento” le contesté, a pesar de que él ni me miraba “¿Se encuentra bien usted?”
“¿Se enamorarán las nubes, y la arena, y las olas del mar, como hacen los seres humanos?¿Y qué sentirán cuando son rechazadas? Yo sufrí mucho, mucho…la soledad es un fantasma, no las ve pero está allí, como un monstruo al acecho. Puede llegar a joderte la vida. A mí la jodió. Siempre sólo. Hablando con el mar, con las nubes, con el arena, con los fantasmas de mi soledad, hasta el final, hasta que finalmente las olas tragarán mi cuerpo y en las frías profundidades del océano encontraré la paz del olvido. Me contó un conocido mío, que era poeta, que en el fondo del océano hay ciudades de cristal, donde buscan refugio los fantasmas de los sueños de los hombres. Cada vez que un hombre sueña con algo y este sueño no se concreta, el fantasma que el dolor del alma engendra busca refugio en esas ciudades. Son ciudades inmensas, más grandes que cualquier metrópoli construida jamás por los hombres. Y son eternas. Nunca se caerán a pedazos, porque los hombres nunca dejarán de soñar. Y allí están todos mis sueños perdidos. Esperándome. El hijo que no tuve, la mujer que no amé, las palabras que no dije. Allí me esperan, y ha llegado el momento que me reúna con ellos”. Y diciendo estas palabras se levantó, y se fue hacia el mar.
Yo miré molesto mi reloj, y me fui, porque esa conversación me estaba aburriendo, y además no tenía tiempo para quedarme allí a escuchar los delirios de un viejo senil. Fui hacia el muelle, y antes de llegar allí eché un último vistazo a la playa; pero estaba vacía: sólo había la arena, las olas y, altas en el cielo, las nubes, tal vez indiferentes a los problemas de los hombres.
Una historia banal, que me olvidé enseguida. Me fui con mis amigos, bebí, e intenté ligar con Martina, una chica que me gustaba mucho. No lo conseguí. Ella se casó con un chico que trabajaba en un banco, y tuvieron 2 hijos. Mis amigos se casaron también, y tuvieron hijos. Yo no. Intenté ser escritor, pero fracasé. Mis historias no interesaban a nadie, como la historia que me contó ese viejo en la playa hace más de sesenta años. Y ahora, ahora que soy yo el que está aquí en la playa, sólo, viejo y cansado, me acuerdo de repente de ese cuento que escuché muchísimos años antes, y del que me había olvidado. Y antes de levantarme y caminar, despacio, hacia el mar, me pregunto si mis sueños estarás esperándome allí, en esas ciudades de cristal que los protegen de los golpes de la realidad.
Una historia banal, la de mi vida, que no merece ser contada.
Comentarios
Una historia banal, por la que la mayoría tendremos que pasar:):p:rolleyes:
Esperaré otras nuevas, pero, por favor, con una letra mayor.
Un cordial saludo.
La utilización de la coma antes de la conjunción "y" ha sido materia de algunos debates, aunque podríamos convenir en que su aplicación dependerá de la constitución del enunciado. He querido acercar esta observación porque advierto en diversos pasajes del cuento un empleo erróneo de este signo de puntuación, excesivo, cuando precede a la conjunción propia "y". Acepto su presencia tratándose de expresiones no vinculadas o sin relación de dependencia. Si lo consideras puedes tener en cuenta esta apreciación.
Me ha gustado tu trabajo, simone. La sintaxis es clara, las figuras contundentes y los personajes amarran la historia a un contexto que el lector puede divisar sin esfuerzo.
Gracias por dejarnos ver lo que escribes.
Saludos cordiales.
por esta razón me gustan foros de escritura como este, para pulir mi forma de escribir. El tema de la "Y" es interesante, nunca me había fijado. Como yo soy estranjero, a pesar de hablar bien español simpre tengo "manierismos" proprio de mi idioma natal. Estuve leyendo un par de relatos de autores españoles, efectivamente el "y" seguido de coma no es muy comun, nunca me había fijado. yo "abuso" literalmente" de este recurso literario, en italiano es muy común, da un toque "literario" a lo que escribo. Gracias por el consejo, intentaré fijarme más y evitar recursos que en mi idioma son muy normales pero es verdad, en español no son muy normales y suena un poco raros!
Una cosa: en tu respuesta encuentro varios errores, que en tu relato no hay:
extranjero (no estranjero)
propio (no proprio)
acentos...
Las reglas de puntuación en italiano, aunque algo distintas, son también bastante exactas en lo que respecta las coordinadas.
Si tienes dudas puedes contactarme pues soy bilingüe, entre otras cosas.:rolleyes:
Ahora entiendo por qué cuando leí tu relato me acordé de Petrarca:
"Le tue labbra sono un filo scarlatto,
mettimi come sigillo sulle tue labbra,
come sigillo sul tuo cuore,
perchè forte come la morte è l'amore."