Envueltas en la madeja de la maquinación y el oscurantismo conviven tendencias de diversos grosores y colores. Cada hebra, cada compañera de ovillo, es diferente: unas aparentan la seda pero se vuelven dolorosas al tacto y otras permanecen ocultas entre las vueltas de la maraña. No faltan los hilos blancos, esos que encubren filamentos negros entre las vueltas de la fibra y que sólo podrías divisar si te arriesgaras a recibir la puntada. No son las únicas.
En la madeja que acabo de figurar es fácil detectar, entre otros, a los partidarios del conspiracionismo, personas convencidas de que en cada rincón existen conjuraciones de carácter secreto ocultándonos cualquier tipo de información o beneficio, algo parecido a un poderoso contubernio que todo lo manipula. Estos amantes del complot, en muchos casos y según mi criterio, combinan ingenuidad y frenesí. La tendencia a edificar argumentos sobre verdades que, según su convencimiento, han sido ocultadas a la mayoría y hábilmente descubiertas por un reducido grupo de perspicaces suele alimentar en sus fantasías la figura de una sociedad aún más cruel; en ella las confabulaciones y ataques pueden extenderse hasta su entorno y rozarlos. Es por creer férreamente en sucesos que no han tenido la posibilidad de verificar, salvo por espejismos, fábulas o la palabra de otros partidistas, que necesitan también contar con enemigos fáciles, reales y cercanos, más tangibles que los que abundan en los cuentos que, en las rondas, narran los prosélitos; este lugar, el del enemigo, termina siendo ocupado por quienes rebaten sus argumentos en los foros o no comulgan con su doctrina. Quizá se trate de un mecanismo compensador, ilusorio, que intenta mostrarles la veracidad de lo lejano e incongruente en un plano más palpable y coherente. Lo escrito no significa que imagino el universo en que vivo como la Arcadia de los poetas, si echara mano a la historia cercana hallaría sucesos ciertos que en su momento fueron rotulados como teorías conspirativas, pero esto no justifica el exceso ni habilita para ir llenando cada hueco de un mundo inasible con los comodines de la conspiración.
La madeja encierra también hilachas de modernos sofistas, entendiendo el término en su acepción peyorativa, lisa y llanamente charlatanes que aprovechan técnicas persuasivas y razonamientos engañosos para alcanzar sus propósitos. El discurso de estos embusteros suele mixturar certeza con inventiva y patraña. Abundan los sofismas, la manipulación deliberada y las falacias lógicas. El recurso del victimismo suele ser una de las maniobras preferidas por estos personajes en los espacios de discusión; se trata de una retórica demagógica que pretende desacreditar de manera falaz lo dicho o escrito por el oponente, tachando de autoritario y despectivo su discurso, de este modo intentan agujerear el debate en un punto donde poder escabullirse o seguir adelante transformados en lo que unos verán como inocentes víctimas agraviadas sólo por defender sus ideas y otros como la caricatura de un mártir.
Por último, fuera de la madeja y tantas veces alcanzados por su chasquido de látigo, están también los lectores u oyentes más vulnerables, los más frágiles, los necesitados y los creyentes, los angustiados y deprimidos, entre ellos personas que, en muchos casos, necesitan verdadera ayuda profesional y responsable, no girar unas bolas chinas para superar su estado depresivo o aplacar una enfermedad degenerativa, tampoco empuñar unas varillas de zahorí con el propósito de saber qué intensidad energética los hará felices.
Lo escrito sólo intenta exponer mis apreciaciones sobre el tema, otro modo de ver las cosas.
Concluyo este artículo instando al lector a practicar el espíritu crítico, examinar los fundamentos de cualquier juicio o posición, no tomar ideas o conceptos como paquetes cerrados, mejor abrirlos y exponerlos a la crítica de la razón. Bienvenido Immanuel Kant.
Saludos cordiales.
Comentarios
Creo que cada persona tiene la capacidad de discriminar la información que recibe, y desechar lo que es obviamente falso (digo, en teoría es así), pero tampoco hay que olvidar que el ser humano no es una máquina 100% pensamiento, y a veces las mismas emociones nos obligan a creer... payasadas.
Recuerdo cuando mi ya fallecida abuela tenía cáncer, mi madre intentó literalmente de todo para ver si había algún efecto. Hizo incluso un ritual de enterrar una zanahoria a las 12 de la noche y no sé qué cosa más.
El tema es que creer o no creer (cualquier cosa) es algo completamente personal, es cada uno quien debe formar su espíritu crítico.
Meh.
Alguna vez he leído algo sensato, pero pocas. Por esto no suelo ni leer ni participar. Hoy he entrado al ver el título ,y su autoría me ha animado a leerlo con interés.
Gracias por limpiar las telarañas.
Saludos.
Por cierto que la medicina "ortodoxa" puede ser un engaño tan grande o más que los demás. Solo depende de como se mal-utilice.
Sencillo y bien explicado. Digno de tu inteligencia.
Saludos cordiales
En el primer renglón del escrito que encabeza el hilo hablo de una madeja de tendencias. Es preciso aclarar que en este artículo propender a admitir, publicar, determinados hechos como el resultado de tramas conspirativas, aspirantes a completar el canon holmesiano, no equivale a engañar; por lo menos de manera consciente. Según mi criterio, y exponiendo una reflexión breve e incompleta, el germen del conspiracionismo se propaga al simplificar el mundo que habitamos, con la ilusoria y peregrina ambición de abarcar todo lo que nos rodea en la panza de nuestras limitaciones, con un exceso de clarividencia. La fuerza de la conspiración, que quizá anhele ordenar el caos, no se detiene ante un entorno incognoscible compuesto por millones de individuos cuyos actos han sido influidos por un sinnúmero de circunstancias inabordables y ajenas, no cree en él, no ve ese universo difícil. Lo cierto es que en la gran mayoría de los casos el caudal de información al que podemos acceder sobre determinado acontecimiento relevante es muy pobre en relación a lo acontecido: el evento se deforma, se desordena, se retuerce y se abolla con el paso de los minutos ¿Es posible entonces calcular siempre y con acierto cada detalle, cada perspectiva, cada intención? Según la cantidad de premisas y conjeturas defendidas a muerte como certezas, en gran parte de las teorías que procuran desbaratar los planes de los conspiradores, parece que sí.
Lo escrito no tiende al nihilismo, busca devolver la falibilidad a quienes la han perdido.
En este subforo, unos estantes más abajo, puede leerse el siguiente desvarío: “Deben prohibirse TODAS las vacunas”. Un enunciado desafortunado, también peligroso y arriesgado, al menos para mí. Es cierto que cada persona debe decidir qué trances afrontar, pero también lo es que este es un espacio plural, visitado por un mosaico de piedrecitas desiguales. Yo tengo cincuenta y un años y he visto llegar aquí gente muy joven, chicos que demuestran ser muy lúcidos, aunque, quizá, carezcan de la experiencia que, en algunos casos, otorgan la madurez y la mundología. Esto no significa que seré yo quien la aporte, estoy apostando al colectivo, comprometiendo al conjunto. En este foro de literatura expresiones del tipo “Deben prohibirse TODAS la vacunas” abundan y precisamente por la naturaleza comunal del entorno en que tales temas fueron abiertos entiendo que quienes pensamos diferente tenemos la responsabilidad de dejarlo escrito.
“La salud es un estado precario que no presagia nada bueno”. Existe una obra de Jules Romains, cuyo nombre en español podría traducirse: “ Knock o el triunfo de la medicina”. Yo no quiero médicos inescrupulosos como el Dr. Knock, para quien “no hay persona sana sino paciente insuficientemente estudiado”, pero la existencia de éstos no puede llevarnos a quebrar el báculo de Asclepio ni abandonar la vacuna contra la poliomielitis para prendernos en el pecho aquel disparate que expresaba: “Es mejor la inmunidad natural que la inmunidad artificial que se consigue con las vacunas”.
A veces creo que algunos difusores de las teorías conspirativas juegan a una arriesgada variante del revisionismo: revisan no para arribar a la verdad, sino obtener una conclusión previamente resuelta.
Saludos cordiales.
Saludos cordiales.