A la inspiración (perdida).
¿Qué son acaso los poetas,
sino súbditos eternos de la inspiración?
Mi ser en un vacío
oscuro y profundo se encuentra.
Amargas caen las lagrimas.
Mi propia sombra es la tristeza.
¡La he perdido! ¡La he perdido!
¿Qué haré ahora sin ella?
Mi mente envuelta en tinieblas
pensar nada puede sin ella.
Arde mi espíritu; gime mi alma,
su vivido recuerdo me atormenta.
¡La he perdido! ¡La he perdido!
¿Qué haré ahora sin ella?
Busco en la vida y la alegría.
Busco en la muerte y en la pena.
Nada hallo, nada encuentro,
a esperarla me condena.
¡La he perdido! ¡La he perdido!
¿Qué haré ahora sin ella?
¡Oh sagrada inspiración!
¿Cuándo llenaras este vacío,
esta triste desazón,
este invierno crudo y frío?
Agoniza mi corazón
sin tu canción en mi oído,
Sin tu soberbia exaltación
aferrada a mis sentidos.
¡La he perdido! ¡La he perdido!
¿Qué haré ahora sin ella?
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A la inspiración (hallada).
A horas tardías golpeas a mis puertas
traída en las alas de la Luna y las estrellas.
De un soplido fulguroso mis húmedas pupilas despiertas;
con susurros y murmullos de palabras bellas.
Con cálidas manos acaricias mi alma muerta;
sobre mi espíritu grabas anheladas huellas.
¡La he hallado! ¡La he hallado!
¿Qué haré ahora con ella?
Alud violenta en la montaña.
Batir de olas en el mar.
La pluma de ideas se enmaraña
y se alboroza la tinta al trazar
Austeros caracteres, suntuosas telarañas
sobre la blanca hoja que he de amar.
¡La he hallado! ¡La he hallado!
y aunque su paso ha de ser fugaz,
su regreso he reverenciado.
¡Ahora puedo dormir en paz!
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