0.
Como me gustaría tener un marido que me lave los platos, eso me decía mi “amiga cariñosa” Rosita. Que me miraba recostada en el lavadero mientras yo lavaba los platos, los cubiertos y dos ollas pequeñas del almuerzo que habíamos tenido. Yo la miraba, me reía y le decía que me encantaba como hacia el amor pero no estaba dispuesto a gastar en más prestobarbas.
Ella con su cabello recogido, sus tiritas en los hombros, sus pechos redondos, una faldita sueltita y sus sayonaras rojas (así se dice en el Perú) se reía y me decía: Pendejo.
Terminé con el lavado. Me lavé la cara, me mojé el cabello. Rosita presurosa me alcanzó una toalla seca. Gracias muñeca. Me sequé, fui a la refri, saqué una cerveza, tomé un vaso y me tire en un mueble. Rosita se sentó a mi costado, tan linda ella y tan sensual. Me puso la mano en el miembro y empezó a jugar cariñosamente con él. Y continuaba tomando mi cerveza y sentía que empezaba la segunda parte de mi película de sexo preferida.
Dejé el vaso en el piso y mi mano (la derecha) se ubicó entre sus nalgas. Le empecé a jalar y a soltar la tanguita. Con la izquierda cogí el control remoto y busqué un canal de música para ponerle un marco musical a la escena que se estaba desarrollando en ese cuarto de Lince, que ella le decía depa.
Me encanta sentarme encima de ti, es riquísimo. Me acomodé lo mejor que pude en el mueble. Ella se sentó con una agilidad y una destreza de conocedora. Se había quitado la tanga pero seguía con la falda puesta. Se movía acompasadamente como quien rema y no avanza haciéndome volar y volar.
Luego me dijo: acompáñame parece que hay alguien en la cocina. Mi hizo levantar muy pegado a ella hasta el umbral de la cocina y se puso en noventa grados, en ángulo recto ofreciéndome uno de los traseros mas redondos y mas lindos que he tenido a mi disposición. Siempre se lo veía más lindo que la vez anterior. Hazme tu mujer, me decía.
Simplemente sensacional.
En ese trance, se soltó el cabello y me dijo: soy tu yegua, cabalga papi cógeme del cabello. Yo pensaba que Rosita era media chiflada. Pero en realidad lo que ella era es arrecha, arrechísima diría yo.
Luego de terminar abrazados en el piso, yo exhausto, ella riéndose. Ya ves bebito, te dejo “chaqueta”, tienes que ser mi marido. Yo la abrazaba diciéndole que parecía Mesalina. ¿Quién es esa? Riéndome a carcajadas le decía: averigua.
Como la conocí, es en realidad el asunto de esta historia, la conocí por culpa de un amigo. Hace tres años. Esta historia es la historia de ese amigo, de Rosita y mía.
1.
Hace tres años Roberto, amigo de mi barrio antiguo de La Victoria se encontró conmigo en la fiesta de una amiga común. Roberto era un buen tipo al menos para mí. No era bocón, no tenía mala borrachera y cuando se tenía que reventar a alguien, reventaba contigo.
En esa fiesta hablamos de todo, de amores pasados, de trabajos perdidos, de chicas difíciles, de chicas fáciles, de putas, de anécdotas, de amigos que vivieron y algunos que se murieron.
No sé cuanto tomamos, serian las cinco o cinco y media de la mañana. Salimos de la fiesta y me dijo para seguir tomando en su depa. En realidad no quería seguir tomando, pero para no defraudar a Roberto ya que quería presentarme a su conviviente, subí al auto.
Su depa estaba en un condominio. Lo único que le dije fue: que bacán tu depa. Roberto no hablaba mucho, era como digo un buen tipo. Amigo de sus amigos. Al llegar a la puerta, sacó su llavero bastante sonoro, abrió dos cerraduras y un cerrojo. Eso si me llamó la atención.
Ya había amanecido, al abrirse la puerta, la luz de la sala estaba encendida. Me pidió que me ponga cómodo. Le pedí que me prestara su baño.
Entré al baño de visitas, me vi en el espejo y parecía el retrato de Van Gogh. Me enjuagué la boca, me lavé la cara. Afuera escuchaba murmullos. Tomé un poco de papel y me sequé la cara. Salí.
Estaba Roberto sentado en un mueble y me senté en otro. Había una botella de chivas, dos vasos y algo de hielo. Ya era de día. En eso apareció una chica en bata, estaba arreglada, pese a estar en bata. Era guapa. Pero había algo que no se me cocinaba por completo.
Roberto se levantó, me levanté.
-Te presento a Rosita.
Comentarios
El semblante de Rosita era de fastidio, la miré y me acerqué. Regla número uno, cuando una dama no tiene cara amable no busques la mejilla solo extiende tu mano.
-Buenos días-dije.
-Hola –respondió.
Una mirada simple y regresé a mi mueble. Ella se esfumó por una puerta. Supe que no era mujer. Había algo, no sé qué, que marcaba esa diferencia. Roberto me miraba, como esperando que le pregunte. Cogí mi vaso y eché hielo y luego el chivas. Sabía que tenía que decir algo.
-¿Cuánto tiempo de convivir?
-Dos años-me dijo reacomodándose en el mueble.
-¿Y qué tal?
-Ahí, jodido a veces, feliz otras. Pero sobre todo la quiero.
-Que bueno, además es linda…
Roberto me mira serio.
-Disculpa la confianza.
-No, eso lo tengo claro. Es linda y yo soy demasiado celoso. Tengo miedo que me deje. La quiero demasiado.
-Sí, me ha pasado. Eso de los celos no es bueno. Destruye el amor. Trata de controlarlo-Tomé un sorbo de whisky- si sigo solo es quizás porque no confío hasta ahora en ninguna mujer. Las relaciones se basan en confianza. ¿Tú confías en ella?
-Confío poco, mi vida sentimental es jodida. Rosita no es mujer.
Traté de poner cara de sorpresa, respecto a algo que ya sabía. Sonreí cínicamente y le dije: claro no es mujer, es un ángel.
-Ella no es mujer, es travesti, se prostituía en las calles. Ahí nos conocimos. De ahí la recogí y ahora vivimos juntos Por eso es que no confío. Aunque trato pero no puedo.
Sentía que Roberto sufría al decirme eso. Sus ojos se pusieron vidriosos.
- Ahora vengo – me dijo y se fue al baño.
El sol se anunciaba, los primeros ruidos de la mañana. La gente saliendo a comprar el pan para el desayuno. Desde el cuarto piso de aquel edificio se veía como empezaba el día en ese barrio de gente de nivel b.
Roberto vino con la cara lavada.
-Pero sino confías ¿Por qué convives?
-Es que la quiero-me dice Roberto resignado.
-Y ella ¿te quiere?
-Sí, pero ahí está el problema. Es mucho menor que yo, a veces me sale con unas cosas…
-¿Cómo qué?
-Quiere que la lleve a discos horribles, esas que se llaman discos de ambiente. Quiere traer aquí a sus amigas, unas travestis horrorosas…
Escuchaba a Roberto, sentía lastima por el y por ella.
-Eres mi amigo, disculpa la franqueza pero eres injusto con tu pareja. Ella tiene y tuvo su mundo antes de conocerte. Que mas prueba de amor que dejar su mundo y vivir bajo tus reglas.
-Pero si tiene todo.
-¿Todo? ¿Qué es para ti todo? Casa, comida, ropa y comodidades. ¿Qué me dices de su vida antes de ti?
-Pero esa gente no vale nada…
-Estas pecando de egoísta Roberto. Ella te quiere, pero tu quieres devoción y eso no viene solo, eso hay que ganarlo.
Veo mi reloj, siete y media de la mañana. Tomo el último sorbo de whisky.
-Disculpa que corte así esta conversación he pasado una noche bastante buena. Espero volver a verte.
Me levanto y él se levanta.
-Quería seguir conversando contigo-me dice Roberto.
-Te di mi tarjeta, ahí está mi numero.
Nos abrazamos y nos damos la mano.
-Despídeme de tu mujer, estamos en contacto.
Salí de ahí medio aturdido. Era la primera vez que veía a una persona relativamente cercana a mí, que tenía una relación así.
Pasaron los días y siempre recordaba a Roberto y a Rosita como algo curioso y extravagante.
Un día al mediodía después del almuerzo en la oficina timbró mi celular, era de un público.
-Hola sí.
-Hola, soy Rosita
Continuaremos luego.
Jamás me olvido de una amiga.
Pronto continuaré.
Un abrazo
Dragón
Amiga mía, escrito está: “Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa…”. No continúo, no me vayan a decir “reverendo”…
Para mí fue un buen momento para escribir algo mas mundano, algo de la vida.
Por eso agarré mis cosas y me vine para acá.
Un abrazo
-¿Rosita? –pregunté extrañado.
-Sí, Rosita la pareja de Roberto tu amigo.
Esa voz siniestramente delicada, sentía que no era su voz. Sentí una extraña excitación. Tantas veces abominé de estas personas y ahora en el dilema de no quedar mal con mi amigo tratando mal a su pareja. Dudé, pero opté por la amabilidad.
-Ahh Rosita, hola ¿Cómo está? Dígame en que la puedo ayudar.
-Puedo hablar contigo. ¿En este momento?
-¿Dónde?
-En la avenida tal cuadra quince, hay un café se llama XXXX. Vi mi reloj. Es la una y media, a las dos no encontramos ahí.
-Correcto.
-Chau
Me quedé sorprendido, no pensé jamás recibir una llamada de ella. ¿Cómo sabía mi número? ¿Por qué me llamaba a mí? Tomé un taxi, sentía una gran ansiedad y un gran temor. Ansiedad por saber lo que me diría y temor porque la gente me señale por compartir una mesa con un travesti. Aunque una persona distraída no notaba la diferencia un observador minucioso quizás si.
Me preocupaba Roberto, mi pata, si sabe de este encuentro voy a tener que vérmelas con él. Primero veamos que quiere esta chica o este chico. Puta madre esta persona.
Llegué cinco minutos antes de las dos, busqué un lugar medio oscuro en aquel local, bastante concurrido. Inmediatamente se me acerco un mozo, tráeme un agua mineral sin gas helada, le dije.
El mozo vino con el agua y me sirvió la mitad del vaso. Se retiro. El local era de transito de mucha gente, no me gustaba mucho para encontrarme con la pareja de mi celoso amigo. Miraba para un lado y para el otro tratando de estar alerta, de no encontrarme con algún conocido. No había nadie conocido, pero igual me sentía nervioso.
En eso distinguí su figura, entrando al café, vestida de sastre verde claro y con unos lentes enormes. Me gustaba como venia caminando, los tacos la hacían que se distinga entre la gente y entre las mesas. Cuando me vio levanto la mano, yo también la levante.
Carajo, pensé, en que lio me estoy metiendo…
Cuando llegó a mi mesa, me levanté y le extendí la mano. Recordando nuestro frio encuentro inicial en el que casi ni me miró y solo me dio la mano. Ella me tomó la mano, se me acercó y me dio su mejilla. Yo no la besé simplemente junté mi mejilla a su rostro.
-Hola, que bueno viniste –me dijo Rosita.
-¿Qué ha pasado? ¿Le pasa algo a Roberto?
-Le pasan tantas cosas.
-¿Cómo qué?
-Roberto es un malvado y hemos terminado.
-Rosita, el te quiere…
Se acercó el mozo, ella pidió agua mineral igual que yo.
Tenía que defenderlo, uno nunca sabe qué pasa con la gente. Me sentía raro, atraído intensamente por esta travesti.
-Rosita, el día que te conocí, Roberto me dijo que tú eres su vida. Te quiere quizás demasiado…
Rosita saco un pañito de esos finitos de su cartera y con la delicadeza de una dama se levantó discretamente los anteojos enormes que tenía y circulo negro alrededor del ojo hinchado, era la respuesta a mi defensa.
-Pero ¿Por qué?
-Me escapé de la casa el sábado pasado, quise encontrarme con mis amigas. Pasear un rato, caminar, ver tiendas. No le avise o peor aun no le pedí permiso. Llegué a las once y media de la noche del sábado, con mis bolsas. A él le había comprado algo de ropa. Como no tenía llave, toqué y me abrió la puerta. Entré y al entrar me tomó del cuello, me gritó que era una perra que siempre lo sería. Me soltó, le dije que era un cobarde y que si lo volvía hacer lo mataría, fue ahí que me reclamó, que porque salgo sin pedir permiso. Que la casa no es un corral, yo le dije que igual no tenía llaves de las tres cerraduras de la puerta de entrada. Con las justas de una y que cuando sale solo me deja encerrada. Fue ahí que nuevamente, me tomó del cuello, me golpeó la cara. Me dijo: aquí mando yo y no tu pedazo de perra. Si no aprendiste a respetar ahora respetarás.
Rosita saco otro pañito porque el primero se le había manchado de labial y crema.
-Toma agua bebita, ya no llores. Pero tú lo conoces, alguna razón debió haber para que se moleste tan feo.
-Roberto es un pobre diablo, es un inseguro. Cuando lo conocí tenía vergüenza de estar conmigo. Sufría cuando me veía con otros clientes, después me buscaba y me daba dinero. Me pedía que no salga con nadie solo con él. Pasamos dos años así.
-¿Y porque aceptaste ir a vivir con él?
-Hay tantas cosas, te cansas de las batidas policiales, te cansas de pagar protección, te cansas del miedo a sacarte la lotería…
-¿La lotería? –Interrumpí.
-El vih, te cansas de vivir de noche y dormir de día, en fin quieres que siga…
-No, ya es suficiente.
-¿Por qué me llamaste a mi?
-Ese día, escuche lo que conversaban tu y el. Me gustó tu manera de pensar, me caíste bien.
-Pero no parecía, tu cara decía otra cosa.
-Eso fue para despistar a Roberto.
-Pero igual ¿Por qué me llamaste a mí?
-Me agradas, no tengo a quien recurrir. Mi familia hace años que se olvido de mí, la última vez que me vi con mi Madre, me amenazó con mis hermanos. Me ordenó que desaparezca. No tengo amigas, las amigas que tengo solo sirven para la juerga. Ahora estoy en una hostal de tercera. Necesito que me ayudes.
-¿Qué quieres de mi?
-Necesito dinero, es un préstamo.
En mi vida frente a los problemas siempre evalúo el problema y lo que puede significar ayudar a una persona. En este caso un travesti, ex prostituta. Luego Roberto, amigo de la infancia, buen amigo ahora. La veo a ella, es como una proposición a volar en parapente
-Roberto es mi amigo, mejor hablo con él y hacemos que se amisten
-Lo último que quisiera es que alguien interceda por mí con él. Necesito ese préstamo. Si hablas con el arruinarías mis planes.
continuaremos luego
Tomé algo de agua, trataba de descifrar lo que planeaba Rosita. Pero era imposible, no podía ver sus ojos ni algún gesto que muestre sus reales intenciones. Solo veía sus mejillas, sus orejas y su barbilla fina, un cuello extrañamente delicado para un travesti y su cabello bien arreglado. Para que negar que me gustaba y me excitaba.
-Está bien acepto.
Ella me sonrió, y me tomó el brazo. Sentí instantáneamente una aceleración en todo mi cuerpo.
Vi mi reloj, eran las tres y cuarto.
-Uy tengo que regresar a la oficina. ¿Cómo hacemos para los detalles de mi ayuda?
-Te llamo a la siete –me dijo Rosita.
Nos despedimos, ella salió primero del café y yo me retire después.
Toda la tarde, pensé lo que tenía en mente Rosita. ¿Qué sería? Un negocio, una estafa, un crimen…
¿Qué será?
Pensaba también en Roberto, que huevon para enamorarse así de una persona tan complicada. Lo único que puede tener es problemas. Encerrarla, golpearla, que idiota. Finalmente pensaba en mí, por aceptar el trato. Se me juntaron varias cosas: curiosidad, excitación y lascivia. Sobre todo lo último, recordé los sermones de los profesores, mi Padre, los tíos que me decían que el sexo anal no es bueno porque se te pueden infectar los huevos. Pensaba en todo aquello. Al final todo queda en mí, si me pasa algo me jodo yo solo. A la mierda.
Sonó mi celular. Iban a ser las siete.
-Hola, soy Rosita.
Si lo sabía, era ella. Esa voz que no era su voz.
-Hola, dime donde te encuentro.
-Estoy en el jirón YYYY numero 1742. Es una hostal, estoy en el numero 12.
-En veinte minutos llego, es cerca. Voy para allá.
Salí de la oficina, tome un taxi. Conocía esa zona, una zona de hospedajes para putas. En mis épocas de estudiante universitario, fui por ahí a matar mis angustias. En aquellas épocas en las que por veinte soles conseguías sexo rápido, no muy eficiente, pero era sexo.
Al llegar el chico de la puerta me pidió mi DNI, me ofreció condones, rehusé y pase. Busqué el número doce, estaba en el segundo piso. Un segundo piso oscuro, las paredes verdes y las puertas negras. Se sentía un vaho a tabaco y a humedad. Toqué la puerta.
Me abrió mi nueva amiga, sus enormes ojos marrones brillantes. Con el cabello enrollado en una trencita, un cuerpo espectacular cubierto por un vestido floreadito oscuro, flojito, no tenía brassiere . Pese a su cara golpeada me seguía gustando.
Me quede así mirándola. Ella me sonrió.
Se me acercó y me dio un beso en la mejilla. Yo igual la bese y se me paró todo. Su perfume era Jadore, mi experiencia en regalar perfumes me daba esa certeza.
En una pequeña mesa había una coca cola y vasos descartables, me sirvió. Tomé un sorbo.
Se sentó al frente mío en la forma peculiar que tienen las mujeres de subir los pies en el sofá como gatas dormilonas.
-Bueno, hablemos de negocios – me dijo.
-Antes dos cosas-le dije- eres linda y siento que ese cojudo te haya lastimado; la otra ¿Cómo conseguiste mi número celular?
-Fácil, revise las cosas de Roberto y encontré tu tarjeta.
-Eres una chica de cuidado.
Me sonrió y se acomodo mejor en el sofá.
-Ahora si hablemos de negocios –le dije.
-Quiero vengarme de Roberto. El cree que con el dinero todo lo puede resolver y todo lo puede comprar. El cree que me compró y que soy un mueble más de su depa. No pienso, no tomo decisiones, solo estoy para atenderlo y darle placer.
-Y bueno ¿Cuál es el plan? Donde entro yo a tallar.
-Necesito que me prestes tres mil dólares, te pago en once meses, trescientos dólares mensuales. Con ese dinero pagaré la inicial de un depa en un edificio en Lince. Si antes no lo sangré ahora lo sangraré. Al final me iré sin decirle nada cuando crea que ha alcanzado el cielo conmigo. Con lo que le saque a Roberto te pagaré a ti y adelantaré lo del depa. En once meses seré libre.
Tomé otro sorbo de coca cola, ella me miraba esperando que termine y prosiguió.
-Falta algo mas, quiero que hables con el. Quiero que le digas que estoy triste y arrepentida que quiero regresar.
-¿Cómo así? –pregunte intrigado.
-Le dice que te llamé, que hable contigo. Que estoy en este lugar, que es un antro de prostitución. Lo más probable es que retorne a esa vida.
-Interesante tu plan, pero que te hace pensar ¿Qué deba confiar en ti?
Su rostro se demudó, se puso seria. Me miro y sus ojos se encendieron.
-¿Tú crees que soy una basura?
-Roberto es mi amigo-le dije.
-Roberto no es amigo de nadie, alguien que trata así a su pareja no merece ninguna piedad.
-Entiendo tus razones. Pero ¿yo? No tengo ninguna razón para traicionarlo. Voy a traicionarlo, el me llevo a su casa y ahora voy a colaborar contigo para lastimarlo.
Rosita agacho la cabeza, se quedo mirando el suelo fijamente. Fue un breve momento de silencio. Sentí que la había acorralado con mis palabras. Levanto finalmente su cabeza y me dijo:
-Cuando era niño, mi Padre me decía que los hombres siempre deben tener palabra. Yo al final soy un hombre igual que tu, lo único que tengo es mi palabra. Tienes la palabra de una travesti que no te arrepentirás por lo que vas a hacer. Mi palabra es todo lo que te puedo dar. Ahora.
Después de decir eso la vi tranquila como quien se siente libre.
-¿Tienes alguna cuenta donde depositarte el dinero? –pregunte.
-Sí, pero mejor todo te lo envío por correo.
Ella saco un papel lo rompió en dos partes, ella escribió su correo en una y yo en la otra intercambiamos papeles.
-Me envías el correo con la cuenta –le dije.
-Espera, mejor apunta lo que haremos paso a paso y este todo conforme.
Rosita me dictaba paso a paso lo que haríamos, para acabar con esa amistad de infancia y ganar la amistad de un travesti que quería vengarse como sea.
Al terminar de tener claro nuestro plan. Terminé la coca cola. Me levanté, ella se levantó descalza y me abrió la puerta. La miré, el Jadore me puso más atento de lo debido.
-Chau Rosita, cuídate.
-No hemos firmado ningún papel, me da miedo que me falles y tengo miedo a fallar.
-No te preocupes, tu palabra me basta.
Se me acerco más aun, la tome suavemente y me dio un beso que sentí muy intenso y muy caliente. Era la primera vez que besaba un travesti. La toque, la acaricie lentamente y me llamo la atención la dureza de su cuerpo. Nos separamos lentamente.
-Está firmado –le dije.
Me sonrió.
-Chau Rosita.
-Chau.
Continuaremos luego.
Un abrazo animal.
Gracias por el abrazo animal, si era un abrazo, animal. Me hubiese preocupado.
Gracias amigo.
Amparito tu siempre tienes veintisiempre.
Igual gracias por detenerte a comentar.
Estoy culminando la historia.
Un abrazo
Se cumplieron todos los pasos del plan. Rosita me envío su cuenta por correo, deposite el dinero le confirme el depósito por correo.
Llamé a Roberto.
Ya había pensado en todo lo que diría, lo invité a comer un cebiche. Era una cebicheria por La Victoria, cerca de Matute.
Llegó casi puntual. Hablamos de futbol, de otras cosas y rajamos de alguna gente. Terminamos de comer y me pedí dos cervezas más. De acuerdo a mi libreto solté mi pregunta del millón:
-¿Y cómo está tu mujer?
-En la casa…
-Y que tal ¿Cómo vas con esos celos?
Vi en su cara fastidio. Era justamente lo que quería, fastidiarlo con mi impertinencia.
-Nada compadre, en realidad hemos peleado y creo que no volveremos a estar juntos.
-Pero ¿la quieres?
Lo presione con mi pregunta. Roberto hizo lo que hace todo el mundo cuando tiene un vaso de licor y tiene que decir algo, miro el vaso como si en el estuviese escrita la respuesta.
-Siempre la voy a querer.
-¿Por qué no te amistas?
-Es que se fue y no sé donde está. Le hice daño, la lastimé, la ofendí y me siento mal por eso.
-Si lo sé.
Roberto, puso el vaso en la mesa.
-¿Tu como lo sabes?
Trate de concentrarme, sabía mi rollo pero no debía dejar sombra de sospecha.
-Ella me llamó y me dijo algo parecido a lo que tú me dijiste. Me dijo que siempre te va querer. Que pelearon, que te falto el respeto y decidió irse.
-¿Cómo consiguió tu teléfono?
-Eso si no lo sé.
-La cosa es que me llamó.
-¿Sabes dónde está?
-Me dejo su dirección y me pidió que te busque y que te la dé. En realidad esta invitación tiene como objetivo esto.
Roberto me miró, su mirada me hizo acordar a un perro que quise bastante y que le gustaba que le cepillen el pelo. Siempre me miraba así cuando lo cepillaba. Era una mirada de agradecimiento y satisfacción.
-Eres el mejor amigo que tengo, yo amo a Rosita.
-Entonces anda búscala y deja pelear con ella.
Roberto me sonríe, toma el resto de cerveza se levanta, me levanto. Nos abrazamos.
-Ve por ella – le digo.
-Gracias.
En ese momento me sentí como Judas después de cobrar las treinta monedas.
En los siguientes meses me comunicaba con Rosita por correo, ella cumplía con los pagos mensuales del préstamo de acuerdo a lo convenido. Mi deseo por ella permanecía latente. Cuatro meses después, Roberto me invitó a su casa a almorzar. Me dijo para ver un clásico Boca – River. Aparte quería conversar conmigo. Llevé un vino tinto para bajar el almuerzo.
Llegué a la una en punto, según lo acordado. Me abrió ella, mas linda que el primer dia y al mirarla me hizo un guiño.
-Hola –le dije.
-Pasa toma asiento, ponte cómodo.
Le alcancé el vino y lo puso a enfriar. En la tele estaban en las previas. Salió Roberto y me saludó con un abrazo. Nos abrazamos y como siempre retomamos nuestra conversación de siempre. Preguntándonos acerca de los amigos del barrio. De fulana, de fulano. De los chismes de hace veinte años. En fin.
Almorzamos, estaba delicioso el almuerzo, abrí el vino y me tomé la libertad de servirlo. Brindamos, yo propuse cínicamente un brindis por la amistad. En la tele ya anunciaban el inicio del partido. Nos levantamos y fuimos a la sala para ver el partido. Rosita apareció con una botella de cerveza helada y se la dio a Roberto. Rosita dijo: ya vuelvo, me voy a arreglar la cocina.
Vimos el primer tiempo, tomamos tres o cuatro cervezas. Al llegar el descanso. Roberto me dijo:
-Me voy a Canadá, estoy empezado los trámites. Tengo una oferta de trabajo. Lo más complicado es lo de Rosita, me la llevo.
-¿Qué dice ella, está de acuerdo?
-Todavía no le he dicho nada justo más tarde voy a conversar con ella.
Preferí quedarme callado, sabía que Roberto estaba echando todo a perder nuevamente.
Terminó el partido, me levanté del sofá, le dije a Roberto que me disculpe. Que me despida de Rosita. Salí de ahí pensando en que haría Rosita con esa nueva variable que podía alterar su plan.
Hola,
Roberto se va el quince, va arreglar todo allá. Después va mandar por mí. Mi visa saldrá en tres meses más. Es una visa de residencia.
No te preocupes todo sigue de acuerdo a lo planeado. Te llamó el miércoles.
Besos
Rosita.
Eso decía el último correo de Rosita. El quince era domingo. Unos amigos le habían organizado el viernes una anticuchada a Roberto para despedirlo. Me avisaron, dudé un poco en ir. Fue en nuestro antiguo barrio. Por Isabel La Católica, cerca de Gamarra. Veinticinco años después ese lugar estaba rodeado de galerías.
Llegué como a las diez, ya estaban algo avanzados. Roberto estaba ya ebrio. Me vio, se me acercó y me abrazó.
-Amigo, mi amigo – me dijo.
-Hola Roberto, ya estas picado, a ver salud para emparejarnos.
Me serví un vaso lleno. Lo tomé de un tirón.
-Espero que te vaya bien.
-Gracias amigo, mi amigo.
Me empezó a preocupar el énfasis en decirme que era su amigo. Se acercaron otras personas y seguimos tomando en grupo. Pasó una hora más o menos y creí conveniente retirarme. Me acerqué a Roberto le dije:
-Espero que te vaya bien y que cuando regreses me avises para conversar y comer algo juntos.
Roberto se acerco y me acercó hacia el y me dijo:
-Se casi todo. A pesar de eso te considero mi amigo.
-¿Qué sabes? –pregunté.
-Que te comunicas con Rosita, que tienen un plan para joderme la vida.
-¿Joderte la vida? Al menos yo no tengo nada planeado. Tengo un negocio con Rosita si, pero joderte la vida no creo.
-Espera un momento-dijo Roberto.
Se alejo dando tumbos, no muy equilibrado. Regresó con dos cervezas, me llevo a un lugar aparte. Se sirvió y me dio la botella.
-Sabes que aprecio de ti, que siempre tienes la mejor respuesta a la peor pregunta. Por eso te considero mi amigo. Esa cualidad es suficiente para valorarte como amigo.
-¿Cómo sabes que me comunico con Rosita?
-Fácil, hace un tiempo instale un programa en la PC que graba todo lo que se digita a un archivo de texto. Es como una bitácora.
Lo miré tomar lo que quedaba del vaso, me lo entrego. Me serví y llené el vaso, si me tenía que desahuevar que sea bien pensé.
-Salud Roberto.
-Salud –replicó mi amigo.
-¿Rosita no ha venido?
-No le gusta venir a estas reuniones, prefiere quedarse en casa.
-¿Está encerrada o ya no la encierras?
Mi buen amigo, agachó la cabeza. Se hizo un silencio entre los dos.
-No, ya no la encierro. Todo cambió cuando regresó. Gracias a ti.
-Entonces ¿tampoco le pegas?
-No, tampoco le pego.
-Tu mujer cuando me buscó, estaba enferma de soledad y resentimiento.
-¿Me puedes decir cuál es el plan que tiene ella?
-No, no puedo. No te va joder la vida. Creo que va ser bueno para ti que así sea. Si entiendes lo que te estoy diciendo ahora, le darás realmente amor a Rosita. Sino mejor quédate solo.
Me despedí de Roberto, me prometió que no diría nada de lo que hablamos. Solo me quedaba confiar y esperar.
Roberto se marchó el domingo, contaba las horas y los minutos esperaba la llamada de Rosita el miércoles. Me llamó temprano, me dio su nueva dirección. Fui a su nueva casa.
Estaba en traje de ama de casa con un pañuelo que le cubría la cabeza. Era extraño trataba de encontrar al hombre que estaba debajo de esa apariencia femenina y no lo encontraba por ninguna parte. Ese acertijo permanente aumentaba mi excitación.
-Hola- le dije.
-Hola como estas todo bien.
-Vine a conocer tu casa.
-Si estoy arreglando esto, he traído algunas cosas del departamento de Roberto el resto lo voy a vender. Con eso me ayudare para pagarte lo que falta de la cuenta.
-Rosita, justamente de eso te quería hablar. Mejor lo de la cuenta lo dejamos ahí. Págame cuando puedas y como puedas.
Rosita dejó de hacer lo que estaba haciendo.
-Te di mi palabra, eres una de las pocas personas que ha creído en mí en toda mi vida. La voy a cumplir.
-Es que no me siento muy bien haciendo tratos con la pareja de mi amigo a sus espaldas.
-No estamos haciendo nada malo, es un negocio solo eso.
-¿Cuando te vas?
-En tres meses.
-¿Cómo te ha ido con él?
-Ha cambiado, creo. Pero no siento amor, solo un compromiso. Algo que debo cumplir.
-Rosita, el te quiere.
-Sí, pero es un bruto ¿Qué pasa si vuelve a lastimarme?
-Simple, te regresas –contesto yo.
-Porque mejor ¿tú, me pides que me quede?
Su cara sin maquillar, su pañuelo floreado cubriéndole el cabello. Su ropa sencilla. Todo se iluminó.
-No puedo enamorarme de ti, sería peor que Roberto. No dejaría ni que te toque el viento.
Rosita se me acercó y me abrió lentamente la camisa. La acerque con suavidad hacia mí.
-¿Tú no eres operada?
-¿Eso importa?
Me besó y la besé con gran intensidad.
-¿Qué ves en mi?
-Una mujer hermosa.
-Para ti seré eso.
Ella me iba quitando la ropa lentamente, yo trataba de hacer lo propio con algo de temor. Parece que ella se dio cuenta de eso. Me abrazó aun mas, no tendimos en un sofá semidesnudos.
-¿Qué temes?-me preguntó ella.
-Qué me sorprendas.
Mi inexperiencia con una travesti se hacía evidente. Rosita sin separarse de mí me dijo:
-He tenido cientos de hombres en mi vida, están los heteros puros como tú, luego los maricones que te quitan la ropa y se la ponen ellos y están los que “atienden por los dos lados del mostrador”. Todo fluye solo, el instinto sale solo. No tengas miedo bebe. Soy mujer, solo que no me lo corte por que este negocio así lo exige.
Acercó su cara hacia mí, me sonrió.
-Me gustas, Rosita.
-Sabes que, te quiero porque creíste en mí.
-Creí en ti, porque me hablaste con el corazón…
Mis palabras se ahogaron con sus besos, ella hacia todo yo solo la seguía. Fue una experiencia increíble.
Rosita cumplió su palabra, se saldaron las cuentas. No nos hicimos promesas de amor. Para mí siempre será una “amiga cariñosa”. Eso ella lo sabe.
Cuando viene de visita a veces me llama.
Es el FIN.
Esta historia, la tenía en otro foro. Solo que en ese foro no se puede copiar y pegar. La tuve que transcribir. Es una historia para nada real, es una recreación de ciertas vivencias con algunas personas que conocí y que conozco. Personas que aprecio y que respeto.
Es en cierto modo una visión del día a día de un mundo oculto cada vez más visible.
Un abrazo y gracias todos por sus comentarios.
Un relato bien cachondo, como debe ser uno erótico. Abordas un tema escabroso como suelen ser el de las relaciones homosexuales. A pesar de que algunos tabúes atávicos han sido maquillados por la sociedad contemporánea, todavía el estigma sigue latente juzgando a muchos de nuestros congéneres por su postura sexual. Quizás soterrado, pero el desdoro infamante sigue allí. Nuestro machismo inveterado nos anula como nuevos seres de una sociedad moderna.
Un abrazo de Tigre a Lagarto (Juancho).
Un abrazo
No creo que sea una opción más, una opción contra la naturaleza no puede ser sencillamente aceptada como algo natural.
Es tu punto de vista y lo respeto.
Saludos
La homosexualidad desde el punto de vista biológico o anatómico es contraria a la naturaleza. Quizás debería decir su práctica; el varón y la mujer están diseñados biológicamente para el apareamiento, pero no es posible un apareamiento sin violentar a la naturaleza de hombre con hombre o mujer con mujer.
Tal como lo pienso lo manifiesto, sé que no todos comparten este pensamiento.
No coincido contigo en absoluto, el hombre no es un ente biológico sin cerebro y sin capacidad de decisión.
Existe un pene y una vagina. Calzan exactamente. Pero también existe un cerebro que busca placer.
¿Porque solo un pene y una vagina?
¿Qué o quién lo prohíbe?
Los seres humanos no son irracionales, no actúan por instinto. Actúan en base a su razonamiento. Los animales entran en celo y se reproducen. Cuando pasa la época de celo todo el instinto sexual entra en receso.
El ser humano no entra en celo. El ser humano puede utilizar el sexo como un elemento de placer.
¿Que determina que una persona sienta atracción por alguien de su mismo sexo?
A los gays, travestis, bisexuales y lesbianas los han considerado enfermos y pervertidos.
Hasta ahora nadie con exactitud nadie puede dar una justificación precisa de por qué existe atracción entre personas del mismo sexo.
Igual respeto tu opinión y tus creencias pero no las comparto en absoluto.
Anorgi,respeto tu idea pero no la comparto.Pienso que en este mundo no hay que catalogar tanto ni poner etiquetas,que viene a ser lo mismo.Todo el mundo es libre de decidir que camino coger.Para eso,dicen por ahí,que somos los únicos animales racionales,aunque hay veces que lo dudo.Nunca me ha gustado decir " él es homosexual o tú eres heterosexual ".Él o ella es una persona con gustos distintos a los mios.Punto.és como que a mi me gusta el sushi y a ti no.Son simplemente gustos distintos.Me parece un poco aberrante, que sólo por el mero hecho de que una persona no le guste lo mismo que a mi,o más claro aún,que una persona no entre dentro de los " esquemas " de la sociedad,simplemente se le niegue el derecho a ser feliz.No somos nadie para juzgar a los demás ni tenemos el derecho en absoluto de decir que vá contra natura.Son personas,con sentimientos,con penas,con alegrías.Tienen lo mismo que yo y que tú;un cerebro,nervios,un corazón....sólo cambia el hecho de que sus gustos sexuales son distintos a los mios.Enfin,no quiero extenderme más con el tema.De todas maneras Anorgi,tú tienes tu derecho a opinar libremente,como todos y eso,evidentemente,se respeta.Un saludo desde el sur.
Por favor. También el alargar la vida con medicamentos es una opción más (contra natura).
La homosexualidad está muy extendida en la "naturaleza" (principalmente mamíferos y pájaros). Hay gran cantidad de estudios sobre ello (Bruce Bagemihl entre otros).
Los elefantes y los pingüinos establecen vínculos homosexuales más duraderos que los heteros, y entre los bonobos y otros primates (incluso humanos), la homosexualidad está muy extendida (también el lesbianismo, en el caso de los primates).
La diferencia es que no tiene las connotaciones "morales" que hemos atribuido a la homosexualidad en nuestra especie. La homosexualidad animal, además de ser indicativa de atracción sexual y de placer, también tiene como objeto el refuerzo de las alianzas sociales. Y por si fuera poco, en la naturaleza existe incluso el hermafroditismo (vegetal y animal).
Nada más natural. Infórmese.
Hola Juancho. Una gran historia de valor y de aceptación. Rosita es amada por lo que es como persona, no por su etiquetación sexual.
La limitaciones morales y los prejuicios nos dejan ciegos ante la verdadera belleza.
Gracias Shaianti, por haberte detenido a leer esta historia. Y por tus comentarios.
Dragon : gracias tambien por tus comentarios.
Un abrazo