¿Cómo lo conseguí?
Un día caminando por estas calles, era de madrugada. No tenía que comer, estaba sentado en una banca y se me acerco un tipo. Pensé que era maricon, casi lo mando a la mierda. Pero me dijo que no que no era marica. Me dijo en forma sencilla que quería matar a alguien, pero no era capaz de hacerlo. Era su amigo, pero lo odiaba, había embarazado a su hermana y no quería saber nada del hijo y nada de su hermana.
Le pregunté cuanto pagaba, me mostró doscientos dólares. Le pedí un arma, me dio una beretta de 22 plateada, bonito juguete, me enseñó rápidamente. Fuimos a la casa de su amigo, esperamos varias horas, era un lugar despejado, tranquilo, algunos niños jugaban en la calle. De pronto me avisó, es el, lo señaló.
Me levanté, pensé en los doscientos dólares. Tenía el arma en el bolsillo, la saqué, el tipo me vio y abrió los ojos muy grandes. Le apunté y le disparé en la cabeza, en el suelo zapateaba como pollo en el mercado. Me acordé de las películas que vi de niño y le volví a disparar en la cabeza, dejó de zapatear.
Me alejé, mi contratista me siguió. Dos calles mas allá me dió el dinero. Le gustó mi trabajo, me dijo que me buscaría.
Recién ahí me di cuenta que no era su amigo, sino que quería un ejecutor.
Aprendí a tener pulcritud en mi trabajo siempre con pistola, dos tiros en la cabeza. Ancianos, ancianas, adultos y jóvenes pasaron por mis manos. Sin huellas y en forma simple. Una foto, una dirección. Jamás un nombre.
Este es mi primer trabajo con cuchillo, el pedido es que sea doloroso. Que sufra, me dijeron. Y que sea con cuchillo. Pero tiene que morir. Complicado pedido.
Investigué, indagué. El hígado no duele, el páncreas es doloroso, deduje que mi corte tiene que ser desde el lado izquierdo posterior del vientre de mi cliente y tiene que abrir el estomago y acabar en el hígado.
He conseguido un cuchillo japonés, me costó algo de cien dólares. He cobrado tres mil dólares por este trabajo, ya me dieron dos mil.
Es en un edificio, gente pituca pienso, veo llegar el auto de mi cliente. Mi ropa de inspector de defensa civil, me abre todas la puertas. Baja el tipo del auto, camina hacia el ascensor, veo mi reloj tres de la mañana. La puerta se abre, entra y lo sigo. Saco mi cuchillo discretamente.
El hombre sin mirarme, me dice: si me vas a matar hazlo pronto.
Me sorprende, flaqueo, la puerta del ascensor se abre y salgo confundido.
Voy a la calle deambulo, en un parque diviso a un muchacho. Le ofrezco mi trabajo por quinientos dólares, lo llevo hacia el edificio. Esperamos al tipo, lo señalo y el muchacho cumple su contrato.
Me voy a casa, creo que cumplí un día normal de trabajo.
Comentarios
esta bueno el relato, relajado, sin pretensiones, entretenido, ligero, etc.
saludos
Solito
Gracias por tus palabras.
Quise mostrar lo que como seres humanos podemos hacer (en este caso negativamente). Existen personas que tienen esa frialdad para actuar así.
Lo terrible es cuando gente así tiene poder.
Siempre leo tus poemas.
Un abrazo
Hola Amparo
Por ahi dicen que:
"no hay trabajo malo, lo malo es tener que trabajar".
Un abrazo
yo creo en mi que la frialdad es necesaria a modo de disciplina, pero que debo ser consciente/responsable/ético con mis actos y pensarlos antes de hacerlos, claro que no hago eso siempre, también cometo errores, jeje, y muchos, todo el tiempo, todos los días.
gracias por decirme que lees mis poemas!
saludos!
Gracias Fisher
Vamos aprendiendo.
Veo que eres nuevo bienvenido.