Estos eran cuatro hombres que se encontraban en un bar hablando de la vida. Pero que se puede decir de la vida. Algunos desde temprana edad creen que la vida es una buena mierda. Otros creen que la vida es bella, siempre lo fue y siempre lo será. Finalmente están aquellos que ni siquiera están seguros que están vivos. En fin se puede decir lo que mejor parezca de la vida. Estos hombres ni jóvenes ni viejos departían en confianza de sus circunstancias y coyunturas.
¿Tenían nombres?
Si, como todo mortal anda por el mundo con uno pegado en su frente. A veces odias el tuyo, otras deambulas orgulloso de tu nombre o te es tan indiferente que simplemente lo ignoras y solo te llamas como te llaman.
Estos hombres no querían ser reconocidos por su nombre, simplemente tenían apodos. Los nombres los dejaron en la puerta de aquel bar. Estaba el “muerto”, “mayta” (que es un nombre en mi país y también un apellido, en este caso es un apodo), el “gordo” y el “magnate”.
El muerto: un hombre callado, parecía triste pero lo que decía siempre era lo necesario. Tuvo una infancia dura, con padres obsesionados porque su hijo fuera mejor que ellos. Al final solo consiguieron que lo llamaran “el muerto”.
Mayta: un hombre alegre, contrastaba su estado de ánimo con su rostro duro. Usaba la máscara de la alegría para ocultar sus sinsabores y tristezas.
El gordo: era una contradicción, su contextura gruesa y su amplio vientre se contraponían a su elevada autoestima. Siempre se consideraba un gran amante y un gran conquistador.
El magnate: era la esencia del hombre que a todo le ponía precio. Arquetipo de negociante sin escrúpulos.
Aquellos hombres departían en aquel lugar, alguna vez fueron amigos desinteresados. Alguna vez solo los unió el simple deseo de estar juntos compartir alegrías y tristezas. Ahora convocados por la fuerza de la costumbre compartían licor, miserias y frustraciones.
Aquel lugar era un antro, donde borrachos babeaban sus penas desparramados en las mesas. Consumían líquidos claros cuasi transparentes, nuestros cuatro convocados consumían cerveza lo cual les daba cierta categoría en medio de aquella caterva de seres amorfos y peligrosos.
¿Quien decidió ir a aquel lugar?
En realidad nadie, siempre fueron desde que se conocieron y siempre en el cumpleaños de uno que ya no está con ellos. Uno que un día desapareció, uno que fue su jefe y que ya no está.
Habían jugado “cachito”, aquel juego con dados y un vaso de cuero duro. Repasaron sus aventuras conocidas. El “limite alcohólico” estaba en el tope, lo que vendría de ahí en adelante serian puras verdades. Las verdades que siempre dicen los borrachos y también los niños.
“Mayta” levanto la mano y llamó al tipo que traía la cerveza, le hizo un cuatro con las manos, iguales añadió.
El “gordo” tarareaba una canción que había puesto en la rockola, era una canción en inglés. Era un rock antiguo. En las otras mesas se escuchaban cosas como: “cojudeces ponen, mariconadas, alienados de mierda”. Otros tipos buscaban sus monedas para colocar otra música.
El “magnate” conversaba en voz baja con el “muerto”, “mayta” los interrumpió.
-Parecen hembritas. ¿De qué están hablando?
Ambos detuvieron su charla y contestó el ”muerto”.
-Hablábamos del “loco”….
El “gordo” dejo de tararear, “mayta” recostó sus codos en la mesa e interesado retrucó:
-Ese huevón debe estar muerto, además ¿a quién le interesa?
El “muerto” inquieto balanceándose en la silla dijo:
-No creo, el “loco” era loco pero no cojudo. Se metió en esa vaina pero era inteligente. Si lo hubiesen agarrado, ya hubiese salido en los periódicos.
Aquellos hombres se miraban con tedio y levantaban sus vasos. Cuando ya no tienes nada que decir y solamente bebes, la cerveza sabe amarga muy amarga. El “muerto” miró su reloj.
-Creo que ya me voy.
“mayta” alzando la voz le dijo:
-No jodas recién estamos empezando, son dos cajas, no es nada. Un par mas y nos vamos a putear. ¿O eres cabro?
El “muerto” no decía nada, los otros guardaban silencio. Ya conocían esa rutina. El muerto siempre se quería ir pero nunca se iba.
El “gordo”, empezó a hablar solo.
-Yo creo que el “loco” siempre fue el mejor de nosotros, a pesar de todo. Yo tuve las mejores hembras. Pero el tuvo a las mas buenas. Y el pendejo se hizo querer. En cambio a mi casi todas me odian…
Nadie dijo nada, nuevamente el silencio en aquel sucio lugar. Los cuatro hombres bebían, su silencio era elocuente. Extrañaban aquel quinto compañero.
El “magnate” sin pedir permiso rompió su silencio:
-El “loco” creo que fue el más cojudo de nosotros. Arruinó su vida por meterse en algo improductivo sin ningún beneficio. ¿A quién le sirvió? A nadie, su viejita lloraba tenia pena por el hijo ausente, cuando ella murió ni al entierro fue. Para mi esta muerto y si está vivo no creo que la esté pasando bien…
El “gordo” para no sentirse interrumpido replicó.
-¿Pasarla bien? ¿Quién la pasa bien? ¿Alguien la pasa bien? – mirando a sus compañeros afirmó- Aquel que dice que la pasa bien es un mentiroso de mierda. A mí no me vengan con huevadas del amor, de la comprensión o de la caridad. No jodan…
El alcohol los volvió polémicos la monotonía de los primeros tragos había desaparecido.
- ¿Quieres filosofar? Anda al baño y encontraras el retrete lleno de discusiones interminables que solo sirven para dar vueltas en ese retrete.
Era el “muerto” fiel a su estilo escueto y telegráfico pero convencido. “mayta” soltó una risa media tibia, una risa que más parecía una queja.
El “magnate” reanudó su tema:
-Aquí lo único que sirve es la billetera, saca los billetes y las puertas se abren, aquí, allá y mas allá. Si este cholo –señalando a “mayta”- tuviese veinte millones de dólares. ¿Ustedes creen que alguien no le diría señor? . El que no tiene plata esta jodido. Yo creo que el “loco” esta jodido.
“mayta” apuro su vaso, esperó que “magnate” termine su alegato.
Comentarios
-¿Cariño? – sonrió el “magnate”- cariño solo en la casa y solo de tu madre. Lo demás no existe. Ahora todos ven la billetera. Algunos tarados dicen que rehúses a las necesidades y que vivas con lo necesario.
El gordo pidió silencio.
-“magnate” te puedo hacer una pregunta sin que te molestes.
-Pregunta no mas, para eso estamos.
-¿Cuánto te costó tu mujer?
-No lo sé-contestó “magnate” sin inmutarse- para enamorarla gasté dinero, para que me pida perdón por mis pendejadas también gasto dinero, siempre gasto dinero con ella.
-¿Qué pasaría si no tuvieses dinero?-repreguntó el “gordo”.
-Eso no va pasar jamás-contestó “magnate”- nunca y ni lo sueñen.
El “muerto” miraba a otro lado. Daba la impresión que no seguía la conversación.
-Si te quedas sin dinero te mueres…
Todos rieron menos “magnate”. Cuando le hablaban de dinero se ponía serio. Su principal motivación era el dinero. La sola idea de no tenerlo lo ponía tenso.
“mayta” estaba amoscado, no le gustaba que nadie lo “choleé” y “magnate” lo había “choleado”.
-Al menos vivo tranquilo, soy cholo, vivo con eso. Mi cara es de cholo, a veces hablo como cholo. Es inevitable, pero no me angustia tener que vivir así. No me angustia que un día me falte dinero. El día que no tengas dinero “magnate” avísame, para ver que dice la gente de ti.
Los ojos de “mayta” brillaban de una manera extraña. Miraba fijamente a “magnate”.
“magnate” lo miro y con una sonrisa de oreja a oreja le dijo:
-Anda no mas cholo huevón, hemos venido a chelear no a pelearnos.
-Seguro que cuando tengas hijas, vas a hacer un “casting”. ¡Imbécil!
El gordo se puso de pie.
-Puta madre, ya ves se ponen a hablar cojudeces y terminan peleando. Ya corten esto. Estábamos hablando del “loco”.
-A quien le importa el “loco” –dijo el “muerto”- ya no está hace más de veinte años desapareció y no creo que vuelva a aparecer.
-Seguro que está preso o desaparecido-interrumpió el “gordo”-casi me voy con él.
Los otros tres “dejaron de hacer lo que estaban haciendo”, esa muletilla aborrecible aplica en esta historia. Quedaron expectantes a la espera de la narración del “gordo”.
Esperemos que el tiempo, permita proseguir esta historia.
Amparito
un abrazo por estar ahi.
Gracias
A los diecisiete después de haber estado encerrado en tu casa ves el mundo descarnado y miserable de la desigualdad – yo lo percibí de esa manera- sin los cuentos de la televisión o de los libros que tenía en casa. Ver cara a cara la injusticia, la mentira y la indolencia de los políticos.
Ingresé a la universidad, los conocí a ustedes en realidad me desanimaron. Gente estúpida –pensé- preocupados solo en las jaranas, en vestir a la moda, con la cabeza llena de aire…
-Hipócrita –dijo el “muerto”.
El gordo no le hizo caso y prosiguió.
Me relacioné con gente de estudios más adelantados, al principio escuchaba sus discusiones atentamente. Solo los escuchaba y cada día contrastaba la realidad de la vida con sus discusiones. Y solo llegaba a esa conclusión: La única vía para resolver tanta desigualdad y tanto egoísmo está en la revolución.
“Mayta” interrumpió-silencio dijo- se agachó en la mesa, luego se puso revisar a cada uno.
-¿Que hace este huevon?-preguntó el “gordo”.
-Estoy chequeando que no haya micrófonos, de repente hay alguien del SIN por aquí. O de repente este –señalando a “magnate”-nos vende…
Magnate, tranquilo solo atinó a decir:
-Son muy baratos.
El “gordo” continúo:
Se acuerdan de aquella gente que entraba encapuchada a la clase y nos arengaba respecto a “la lucha armada”. En esa época conocí a varios y varias que hacían ese trabajo. Me reclutaron, me daban unas hojas con textos completos que tenía que aprender de memoria. Maldita mierda. Para mí fue la peor manera de adoctrinar a la gente. Hojas de hojas de una cháchara de mierda elogiando al presidente Gonzalo. Estaba prohibido debatir con un superior. Solo se obedecía y solo se repetía lo de las hojitas solo eso.
-Te estaban lavando el cerebro-dijo “magnate”.
Quizás, pero no me lavaban nada. Me llenaba de cólera ver que esos imbéciles creaban robots. La gente ya no pensaba solo repetía lo que estaba escrito en esas hojitas. Uno de esos días nuestro adoctrinador nos convocó a una casa. Éramos algo de diez entre hombres y mujeres. Luego de hacernos repetir unas hojas nuevas nos anunció que el siguiente paso era formar parte de grupos con tareas específicas.
La gente que estaba conmigo, tenía mi edad. Pero nunca hicimos una broma y jamás un chiste. Los veía tristes tenían un semblante extraño no te miraban a los ojos. Desde el tipo que nos reclutó hasta el último cagón todos tenían un semblante raro, no se reían de oreja a oreja jamás. Siempre te miraban de costado.
Aquel día cuando ya me habían indicado con quien tenía que reunirme para tareas especificas fui donde nuestro adoctrinador y le dije que no quería seguir. El tipo me dijo que no se podía salir así nomás. El hecho de conocer parte de la organización era un problema. Le prometí que no diría nada. El tipo solo atino a decirme: que lo consultaría.
Hasta el día de hoy estoy esperando la respuesta.
-O sea que desertaste-dijo sarcásticamente “mayta”.
No, deserté. Me largué. Quedé convencido que se puede hacer una revolución pero una revolución con gente pensante no con robots, con seres insensibles, con animales de mierda que no saben ni reír ni llorar. Mi dolor aun está pendiente, si alguien me dice ahora que haga una revolución la haría con la cabeza levantada, pensando en morir por mis ideas. No por algún hijo de puta que se rasca los huevos y espera que mueran por él.
Después supe que el “loco“ también estaba metido en la vaina. Pero no lo busqué, me alejé de todo eso. En realidad aquella experiencia me llenó de amargura...
Mientras decía aquellas palabras los ojos del “gordo” se pusieron rojos. Y se tomó todo el vaso completo que aun no había bebido.
-Puta madre ya vas a llorar y eso que no te siguieron para darte vuelta, porque esos pendejos no les gustaba dejar rastro.
Era el “muerto” que había escuchado con detenimiento la breve historia del “gordo”.
El gordo se había quedado callado, pensando en sabe Dios qué. Luego de un momento continúo.
-Es que en realidad a veces creo que fui un cobarde por echarme atrás. Pienso en aquella pobre gente que murió. Y me queda esa duda.
-Tuviste suerte-dijo “magnate”- yo conocí a varios que estaban en la vaina y que no pudieron salir. Y a dos o tres que luego los mataron por querer salirse. Época pendeja aquella. Los dejaron crecer, por el negocio. Sabías que se creó una partida millonaria en el presupuesto del país para la “lucha contra el terrorismo”. Se tiraban la plata y los terrucos hacían lo que querían en toda la sierra. Conozco a varios que se hicieron millonarios con eso.
Nuevamente empezaron a hablar entre ellos. “mayta” con el “gordo” y el “muerto” con “magnate”.
Usualmente cuando en un grupo de borrachos pasa eso, es porque no hay un líder. Por todos lados hace falta liderazgo, cada día faltan lideres. Por lo general los que se califican como líderes son los más tarados, siempre lo he visto. Los líderes aparecen solos y también se van sin dejar a otro como líder. Para que aparezca un líder se debe esperar como quien espera un cometa.
En aquel bar de piso mojado por la cerveza y los escupitajos de los parroquianos no se podía pedir un líder era lo que menos podías encontrar.
Nuestros cuatro personajes no se percataron pero en aquel lugar se había estacionado un auto lujoso y bajaron tres tipos. Uno iba delante y dos atrás entraron al bar y uno de ellos se acercó a la mesa de nuestros conocidos.
Espero continuar luego.
Para cambiar una sociedad se necesita organización, aunar esfuerzos, pero está por inventar una nueva estructura de partidos democráticos.
Te seguiré leyendo.
Un abrazo.
Gracias Sinrima.
Un abrazo
Asi es Amparito, parece que ya apareció.
¡Resurrectio! –dijo el “muerto”- se puso de pie y abrazó a su antiguo amigo.
Los otros aun no entendían aquello. “mayta “ y el “gordo” contemplaban la escena. “magnate” se levantó de su lugar y exclamó:
-“Loco” ¿Eres tú?
-Claro que es él, no te has dado cuenta aun, es el ha regresado. No sé cómo pero está aquí-dijo el “muerto”.
“mayta” se levantó por fin y abrazó al recién llegado. Lo mismo hizo el “gordo”. El “loco” llamó al tipo de la cerveza.
-Límpiame la mesa, traes la cuenta. Si hay algo de comer trae una fuente y enfría más chelas.
Se acomodaron en sus lugares, todos miraban al hombre que hasta hace unos momentos solo había sido una especulación. Lo tenían ahí frente a ellos generando la misma expectación de hace años. Aquel tipo, el “loco”, siempre generaba eso entre ellos. Siempre aparecía con algo diferente diciendo cosas nuevas. Conociendo lugares diferentes. Hasta que se metió en la “vaina”. Así le decían a la subversión. Así le decían con tristeza porque aquel que se metía ya no salía y quedaba perdido para todo. Para la vida, para la familia, para los amigos.
-Regresaste –dijo “mayta”.
-Nunca me fui-dijo el “loco”-siempre estuve con ustedes, siempre me tuvieron en su mente. Hoy es mi cumpleaños. Yo los traje de cachimbos aquí, cuando solo había tres mesas y las paredes eran blancas. Aquella vez el “muerto” no paró de buitrear después del tercer vaso, siempre fue un “cabeza de pollo” ¿sí o no muertito?
-Ahora duro dos cajas-contestó el “muerto”- ¿Dónde estuviste todo este tiempo?
El “loco” alzó la cabeza, miro a su alrededor, de lejos sus acompañantes le hicieron gestos disimulados, saco una cajetilla de cigarros (así se dice en el Perú) puso uno en su boca.
-Mierda has venido con “chalecos”-dijo “mayta”- y son dos…
-Puta que eres “sapo” cholo, no jodas. Son mis amigos, no me jodas porque son medio nerviosos.
Llego una fuente de “lomito al jugo” rodeado de panes cortados en platos aparte, la fuente humeaba, el humo se expandía en aquel lugar. Nuestros amigos tomaron rápidamente sus tenedores y se lanzaron a escarbar en aquella fuente. El “loco” los miraba complacido. Su cigarro permanecía apagado.
Tomó un pan y lo humedeció en el jugo rojizo de aquella fuente sacó el cigarro de su boca, lo coloco en una oreja como si fuera un lápiz y engulló un buen pedazo de pan.
El año 88 hace veintitrés años celebramos juntos en este lugar mi cumpleaños número veinte, semanas después desaparecí para ustedes. Empecé mi vida como terruco. Primero pinté paredes, después recluté gente y luego me enviaron a un pueblo de la sierra a entrenarme. Me enseñaron a disparar, a usar cuchillo, a usar granadas. Luego formé parte de una columna que iba de la sierra de Huancavelica a la sierra de Ayacucho. Patrullábamos los pueblos, recogíamos alimentos que la gente nos daba. Aquellos años fueron “fáciles” no había resistencia.
Administrábamos justicia, adoctrinábamos a la gente, era “fácil”.
Sentía que esas sierras eran nuestras. Patrullábamos cantando, fueron dos años sin resistencia, hasta que cambió el gobierno y empezaron los problemas.
Aparecieron los soldados, el “enemigo”.
Los emboscábamos y los atacábamos. De noche, de tarde, en las quebradas, de lejos les disparábamos. Un día llegamos a un pueblo, donde habíamos cambiado al alcalde y puesto uno a nuestro criterio. Las mujeres llorando nos contaron que nuestro alcalde había sido ejecutado por los soldados.
Eso ocurría seguido. Nuestra gente iba siendo ejecutada en toda nuestra ruta. Fuimos al pueblo de uno de nuestros compañeros. Yo le decía “periquito” nos atendieron de lo mejor comimos y nos emborrachamos. En ese pueblo planeamos emboscar a los milicos en cierto lugar, planificamos y coordinamos con otra columna nuestro ataque. Todo iba ser perfecto.
Llegamos a lugar de la emboscada y ellos nos emboscaron. Nos sacaron la mierda. Nos atacaron con helicópteros. Con rockets nos masacraron.
¿Quién ha visto morir un pollo en el mercado?
-Muere degollado y desangrado-dijo el “gordo”.
Así murió mi amigo “periquito” pero más despacio. Un balazo le atravesó el cuello. De mi columna solo nos salvamos cinco, éramos treinta. Yo cargué a “periquito” hasta una grieta en un cerro. Se desangraba, lo abrazaba y le decía que se calle. Pero el me hizo jurar que cuidaría a sus hijitos tenía dos.
Nos reagrupamos, en cierto lugar y apareció un mando administrativo con órdenes precisas. Ir al pueblo donde planeamos el ataque y encontrar al soplón que nos había delatado con los milicos. Si no aparecía, la orden que recibimos fue ejecutar a todo el pueblo de “periquito”. Ese tipo me dio el ascenso me hicieron comandante y mi primera orden era masacrar un pueblo.
Al recibir el grado de comandante designe como segundo a un muchacho alegre e inteligente. Sobre todo astuto. Era de la selva se apellidaba Tuanama.
En el camino le conté lo de la orden que tenia de matar al pueblo.
Tuanama, se franqueó conmigo, me dijo que la guerra estaba perdida. Que no lleve sobre mí la vida de gente inocente. Todos los mandos estaban desertando y se estaban yendo a la selva. El negocio de la coca estaba de lo mejor.
¿Qué hacer? –pensé.
Reuní a mi columna y les hable claramente. Los licencié, no estaba dispuesto a matar a mujeres, ancianos y niños. Quién no está de acuerdo. Que levante la mano. Nadie lo hizo. Les propuse ir a la selva y de ahí veríamos que hacer. Todos aprobaron mi decisión. Pero antes iríamos al pueblo.
Marchamos al pueblo, llegamos y reuní a la gente. Les mencione la orden que tenia de encontrar al soplón y la orden que tenia de matarlos hasta que aparezca. La gente se asustó. Les dije que no iba cumplir esa orden, pero por su existencia, lo mejor que podían hacer era desaparecer y abandonar el pueblo.
Busqué a la familia de “periquito”, hablé con su mujer. Le conté que su marido estaba muerto, que me hizo prometer que cuidaría a sus hijos. Le pedí por favor que me deje una dirección donde encontrarla. Apunté los datos y me fui a la selva. Eso fue hace quince años.
El “loco” recién enciende su cigarro. Lo mira al “gordo”.
-Lo mejor que hiciste fue largarte a tiempo.
El “gordo”, saca su pañuelo y se limpia la boca. Toma un vaso de cerveza lo levanta y dice:
-Quiero brindar con ustedes por alguien que creímos ya no estaba vivo. Brindo con ustedes por nuestro amigo.
Todos levantaron sus vasos y bebieron.
Espero continuar luego.
Gracias Amiga.
Así miraba el “loco” a sus amigos.
-O sea que te fuiste a la selva a seguir con la vaina –dijo el “muerto”.
-No –dijo el “loco” y prosiguió- Cambie de giro, no podía regresar, mi nombre hasta ahora está en lista de los más buscados. Antes pensé dejar a mi gente en la selva cruzar la frontera y hacer una nueva vida en el Brasil. Pero al final decidí quedarme.
Tuanama, en el camino hacia la selva me iba explicando lo que haríamos, nos presentaríamos a un comandante antiguo del partido. Un tipo que había desertado hacia tres años y que le hacia la “cobertura” a los narcos.
-¿Qué es “cobertura”? –preguntó “magnate” interesado.
“Cobertura” es protección, es un respaldo en armas y gente para que los narcos reciban y despachen mercancía sin problemas. Ese respaldo lo daba ese tipo y cobraba mensualmente cierta cantidad de dinero por ese trabajo.
Le dije a Tuanama que nos presentaríamos con el comandante, lo dejaría a cargo a él y que me iba a Brasil. Tuanama me dio sus razones: la frontera estaba cada vez más vigilada, no sabía un carajo de portugués, no tenía dinero. Si me iba así, me iba ir mal.
Nos presentamos con el comandante, le hice un recuento de lo que tenia y de lo sabía.
El comandante, me soltó un rollo que ahora después de quince años tengo presente. En ese momento casi me hace llorar.
“Usted está aquí porque está huyendo de la represión, porque no tiene otro remedio, nadie le abre la puerta, este solo es un recurso para sobrevivir no lo olvide. Respete a su gente, respétese y aquí la gente lo adorará. La selva es la tierra del olvido. La gente que vive aquí está olvidada, si usted les da algo, le devolverán diez veces lo que usted les ha dado.”
Dicho esto sacó un paquete de dólares, eran diez mil dólares en billetes de cien y me los dio. Con esto instale a su gente, que se compren ropa y calzado. Confió en su criterio, mañana viene a recibir sus órdenes. Fue lo que me dijo.
El “gordo” que impasible escuchaba el relato interrumpió:
Aunque son sus duelos hartos,
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
El “magnate” señalándolo dijo:
-¿Quién eres tú para juzgar? Hace un rato hablabas de tus ideales. El “loco” se equivocó, no podía regresar. Aun ahora es clandestino. No seas mezquino.
El “loco” seguía mirando a sus camaradas de esa manera extraña.
-Te entiendo –dijo el “loco”- Mi vida no es una tragedia, me vi envuelto en un remolino de mierda y no pude salir. Tengo dinero, pero vivo escondiéndome, no tengo identidad. Mis documentos son falsos. Mi vida sigue ligada a la selva, ahora tengo negocios no con la droga sino con otras cosas. Aquí en Lima también tengo negocios pero no soy visible. Me quedaron las palabras de aquel comandante. La gente de la selva me quiere y siempre va ser así.
Quiero que sepan que son mis amigos, a pesar de todo. Ustedes me conocieron antes de ser lo que soy ahora, ustedes son esa parte de mi vida que quiero rescatar. Por eso estoy aquí porque no quiero acabar mi vida con la sensación del fracaso.
-¿Qué quieres de nosotros? –preguntó “magnate” con un brillo inexcusable en los ojos.
Quiero hacer política. Yo los financio.
Aquellos hombres sin nombre, empezaron a cobrar vida. Vida es un decir, en realidad empezaron a moverse. Un hombre que había regresado de su añoranza y su melancolía. Los había despertado. Para bien o para mal, no lo sabremos. El tiempo dará sus respuestas.
Es el FIN
Un saludo
¡Camaleónica, papay, camaleónica!
Un fuerte abrazo de “Tigre” a “Lagarto” (”Juancho”).
Gracias Amiga.
Tu siempre tan dulce y tan generosa.
Un abrazo
Así como sueles decir que mis escritos te evocan cosas placenteras de tu niñez o de tu juventud, este relato, como el de Tigre, a mí me evocan esos años 68-80, preñados de utopías. Fueron duros y hermosos al mismo tiempo; teníamos la fe que ahora nos falta. Como dice Tigre, es una lástima que no sirviera para cambios más profundos.Éramos demasiado jóvenes y el capitalismo un viejo zorro.Una lucha muy desigual.
No obstante, nada ocurre en vano. En mi país, se consiguió la democracia imperfecta que tenemos, que no es poco si miramos atrás.
Un abrazo solidario.