¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Floripondio.

tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
editado agosto 2011 en Narrativa
FLORIPONDIO


Cuando yo llegué, Floripondio ya estaba allí. No sé si llegó con el abuelo, o… con el abuelo del abuelo. Lo cierto, es que ya estaba allí. Yo, que no soy un experto dendrólogo <<qué difícil es esta palabra, me la enseñó la tía María >>, no les puedo asegurar que clase de árbol era. Lo que si les sé decir, es que era grande como un álamo; fuerte y robusto como un roble y, frondoso…y sediento como un algarrobo.
Recuerdo la primera vez que me habló. Sí, porque él hablaba, también silbaba y hasta tronaba cuando se enfurecía. Más, taitita, esto pasaba poquito ya que él era sobrado bueno y querendón como mi “Matita”, la abuelita, la mamá de mi papito que siempre me daba un billete de cinco, por los piojitos que le espulgaba
No recuerdo cuantos años tenía cuando me habló el Floripondio. Yo era “chirriquitito”. Sabes taitita ¿Por qué no lo recuerdo?, pues porque los niños no tenemos memoria o nos olvidamos de las cosas, yo no sé, pero creo que eso se le oí decir a la tía María. Yo andaba ese día recibiendo mucha agüita fresca en mi ponchera de plástico: ¡rico el baño que me daba mi mamita! De pronto ella salió tirando todo, “enacabritá” como una yegua remolona. El chino se había soltado y había agarrado pa’ la calle, << ¡chino, chino!>>, le gritaba mi mamita. El chino que le iba hacer caso. Él buscaba una pierna tiernita donde meter sus muelotas. Al chino siempre lo tenían amarrado porque era un perro muy maloso. Yo salí detrás de mí mamita con el culo bien pelao. También le gritaba, << ¡chino, chino!>>, con mi media lengua porque yo no sabía hablar, todavía. Mi papito decía que era por flojo y que uno de esos días, él me haría hablar metiéndome boliche crudo en el hocico. << ¡Pura boca nomá, pura boca!>>. Porque él me quería mucho y siempre me traía mucho dulce de su trabajo. Cogí pa’ la calle como mi mamita. Muchos carros pasaban por la calzada. El Floripondio al verme se sacudió botando un piñón que me raspó mi nalguita:<< ¡retaco, retaco!>>, me dijo. <<No te muevas, retaco. ¡Cuidado con los carros, retaco!>> Porque él me llamaba retaco. Yo que me iba a mover con ese piñón prendido en mi culito. Lloriqueando me quede esperando por mi mamita. Cuando me vio mi mamita se olvidó del chino, corriendo rapidito se acercó donde me encontraba, con mi trompita parada haciendo pucheritos. <<Niño del carajo>> me dijo. << ¿No te puedes estar quieto?>> << ¡Dios mío!, sí pudo pasar una desgracia. Y todo por la culpa de ese chino, espera nomas que te encuentre para hacer caldo de perro con tus pellejos>>. Mamita, sí que estaba brava, nunca la había visto así. Yo sabía que no iba a asesinar al chinito. Porque los perros no se comen. Solo los chinos se los comen, en sancocho o en consomé.
El Floripondio era mi amigo, también el “monguito”, aquel niño que vivía enrejado frente a la pocita del Floripondio. Al lado de mi casita Él era igual que yo, pero el doble de grandote. Sus ojos eran chinitos y su cabeza como un huevo. Gordote era él. Yo no sé por qué la gente le tenía miedo a ese niño. Yo no. Él era mi amiguito como el Floripondio. Los tres charlábamos que charlábamos, sí, mucho chachareábamos. A la gente que pasaba, él les asustaba y se reía trepado en sus rejas, como un monito. ¡Cuidado con el mongólico!, decía la gente y agarraba a sus guaguas cuando pasaban cerca del “monguito”. Pero él era bueno un poco cochinito quizás, olía a mierda su jaulita, y se comía las cositas que le tiraba la gente, como al macaco del circo. También se comía su mierda, sí, a veces se la comía. Pero a mí me daba pena porque nadie lo quería, ni su mamita lo quería. Pero el Floripondio y yo “rete harto”, lo queríamos.
Una tarde muy caliente se incendió la casita del “monguito”, o yo creí que se incendiaba. Un señor “disfrazao” de astronauta botaba harto humo por una manguera, dentro de la jaulita, de mi amiguito. Cuando salió, con el humo, el “monguito” ya no estaba. Nunca más vimos a nuestro amiguito. Mi mamita me dijo que diosito se había llevado a ese pobre angelito.
Cuando tenía cinco, se me destrabó la lengua, solita sin boliche. Me llevaron a la escuelita de la señorita Rosita. Flaca y huesuda era mi maestra. Me enseñó a pintar, a cantar y a pegar figuritas en muchas cartulinas. Yo feliz con mis tareas fui a enseñarle al Floripondio. Este ni me miró ni me quiso hablar. Esa noche no dormí pensando en mi Floripondio. Quizás se molestó porque la otra tarde lo meé, sí, en las patas lo meé, pero fue sin querer porque ya no me aguantaba y mi pancita reventaba. Nunca más me habló el Floripondio. No sé si fue por la meada que le di o por celos de los cuatro centímetros que estiré.

Comentarios

  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Yo crecí, sí, mucho, crecí. El floripondio a veces se ponía seco y leñoso, pelao se quedaba sin ninguna hojita, igualito que los árboles del bosque encantado del cuento que nos contaba la maestra Rosita. Yo tenía mucho miedo cuando el Floripondio se ponía así como un fantasma reseco. ¡Como muertito se quedaba! Pero otras veces se ponía alegre lleno de florecitas amarillas, pequeñitas que alfombraban su pocita, como una lagunita amarilla, sí, así se ponía. A mí sí me gustaba cuando el Floripondio se contentaba. Pero nunca más me quiso hablar, me aguaitaba, nomás, de reojo a veces me aguaitaba. Yo no era pendejo, lo cazaba a veces, pero él muy vivo se volteaba disimulado para que yo no lo viera.
    Cuando entré a la primaria, estrené uniforme comando, como un general andaba yo hasta con cristina y galones como un gran mariscal. Pero el Floripondio solo de reojo me miraba, envidioso que era él.
    Por las tardes buscaba al “Loco”, al “Orejón” y al “Cagón”, a las bolitas jugábamos, también al trompo con huaraca y al “inmóvil”, jugueteábamos, hasta que el sol, se apagaba . Cuando jugábamos a las escondidas, se metía la Rosita, esta era otra Rosita, no la maestra. Al loco no le gustaba que la Rosita jugara, porque era su hermana y disque la manoseaba el “Cagón”, que era el más grandulón. Pero a ella no le importaba porque parecía un macho igual que uno de nosotros. Cuando el “Cagón” se propasaba, ella lo acomodaba con un furibundo patadón entre las dos bolas. Entre las dos bolas le daba y lo dejaba doblado de dolor. Nosotros nos reíamos, << ¡la Rosita sí que era brava!>>, y pobre del que se metiera con ella. ¡Pobrecito!
    Con doce, fui a la secundaria. Poco a poco me convertí en un manganzón y a los trece ya me tronaba la voz, como gallo mañanero se me quebraba la voz. Yo estaba cambiando pero seguía peloteando y con las canicas jugaba, sí, con el “Cagón” y el “Orejón, con el “Loco” ya no, porque ese bicho ya andaba enamorado, amarillo paraba de tanta paja que se hacía. Cierta mañana muy tempranito me quité toda mi ropita, como un chinito me quedé en pelotitas me quedé. Pelos, que pelitos palpé, en el sobaco harto sentí y mí pubis hirsuto, hurgué: ¡mucho miedo me dio! Porque la noche anterior, en la TV, había visto la “peli” de un señor lobo. Y pensé que en lobo me iba a convertir cuando la luna se llenara. Más asustado me puse, cuando entre mis dos piernas, un pajarote yo vi que de flaquito y encorvadito; creció, creció y creció, como un palo de escoba creció. Como vida tenía el palote, porque se movía como perro olisqueón. Muy asustado me quedé, luego que él tranquilito y reposado se durmió. También bigotes y barbita me salió ya aullando me veía, como el lobo de la TV.
    Rosita creció: ¡Qué bella!, que se puso la mulatica con sus falditas mini, apretaditas, sí, apretadito el culito como dos bomboncitos. Yo no sé por qué me alborotaba cuando la veía, sí, con sus piernitas lisitas, la veía.
    Una noche se dio un apagón, esto era muy común en esos tiempos de reventones. La tía María decía que eran los terrucos los que echaban vainas esos los del” Sendero”, que la gente los temía. Bueno, después yo agradecí al Abimael, que era como se llamaba aquel camarada, sí, aquel, aquel: el más matón. Bueno, sí, le agradecí porque en plena oscuridad yo me encontraba con la Rosita, yo mano le metía y sus cositas, agarraba, ella muy modosita se aplicaba sin chillar. No sé qué me pasó como perro maluco me volví, agarre a la Rosita, detrás de Floripondio la llevé. El pájaro parao, se me había “aguao”; no sabía lo que buscaba, pero la encontré. Una cosa peluda yo agarré mojadita, como recién duchada se encontraba, a marisco fresco olía, como el que vendía el negrito Miguel, en su carrito lo vendía, pa´ la Semana Santa lo vendía. Como loco me volví, como loca se volvió. Un diablo cachudo se me metió hacía cosas que no sabía, pero como experto me manejaba. La pollita le encajé en su chochita le encajé, ella gritó y yo, me asusté. Mis calzones se mojaron de sangre rojita se mojaron. La Rosita sus ojitos palomeaba y se quedó medio privada, yo pensé que la había asesinado, ¡Jesús, María y José! El Floripondio que todo había presenciado comenzó a rugir, de la rabia, fuerte, fuerte rugía. Corrimos aterrados, a medio culo pelao, felizmente que con la oscuridad nadie se percató << ¡Gracias camarada Abimael!, gracias, gracias>>, decía yo.
  • claudineclaudine Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado agosto 2011
    Hola, me ha encantado la narración, el estilo, su inocencia...
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    claudine escribió : »
    Hola, me ha encantado la narración, el estilo, su inocencia...

    Es la historia de toda una vida narrada por un niño, o quizás… por un viejo que regresó a niño.
    Gracias por tu comentario. La historia continúa.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2011
    jajaja, buenísima, esperamos los resultados:p:):D:eek:
  • javierdicenzo80javierdicenzo80 Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2011
    Bella historia original, muy bien narrada, te espero en mi obra
    javier
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Con veinte, ingresé a la universidad. Mi abuela me compró ropa buena, corbata y paltó. Zapatos brillosos calzaba y también lentes nuevos de lector. Los jueves por la tarde, con mi batica blanca, salía; en mi barrio me mostraba, como si fuera un gran doctor. Ingeniero iba ser y químico, además. El Floripondio me miraba, riéndose me miraba. Él creía, que no me percataba, pero eso, ya poco me importaba.
    A mitad de carrera, a la “Pancha” conocí, De dos revolcones, rapidito la “empreñé”; a los dos meses, el taita cura, nos casó y al voltear el primer año, me parió, mi primer tripón. EL “Tato” lo llamé.
    Muy educado me volví, mi dicción se encumbró. <<Buenos días Doctor. Buenas tardes doña Inés. Sí, sí… Carmelita soy su conspicuo servidor >> ¡Qué cosas no decía yo! Pero del Floripondio me cuidaba, de que me escuchara hablar así, Y saben ¿por qué? Por qué el pedazo’e coño’e madre, de mí, se carcajeaba.
    A los pocos meses me mudé, sí, a otro barrio me mudé. Pero todos los domingos, era religioso para mí, visitar la casa de la abuela, allí donde nací y en donde mi mamita me crió. Para las navidades y el año nuevo éramos infaltables: la “Pancha”, El “Tato” y por supuesto, yo. Como el hambre apretaba, a Dios gracias, un trabajito conseguí y en mi primera fábrica me instalé. Las fábricas, mucha tristeza me causaban. La primera que visité, cuando hacía mis pininos de futuro ingeniero, me pareció un pueblo fantasma del antiguo oeste yanqui. Sí, aquellos donde los gringos despanzurraban a los indios, por puro placer. De vez en cuando se asomaba, un pistolero muy cambiado, pues este mismo portaba, un brilloso casco blanco por sombrero y en lugar de dos pistolas, estaba armado, de un termómetro y un vernier. Tremendo desengaño, fue, el que me llevé. También indios, divisé. Unos se asomaban, otros dormitaban, sí, debajo de sus grandes búfalos de hierro, muchos de ellos retozaban. Aún recuerdo que mucho lo pensé, reconsiderando muy seriamente, mi decisión. Pero al final, no reculé.
    A mí me parecía que todas mis vivencias eran hocicadas por el Floripondio. Yo no sé. Pero cada vez que nos veíamos yo lo notaba sospechoso al taimado. ¡Cómo carajo se enteraba! : ¡Por mi madrecita! Que no lo sabía. Pero. De que se enteraba, el truhán, se enteraba. El muy puerco del Floripondio, sí, se enteraba. Hasta “calentera” le agarré, por fisgón y por pachorro.
    El “Tato” se hizo muy amigo del condenado Floripondio. Yo lo sabía. El muy intrigante engatusaba a mi pequeñín. Con su andador, el “tato”, se le pegaba y duro lloraba cuando de él, lo apartaba.
    Mucho, mucho después; nació Carlitos, mi segundo muchachito. Yo trabajaba duro, en una fábrica de judíos. Pero la cosa se puso fea, fea… muy fea. Mi tía María, decía que era por el chino, el Fujimori. El chino decía, que era por el Alan García, el aprista. Yo no lo sabía si era el uno; o era el otro, pero lo cierto fue, que más pronto que tarde, me vi haciendo mis maletas. Me iba pa’ la tierra de Bolívar. Sí, para allá fue que enfilé, con la Pancha y mis dos muchachos.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Después de muchas arepas con queso guayanés, con queso palmita y chicharrón, < < ¡qué buenas son las condenadas!>> y de otras tantas “peorrreas”, que las suculentas caraotas apretujando mis tripas volvían a mi trasero silbón, los muchachos creciditos se me graduaron en un santiamén. De ingenieros se graduaron, como su viejo progenitor.
    Muchos años pasaron: diez, quince, veinte, treinta, o quizás… más.
    La otra mañana, me levanté muy tempranito. Me senté arrebujadito, al borde de mi cama. Harto frío sentía y los huesos me traqueaban trac… trac… trac. Mi rutina comenzaba, con una buena afeitada. Sí, yo siempre me afeitaba, desde que creí que me iba a volver lobo, yo siempre me afeitaba. Me cepillaba con Kolinos otras veces con Colgate. Cuando pequeño, como no había pasta dental, con carbonato, mis muelas, machacaba.
    << ¡Mi afeitadora! >> grité. Una señora con cara de brava se me acercó. << ¡Ya va, viejo, Ya va viejo!>>, la atrevida, me gritó; “corriendito” se asomó, a los otros cuartos, de la casa, se asomó. <<Aquí está me dijo, y deja de chillar como un viejo chivo>> me espetó. <<Lo tenía Juanita >> me la soltó. << ¿Y para que quiere Juanita mi afeitadora?>> me pregunté. Ah, ya sé. Es que ahora las chicas se afeitan, sí, se afeitan. Me pregunto: ¿Qué? Antes no. Ahora sí. Uno de estos días le preguntaré a la Juanita que es lo que se afeita. Barbas no tiene ella. Que cosas. ¿No?
    Me acerqué al espejo. Detrás del cristal, un viejito, de cabeza blanca, se asomó. Que risa que me dio, por lo curcuncho, que se veía. Con sus ojos diminutos, el chochito me veía; grises sus ojitos, tan apagadito, me miraba. Grandes surcos abrían en su frente, como la tierra que araba don Gaspar el amigo de mi taita, que de cañero se murió. Dos grandes bolsas, debajo de sus ojitos, el chochito, me mostró. Como las ampollas que en la mano me salieron, cuando con leche hervida me quemé, por ser tan glotón y tan lambiscón. Sus cachetes le colgaban, los pellejos de su cuello, también, como gallo “piroco” les colgaban: Ja.ja.ja…El viejito, era jodedor. Todo lo que hacía, él lo repetía. Si levantaba un brazo; él también. Si me rascaba una oreja; él también. Hasta morisquetas yo le hacía y él…también. ¡Me encorajiné! , le mostré los puños. Y ¿a qué no saben qué? Él también me los mostró, con su cara brava, él me los mostró. Como no tenía ganas de pelear, di media vuelta y me volví. Él también me dio la espalda y de reojito me miraba. Volteando media cabeza, el viejito, de soslayo me avistaba. Yo sin recular, de ladito, lo ojeaba. ¡Viejo zángano!, le insulté. Él, como que era mudo. ¡Ni me respondió! Yo creo que lo intimidé y tanto, tanto, lo asusté que hasta mudo, se quedó.
    Salí del baño. Mi andar era lento y cansón. Todos los huesos me dolían. Mucho, me dolían. También el pecho me dolía. El doctor Florencio, dice que es el corazón. Y el frío no me dejaba, parecía un gato buscando sol. << ¿Dónde vas viejo?>>, me preguntó, la señora brava, me preguntó. << ¿Quién es esa señora…quién es esa señora?>>, rememoraba. Yo no recordaba. << ¿Qué habrá sido de la “Pancha”?>>, me cuestionaba. << ¡Hace tiempo que no la veo!>>, me preocupaba. <<Viejo. ¿Adónde vas viejo?>>, me repreguntó aquella señora brava. << ¿Quién era ella?>> la cabeza no me daba… no me daba más. Yo que había sujetado, mi viejo maletín:<<Al trabajo le contesté>>. El “Tato” que entraba en ese momento me tomó de un brazo, llevándome a la mesa del comedor. <<Siéntate papá>>, me dijo. Y yo obedecí. <<Papi, tú ya estás jubilado>> me dijo mi “Tato”. < ¿No lo recuerdas papi?> Yo no le respondí. Él me habló y me habló, de muchas cosas me habló. Creo que me dijo que la tía María se había muerto, y que teníamos que regresar; a la Lima, teníamos que regresar. << ¿Por qué la gente regresa, cuando alguien estira la pata?>>, me preguntaba. << ¿Por qué siempre pasa así?>>. Y digo “creo que el “Tato” me dijo”, porque la memoria ya me falla mucho. ¿No lo habéis notado? ¿Verdad, qué sí? Felizmente que tengo al “Tato” o a la Juanita que ahora piensan por mí. El doctor Florencio dice que Alzheimer, tengo yo. Yo me río de ese matasanos. ¡Dónde has visto un cholo con Alzheimer!!! Ja.ja.ja.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Diligentes, todo quedó preparado para nuestra partida. Tomamos la autopista vía Maiquetía. En el camino vi grandes edificios y también muchos trenes con gente muy bonita, peripuestos, acicalados y con tremendas pintas. Pero también palpé, paupérrimos ranchos, con infantes desnutridos y malandros como arroz, como si dos países en uno mismo, a la vez. Como el cuerpo me dolía del cansancio, me dormí. Casi en media hora, al aeropuerto, llegamos. Sí, al mismo, que hace tantos años, emocionado arribara. Era el mismo que antaño, pero más iluminado. Avisos por aquí, pancartas por allá. Todos de neón. Puertas, ascensores, corredores, aeromozas y pilotos por doquier. Ahhh… pero lo que más me gustó, fueron las pantallas de video. Inmensas y de muchos colores, eran las pantallas de video. Bonito, rete bonito, todo, todo, se veía.
    En la pista, a lo lejos, me esperaba mi avioncito. Igualito que el de ayer, pero más grandotote. ¿Saben que parecía? Pues, un edificio echado y con muchas, ventanitas, sí, así me parecía. Re chistoso, se veía.
    Me montaron en mi avión, me senté, pegadito a una ventana. La Juanita que iba a mi lado, con muchas mantas me cubrió y de a poquitos, me dormí. Para nada, sentí el viaje, como un angelito, dormité y hasta “reteharto”, soñé. ¿Saben, con quién? Con el Floripondio, ¿con quién más?
    A las dos en punto, al Jorge Chaves, llegamos. Como una hora nos tardamos de salir del aeropuerto. Todo igual, que el de Maiquetía, sí, igualito, de bonito, toditito se veía. Nos subimos en el taxi, del cholito Leocadio. ¿Era el cholo Leocadio? ¡No puede ser!<< Después de tanto tiempo, Leocadio>>, le troné a viva voz. Él, sorprendido, me miró. El “tato” se le acercó, murmurándole al oído y el cholito, sonrío. << Como está señor…>>, muy sonrojado, respondió.
    Todo estaba tan cambiado, que cómo un gringo, en mi propia tierra me sentí. Grandes avenidas, pasos a desnivel, tremendos centros comerciales, que emocionado, ¡casi lloré! Tanta fue mi agitación, que sin darme cuenta, al poco rato, me volví a dormir.
    <<Papá, papá>>me sacudió el “Tato”, hablándome despacito, a media voz. <<Ah…Ah>>, yo no quería despertar. <<Que ya llegamos papá>> Me bajé aterido, rígido, como una momia embalsamada. Si era mi barrio, mi cuadra… mi casita. La placita Rondón, el mercadito donde mamita compraba dos pollos por un real, allí estaba, la placita, tan chocha como yo. Sucio y descuidado, encontré a mi viejo barrio. Igual, que aquellos de la patria, del gran Libertador. ¡Yo imploré a papá Dios!; ¿dos gobiernos hay Señor? ¿Uno pa´ los pobres y otro pa’l patrón? Sí, aquí igual que allá, en la tierra de Bolívar; eso me dio mucho dolor. Respuestas, no tenía. Ya no podía pensar, me dolía la cabeza, de tanto cavilar.
    La puertita, por donde tantas veces entré y otras tantas, salí. ¡Estaba allí! Más apolillada que antes, con sus nuevas polillitas, nietas o tataranietas de las otras, que con petróleo quemáramos hace tantas lunas, con el “Cagón”, con el “Orejón”, hasta con la Rosita, las achicharrábamos: ¡estaba frente a mí!<< ¿El “Cagón”, el “Orejón? ¿Quiénes son ellos compa?>> Ya la cabeza no me sirve, creo que ya estoy como medio trastornado. Un ventarrón, sentí, que mis cuatro pelos, batió; cuando volví el rostro, era el Floripondio que paradito donde lo dejé, hace tantos años lo dejé, me miraba “cachoso”, no había cambiado el carcamal. Igual de taimado me miró. Yo lo ojeé, y él me ojeó.
    La Juanita me jaló, a mi casita me hizo entrar. Esta si era mi casa. Mi única casa decía yo. Salió mi sobrino y su retahíla de tripones. Unos grandes; otros pequeños, Pero todos igualitos: ¿cómo quién? Que cabeza más maluca, ya no quiere ni pensar. ¡Creo que el señor alemán, ese Alzheimer, el amigo del doctor, se tragó mi cerebro y mi vida también! Me sentaron en una silleta, igualita, que la de papá, sí, donde él dormía la mona, de la noche anterior. Intranquilo me sentía, las patas me picaban, el culo también. Una idea fija tenía en mi mente. ¡Yo no sabía que! Le miré a mí “Tato”, con la mirada lo llamé. <<Hazme un favor hijo>>, le farfullé. << Que es lo que quieres papá>>, me contestó. <<Llévame debajo del Floripondio, a tomar sol>>. <<Flori… ¿Qué?>>, me replicó. << Al viejo árbol, ese ladino, ¡tú sabes cual!>> Me cargó como una guagüita, el sobrino la silleta. Ambos, con sus bultos por delante, a la callecita salieron. El floripondio apenas me vio, cargadito, como un bebé, se rió en mis narices. Ellos no lo vieron, pero yo sí. Me dejaron bajo su sombrita:<<Solo cinco minutos y ni uno más>>. Fue lo que me dijo mi “Tato”, y se retiró. El zorro de Floripondio, se carcajeó, cuando ellos se fueron, fuerte, se carcajeó. Tanta risa a él le dio, que doblado en dos, hasta un pedo le salió. << ¡Retaco, Retaco!, ¡dónde carajo te habías metido, Retaco!>>, más calmado, me saludó. Al escuchar esas palabras, toda mi mente se abrió. Como relámpagos y centellas, huracán de mil imágenes, a mi cerebro, llamó. Papá, mamá, la “Matita” y otros difuntos, vislumbré. A mis hermanos, a los vivos y a los muertos, a todos ellos, los vi. A la Rosita, también. El Floripondio, el muy procaz, al Alzheimer arrojó, de mi cerebro senil; por un momentito nada más. Agüita, mis ojos hicieron, de tanta felicidad. Yo ya era aquel mocito, de hace tantos años, sí,…el mismo simplón. Cansadito me quedé, tranquilito suspiré. Mi cabecita doblé y mis ojitos cerré, sí, para siempre los cerré.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2011
    Tigre

    Amigo, esperé que termines para decir algo de tu “Floripondio”.
    Bonita regresión, con un lenguaje muy directo y bastante entretenido.

    Solo para que quede claro:

    Le tengo particular tirria a los políticos, pero un muy especial asco a “abimael”. Cuando estaba en su apogeo, ingresé a la universidad de San Marcos fui testigo de cómo reclutaba compañeros y compañeras para su maldito fin. Muchachos buenos que buscaban respuestas a tanta injusticia se convertían en asesinos. Ese sujeto le amargo y entristeció la vida a miles de familias.

    No podía evitar esa aclaración, muy personal.

    Un abrazo amigo, creo que tu narrativa es muy buena.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    javierdicenzo80 escribió : »
    Bella historia original, muy bien narrada, te espero en mi obra
    javier

    Gracias Javier por tus palabras.
    Un abrazo.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    amparo bonilla escribió : »
    jajaja, buenísima, esperamos los resultados:p:):D:eek:[/QUOTE
    Tu siempre tan divertida. Gracias por tu alegría. Disculpa la tardanza. El culpable: el ordenador.
    Un abrazo y un beso.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2011
    El ordenador, culpable de todo, me quedé esperando otros resultados, (este no me deja leer muy bien), pero igual me faltó alguito, no se que ni donde, aunque entretenido para leer, pero.........:confused::confused:
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado agosto 2011
    Hay tigre,me hiciste llorar pues, ¿ como te atreves hacer llorar a un dragón hombre ?Carajo,eso no se hace,no.
    Bromas aparte,BELLISIMO el relato,demasiado bello para poder expresarlos con palabras.Amén tigre mio,que con ese manejo de las palabras,haces que una busque en su memoria,a su Floripondio particular,y no,no padezco ese mal de nombre impronunciable,pero si hiciste que volviera atrás,en el tiempo,de cuando una también fue retaca.Felicidades.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    amparo bonilla escribió : »
    El ordenador, culpable de todo, me quedé esperando otros resultados, (este no me deja leer muy bien), pero igual me faltó alguito, no se que ni donde, aunque entretenido para leer, pero.........:confused::confused:

    Amparito, no acostumbro dejar mis historias por partes. Prefiero publicarlas completas, de un solo tirón. La verdad que el ordenador me hizo una mala pasada, y es por eso que lo hice en dos partes.
    ¿La historia? Es una historia narrada por un niño, o por un viejo que regresó a niño. ¿Usar el lenguaje de niño? Es complicado (¡no lo sabré yo!). Y quizás también sea, un poquitín complicado, entenderlo. Más aún si usé (en ciertas partes) un “cantaíto” muy común en la gente de campo. Un sincopado, un ritmo y unas rimas grotescas, pero muy llanas y pueblerinas.
    Quizás ese sea el pero… que faltó.
    Un abrazo y un beso.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    juancho escribió : »
    Tigre

    Amigo, esperé que termines para decir algo de tu “Floripondio”.
    Bonita regresión, con un lenguaje muy directo y bastante entretenido.

    Solo para que quede claro:

    Le tengo particular tirria a los políticos, pero un muy especial asco a “abimael”. Cuando estaba en su apogeo, ingresé a la universidad de San Marcos fui testigo de cómo reclutaba compañeros y compañeras para su maldito fin. Muchachos buenos que buscaban respuestas a tanta injusticia se convertían en asesinos. Ese sujeto le amargo y entristeció la vida a miles de familias.

    No podía evitar esa aclaración, muy personal.

    Un abrazo amigo, creo que tu narrativa es muy buena.

    Buenas, compadre. ¿Sobre la historia? Ella salió así. ¿Los motivos? No lo sé. Solo salió así, y así la dejé. No fue premeditada (la forma). Son los demonios que le tocan a uno (como dice nuestro laureado compatriota, Vargas Llosa). Los personajes aparecen y ellos nos llevan por caminos que a veces parecen grandes laberintos, que nos atrapan y nos asfixian; y con los cuales, tenemos que batallar. No sé si te pasa a ti (lo mismo). Yo antes no creía en eso (lo de los demonios y los personajes con vida propia). Ahora sí.
    ¿Sendero Luminoso? Creo que los que agarramos una “pluma”, debemos de deslastrarnos de todo tipo de prejuicios. Es mi opinión. No lo sé, pero del tenor de tu mensaje, entreveo, que te cayó mal mi mención de Sendero Luminoso (y su jefe Abimael Guzmán), en cierto párrafo de mi historia. No hago apología al terrorismo, pero sí es necesario soslayarlo para el uso de mi discurso, lo hago. En todo caso, fue una inocente mención.
    ¡Ah! Y en la universidad (¿estudiamos en la misma?), también tuve compañeros que se perdieron (de clase) y se fueron a la guerrilla. ¿Por qué lo hicieron? Lamentablemente no lo sabremos jamás. Los que yo conocí ya están muertos. Lamentable. Pero es así.
    Un abrazo fuerte. De tigre a lagarto (Juancho).
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2011
    Tigre

    Amigo, mi comentario es una aclaración acerca de lo que pienso de ‘abimael’, discúlpame por salirme del tema pero no lo pude evitar. Respeto tus ideas y las ideas de todos.

    El gran GABO escribió: “Del amor y otros demonios”, por lo general el amor es mi principal demonio, pero tengo otros, los cuales están a la expectativa.

    Tengo aun pendiente un texto que continuar.

    Un abrazo de sanmarquino a sanmarquino.

    pd.: por aquí es hora de almuerzo y aproveche para responderte.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2011
    ah ,pensé que nos ibas a invitar a almorzar:rolleyes::):p:D
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2011
    amparo bonilla escribió : »
    ah ,pensé que nos ibas a invitar a almorzar:rolleyes::):p:D

    Jajaja

    Te invitaría Amparito y estoy seguro que sería maravilloso departir con una dama tan simpatica.

    Un abrazo calido desde el invierno de Lima.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    juancho escribió : »
    Jajaja

    Te invitaría Amparito y estoy seguro que sería maravilloso departir con una dama tan simpatica.

    Un abrazo calido desde el invierno de Lima.


    Respeto compañero… ¡exijo, respeto! Qué Amparito es casi novia mía. Y tu Amparito: ¡compórtate!, que puedes desatar una carnicería entre tigre y lagarto. Aunque pensándolo bien… podríamos hacer un trío. No para lo que piensan (mal pensados), sino para comernos un buen cebichito, con harto picante, camote y choclito.
    Se me hace agua la boca por el cebichito y por Amparito. ¡Ay mi Dios!
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2011
    Ups,no me acordaba que casi tengo dueño:eek::rolleyes:, pero lo del trio suena bien, una buena comidita bien acompañados, no estaría para nada mal:p:):D
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado agosto 2011
    Tigre, como siempre, buena narrativa, ágil, entretenida,con fondo muy humano.
    Que sigas "tigreando", ahora que sé que no eres peligroso...

    Un abrazo.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    juancho escribió : »
    Tigre

    Amigo, mi comentario es una aclaración acerca de lo que pienso de ‘abimael’, discúlpame por salirme del tema pero no lo pude evitar. Respeto tus ideas y las ideas de todos.

    El gran GABO escribió: “Del amor y otros demonios”, por lo general el amor es mi principal demonio, pero tengo otros, los cuales están a la expectativa.

    Tengo aun pendiente un texto que continuar.

    Un abrazo de sanmarquino a sanmarquino.

    pd.: por aquí es hora de almuerzo y aproveche para responderte.

    Si compañero de sanmarquino a sanmarquino. Y con mucho orgullo.
    Para ilustración de los foreros, Juancho y yo, somos ex alumnos de la misma universidad: La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima-Perú. La universidad más antigua de América, creada por decreto del emperador Carlos V, el 12 de mayo de 1551. Cuatrocientos sesenta años de historia; como dirían en Venezuela: “una pendejá”.
    Por cierto, aquello (lo de la universidad, en común), nos enteramos de casualidad y por posts.
    Un fuerte abrazo, paisano.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Dragon escribió : »
    Hay tigre,me hiciste llorar pues, ¿ como te atreves hacer llorar a un dragón hombre ?Carajo,eso no se hace,no.
    Bromas aparte,BELLISIMO el relato,demasiado bello para poder expresarlos con palabras.Amén tigre mio,que con ese manejo de las palabras,haces que una busque en su memoria,a su Floripondio particular,y no,no padezco ese mal de nombre impronunciable,pero si hiciste que volviera atrás,en el tiempo,de cuando una también fue retaca.Felicidades.

    Querida muñeca: gracias por tu mensaje tan emotivo, devela mucho sentimiento. Eres puro corazón, mujer. Perfecta: una bella figura y un hermoso corazón.
    Las cosas en la vida, las que nos interesan (y las otras) hay que tomarlas y vivirlas con mucha pasión. Veo que la pasión te brota a raudales. Enhorabuena por ti. Tienes juventud: ¡Aprovéchala!
    Ah, y no padezco de ese mal pero he visto casos, no tan cercanos, pero los he visto.
    Un abrazo y un beso.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2011
    Sinrima escribió : »
    Tigre, como siempre, buena narrativa, ágil, entretenida,con fondo muy humano.
    Que sigas "tigreando", ahora que sé que no eres peligroso...

    Un abrazo.

    Gracias por tus palabras, querida Sinrima. ¿Peligroso, yo? ¡Qué va!, preciosa. Si soy más dulcito que un melocotón en almíbar.
    Un abrazo, “ami”(ga).
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com