¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.
A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el Nunca y el Ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.
Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Comerte con los ojos porque me están saliendo los dientes de leche y aún no son cuchillos, pero son incisivos y alumbran el marfil del proboscídeo que voy a ser en poco tiempo, ese proyecto anfibio que abre sendas y no sabe cerrarlas, que pasta en los paisajes de la carne siendo herbívoro y amo de su huella.
Comerte con los ojos porque hay hambre y los pastos escasean por la falta de lluvias, porque hay necesidad y aún me resta energía en estos músculos ciegos que son como pistones o murciélagos.
Comerte con los ojos porque hay un no sé qué de acantilado justo entre las pestañas, y también hay almendras y tarde y noche y senos.
Comerte con los ojos porque hay que morir solo y una nostalgia verde se hace trama en las uñas como un viento.
Comerte con los ojos y ser delirio o calma, esqueleto o razones, muérdago o contrapunto.
Comerte con los ojos y sentirme capaz de la próxima caza, y colgar en las perchas las piezas que se cobren mis fauces como una voz o un lirio, y esperar apostado a que las trampas salten y comience el banquete.
Comerte con los ojos y dibujar el plano de tu coreografía, y escarbar y engañarme con cierto ardid eterno sobre la hierba fresca, y verte de perfil con el filtro ultramar, y cruzarte los brazos como si fueran humo, y fingirte en la arena con trazos impecables.
Comerte con los ojos porque debo asombrarme antes de merecerte… y cribarme la voz y espantar a los pulpos que duermen en el pozo, y limpiarme de muertos, y hacer eucaristía pagana del reflejo.
Comerte con los ojos porque persistes en enfrentarte a ellos, como recién nacida para ser comulgada por mi iris hambriento.
Comerte con los ojos y buscar que me ignores para saberte cierta, y mirarte yaciendo con un candor de hormigas, y sentir tu doblez como un impedimento de jabón y de agujas.
Comerte con los ojos dejando que el instinto tome caudal abajo para tornarse ayuno, que el sabor del milagro me hinque de rodillas entre tus dos pezones… y humillarme sea dulce, y llagarme sea insomnio, y tenerte sea impúdico.
Comerte con los ojos, y luego con las manos, y luego con la boca cansada de vigilias.
Comerte en mil posturas, con raíces y almenas, con la garganta espesa y reincidente, con la piel abismada como en un exterminio.
Comerte…
ensalivarte…
masticarte…
y roer tu columna vertebral hasta que sea la mía.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos,y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas,llena del alma mía.
Mariposa de sueño,te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gusta cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejéndote,mariposa en arrullo.
Y mw oyes desde lejos,y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara,simple como un anillo.
Eres como la noche,callada y constelada.
Tu silencio es de estrella,tan lejano y sencillo.
Me gusta cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces,una sonrisa bastan.
Y estoy alegre,alegre de que no sea cierto.
Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.
Y se muy bien que no estarás. No estarás en la calle en el murmullo que brota de la noche de los postes de alumbrado, ni en el gesto de elegir el menú, ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes ni en los libros prestados, ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras, ni en una cifra telefónica estarás, o en el color de un par de guantes o una blusa. Me enojaré amor mío sin que sea por ti, y compraré bombones pero no para ti, me pararé en la esquina a la que no vendrás y diré las cosas que sé decir y comeré las cosas que sé comer y soñaré los sueños que se sueñan. Y se muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo, ni allí afuera en ese río de calles y de puentes. No estarás para nada, no serás mi recuerdo y cuando piense en ti pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti.
Titina, tina tontina, la de la voz argentina y el aliento de jazmín, sal a tu ventana, ingrata, y oye la mandolinata que te doy en el jardín.
Oye la trova que roba con su dulcísima coba la calma del corazón; descorre la celosía y acoge, princesa mía, los ecos de mi canción.
Soy el bardo decadente de númen incandescente, que ama sin saber a quién; el de las japonerías y ritmos y melodías aprendidos a Rubén.
Con mi cantata nocturna quiero perfumar la urna sacra de tu corazón, y aquí tengo en la petaca, para incienso, mirra y laca que me ha prestado Fiansón.
Tu cabello es blonda seda tu pura frente remeda blanca faja de marfil; luminarias son tus ojos, cerezas tus labios rojos, de medallón tu perfil.
Tu seno es tibia almohada, tu cintura una monada, tu cutis es de surah: tu cuerpo un jarrón de Sevres modelado por orfebres amigos de tu papá.
Dos almendras son tus manos; no hay pie, entre los pies enanos, más menudos que tu pie... y eres, en fin, por belleza, por frescura y gentileza un botón de rosa té.
Titina, tina, tontina, siendo, como eres divina, siendo como eres, así, ¿Por qué no asomas , ingrata, y no te fijas en mí?
¿Será cierto que hay un viejo que por paternal consejo tu viejo esposo será? ¿Es posible que te vendas? ¿Qué no aceptes más ofrendas que las que el viejo te hará?
Titina, tina, eso es feo; no es decente y no lo creo; ¡Venderte al mejor postor!... Una señorita honrada no debe acatar por nada más ley que la del amor.
A tí lo que te hace falta según a la vista salta no es un viejo rico, no: es un trovador amante, es un poeta que cante como un mirlo, como yo.
Es un bardo decadente que te ame y que te alimente el alma en primer lugar, que los demás apetitos sólo son prosaicos gritos del estómago vulgar.
Medítalo, pues, tontina, la de la voz argentina, y el aliento de jazmín: no desestimes ingrata, la prudentísima lata que te doy en el jardín.
Mas si no oyes mi consejo y crees hallar en el viejo por su dinero, tu bien, ¡Anda y que Luzbel te tiente y que el viejo te reviente y te dure un siglo! (Amén).
Tú sola y oigo la hierba de tu risa
Tú la cabeza que te conduce
Y desde la cima de los peligos de muerte
Sobre los brumosos globos de la lluvia de los valles
Bajo la densa luz bajo el cielo de la tierra
Engendras la caída.
Los pájaros ya no son un refugio suficiente
Ni la pereza ni el cansancio
El recuerdo de los débiles arroyos y los bosques
En la mañana de los caprichos
En la mañana de las caricias vivisibles
En la aurora de la ausencia y la caída
Las barcas de sus ojos se pierden
En el encaje de las desapariciones
El abismo se ha revelado otros han de apagarlo
Las sombras que tú creas no tienen derecho a la noche.
Tú sola y oigo la hierba de tu risa
Tú la cabeza que te conduce
Y desde la cima de los peligos de muerte
Sobre los brumosos globos de la lluvia de los valles
Bajo la densa luz bajo el cielo de la tierra
Engendras la caída.
Los pájaros ya no son un refugio suficiente
Ni la pereza ni el cansancio
El recuerdo de los débiles arroyos y los bosques
En la mañana de los caprichos
En la mañana de las caricias vivisibles
En la aurora de la ausencia y la caída
Las barcas de sus ojos se pierden
En el encaje de las desapariciones
El abismo se ha revelado otros han de apagarlo
Las sombras que tú creas no tienen derecho a la noche.
Voy a apagar la luz
para quedarme a oscuras con tu rostro,
para inventar de nuevo aquel instante:
Intimidad etérea y fulminante,
piel en la voz,
voz en el canto,
en la mirada...
Voy a apagar la luz
porque la oscuridad me obliga a dibujarte,
me da la dulce libertad de juntar las ternuras,
de calcar las ansias y borrar las soledades...
Voy a apagar la luz
para pensar en ti.
Para no perder el hilo en comentarios insulsos. Dejo esto.
MARISEL Yo recuerdo que tú eras como la primavera trizada de las rosas, o como las palabras que los niños musitan sonriendo en sus sueños. Yo recuerdo que tú eras como el agua que beben silenciosos los ciegos, o como la saliva de las aves cuando el amor las tumba de gozo en los aleros. En la última arena de la tarde tendías agobiado de gracia tu cuerpo de gacela y la noche arribaba a tu pecho desnudo como aborda la luna los navíos de vela. Y ahora, Marisel, la vida pasa sin que ningún instante nos traiga la alegría... Ha debido morirse con nosotros el tiempo, o has debido quererme como yo te quería. Juan Gonzalo Rose
Dejadme a solas con la muerte mía
vida mía
la muerte de Cristino la de Vía
la muerte cada noche y cada día
deshojando claveles de alegría
vida mía
dejadme a solas con la gente mía
vida mía
con los hombres del campo de la mina
de las ciudades tristes mira mira
cómo forjan la luz día tras día
vida mía
mira alegre la estrella vida mía
el rayo azul en la alta serranía
mira alegre la vida vida mía
que se prepara entre la muerte fría
la muerte de Cristino la de Vía
razón de nuestra vida vida mía”
Para mi y tantos otros, que nos cuesta mirar hacia dónde vamos.
Benedetti
A tientas
Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.
A la derecha miro en los más hermosos ojos
A la izquierda entre las alas ciegas del miedo
A la derecha sumergido en mí mismo
A la izquierda entre las fuentes de mi vida.
Oigo todas las palabras que he sabido inspirar
Y que no pertenecen a nadie
Comparto el amor con quien no me conoce
Y olvido la necesiad de amar.
Pero vuelvo la cabeza para recobrar mi cuerpo
Para nutrir la mortal inquietud de estar vivo
Con la vergüenza sobre un fondo de gestos natales.
Yo como tú
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.
Y que mis venas no terminan en mí,
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
Cayó el alma en el pozo de la noche
y desde abajo, desde lo más hondo,
ve la luna de junio madurar
en la brisa, que trae enloquecidos
cantos de ruiseñores africanos.
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.
"La poesía tiene aceites para limpiar la palabra.
Es más grasosa que la vida y deja manchas que llevamos sin merecer.
Quema.
Es movimiento de su obra y devuelve el pasado a su pasado."
Amo lo que hay en ti.
Nobleza coronando
tu ternura brillante.
La pobreza que se abre
como una calle oceánica.
Tu inteligencia alzando
niños como flores.
Amo
tu valentía de poema.
La risa de tu amor
en el pan del abrazo.
Amo lo que hay en ti.
Esa gota
no otra,
esa redonda
luna transparente,
sólo esa
minúscula
planetaria
perla cristalina
entre todas las gotas
de la lluvia,
deslizó su suave
hondura
en mi boca.
Formamos una orquesta
que dirige el azar.
A través de los siglos, a través de las lenguas,
la música acordada de los versos
un gran concierto, el único
que salva las palabras
y a quienes las tejieron.
Una orquesta
de lobos solitarios,
cada cual con su ritmo, su tono, su armonía,
pero todos pendientes de los otros,
aprendiendo, enseñando,
reviviendo a los otros, reviviendo en los otros.
La orquesta poesía,
tres o cuatro mil años resonando
en un concierto único
que dirige el azar. ¡Y cómo suena!
He salido al mundo, una bruja poseída,
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas planas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis 12 dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.
He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, esculturas, estantes,
de armarios, sedas, de incontables bienes;
he preparado la cena para gusanos y elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.
He viajado contigo, carretero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que pasaban,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, superviviente
allí donde tus llamas aún muerden mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tu carreta.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas.
Comentarios
Juan Ramón Jiménez
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.
A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el Nunca y el Ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.
Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Ángel González
Comerte con los ojos porque hay hambre y los pastos escasean por la falta de lluvias, porque hay necesidad y aún me resta energía en estos músculos ciegos que son como pistones o murciélagos.
Comerte con los ojos porque hay un no sé qué de acantilado justo entre las pestañas, y también hay almendras y tarde y noche y senos.
Comerte con los ojos porque hay que morir solo y una nostalgia verde se hace trama en las uñas como un viento.
Comerte con los ojos y ser delirio o calma, esqueleto o razones, muérdago o contrapunto.
Comerte con los ojos y sentirme capaz de la próxima caza, y colgar en las perchas las piezas que se cobren mis fauces como una voz o un lirio, y esperar apostado a que las trampas salten y comience el banquete.
Comerte con los ojos y dibujar el plano de tu coreografía, y escarbar y engañarme con cierto ardid eterno sobre la hierba fresca, y verte de perfil con el filtro ultramar, y cruzarte los brazos como si fueran humo, y fingirte en la arena con trazos impecables.
Comerte con los ojos porque debo asombrarme antes de merecerte… y cribarme la voz y espantar a los pulpos que duermen en el pozo, y limpiarme de muertos, y hacer eucaristía pagana del reflejo.
Comerte con los ojos porque persistes en enfrentarte a ellos, como recién nacida para ser comulgada por mi iris hambriento.
Comerte con los ojos y buscar que me ignores para saberte cierta, y mirarte yaciendo con un candor de hormigas, y sentir tu doblez como un impedimento de jabón y de agujas.
Comerte con los ojos dejando que el instinto tome caudal abajo para tornarse ayuno, que el sabor del milagro me hinque de rodillas entre tus dos pezones… y humillarme sea dulce, y llagarme sea insomnio, y tenerte sea impúdico.
Comerte con los ojos, y luego con las manos, y luego con la boca cansada de vigilias.
Comerte en mil posturas, con raíces y almenas, con la garganta espesa y reincidente, con la piel abismada como en un exterminio.
Comerte…
ensalivarte…
masticarte…
y roer tu columna vertebral hasta que sea la mía.
Luis Felipe Comendador
y me oyes desde lejos,y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas,llena del alma mía.
Mariposa de sueño,te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gusta cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejéndote,mariposa en arrullo.
Y mw oyes desde lejos,y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara,simple como un anillo.
Eres como la noche,callada y constelada.
Tu silencio es de estrella,tan lejano y sencillo.
Me gusta cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces,una sonrisa bastan.
Y estoy alegre,alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
Antonio Cisneros
Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.
SABRÁS que no te amo y que te amo
puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio,
el fuego tiene una mitad de frío.
Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito
y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.
Te amo y no te amo como si tuviera
en mis manos las llaves de la dicha
y un incierto destino desdichado.
Mi amor tiene dos vidas para amarte.
Por eso te amo cuando no te amo
y por eso te amo cuando te amo.
Pablo Neruda
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
la de la voz argentina
y el aliento de jazmín,
sal a tu ventana, ingrata,
y oye la mandolinata
que te doy en el jardín.
con su dulcísima coba
la calma del corazón;
descorre la celosía
y acoge, princesa mía,
los ecos de mi canción.
de númen incandescente,
que ama sin saber a quién;
el de las japonerías
y ritmos y melodías
aprendidos a Rubén.
quiero perfumar la urna
sacra de tu corazón,
y aquí tengo en la petaca,
para incienso, mirra y laca
que me ha prestado Fiansón.
tu pura frente remeda
blanca faja de marfil;
luminarias son tus ojos,
cerezas tus labios rojos,
de medallón tu perfil.
tu cintura una monada,
tu cutis es de surah:
tu cuerpo un jarrón de Sevres
modelado por orfebres
amigos de tu papá.
no hay pie, entre los pies enanos,
más menudos que tu pie...
y eres, en fin, por belleza,
por frescura y gentileza
un botón de rosa té.
siendo, como eres divina,
siendo como eres, así,
¿Por qué no asomas , ingrata,
y no te fijas en mí?
que por paternal consejo
tu viejo esposo será?
¿Es posible que te vendas?
¿Qué no aceptes más ofrendas
que las que el viejo te hará?
no es decente y no lo creo;
¡Venderte al mejor postor!...
Una señorita honrada
no debe acatar por nada
más ley que la del amor.
según a la vista salta
no es un viejo rico, no:
es un trovador amante,
es un poeta que cante
como un mirlo, como yo.
que te ame y que te alimente
el alma en primer lugar,
que los demás apetitos
sólo son prosaicos gritos
del estómago vulgar.
la de la voz argentina,
y el aliento de jazmín:
no desestimes ingrata,
la prudentísima lata
que te doy en el jardín.
y crees hallar en el viejo
por su dinero, tu bien,
¡Anda y que Luzbel te tiente
y que el viejo te reviente
y te dure un siglo! (Amén).
Donde el olvido canta al olvido
Y una flor nace ante nuestros ojos
Leopoldo María Panero
Tú sola y oigo la hierba de tu risa
Tú la cabeza que te conduce
Y desde la cima de los peligos de muerte
Sobre los brumosos globos de la lluvia de los valles
Bajo la densa luz bajo el cielo de la tierra
Engendras la caída.
Los pájaros ya no son un refugio suficiente
Ni la pereza ni el cansancio
El recuerdo de los débiles arroyos y los bosques
En la mañana de los caprichos
En la mañana de las caricias vivisibles
En la aurora de la ausencia y la caída
Las barcas de sus ojos se pierden
En el encaje de las desapariciones
El abismo se ha revelado otros han de apagarlo
Las sombras que tú creas no tienen derecho a la noche.
Leopoldo María Panero
Hubo un error en el mesaje anterior.
para quedarme a oscuras con tu rostro,
para inventar de nuevo aquel instante:
Intimidad etérea y fulminante,
piel en la voz,
voz en el canto,
en la mirada...
Voy a apagar la luz
porque la oscuridad me obliga a dibujarte,
me da la dulce libertad de juntar las ternuras,
de calcar las ansias y borrar las soledades...
Voy a apagar la luz
para pensar en ti.
Viviane Nathan
Para no perder el hilo en comentarios insulsos. Dejo esto.
MARISEL
Yo recuerdo que tú eras
como la primavera trizada de las rosas,
o como las palabras que los niños musitan
sonriendo en sus sueños.
Yo recuerdo que tú eras
como el agua que beben silenciosos los ciegos,
o como la saliva de las aves
cuando el amor las tumba de gozo en los aleros.
En la última arena de la tarde tendías
agobiado de gracia tu cuerpo de gacela
y la noche arribaba a tu pecho desnudo
como aborda la luna los navíos de vela.
Y ahora, Marisel, la vida pasa
sin que ningún instante nos traiga la alegría...
Ha debido morirse con nosotros el tiempo,
o has debido quererme como yo te quería.
Juan Gonzalo Rose
Saludos!
Silencio
Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.
Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.
Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;
y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;
y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.
Andrés Eloy Blanco
vida mía
la muerte de Cristino la de Vía
la muerte cada noche y cada día
deshojando claveles de alegría
vida mía
dejadme a solas con la gente mía
vida mía
con los hombres del campo de la mina
de las ciudades tristes mira mira
cómo forjan la luz día tras día
vida mía
mira alegre la estrella vida mía
el rayo azul en la alta serranía
mira alegre la vida vida mía
que se prepara entre la muerte fría
la muerte de Cristino la de Vía
razón de nuestra vida vida mía”
Jorge Semprún
(un sentido homenaje)
Benedetti
A tientas
Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.
A la derecha miro en los más hermosos ojos
A la izquierda entre las alas ciegas del miedo
A la derecha sumergido en mí mismo
A la izquierda entre las fuentes de mi vida.
Oigo todas las palabras que he sabido inspirar
Y que no pertenecen a nadie
Comparto el amor con quien no me conoce
Y olvido la necesiad de amar.
Pero vuelvo la cabeza para recobrar mi cuerpo
Para nutrir la mortal inquietud de estar vivo
Con la vergüenza sobre un fondo de gestos natales.
Paul Éluard
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.
Y que mis venas no terminan en mí,
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
Roque Dalton
Saludos
Cayó el alma en el pozo de la noche
y desde abajo, desde lo más hondo,
ve la luna de junio madurar
en la brisa, que trae enloquecidos
cantos de ruiseñores africanos.
Antonio Colinas
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.
Ángel Gonzales
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora
—ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa—
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
este amor ya sin mí te amará siempre.
Otro de Ángel Gonzales..
No fue un sueño,
lo vi:
La nieve ardía.
y uno más..
en el profundo cobijo de tu sueño.
una canción de la tierra
que no recordarás al despertar.
Jorge Reichmann
Saludos
Es más grasosa que la vida y deja manchas que llevamos sin merecer.
Quema.
Es movimiento de su obra y devuelve el pasado a su pasado."
Juan Gelman
Nobleza coronando
tu ternura brillante.
La pobreza que se abre
como una calle oceánica.
Tu inteligencia alzando
niños como flores.
Amo
tu valentía de poema.
La risa de tu amor
en el pan del abrazo.
Amo lo que hay en ti.
Gabriel Impaglione
Esa gota
no otra,
esa redonda
luna transparente,
sólo esa
minúscula
planetaria
perla cristalina
entre todas las gotas
de la lluvia,
deslizó su suave
hondura
en mi boca.
Te nombraba.
Gabriel Impaglione
que dirige el azar.
A través de los siglos, a través de las lenguas,
la música acordada de los versos
un gran concierto, el único
que salva las palabras
y a quienes las tejieron.
Una orquesta
de lobos solitarios,
cada cual con su ritmo, su tono, su armonía,
pero todos pendientes de los otros,
aprendiendo, enseñando,
reviviendo a los otros, reviviendo en los otros.
La orquesta poesía,
tres o cuatro mil años resonando
en un concierto único
que dirige el azar. ¡Y cómo suena!
Jesús Munárriz
Te escribo para decirte
que eres un almendro de fuego
te escribo para decirte
que no quiero decirte nada
que sólo quiero abrazarte
buscar el calor de tu vida."
Pedro Casariego
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas planas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis 12 dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.
He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, esculturas, estantes,
de armarios, sedas, de incontables bienes;
he preparado la cena para gusanos y elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.
He viajado contigo, carretero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que pasaban,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, superviviente
allí donde tus llamas aún muerden mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tu carreta.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas.
Anne Sexton